Soria HIST.
Categoria:
Historia
HISTORIA. Con evidentes rastros de la presencia humana desde el Paleolítico inferior (v. iv), ya en tiempos protohistóricos cuatro tribus celtibéricas se repartían el territorio actual de esta provincia: los pelendones, en todo el tercio norte, y los arévacos, belos y titos que, de O a E, se distribuían por los otros dos tercios. Estas duras gentes, de vida pastoril, resistieron heroicamente a los romanos en Numancia (v.; 133 a. C.). Con Numancia cayó también Doria, sobre la que se asienta la actual capital de la provincia. Termantia (Montejo de Liceras), población de los arévacos aliada de Numancia, fue dominada en el 99 a. C. Uxama, también de los arévacos, fue aniquilada (72 a. C.) por su fidelidad al proscrito Sertorio (v.), dando luego origen a Osma.Tras la romanización, las invasiones bárbaras motivan una regresión de la población rural. De la época visigoda(s. vi-vii) hay escasas noticias en la Hitación de Wamba (p. ej., la tradición del anacoreta S. Saturio, etc.). De la época árabe, Lévy-Provenzal da la noticia de la sublevación, en el 869, de Sulaymán ben Abdus, en la ciudad de S. (la primera sobre la historia de la capital) contra el emir de Córdoba; si bien, sitiado por el hijo menor de éste, Abderramán, fue entregado por los mismos habitantes de aquélla. Algo más tarde, la línea Osma-San Esteban de Gormaz, con sus castillos, es una verdadera fortaleza, que desempeña un papel de frontera durante la Reconquista (v.).Abderramán III sufre varias derrotas. Después, tras la discutida batalla de Calatañazor, el caudillo musulmán Almanzor, huyendo por el portillo de Andaluz, pasa a Medinaceli, donde muere (1002). Hacia 1140, un juglar anónimo, probablemente de Medinaceli, escribiría el primer monumento de la literatura épica castellana, el Poema del Cid (v. CID CAMPEADOR ii), cuyo realismo es, en buena parte, reflejo de la dura geografía en que se origina.Desde entonces, la historia de estas tierras se centra en la ciudad de S., cuyas características principales, es decir, su emplazamiento en un collado y su condición de ciudad de camino a la vez que cabecera de puente sobre el Duero, moldearon desde sus comienzos a la capital. En el 869 era plaza musulmana. Su razón de existir fue la defensa de su puente sobre el Duero. La leyenda de su escudo reza: "Soria pura, cabeza de Estremadura", es decir, cabeza de esta comarca limitada por el río. Su situación geográfica, que hace de S., en lo físico y en lo humano, zona de transición entre la meseta del Duero y el valle del Ebro, le confirió durante mucho tiempo el carácter de divisoria o tierra de nadie y, también, el de avanzada codiciable de los reinos de Castilla, Navarra y Aragón. Aparte de la posible intervención de Fernán González, fortificando algún punto de la ciudad, y de que ésta permaneciera cierto tiempo en poder de Sancho el Mayor de Navarra y Alfonso VI de Castilla, su verdadera repoblación, ordenada por Alfonso I de Aragón, se realizó entre 1109 y 1114. Poco después, albergó a AlSORIAfonso VIII, aún niño (cuyo busto figura en su escudo), al que se disputaban los Castros (v.) y los Laras (v.). Más tarde, agradecido este monarca, le otorgó el Fuero extenso, por el cual se rigió la ciudad durante muchos años, obra legislativa notable que se incorporaría, en parte, al Fuero real.Los s. xi al xiii son, para S., de gestación de su personalidad histórica; su población e importancia aumentan del s. xiii al xv. Por entonces, alcanzaron su mayor esplendor las instituciones locales sorianas, como la de los Doce Linajes Troncales, de especial interés por su organización administrativa. Cada uno de los 150 pueblos sorianos enviaba su representante al municipio de la capital, y el gobierno de ésta se ejercía por un juez, 18 alcaldes caballeros y 18 jurados, hombres buenos, designados por las 36 parroquias en que estaba dividida, reflejo de su importancia, significada exteriormente asimismo por sus murallas que, a partir’ del antiguo castillo (puerta de Valobos), descendían hasta el río y, ya ribera arriba, seguían la falda del cerro del Mirón, continuando por la actual ermita y paseo (puerta del Rosario, frente a Santo Domingo) hasta las puertas del Postigo (en el Collado) y Rabanera (a la entrada de la calle de Caballeros).En los s. XVI y XVII prosperan la ganadería y la fabricación de paños. En el s. XVIII, bajo Carlos III, la Económica Numantina de Amigos del País le da un nuevo impulso, no sólo comercial e industrial, sino también social y cultural. Pero entre 1808 y 1812, la guerra de la Independencia acaba con este pasajero bienestar. Ejércitos voluntarios, levas forzosas y grandes contribuciones e impuestos establecidos por los invasores franceses empobrecen a S., saqueada, incendiado su arrabal y demolido su castillo. En los años siguientes, las luchas civiles acaban de menguar sus ya escasas energías; luego, a partir de la segunda mitad del s. xix y, sobre todo, en lo que va del xx, intenta rehacerse con dificultad, a causa de la creciente emigración y su escasa industrialización (v. i).J. A. PÉREZ-RIOJA.
BIBL.: A. PÉREZ-RIOJA, Crónica de la provincia de Soria, Madrid 1867; N. RABAL, Soria, Soria 1958; M. BLASCO JIMÉNEZ, Nomenclátor histórico de la provincia de Soria, 2 ed. Soria 1909; A. GONZÁLEZ GóMEz, Hijos ilustres de Soria y su partido, Soria 1912; J. A. PÉREZ-RIOJA, Exposición bibliográfica soriana (librosfolletos-mapas), Soria 1960.
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