Sordos
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Varios
El hombre aprende a hablar por imitación. Normalmente, este aprendizaje se realiza durante los primeros años de la vida, en los que el niño oye a las personas que le rodean y trata de repetir los sonidos. Pero si existen anomalías de cualquier tipo que dificulten el aprendizaje, entonces el niño hablará deficientemente o no hablará en absoluto. Éste es el caso del s.; capta visualmente los movimientos de los labios, las expresiones y gestos de su interlocutor, pero no tiene sensaciones sonoras, al menos al nivel de intensidad en que se le está hablando. Mal podrá, pues, aprender unos sonidos que no oye, que no existen para él. La consecuencia es obvia: no oye-no habla; se convierte en lo que impropiamente denominamos sordomudo. Impropiamente porque la palabra sordomudo, sin más, indica unas características peculiares, sustanciales a la persona, cuando, en realidad, lo fundamental es la sordera, siendo la mudez algo secundario; consecuencia, en suma, de la falta de audición. En el caso del sordomudo se es fisiológicamente s. y accidentalmente mudo, de tal forma que la mudez desaparece con el tratamiento pedagógico adecuado, convirtiéndose el sordomudo en sordoparlante. Como se ve, lo que persiste antes y después del tratamiento educativo es la sordera, pero no la mudez. De aquí que, actualmente, en los medios científicos internacionales se haya sustituido la denominación sordomudo por la de sordo.Sordera. El momento de aparición de la sordera tiene gran importancia, ya que si se produjo antes de la adquisición del lenguaje evitará que el niño s. hable, convirtiéndose, por tanto, en sordomudo. A este respecto se ha usado mucho la clasificación de sordomudez congénita, que ya existe al nacer, y sordomudez adquirida, que aparece después del nacimiento. No es muy correcta y cae en errores científicos de terminología. "Es insuficiente y carece de exactitud. Insuficiente porque los sordomudos congénitos son de tres tipos: según que el origen de la afección se remonte a la fecundación (sordera hereditaria o genética), a la vida embrionaria, o al nacimiento. Inexacta porque los dos últimos tipos son también sorderas adquiridas. La distinción entre sordomudez hereditaria y adquirida resulta, pues, más exacta, siempre y cuando se subdivida ésta en prenatal, natal y posnatal" (P. Oléron, Les SourdsMuets, París 1962). Es interesante, desde el punto de vista preventivo, el caso de la sordera hereditaria, ya que siendo frecuentes los matrimonios entre s., el peligro de que la sordera se transmita a los hijos es grande (según Schorch del 20 al 30%; Bost lo fija para EE. UU. en algo más del 40%; y Oléron, en Francia, habla de 1 cada 40). Examen de la audición. Tradicionalmente se medía el grado de sordera con aparatos diversos: silbatos, diapasones, relojes, etc., de poca fiabilidad. Hoy se recurre a los llamados audiómetros, de tipo electrónico, que emiten tonos puros, variables en intensidad y frecuencia. La unidad que se utiliza en estas mediciones es el decibelio, medida arbitraria de intensidad sonora, que se designa abreviadamente por db. Estas mediciones han dado origen a multitud de clasificaciones de los s., fundamentadas en su pérdida de audición. Para nosotros, dentro de su sencillez, resulta muy práctica y, aun con sus limitaciones, correcta, la que proponen Maspétiol y colaboradores:1) Sordera leve o hipoacusia. Cuando la pérdida auditiva es inferior a 40 db.; no impide al sujeto la adquisición del lenguaje, porque es capaz de percibir la voz humana a intensidades un poco fuertes, pero la hace más difícil y constituirá un inconveniente para su vida de relación y, en el caso del niño, sobre todo en la escuela.2) Sordera media. La pérdida auditiva es inferior a 6070 db. El niño no aprenderá a hablar espontáneamente, pero los aparatos de prótesis serán para él de una ayuda inapreciable, permitiéndole, en la mayoría de los casos, frecuentar las escuelas de oyentes.3) Sordera grave o profunda. La pérdida auditiva es superior a 70-80 db. Generalmente, las pérdidas auditivas no son iguales para todas las frecuencias en un