Sumeria ARTE
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ARQUEOLOGIA. V. MESOPOTAMIA IV.RELIGIÓN. En S., el mundo de la religión parece haber dominado la vida del hombre, desde eJ principio al fin. Para los más remotos tiempos, es decir, antes y durante las dinastías "divinas", encontramos dificultades enormes para hacernos una idea de lo que fue la religión del pueblo sumerio; afortunadamente, la arqueología aclara muchos puntos que sin ella permanecerían en las tinieblas.1. Panteón. Sabemos que la civilización de Ubaid (v.), una de las primeras comunidades neolíticas instaladas en el valle después de largos siglos de permanencia en las mesetas que lo bordean, conoció en el IV milenio a. C. el culto a la diosa Madre, común a muchos establecimientos neolíticos desde la Europa atlántica hasta la China, culto que se asociaba a la agricultura y a la Naturaleza. Abundantes son las figuras de barro cocido que representan a la diosa de la fertilidad asociadas a figuras, también en terracota, de animales hembra como la vaca, la cabra o la oveja (esta combinación es de difícil significado). Según algunos autores, hemos de ver en el culto a la diosa Madre una perduración del culto a las Venus paleolíticas, cuya área de dispersión cubre gran parte del continente euroasiático (V. DIOS 11, 2; NATURALEZA, CULTO A LA; FERTILIDAD II).En época posterior aparece la figura de la diosa Innana, que sería la personalización de la diosa Madre en la figura de una divinidad a la que ya se ha dado nombre. Innana es considerada como propietaria y protectora de los rebaños y cultivos, a los que cuida su amado (asociación de un principio masculino junto al femenino). El pastor real o "señor del redil" es conocido con el nombre de Dumuzi, y su nombre ya se halla atestiguado en muchos himnos religiosos. Los acadios (v.) llamaron a Dumuzi con el nombre de Tammuz. En época legendaria era considerado señor de Uruk, y parece haber adoptado poco a poco el papel de dios de la vegetación. Sería el primero en iniciar la serie de mitos que versan sobre la muerte del dios masculino en los ardores estivales para resucitar en la primavera, como símbolo del nacimiento de la Naturaleza después del letargo invernal, por acción de la diosa de la maternidad (V. TAMMUZ). Su símbolo representa la unión del dios con la Gran Madre, Innana-Ishtar, diosa de la fecundidad, del amor, de la tierra y de todo cuanto ella produce; es eJ acto conocido por la nupcia sagrada, que conocemos en los establecimientos agrícolas del valle (V. ASTARTÉ).Este mito domina en la religión de la antigua Sumeria. No hay dios que junto a su paredro femenino no lo haya hecho suyo, ni diosa Madre que en la primavera no lo haya atraído a su tálamo divino. Es ésta la explicación más remota que conocemos de los ciclos naturales de reproducción y muerte, y refleja una concepción del mundo propia de una comunidad eminentemente agrícola. Los himnos de la época de Isin-Larsa relatan con detalle los preparativos de estas nupcias divinas; la unión divina tiene lugar en una cámara especial del templo, hecha de cedro, oro y lapislázuli. La pareja de dioses se prepara para el acto lavándose y ungiéndose con perfumes, al tiempo que los sacerdotes celebran un banquete ritual que simboliza la unión, fuente de prosperidad y vida para los fieles. Esta celebración simulada llegó en ciertas épocas a ser real con la unión de la suprema sacerdotisa del templo y del príncipe-sacerdote, en representación de Innana y Dumuzi respectivamente. El hallazgo en el templo de Eanna en Uruk (v.) de collares con inscripciones pertenecientes a sacerdotisas lo confirman (V. HIERóDULA).Además de estos dioses reproductores, el panteón sumerio poseía otras divinidades como Abba, dios de la fecundidad, y Ashnan, dios de los cereales, entre otros muchos. Como figura telúrica existía Nergal o Meslamtaca, dios de los rebaños y de la labranza que con el tiempo se convirtió