Sintaxis LIT.
Categoria:
Literatura
1. Introducción: concepto de sintaxis. La s. constituye una particular disciplina lingüística que se ocupa del aspecto combinatorio de los elementos primarios que pertenecen a las lenguas, sean éstas naturales o no. En la moderna teoría gramatical se pone especialmente de relieve la cuestión que gira en torno a las relaciones entre la s. y las demás disciplinas particulares (en especial, semántica, v., y morfología, v.) que concurren en la descripción completa de las lenguas. El status teórico que recibe la s. en el sistema descriptivo de un autor o de una escuela representa a menudo un decisivo punto de referencia que influye sobre todos los niveles del análisis, el cual recibe, así, un carácter particular (v. ANÁLISIS GRAMATICAL). Entre las doctrinas contradictorias, a veces en apariencia, existen, sin embargo, determinados rasgos comunes, sobre los que cabe establecer una base de discusión.Consideremos, en primer lugar, el hecho de que la lengua (v.) es un mecanismo capaz de transmitir información en virtud de ciertas normas de comportamiento que se aplican sobre unos elementos. El semáforo, las señales luminosas que se utilizan en la Marina, un sistema lógico cualquiera son lenguas que satisfacen esta definición, igual que las lenguas naturales. Disponen de unos elementos -signos (v.)- que aparecen en función de unas reglas combinatorias, cuyo estudio compete a la s. respectiva. Con ello, la pregunta sobre si las reglas combinatorias son rasgos indispensables para una lengua no carece aquí de sentido. Hay, en efecto, lenguas "perfectas", que admiten todos los tipos posibles de combinación entre sus elementos mínimos, o, dicho de otro modo, que son capaces de asignar un análisis y una interpretación válidos a cualquier secuencia de sus elementos. Tal ocurre con los sistemas aritméticos, sea cual sea su base. Así, en el sistema decimal (de base o paradigma: diez), todos los elementos pueden combinarse infinitas veces entre sí o consigo mismos sin que por ello se produzca nunca un resultado "no-gramatical", inanalizable. Se dice, entonces, que la s. de esta lengua se reduce a una sola regla, representable así:!=aI.10°+a2-101+a3-102+...+a?-10~~-I. (1)Es decir, cualquier cantidad (Y.) equivale a la suma de n elementos iguales o distintos (a) multiplicados por la base (10) elevada a una potencia igual al número de orden que ocupa el elemento respectivo menos uno. (De esta manera, es posible analizar "sintácticamente" 2 como 2-100; 22 como 2-100+2-101; 340 como 0-100+4-101+ +3-102, etc.). Como se ve, esta fórmula permite asignar una estructura, o un análisis, y, en consecuencia, una interpretación del contenido de cada expresión numérica. Si admitimos, entonces, que no hay necesidad de introducir ninguna regla complementaria -para evitar, p. ej., la aparición de "ceros" en el margen izquierdo-, habrá que concluir que todos los elementos de un sistema numérico carecen de restricciones combinatorias, y que estos sistemas están dotados de una s. sencilla en extremo.Ninguna lengua natural, donde en último término reside el mayor interés de los estudios sintácticos, se encuentra en estas condiciones. Al contrario, todos los casos conocidos manifiestan una complejidad muy considerable en reglas combinatorias, cuya naturaleza ha sido habitualmente omitida por ciertas concepciones gramaticales. El hecho de que la gran mayoría de las 720 combinaciones posibles que van desde el niño se toma la leche hasta leche la toma se niño el resulte no-gramatical no viene reseñado o, en caso de estarlo, no recibe interpretación ninguna en muchos tratados de gramática. Para evitar ambos extremos, examinemos de nuevo la "lengua" decimal. En ella, los elementos 1 y 2 admiten dos interpretaciones, bien como unidades abstractas del paradigma (unidades de metalengua) o bien como resultados de la aplicación de la regla combinatoria anteriormente citada. En este segundo caso, son cantidades análogas a cualquier otra cantidad de estructura más compleja, como, p. ej., 12. Entre 1 y 12, pues, existen diferencias