Siracusa HIST.
Categoria:
Historia
Ciudad griega de Sicilia (v.). Fue fundada hacia el 733 a. C. por colonos de Corinto dirigidos por el baquiada Arquias. El primer asentamiento tuvo lugar en una isla vecina, luego península Ortigia. Pronto se extendieron a tierra firme y expulsaron a los indígenas, los sículos (v.). Durante el s. VII a. C., S. fundó otras colonias, como Acre, Casmene, Camarina y Ehna, dominando un amplio territorio con buenas posibilidades para la agricultura. El gobierno quedó en manos de los propietarios agrícolas descendientes de los fundadores -gamoroi- con exclusión del grupo servil de origen sículo (cillirios). Las luchas sociales entre ambos debilitaron a S., que fue dominada por los tiranos de Gela. Gelón, con el apoyo de los gamoroi, hizo de S. su capital, trasladó a ella a los habitantes de Camarina y Megara Hiblea, así como a los ricos de Gela (491 a. C.), convirtiéndose S. en la mayor ciudad de Sicilia. Esta tiranía, de carácter militar y aristocrático, significaba el predominio del elemento griego sobre el inquieto indígena. En el 480 Gelón se sentía lo suficientemente fuerte para exigir el mando de las fuerzas griegas en la segunda guerra médica ( v. MÉDICAS, GUERRAS) y derrotar a los cartagineses en Himera (480), gracias a la alianza de S. y Agrigento (v.). Hierón I extendió sus actividades al sur de Italia, apoyando a Cumas (v.) en su lucha contra los etruscos (474-473); en Sicilia derrotó a Agrigento.El sucesor de Hierón, Trasíbulo, fue derrocado por una revolución popular, que introdujo una Constitución democrática y el uso del petalismo, equivalente al ostracismo ateniense. Durante este periodo, S. tuvo que luchar contra los sículos y emprender nuevas campañas contra Agrigento (446 a. C.)" Más grave fue la expedición ateniense durante las guerras del Peloponeso (v.). S. era gobernada de nuevo por el partido aristocrático, aliado de Esparta. Los intentos atenienses de tomar S. (415-413) terminaron en un gran desastre. S., luego, hubo de emprender nuevas campañas contra los cartagineses con derrotas como la de Himera (409 a. C.), que permitieron a Dionisio obtener el poder absoluto (405 a. C.). Pese a nuevas derrotas, la habilidad diplomática del monarca salvó a S., y su prestigio se extendió hasta las ciudades griegas del sur de Italia. Su sucesor, Dionisio II, orientó su política de modo muy distinto: paz con Cartago, desmilitarización, protección de las artes y letras (baste recordar la estancia de Platón en la corte de S.), mantenimiento de la alianza con Esparta y apoyo de las ciudades griegas de la Magna Grecia. Su poder fue haciéndose más duro hasta motivar la intervención del corintio Timoleón, que desterró a Dionisio e inició la lucha contra los tiranos de Sicilia y contra los cartagineses, siendo episodio importante la batalla del río Crimiso (341 a. C.).
S. recibió una Constitución democrática mitigada, que debía reforzar Agatocles (340 a. C.), luchando con los cartagineses y adoptando el programa de Dionisio I, hasta proclamarse rey, tanto en Sicilia, que unificó, como en el Sur de Italia. Su política provocó la intervención de Pirro (v.) y no sobrevivió a su muerte (289 a. C.). Tras el intervalo de Icetas, Pirro fue proclamado rey en S. (278 a. C.), y consiguió reducir el dominio cartaginés a Lilibeo. Tras su retirada, Hierón II mantuvo la independencia de S. con una hábil política en el conflicto entre cartagineses y romanos. A su muerte (215 a. C.), S. se separó de la alianza romana. Tras dos años de sitio (214-212), la ciudad se rindió a los romanos pese a los esfuerzos de Arquímedes, pasando a ser la capital de la provincia romana de Sicilia. Su suelo fue también escenario de las guerras de los esclavos; sufrió el auge de la piratería durante el s. i a. C. y bajo el gobierno de Verres.
César, con la Lex Julia de siculis, concedió a S. la ciudadanía romana. Durante el Imperio gozó de cierta prosperidad, lo que le permitió organizar espectaculares funciones en su anfiteatro -desde Augusto, S. era colonia romana- y levantar grandes construcciones. Una nueva sublevación de esclavos, quizá siervos de la gleba, tuvo lugar en el reinado de Galieno (253-268). La predicación del cristianismo fue temprana -la tradición la atribuye a Marciano, enviado de S. Pedro-; desde tiempo atrás residía en S. una comunidad hebraica; bajo Diocleciano, Santa Lucía sufrió martirio en Siracusa. Prueba de la importancia del cristianismo en S. son las catacumbas localizadas bajo diversas construcciones cristianas. En el 278 fue saqueada por piratas francos, y en el s. v fue ocupada por los vándalos. Posteriormente fueron sus dueños bizantinos, musulmanes y normandos. Su historia desde la Edad Media se inscribe en la general de Sicilia (v. SICILIA 11).
S. conserva importantes restos de construcciones griegas y romanas. Entre las primeras figuran sus grandes fortificaciones, singularmente el llamado Castello Eurialo, construido por Dionisio I. Es una de las mayores fortificaciones del mundo antiguo con sus cuarteles, almacenes, caminos cubiertos y cisternas. Las construcciones religiosas, sin revestir la importancia ni estar tan bien conservadas como las de Selinunte y Agrigento, muestran los templos de Atenea y Apolo (transformados en iglesias durante la Edad Media). Finalmente, debe mencionarse el teatro edificado en el s. VI a. C., si bien se hicieron añadidos en épocas muy distintas hasta alcanzar, bajo Hierón II, capacidad para 15,000 espectadores, En época romana se construyeron diversos edificios; quizá el más notable sea su anfiteatro. En las artes menores deben recordarse sus monedas, verdaderas obras de arte durante el s, va. C., y hallazgos como el de la llamada Afrodita Callipigia o de Siracusa. Entre las construcciones cristianas deben recordarse las ya citadas catacumbas y, pese a su carácter industrial, las llamadas latomias, grandes galerías abiertas en la roca para utilizar la piedra como material constructivo.
ALBERTO BALIL.
BIBL.: G. GIANELLI, Trattato di Storia Greca, 2 ed. Roma 1954; A. HOLM, Storia della Sicilia nell’antichita, I-III, 2 ed. Roma 1965; J. BERARD, La Magna Grecia, 3 ed. Turín 1963; A, MAIURI, Arte e civilta nell’ltalia antica, Milán 1960; B. PACE, Arte e civiltd della Sicilia antica, I-IV, Roma 1935-49; C. E. RIZZO, Monete greche della Sicilia, I-II, Roma 1948; F. CA v ALLARI-A. HOLM, Topografia archeologica di Siracusa, Palermo 1883; G. E. RIZZO, Il teatro greco di Siracusa, Roma 1923; L. MAUCERI, Il Castello Eurialo nella Storia e nell’arte, Palermo 1956; P. SESTINI, Archeologia cristiana, I, Roma 1958; G. AGNELLO, La pittura paleocristiana della Sicilia, Roma 1952; íD, L’architettura bizantina m Sicilia, Roma 1952; A. GARCfA BELLIDO, Fenicios y cartagineses en Occidente, Madrid 1942,
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.