en dios portador de guerra y enfermedades, y finalmente en dios de los infiernos. Su esposa Ereshkigal era la diosa de los muertos. Nanshe era también la diosa de los cereales y de las corrientes de agua,SUMERIA IIIy por esta última función, tan primordial en S., pasó a ser la diosa del orden social.Junto a estos dioses de carácter puramente telúrico, existían las personificaciones de los poderes cósmicos. Tenemos en primer lugar una tríada celestial compuesta por An, Enlil y Enkí. Enki era el dios de las profundidades y del agua sobre la que flota la tierra; Enlil era el dios de la tempestad; An era el dios de los espacios celestes, grande y excelso; era un creador, puesto que junto a sus dos compañeros, Enlil y Enki, formó el mundo terrenal y rige su destino. El paredro de An era Ki, la tierra; en la historia sumeria paulatinamente la figura de Ki fue suplantada por la diosa Innana. El dios Enlil es una figura terrible y despiadada; su divina esposa es Ninhil. Enki, dios benévolo y señor de la ciencia, tiene por pareja divina a Damgalnuma, también llamada Ninki, señora de lo inferior. Enki es el dios civilizador por excelencia, presente en todos los panteones orientales. Además, es el dios salvador de la Humanidad, puesto que previene al mortal Uta-Napishtin de la proximidad de un diluvio desencadenado por los dioses.Completaban el panteón sumerio los dioses Utu y Nanna. El primero era el dios de la luz solar, y Nanna lo era de la Luna. Estas figuras cósmicas, si bien eran adoradas en S. como dioses del calendario y protectores de las cosechas, no alcanzaron nunca tanta popularidad como sus compañeros anteriormente citados. Las figuras cósmicas tendrán que esperar la llegada de los indoeuropeos para prosperar.La religión sumeria parece, pues, que era politeísta en grado sumo, aunque como siempre no es fácil saber hasta dónde llegaba exactamente el politeísmo (v.) y la idolatría (v.), al menos a nivel personal de los individuos, y hasta dónde se trataba de expresiones, personificaciones o nombres de una sola divinidad más o menos confusamente percibida. En todo caso, muchos dioses eran adorados en el país; sin embargo, cada ciudad se colocaba bajo la advocación de un dios. Encontramos a Innana en Uruk, En]¡¡ en Nippur, Nergal en Ur... El dios de la ciudad era como el propietario del templo principal, señor del país, gobernador del Estado en tiempo de paz y jefe del ejército en tiempo de guerra; los demás dioses quedaban en un plano de inferioridad respecto a él. El dios de una ciudad podía llegar a ser dios de un Estado al reunirse varias de ellas bajo un mismo poder. Enlil fue el dios que predominó gracias a la diligencia de sus sacerdotes.Al ser la religión de tipo antropomórfico, los dioses venían a ser hombres a escala muy superior que moraban en los templos llevando un tipo de vida humano. Se alimentaban de los sacrificios, se unían a mujeres y tenían hijos. El dios también se pensaba que participaba en las empresas guerreras de su pueblo, y la victoria más significada consistía en capturar a los dioses del enemigo; de otro modo, la victoria militar no era del todo completa. Los dioses, pues, compartían la prosperidad y los fracasos de sus adoradores. De alguna forma eran también personificadores del Estado, recompensaban la virtud y castigaban él vicio, pero sus recompensas y castigos se limitaban a este mundo.2. Sacrificios y culto. La religión sumeria se basaba mucho en el terror, en el temor de los dioses. Con el fin de atraerse el favor de la divinidad, el fiel sumerio ofrecía sacrificios (v.). Los cotidianos consistían en comidas, compuestas por pan, carne, dátiles, vino, cerveza y leche, que realizaban los sacerdotes del templo. Había también ritos de carácter mágico para propiciarse elfavor del dios o conseguir un favor determinado. Los sacrificios privados tenían como fin asegurar una contestación a la plegaria.Ante la estatua del dios se colocaba