de contenido pero no de s., ya que ambas son interpretables por la misma regla. Si utilizamos, entonces, un sistema aritmético de base "doce", con lo que el paradigma gramatical se incrementará en dos unidades (pongamos, A y B), la cantidad decimal 12 se expresará por medio de B y su análisis será:’=B-120Así, el contenido de B en esta lengua será idéntico al de 12 en el sistema decimal ("doce veces la unidad"), pero se modificará tanto la interpretación sintáctica como la materialización de su significante. Si adoptamos, en cambio, un sistema ternario (a base de 0, 1, 2), la expresión 12 será equivalente, en contenido, a 5 del sistema decimal según la correspondencia:sistema ternario: 0 1 2 10 11 12 20 21 22 100 101 102 110 ... (2) sistema decimal: 01 2 3 4 5 6 7 89 10 11 12 ... Es decir, la misma expresión, 12, en el sistema ternario presenta un contenido y una interpretación sintáctica diferentes(E=2 - 3a+1 - 31),igual a 5 en el sistema decimal. A su vez, el contenido "doce veces la unidad" vendría expresado en forma de 110 (cuya denominación sería asimismo distinta a la que recibe en el sistema decimal).Conviene observar, pues, que el mismo contenido ("doce veces la unidad") se manifiesta a base de 110, 12 y B en lenguas diferentes, convencionalmente construidas. Esto nos permite inferir la presencia de una relación muy estricta entre semántica (v.) y s., puesto que la diferencia entre aquellas tres expresiones no depende de su forma (podríamos haber empleado otros símbolos y una ordenación inversa: cfr. 01 con valor de 10, etc.), sino de su relación con reglas combinatorias específicas. Lo verdaderamente esencial, una vez adoptada la ordenación normal de derecha a izquierda, es que, en el primer caso (110), la secuencia esté formada por el símbolo neutro ("cero") seguido de los dos primeros símbolos iguales y correlativos del paradigma; que en el segundo caso (12) aparezcan el segundo y el primer símbolos por este orden, y que el tercero (B) contenga un solo símbolo, el último del paradigma precisamente. Estos hechos están gobernados, claro está, por la s. de la lengua respectiva.Hemos de reconocer, por lo demás, que todos los sistemas aludidos son casos particulares de otro más general, cuyos límites sintácticos podrían enunciarse como sigue:E=ar.xo+az-xl+...+a_.x-, (3) donde el símbolo x representa la base paradigmática sobre la que se establece cada uno de los sistemas posibles.Para comprender la naturaleza de los fenómenos sintácticos de todas las lenguas, nos falta atender al supuesto de si cabe reducir a cero la s. de un sistema imaginario o real e investigar, a continuación, las consecuencias que derivan de ello. De hecho, no hay dificultad alguna en suponer una lengua de este tipo. Sin ir más lejos, la "lengua" de las señales del tráfico automovilístico pertenece a esta clase (en tanto que prescindamos de una suerte de s. ocasional en ella: cfr, la señal de "libre circulación", que presupone un determinado contexto restrictivo previo, etc.). En esta lengua, todos los símbolos conservan el mismo valor aislados o en secuencia, ya que la sucesión de diversos símbolos es puramente acumulativa y no analizables por medio de reglas combinatorias. Las consecuencias de esta característica lingüística conducen automáticamente a un planteamiento distinto del paradigma, desde el momento en que comprende elementos no articulados. Así, pues, el rasgo más destacado de este tipo de lenguas consiste en el escaso margen de posibilidades significativas que presenta. A lo sumo, la "lengua" que regula el tráfico por carretera ofrece, por lo común, alrededor de 100 indicaciones o contenidos, con lo que se cubren, aproximadamente, todas las necesidades requeridas por la experiencia.Comprendemos, en seguida, que el aprendizaje de esta suerte de lenguas no puede presentar dificultad alguna. Ahora bien, si las necesidades significativas aumentaran hasta alcanzar varios centenares de miles o un número infinitamente grande, como ocurre con los sistemas aritméticos, la aprehensión de un sistema de esta clase resultaría