mismo sujeto; son más numerosas en las frecuencias agudas que en las graves (v. SONIDO I). Desde el punto de vista de la reeducación (v.) del sujeto y su adquisición del lenguaje, tiene más interés el examen de la sordera hecho con las palabras, las llamadas pruebas de inteligibilidad de la palabra hablada, que el realizado con tonos puros, audiometría tonal liminar.Características. Si desde el punto de vista pedagógico resulta imprescindible el conocimiento del sujeto de la educación, esta necesidad se hace más perentoria tratándose de la educación especial (v. EDUCACIÓN Ix), con sujetos afectados de irregularidades o anomalías diversas. ¿Cómo es el niño s.?; en principio cabe afirmar que no tiene por qué ser diferente de los demás. Los matices diferenciales suelen ser debidos más al producto de una mala educación, de incomprensión o dejadez por parte de los adultos, que derivados de la propia idiosincrasia del sordo.Una cosa resulta obvia: las consecuencias de la falta de lenguaje. Siendo éste el vehículo de comunicación social y de transmisión de la cultura, su falta se hará notar en un doble aspecto. Por un lado, ante la imposibilidad de ser bien comprendido, de poder expresar las ideas propias claramente, y de comprender a los demás, puede dar como resultado una cierta introversión (v.) del sujeto, unos rasgos antisociales en el sentido de inhibirse de la vida de comunidad. Por otro lado, aparte esta consideración social del lenguaje (v.), si pensamos que él es la vía de penetración de los conceptos, de las ideas abstractas, en suma, el instrumento principal en el desarrollo intelectual del sujeto, su carencia se habrá de notar forzosamente. Nosotros mismos hemos podido comprobar, en estudios realizados con pruebas mentales (v.), que un niño s., no desmutizado, presenta, en principio, un retraso intelectual con respecto al oyente que oscila entre dos y tres años. En el aspecto físico también cabe considerar ciertas diferencias, si bien éstas son la consecuencia más que de la sordera en sí, de la causa que la provocó que, muchas veces, no sólo produjo la falta de audición sino que afectó a casi todo su organismo. 1. R. Ewing ha hecho notar que el desarrollo de la motilidad en el s. suele ser normal, si bien la marcha aparece con cierto retraso.Finalmente, por lo que r¿specta a su conducta, la oposición, reacción típica y frecuente en el s., manifestada en diversos aspectos: desobediencias, inhibición (v.), rabietas, gritos, etc., se debe a la dificultad de comunicación con el mundo de los adultos y no a una forma de ser innata. Generalmente desaparece cuando se le dota de lenguaje, se le proporciona un bagaje cultural y se le enseña a participar en la vida común.Educación. Algunos de los principios fundamentales, básicos en la educación del s., son los siguientes: 1) El lenguaje oral y escrito debe ser la meta a alcanzar, yendo desde los balbuceos fonéticos hasta el dominio total del mismo. 2) Comenzar a la edad más temprana posible; incluso los primeros meses de vida pueden ser aprovechados. Los jardines de infancia (v. EDUCACIÓN II) son imprescindibles en su escolaridad. Los primeros años, aquellos en que la persona humana es más dúctil y tiene especial predisposición para el lenguaje, son muy útiles en este aspecto. 3) Lectura labial. Percibimos las palabras por el oído (v.); el s. sustituye, en parte, la falta de audición por la vista. Los movimientos que hacemos con los labios al pronunciar las palabras, y los gestos y ademanes con que acompañamos a nuestras expresiones, son aprovechados por el s., debidamente entrenado, para, materialmente, "leer en los labios" del interlocutor lo que está diciendo. Si bien jamás se consigue con ella la precisión de la audición, resulta siempre una técnica utilísima para la vida de relación. 4) Adaptación (v.) a la vida social; una de las finalidades esenciales de la educación. Al dotar al s. de lenguaje, ya estamos dando un paso capital en este sentido, pero no suficiente. La enseñanza del s. debe estar inmersa en el medio que le rodea, procurando, sobre todo con experiencias vividas, su adaptación al mundo social circundante. En este aspecto surgen dos consideraciones capitales: la formación moral y religiosa (V. EDUCACIÓN III) y su preparación profesional. 