pan, vino, miel, sal y un animal. La porción de éste correspondiente al dios comprendía los riñones, la pierna derecha y un asado, lo demás se destinaba al personal del templo. El sacrificio estaba también ligado a formas de adivinación (v.). Una vez inmolada la víctima, el sacerdote examinaba la conformación del hígado de la misma y formulaba su predicción tras consultar una tablilla en la que estaban anotados todos los signos favorables y desfavorables. Otros modos de adivinación consistían en el aspecto que tomaban las manchas de aceite sagrado, vertido sobre agua, o en la posición de los astros en el espacio (v. AsTROLOGÍA).Los sumerios creían, al parecer bastante, en la hechicería (v.), como en la magia (v.), que con frecuencia son, en general, la enemiga de la religión. En cualquier caso, parece se pensaba que demonios y espíritus malignos andaban por todas partes, y era frecuente el uso de amuletos para protegerse de ellos.3. Templos y sacerdocio. Los sacrificios se realizaban en el templo-casa del dios; este tipo de templo es el llamado zigurat (v.). El más antiguo es el de Tridú, construido hacia el 3500 a. C. Consistía en una construcción, al principio poco elevada pero después de gran altura, en forma de tronco de pirámide, sobre cuya terraza se levantaban las dependencias del templo. La más importante era la cella, en la que se encontraba un altar con la imagen del dios. Este tipo de templo no fue abandonado con la desaparición de lo sumerio, sino que las distintas civilizaciones que se asentaron en Mesopotamia lo hicieron suyo (v. MESOPOTAMIA iv). Las grandes proporciones de algunos de estos templos indican que el cuerpo sacerdotal era muy numeroso.Si recordamos que el Estado sumerio era eminentemente teocrático no se nos ocultará la importancia del sacerdote. El dios de la ciudad era considerado al mismo tiempo rey con atribuciones humanas, el patesi era su representante. Pero cuando la sociedad llegó a un nivel económico en el que la diversidad de oficios se hizo efectiva y no dependía toda la comunidad del templo, el poder civil intentó sobreponerse al religioso.4. Fiestas y escatología. En fechas determinadas se celebraban fiestas de carácter religioso a las que acudía la masa de fieles. El día primero de cada mes se destinaba a la celebración de los ritos de la Luna nueva; al cabo de 15 días se celebraban los de la Luna llena. Pero era en primavera cuando tenían lugar los grandes festejos, que celebraban la resurrección del dios y las nupcias divinas. En la religión de S. ocupa un lugar primordial el culto de los difuntos (v.) y del más allá (v. ULTRATUMBA). De la otra vida, el sumerio parece tenía una concepción bastante vaga. El alma era inmortal, pero su vida de ultratumba con frecuencia no aparecía muy agradable. El "país de donde no hay retorno" estaba poblado de fantasmas y seres horribles. El alma en ese mundo podía llevar una vida miserable. Si el difunto era enterrado con honores fúnebres su alma alcanzaba una vida más allá, pero si le eran negadas circulaba en pena por los caminos y calles, atacando a los vivos por la noche. Las divinidades no parece se considerase que tuvieran papel destacado en la vida ultraterrena; están casi al margen, si bien dioses como Ereshkigal o Nergal gobernaban en el más allá muy severamente. Desde las primeras etapas sumerias se observa la presencia en las tumbas de ricos ajuares funerarios, compuestos de jarras y cuencos con alimentos, armas y joyas para el difunto. Al cadáver se le extirpaban frecuentemente las vísceras y se le quemaba levemente. En otras ocasiones, se le incineraba por completo, y luego se enterraban las cenizas. Se creyó con gran fervor en la resurrección, o en algún tipo de vida mejor en el más allá en algunos casos; lo prueba que muchos fieles se enterraran con sú monarca para acompañarle en el más allá. Las tumbas reales de Ur (v.), pertenecientes a las primeras dinastías, demuestran