irrealizable. Tal sucedería si existiese un símbolo independiente para expresar cada una de las cantidades posibles. Como el número de cantidades expresables es infinito, el paradigma del sistema numérico no tendría fin, lo mismo que su aprendizaje. Para evitar, entonces, tal eventualidad, se recurre a la combinación de símbolos primarios (que constituyen el paradigma) para expresar otros símbolos más complejos. Ya hemos dicho antes que la diferencia entre dos cantidades dentro de un mismo sistema aritmético es de naturaleza semántica. Sin embargo, la diferencia entre 2 y 3 en el sistema decimal se expresa en el sistema ternario que hemos propuesto antes por medio de un recurso sintáctico: 2 y 10 [cfr. (2)], a pesar de que ambas cantidades contienen la misma diferencia ("dos veces la unidad" y "tres veces la unidad", respectivamente) en los dos sistemas.Inferimos, con todo lo dicho, varias relaciones mutuas entre las nociones de paradigma, semántica y s., lo cual es suficiente para probar su estricta conexión o, con más exactitud, el hecho de que son simples manifestaciones de un mismo fenómeno lingüístico. Hay, en primer lugar, una proporción inversa entre la amplitud del paradigma y la amplitud de las combinaciones sintácticas. En efecto, para una cantidad dada de distinciones semánticas, mayor será el número de las combinaciones sintácticas requeridas para expresarlas cuanto más reducido sea el número de los elementos paradigmáticos, y viceversa. De ahí se deduce que las combinaciones sintácticas son puras manifestaciones de contenidos semánticos complejos cuyo análisis se compone de los elementos primarios que constituyen el paradigma de cada sistema o lengua. En virtud de este principio, la gramática (v.) de una lengua consiste en un mecanismo que indica, por una parte, los elementos simples del paradigma y las reglas combinatorias a través de las cuales cabe construir todos los enunciados complejos que permite la lengua en cuestión (operación de síntesis) y, por otra parte, indica el procedimiento por el cual, a partir de cualquier enunciado complejo, cabe deducir los elementos componentes simples (operación de análisis).2. La sintaxis en las lenguas naturales. Si admitimos el supuesto de que las lenguas naturales son sólo casos particulares de lengua, cuanto llevamos dicho acerca de estos principios ha de ser directamente aplicable a ellas. En este panorama teórico, una lengua natural debe ser clasificada como un mecanismo semejante a un sistema numérico, ya que las diferencias de contenido que es capaz de expresar son numerosas y, en consecuencia, dispone de un determinado conjunto de reglas combinatorias entre elementos simples paradigmáticos.Sabemos, sin embargo, que las necesidades semánticas de las lenguas naturales presentan una gran riqueza de relaciones y que, por ello, las combinaciones entre sus elementos primarios no pueden reducirse a una sola regla de progresión lineal, como ocurre con los sistemas aritméticos aducidos. Los intentos que alguna vez se han realizado en favor de esta reducción, por parte de Descartes y de Leibniz entre otros, han fracasado totalmente. En efecto, las relaciones de el niño con salta y con bueno en el niño salta y el niño bueno son muy diferentes y, en principio, irreductibles a una sola regla común (aquí lo consideraremos así, a pesar de tratarse de una operación perfectamente posible). Si atendemos, además, a la imposibilidad de realizar combinaciones tales como el niño según, el niño nunca, etc., habremos de reconocer que el paradigma de las lenguas naturales está compuesto por elementos de diversos tipos combinatoriamente distintos, entre los cuales se establecen unas leyes mutuas de "simpatía" y "antipatía", como sucede entre los átomos del sistema periódico. Coexisten, con ello, clases combinatorias, que la gramática tradicional suele llamar partes de la oración (V. ORACIÓN GRAMATICAL II), tales como el Nombre, el Adjetivo, el Verbo, etc., definidas por lo general en términos no sintácticos a causa de la influencia de una primitiva concepción lógico-gramatical