5) El desarrollo físico (V. EDUCACIÓN IV) tampoco debe ser olvidado. Los ejercicios respiratorios son fundamentales para el sordo. La vida sana y el contacto con la Naturaleza juegan un papel aún más importante que en el oyente. Los juegos de competición o en equipo no deben ser olvidados, por lo que suponen de experiencia social. 6) Las técnicas modernas deben usarse abundantemente, sobre todo los medios audiovisuales (V.) y los aparatos amplificadores de sonido.Historia de la educación. En la consideración del s. y su ulterior recuperación se ha avanzado, a través de la historia, desde la nada, prácticamente, hasta los actuales s. con título universitario o los casos límites de la norteamericana Hellen Keller o el menos conocido, pero no por ello menos admirable, del español César de Torres Coronel, ambos sordomudos-ciegos, totalmente recuperados y miembros útiles a la sociedad.Hipócrates y Aristóteles, al considerar el lenguaje como don innato, dieron origen a la creencia de que el s. había de ser, forzosamente, mudo. El Derecho romano les consideraba desprovistos de inteligencia y se les negaba la ciudadanía. Luis Vives creía imposible que una persona desprovista de oído tuviera capacidad para hablar y escribir. Fue un humilde fraile español del monasterio benedictino de Oña, Pedro Ponce de León (m. 1584), el primer maestro de s. de quien se tiene noticia e inventor del llamado método oral, fundamento de las modernas técnicas de enseñanza del sordo. 1. Pablo Bonet (v.), también español, publicó la primera obra dedicada a estos problemas: Reducción de las letras y arte para enseñar a hablar a los mudos (ed. de F. Beltrán, Madrid 1930). En otros países surgieron autores y fundadores de escuelas: Wallis (1616-1703) enSORDOS - SOREL, GEORGESInglaterra; Hamman (1659-1724), de origen suizo, en Holanda; J. R. Pereira (1715-80), judío de origen aragonés, en Francia; Heinicke funda una escuela en Alemania (1760) y T. H. Gallaudet lleva a América la técnica europea, creando la primera escuela para s. en Hartford, Connecticut, en 1816.La primera escuela para s. se debe al abate 1’Épée (1712-89), que la creó en París en 1755. Su obra fue meritísima más que por su técnica -en realidad asestó un duro golpe al método oral al usar el lenguaje mímico-, por su trascendencia social instituyendo la primera escuela gratuita para s. sin distinción de fortunas. En 1880 se celebra en Milán el 11 Congreso Int. de la Enseñanza del Sordo, con el que oficialmente se reconoció la primacía del método oral. Hoy día, la enseñanza del s. se halla difundida por todo el mundo. Los educadores de s. suelen ser objeto de una preparación especial; en España se dan cursos oficiales para la formación del profesorado, destacando Miguel Baena como renovador y organizador de los mismos en época reciente. El Colegio Nacional de Sordomudos es la institución oficial, en Madrid, dependiente del Ministerio de Educación y Ciencia. Existe una Asoc. Española de Educadores de Sordos (AEES), que preside F. Verge Lozano. Es de resaltar la labor que llevan a cabo en el campo de la enseñanza del s. las instituciones docentes fundadas por órdenes religiosas especializadas, tales como las Terciarias Franciscanas de la Inmaculada en España e Iberoamérica; las Hijas de la Sabiduría, en Italia; los Hermanos de S. Viator, en Canadá; los gabrielistas, en Francia; etc.V. t.: OíDO II; SONIDO 1; LENGUAJE III y IV; EDUCACIóN IX; REEDUCACIÓN.F. VERGE LOZANO.
BIBL.: S. BOREL-MAISONNY y OTROS, La Parole et 1’Enfant Sourd, Lyon 1967; 1. R. EwING y A. W. G., Opportunity and the deaf child, Londres 1947; D. FRESNO, La educación del niño sordomudo, Madrid 1967; R. LABRÉ, Le Sourd-Muet. Étude MédicoSocial, París 1941; MASPÉTIOL y OTROS, La educación del niño sordo, Buenos Aires 1959; B. V. MORKOVIN, Rehabilitación del niño sordo, México 1963; P’. OLÉRON, La Sordomudez, Buenos Aires 1962; 1. PERELLó y F. TORTOSA, Sordomudez, Madrid 1968; Rev. "Estudios AEESn, Madrid.
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