la existencia de este rito con multitud de servidores, esposas y concubinas enterrados junto con su señor terrenal. Si ofrendaron sus vidas sin coacción, la fuerza de la religión en esta época queda bien demostrada.5. Literatura mitológica. Otra faceta del mundo religioso sumerio se halla representada en su riquísima literatura de tipo mitológico, constituida por una serie de epopeyas que tienen como personaje central al héroe Gilgames (v.), personaje que figura en la creación del mundo y en varios mitos, como: Gilgames y el Gigante Khuwawa, Gilgames y Agga de Kish, Gilgames, Innana y el toro del cielo, Gilgames, Enkida y el Averno y La muerte de Gilgames. Las historias que componen este gran poema estaban presentes ya en los primeros tiempos, pero eran patrimonio de un grupo más bien limitado. No tenían, pues, gran influencia sobre el pueblo, que veía en ellas un elemento más de leyenda que de filosofía. Estos poemas inspiraron a los artistas, quienes reprodujeron con abundancia las hazañas del héroe, siendo la más popular la de la lucha con los dos leones. La vertiente pintoresca de los poemas podía agradar al vulgo, pero no parece que influyese moralmente a la vida humana.En la leyenda sumeria del diluvio, los dioses enfurecidos quieren acabar con la especie humana, pero Enki revela el secreto a Uta-Napishtin, quien construye una barca en la que hace entrar a una pareja de cada especie animal; cuando se retiran las aguas celebra un sacrificio al que acuden todos los dioses, hambrientos porque sus alimentos faltaban desde la desaparición de sus templos sumergidos por las aguas. Reunidos sobre Uta-Napishtin juraron que jamás intentarían de nuevo destruir a la raza humana. Hay que hacer notar que en otras muchas culturas y religiones existen tradiciones y relatos sobre un diluvio (v.) ocurrido en tiempos antiquísimos, lo cual parece ser un indicio convergente de la existencia real del mismo alguna vez; aunque en cada religión es coloreado y matizado el relato de diversa manera. En el caso sumerio, la imagen de los dioses que traza su relato no podía de ninguna manera hacerlos dignos de una moral elevada ante los ojos d.°, los hombres. La historia de S. acerca de la creación del mundo es del mismo corte amoral. En ella interviene un engendramiento bestial del caos hasta que Marduk entra en el conflicto protegido por hechizos. Este héroe forma el firmamento del cuerpo de un monstruo y, sólo para que sirva para dar alimento a los dioses, crea al hombre de arcilla y sangre.Ante esta carencia de moral demostrada por los dos cuentos el hombre sumerio basará su fe en el temor y en los sacrificios, constantemente necesarios para propiciar a las divinidades eternamente enfurecidas. Parece ser seguro que el hombre sumerio, atemorizado por estos relatos hacia los grandes dioses, con frecuencia se colocó bajo la advocación de una divinidad menor, mediadora entre él y la divinidad principal. Seguramente que la devoción hacia este dios menor al ser más próxima eramás sincera y vivida y tal vez en ella radique la verdadera fuente religiosa de la vida sumeria. Todo ello, claro está, en la medida que personalmente se aceptase el politeísmo y la literalidad de los mitos.V. t.: ASIRIA III; BABILONIA III.E. RIPOLL PERELLÓ, E. SANMARTI GREGO.
BIBL.: E. DRIOTON, G. CONTENAU y J. DUCHESNE-GUILLEMIN, Les religions de l’Orient Ancien, París 1957; CH. JEAN, La religion Sumérienne d’aprés les documents antérieurs á la dynastie d’Isin, París 1931; S. N. KRAMER, Sumerian Mythology, Nueva York 1964; H. LENZEN, Die Sumerer, Berlín 1949; H. SCHMSKEL, El país de los súmeros, Buenos Aires 1965; A. ScHoTT, Das Gilgamesh-Egos, Leipzig 1934; C. L. WOOLLEY, Les Sumériens, París 1930; F. KSNIG, Cristo y las religiones de la tierra, II, Madrid 1961, 359 ss.; P’. TACCHI VENTURI y G. CASTELLANI (dir.), Storia delle religioni, 11, 6 ed. Turín 1971.
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