e inspiradas en la estructura lingüística del griego clásico. Obsérvese que, en cambio, los sistemas aritméticos ofrecen una sola clase combinatoria.Si se dice, entonces, que niño y coche pertenecen a la clase Nombre es porque ambos elementos se relacionan con el resto de un modo que, en principio, vamos a suponer idéntico: cfr. el niño corre y el coche corre.Igualmente, el niño duerme denuncia, de alguna manera, una equivalencia combinatoria entre corre y duerme y, por tanto, su asignación a una misma clase o "parte de la oración". Estos sencillos ejemplos no permiten, sin embargo, obtener conclusiones definitivas. En circunstancias normales, no es posible decir, pongamos por caso, El coche duerme, ya que su resultado semántico carece de sentido. Ello no obstante, es difícil utilizar criterios combinatorios para regular los resultados semánticos en todas las condiciones posibles. Podría ocurrir, además, que un determinado hablante deseara construir efectivamente una oración como el coche duerme por ironía o en virtud de unas necesidades de índole poética. En general, las traslaciones metafóricas caen todavía fuera de un posible análisis sistemático dentro de la semántica actual, a pesar de ser empleadas a menudo incluso en el habla común. Todo depende, en último término, de si tiene o no capacidad una gramática para formular reglas combinatorias generales con las que se dé cuenta de las secuencias permisibles, y sólo de ellas, entre los elementos de una lengua. Un procedimiento sintáctico encaminado a este fin consiste en asignar a cada elemento ciertos "rasgos gramaticales" específicos que determinen por sí solos la compatibilidad o incompatibilidad entre dos o más elementos cualesquiera de la lengua. En efecto, si se indica en alguna parte que el verbo dormir sólo admite un sujeto acompañado de los rasgos de [animado] ([animal] o [humano] ), la misma gramática (y no la intuición o el sentido común) proscribirá una oración como el coche duerme por incompatibidad combinatoria entre el sujeto y el predicado, del mismo modo que proscribiría otra oración como el coche correr.La adopción de este procedimiento, denominado por algunos gramáticos de "subcategorización", tiene como resultado la formación de subclases totalmente independientes entre sí dentro de las primitivas clases reconocidas por la gramática tradicional, con objeto de prever la compatibilidad no sólo entre sujeto y núcleo del predicado, sino también entre éste y sus posibles desarrollos nominales (de objeto directo, etc.), entre adjetivos y nombres, etc. Entonces, en lugar de una clase Nombre, hay que proponer un conjunto de rasgos gramaticales cuya combinación producirá nuevas clases sintácticamente definidas. Si, p. ej., se aducen rasgos tales como [animado], [humano], [cuantificable], [común] y sus contrarios, [no-animado], [nohumano], etc., se formarán 16 clases combinatorias diferentes desde(1) [+an], [+hum], [+cuan], [+com](4)hasta(16) [-an], [-hum], [-cuan], [-com]pasando por los casos con una valencia (-+- o -) o dos valencias cambiadas. (Por [cuantificable] se define todo elemento capaz de ser determinado por un numeral: cfr. dos hombres frente a dos hambres).Conviene hacer notar que cada una de estas clases combinatorias estará compuesta sin duda por un número desigual de elementos reales de la lengua -la clase (1) por casos tales como hombre, mujer, niño, ciudadano, persona, etc-, hasta el punto de que alguna puede figurar como vacía, sin materialización léxica, como sucede en español con respecto a la clase (16) y a otras. Esto, evidentemente, no constituye en sí mismo ningún contratiempo teórico, pero plantea el grave problema del número,la definición y el grado de interdependencia de los rasgos que han de intervenir en este tipo de clasificación combinatoria. De cualquier modo, y sin adentrarnos ahora en los detalles de la discusión, este hecho pone una vez más de manifiesto la estricta conexión que existe entre el componente semántico de una lengua y su respectiva s. En efecto, cuando un contenido semántico, a partir de uno o de varios