Subiaco, Monasterio de REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
El origen de los monasterios sublacenses se remonta a S. Benito (v.), quien, tras haber pasado en S. tres años en soledad e intentado la reforma del monasterio de Vicovaro, a su regreso se vio rodeado por algunos discípulos. Se forman así doce monasterios de doce monjes cada uno, además de aquel en que reside el santo. Este primer monasterio, levantado en una parte de la villa de Nerón, lleva inicialmente el nombre de S. Clemente y más tarde el de los S. Cosme y Damián. De los otros doce, no todos de fácil identificación, sobrevive el de S. Silvestre, ahora de S. Escolástica. La suerte de estos monasterios en el periodo subsiguiente nos es en gran parte desconocída. Se puede suponer que lograron evitar las incursiones longobardas y que la vida monástica continuó. Hay una tradición en contra, pero bastante tardía y formada probablemente por analogía con la historia de Montecasino (v.). S. Gregorio Magno (v.) escribiendo en 593-594 no hace ninguna alusión a posibles devastaciones; da, en cambio, la noticia de que en estos años S. Clemente está regido por Honorato, discípulo de S. Benito. A principios del s. Ix los sarracenos realizan varias incursiones en S.; hasta el punto de que S. Escolástica y S. Clemente han de ser reconstruidos por obra de Gregorio IV. Muchos de los primitivos monasterios comienzan probablemente a declinar. En los s. x y xi se tiene noticia de concesiones y privilegios papales a los monasterios sublacenses: se constituye así un auténtico feudo abacial. Son decisivos en este sentido los privilegios otorgados por León VII (a. 939) y Juan XVIII (1005). En 1051 S. León IX puede declarar: "Hoc monasteriunz caput omnium monasteriorum per Italiam constitutorum" (Reg. Subl. n° 21). En la segunda mitad del s. xi testifican la expansión de los monasterios de S. tanto el envío de una colonia de monjes a Melk, en Austria, como la construcción de un monasterio en La Cueva, allí donde S. Benito había vivido en soledad; éste adquirirá con el tiempo una importancia cada vez mayor. Destaca en este periodo la figura del abad Juan V (1065-1117), bajo el cual crece considerablemente el poder político de Subiaco. La prosperidad de la abadía tanto en lo económico como en lo espiritual constituye el motivo principal de choque con algunos obispos y particularmente con los de Tívoli. Todo el s. x11 está marcado por luchas continuas, que causan a la abadía graves daños espirituales y temporales. Sólo las intervenciones de Clemente III (1189) e Inocencio III (1215), confirmadas posteriormente, conseguirán sosegar las discordias precisando las mutuas relaciones jurisdiccionales. Una gran decadencia aflige aún los monasterios sublacenses entre el final del s. x111 y el del xiv; sus causas son, entre otras, la ineptitud de los abades, la rivalidad entre los dos monasterios, el de S. Escolástica y el de la S. Cueva, y la continua intervención de las familias nobles de la zona con el propósito de dominar la abadía. El abad Bartolomé 111 (1363-69) intenta una reforma mediante la expulsión de algunos monjes, que son sustituidos por otros procedentes de monasterios extranjeros, sobre todo alemanes. La persistencia de la crisis provoca la intervención de los pontífices, en particular la de Urbano VI, que pretenden salir al paso de aquel estado de cosas con diversas medidas: se envían visitadores apostólicos con misión de reforma; en 1388 se suprime oficialmente el derecho a la elección del abad; este último es sustituido por abades manuales, el primero de los cuales es Tomás de Celano. La ineficacia de tales medidas y la prolongación de la decadencia hacen que intervenga Calixto III (1455), confiando el monasterio en encomienda al religioso español Juan de Torquemada. Después de éste y de Paulo II obtiene la encomienda Rodrigo de Borja (más tarde papa Alejandro VI), quien la cede al card. Giovanni Colonna en contrapartida por la ayuda prestada por éste en su elección al pontificado, y con la promesa de que sería reservada a su familia perennemente. Ni siquiera con la incorporación de la abadía de S. a la Congregación Casinense (1514) desaparece el régimen de encomienda, que pasa sucesivamente a otras familias nobles, como los Borghese (1608-33) y los Barberini (16331738). En 1638 termina el condominio entre los abades y los obispos locales, convirtiéndose la abadía explícitamente en abadía nullius: en efecto, el 15 nov. 1638 Urbano VIII, por la carta apostólica Sacrosanctae militantis Ecclesiae, confirma el arreglo acordado entre el obispo de Tívoli y el comendatario Francesco Barberini. Perdura, sin embargo, un motivo de dualismo por la presencia de dos abades, el claustral y el comendatario. El régimen comendatario comienza a manifestar síntomas de crisis en el siglo siguiente, pero hasta principios del xx no desaparecerá. Desde 1753 sólo se deja a los comendatarios la jurisdicción espiritual. Abad de encomienda es desde 1773 Giovannangelo Braschi (Pío VI; v.). Tras la supresión por el gobierno francés, la abadía es restablecida por Pío VII. En el s. xix los monjes de S., dentro de los límites permitidos por la vida monástica, participan intensamente en el espíritu y avatares del Risorgimento italiano, hasta el punto de que, a consecuencia de algunas manifestaciones, Pío IX considera la posibilidad de suprimir la comunidad. Este mismo Papa nombra en 1850 abad de S. Escolástica a Pier Francesco Casaretto, que había emprendido en los monasterios ligures un movimiento de restauración. El año siguientes se constituye, dentro de la Congregación Casinense, la provincia sublacense, establecida con un criterio de restauración disciplinar; provincia que se independiza en 1872 con el nombre de Congregación Casinense de la Antigua Observancia. Su abad general es el de Subiaco. La provincia italiana tiene que afrontar inmediatamente dificultades especiales: en 1874 el gobierno italiano suprime las comunidades de S. Escolástica y de la S. Cueva, y sólo quedan unos cuantos monjes como custodios. Con el s. xx se produce una fuerte recuperación, como en todo el movimiento monástico en general. S. se reorganiza, principalmente por obra del abad Domenico Serafini. Benedicto XV, con la constitución apostólica Coenobium Sublacense (21 mar. 1915), restablece la abadía sublacense como abadía nullius, suprimiendo la encomienda. Hoy S. sigue siendo centro de espiritualidad y de vida monástica.PAOLA VISMARA.
BIBL.: 11 regesto sublacense del s. XI, ed. L. ALLODI-G. LEVI, Roma 1885; Chronicon Sublacense, ed. R. MORGHEN, Bolonia 1927; Consuetudines Sublacenses, en B. ALBERS, Consuetudines monasticae, II, Montecasino 1905, 119 ss.
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