elementos léxicos primitivos, se generaliza de un modo regular en el seno de una lengua natural, tiende a convertirse más y más en un fenómeno sintáctico, es decir, de naturaleza combinatoria.Este proceso, que recibe a menudo el nombre genérico de "gramaticalización", se presenta sin excepción en todas las lenguas naturales, pero no afecta siempre a los mismos tipos de contenidos semánticos. Un mismo contenido se resuelve en una lengua a través de un procedimiento léxico y en otra a través de un procedimiento sintáctico [cfr. (2)]. Tal ocurre cuando se dice a propósito de ciertas lenguas (p. ej., el japonés) que la oposición entre singular y plural se realiza a base de anteponer elementos con valor de "algunos", "varios", etc., para indicar el plural de otro elemento, mientras que en otras (como en español) existe un mero recurso desinencial. Aun dentro de una misma lengua, surgen a menudo recursos dobles a partir de un mismo contenido, sobre todo cuando éste presenta relativamente pocos rasgos semánticos. Así sucede, p. ej., con la alternancia que existe entre ciertas oraciones de relativo y los adjetivos que cabe considerar correspondientes: cfr. es Juan el que canta equivale a es Juan el cantante. Si aumentamos los rasgos semánticos de la oración relativa, la lengua puede, o no, ofrecer la "versión" adjetiva del mismo contenido: cfr. es Juan el que canta de noche puede enunciarse a base de es Juan el cantante nocturno, pero es Juan el que canta al dar las doce y media no ofrece la posibilidad de transformar en un solo modificador adjetivo los rasgos semánticos del contenido al dar las doce y media. En términos generales, los fenómenos de concordancia, orden de palabras, flexión, derivación, régimen de preposiciones o posposiciones, casos gramaticales y locales, voces o diátesis verbales, tiempos, aspectos, modos, etc., son otros tantos tipos específicos de este proceso lingüístico universal que presenta, en cada caso, un estado particular de evolución, muy ajeno, por otra parte, a un modelo común.Precisamente, la fijación de los diversos modelos sintácticos o combinatorios compete al estudio de la Lingüística tipológica. La clasificación en lenguas analíticas y sintéticas (y, dentro de éstas, en aglutinantes e inflectivas, según algunas clasificaciones) representa muy en abstracto diversos modelos de comportamiento en lo que se refiere al proceso de gramatical ización. A un nivel más concreto subsisten, sin embargo, innumerables dificultades a la hora de definir, para una lengua o para un reducido grupo de ellas, la naturaleza de los fenómenos sintácticos y sus relaciones mutuas. Sucede, a veces, que entre dos o más fenómenos se establece un determinado grado de proporcionalidad; p. ej., entre la concordancia y el llamado "orden de las palabras" en la oración: cuanto más amplio es el uso de la concordancia en una lengua, más libre es el orden relativo entre sus elementos oracionales, y viceversa (cfr. el latín y el chino, como casos ejemplares de ambos tipos). Por el contrario, a veces no existe apenas analogía en el modo de realizarse lo que cabe considerar una misma categoría gramatical. Éste es el caso del género, inexistente en algunas lenguas, mientras en otras se manifiesta a través de dos miembros (masculino y femenino), de tres, de cuatro e incluso más. como en swahili, lengua de la familia bantú, donde existen seis grupos genéricos regulados por rasgos gramaticales semejantes a los que hemos aducido antes [cfr. (4)] y que, a su vez, regulan las posibilidades combinatorias de los nombres con varias clases de modificadores, incluidos los verbales.Como se ve, pues, el problema no se reduce tan sólo a la fijación y al reconocimiento de los procedimientos sintácticos que las lenguas experimentan en sus procesos de gramatical¡ zación, sino que incluye, además, otro fenómeno, en principio, correlativo: el de la forma o manifestación que los elementos, tanto léxicos como sintácticos, adoptan en cada caso. Cuando surgen disquisiciones controvertidas acerca de si el artículo o la conjunción son palabras o simples partículas de relación, sobre la divisoria gramatical entre las preposiciones y los adverbios o entre la flexión y la derivación, no se hace más que aludir al hecho de que los procesos de gramaticalización no se producen de un modo absoluto, sino gradual, en las lenguas. Su determinación, por tanto, tampoco puede ser absoluta y ni siquiera unidireccional. De ahí que, aunque hasta ahora no hayamos hecho mención deliberada de ello, conviene señalar de una vez la necesidad de distinguir entre los elementos básicos de la lengua en sí mismos y sus respectivas manifestaciones externas. Si bien es verdad que existe, por lo común, una cierta correlación entre ambos aspectos de la misma realidad lingüística, la tentación de considerarlos idénticos (o el mero hecho de no advertir esta distinción) ha producido graves embrollos en determinadas escuelas gramaticales. En general, entre un elemento A y su realización a caben tres posibles relaciones:(I)A --> a (Juan+correr ---> Juan corre)aJuan ama a María)/II/II(II)A(Juan+amar + a MaríaáMaría es amada por Juan)A(Ninguna+cosa +gustar+a él(5)(III)aNo le gusta nada)A’(Ello +gustar +nada + a élEs decir, cabe una relación biunívoca (I); que el elemento posea más de una realización (II), o bien que más de un elemento concurra en una misma realización (III), tal como se aprecia en los ejemplos aproximativos aducidos en cada caso.La particularidad de que el caso (I) resulte mayoritario, en términos estadísticos, frente a (II) y (III) ha favorecido con frecuencia el tratamiento conjunto de los fenómenos sintácticos con los fenómenos morfológicos o de realización, como lo denuncia el término de "morfosintaxis", de amplio uso en ciertas escuelas formalistas modernas. Sin embargo, nunca falta un reconocimiento implícito o explícito de los casos (II) y (III) o, dicho en otras palabras, al hecho de que una realización a cualquiera no siempre es interpretable a base de un análisis único.Con la perspectiva de los puntos tratados, cabe caracterizar a grandes rasgos algunas corrientes lingüísticas principales, que se han acogido a muy diversos puntos de vista con relación a los estudios sintácticos. En primer lugar, la concepción de la s. como un apartado de la teoría combinatoria general que opera sobre estructuras de cualquier índole viene a ser un rasgo típico de la Lingüística (v.) más bien reciente. Mayor trascendencia metodológica entraña, no obstante, el reconocimientoexplícito y operativo de lo que hemos llamado elementos A y elementos a [cfr. (5)], que caracteriza, por lo general, a las escuelas funcionalistas, más o menos inspiradas en la obra de F. de Saussure. Entre ellas, el formalismo (v. FORMALISMO III, 1) lingüístico (como la escuela "glosemática" de L. Hjelmslev) propende a establecer una perspectiva de análisis que parte, por así decirlo, de los elementos de realización o formas bajo el supuesto de que la forma es el modo natural de manifestarse la sustancia, la cual, en sí misma, es inaprehensible. Dentro también de los criterios funcionalistas, la escuela trasformacional, entendida en un sentido muy amplio (N. Chomsky, Z. S. Harris, S. Shaumian, J. J. Katz, etc.), es la que más esfuerzos ha dedicado al descubrimiento de las relaciones sistemáticas que existen entre los elementos básicos o de estructura profunda (tipo A) y los elementos formales de estructura superficial (tipo a).V. t.: COORDINACIÓN GRAMATICAL; SUBORDINACIÓN GRAMATICAL; YUXTAPOSICIÓN GRAMATICAL; ORACIÓN GRAMATICAL; SEMÁNTICA; SEMIOLOGÍA; SIGNO Y SIGNIFICACIÓN 1,7-9.R. CERDÁ MASSÓ.
BIBL.: E. BENVENISTE, Problémes de linguistique générale, París 1966; L. BLOOMFIELD, Lenguaje, Lima 1964; L. HJELMSLEV, Ensayos lingüísticos, Madrid 1972; R. JAKOBSON, Essais de linguistique générale, París 1963; Z. S. HARRIS, Structural Linguistics, Chicago 1966; H. CONTRERAS (ed.), Los fundamentos de la gramática transformacional, México 1971; N. RUWET, tntroduction á la grammaire générative, París 1968; N. CHOMSKY, Aspectos de la teoría de la sintaxis, Madrid 1970.
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