Sindicato I Sociología y Política. POLÍTICA
Categoria:
Política
1. Concepto. Sidney y Beatrice Webb (v.) lo definieron como "una asociación permanente de asalariados con el fin de conservar o mejorar las condiciones de sus relaciones de trabajo". El Convenio Internacional 87, adoptado por la OIT, dice que "el término organización significa toda organización de trabajadores o empleadores que tenga por objeto fomentar y defender los intereses de los trabajadores o de los empleadores"; definición inconcreta, no por referirse simultáneamente a s. empresariales y obreros, lo que es aceptable, sino por carecer de última diferencia, pues caben en ella realidades que no pueden considerarse s.; como son las asociaciones mutualistas y benéficas, etc.2. Historia. Tannenbaum presenta los s. como institutos de lucha contra la atomización industrial, que universalmente se presentan en antiguas épocas; así, dice, aparecen en China hace más de mil años, en India el 600 a. C., en el antiguo Japón, en el mundo islámico, etc., siempre como consecuencia del sentido de comunidad entre hombres que toman conciencia de su papel en la universalidad social que les entorna. Más concretamente, se entronca con frecuencia a los s. con los gremios (v.), guildas y cofradías medievales y remotamente con los collegia (v.)y sodalitates romanas. Falta, no obstante, entre tales instituciones y los s. modernos nexo de continuidad, pues carecen de la representatividad y el propósito dialéctico propios del s. actual. Éste surge del salariado, a consecuencia de la industrialización, que modificó estructuras, creó necesidades, concentró la población en zonas industriales e hizo depender la existencia del salario (v. PROLETARIADO; TRABAJADOR).El hombre en la nueva organización del trabajo (v.) no es ya el anterior camino hacia la maestría y la independencia, sino que permanece establemente trabajando por cuenta ajena, en ocasiones en un trabajo habitualmente poco cualificado. El liberalismo (v.) económico, primando sobre el político, prohibió las asociaciones profesionales y disolvió los gremios, con olvido, dice Saint Léon, de la misión social que cumplieron durante siete siglos. La Ley de la Chapelier (2-17 mar. 1791) es el modelo francés que sigue Europa, disolviendo las corporaciones y declarando delictivos los convenios colectivos entre empresarios y trabajadores.Adam Smith había previsto que su débil economía obligaría a los trabajadores a contratar en malas condiciones y que, defensivamente, surgiría la coaligación de aquéllos frente a la ley. Y así acaba sucediendo. Gran Bretaña deroga en 1824 las leyes restrictivas de la asociación obrera, siendo el sindicalismo británico, piensa Alonso Olea, el primero en la cronología. En 1842 un juez norteamericano declara "no ilícita" la asociación de trabajadores y abre paso al sindicato. España, con vacilaciones, sigue caminos paralelos. Según García Venero, la primera asociación obrera española se constituye en Barcelona, en 1840.3. Tipos. El s, obrero se presentó variadamente. Nació en reducido ambiente de profesionales cualificados, en los "sindicatos de oficio", eficaces por lo solicitado de sus miembros, que impusieron su encuadramiento como requisito para la colocación. Luego se amplió, con sentido más clasista que profesional, constituyendo los "sindicatos de base". Hoy los s. procuran afiliar a todos los trabajadores (v.) de su rama, sin renuncia de los de "cuello blanco" (empleados administrativos y técnicos), que frecuentemente ocupan posiciones directivas.El s. revolucionario desacata la legitimidad de las instituciones, en busca de una ideología habitualmente comunista o anarquista (v. SINDICALISMO). El s. que Briefs llama "consolidado" respeta las situaciones, aspirando a una evolución en las mismas. En Hispanoamérica se distingue entre s. con "personería" y sin ella, siendo aquéllos los representativos. Por su ámbito se denominan de empresa, locales, nacionales...; estos s. de empresa no deben confundirse con los s. mediatizados que aquéllas constituyen que, por falta de independencia, no pueden considerarse auténticos. Según integren directamente sus miembros o sus asociaciones, son primarios, federaciones, confederaciones, etc. Por sus actividades son agrícolas, industriales, de servicios, etc.4. Sindicatos verticales y horizontales. La diferenciación de los s. en verticales y horizontales, distinción terminológica que exige entendimiento previo de su significado, es frecuente. Afirma Martín Brugarola que esta verticalidad puede interpretarse en tres sentidos diferentes. a) El primero se refiere a la concentración de la estructura sindical. Frente a los s. horizontales, que responden a fórmulas primeras en el tiempo, y que sólo agrupan a miembros de la misma profesión u oficio, como los clásicos s. de oficio, el s. de industria agrupó a la totalidad del personal de la empresa o rama económica, de manera que se han calificado como verticales por la distinta altura profesional de sus sindicados. b) El segundo sentido corresponde a la centralización sindical, por agrupamiento de los distintos s., horizontales en principio, en una unidad superior, que abarca distintos niveles de trabajadores, coexistiendo la inicial línea horizontal con la vertical resultante de la centralización, c) Finalmente, en la interpretación más extendida, el s. horizontal supone la dicotomía trabajador-patrono de forma que solamente los trabajadores se integran en el s., concebido como elemento de oposición los patronos; por el contrario, el s. vertical considera la presencia de una comunidad de intereses entre ambas clases dentro de cada unidad económica y las agrupa unitariamente, sin perjuicio de la posible autonomía de cada grupo constitutivo de la estructura sindical, que pueden así actuar libremente en la defensa de sus respectivos intereses.La concepción del s. vertical representa un término medio entre dos ideologías en cierto modo caducas, la del s. mixto y la corporativa. El s. mixto es la figura, fomentada por León XIII, que consideró la presencia conjunta de patronos y trabajadores como medio para acabar con la lucha de clases, preferible al encastillamiento en sus posiciones de sus respectivos s. horizontales. El corporativismo (v.), que tuvo amplia aceptación entre la segunda y cuarta década del siglo y alcanzó ciertas realizaciones políticas, implica una mecánica que B. Aragón, tomándola del pensamiento de Rocco, sintetiza diciendo que el individuo es el punto, el s. el conjunto de organización vertical, y la corporación la organización llamada a desarrollar la acción política. Por eso pudo decir Legaz que aun cuando el sindicalismo vertical haya renunciado al corporativismo, es éste el género al que pertenece.5. Sociología del sindicato. Sociológicamente hay que considerar si el s. es mera asociación, producida por decisión de sus miembros, o si es una comunidad surgida de modo espontáneo como resultado de la semejante situación en que una serie de personas se encuentran dada su dependencia en el trabajo, lo que crea una afinidad espontánea y una vinculación más fuerte que la simple coincidencia de voluntades en la estimación de los medios más convenientes a la consecución de los fines comunes, es decir, esa intimidad, característica, según Tónnies, de las comunidades (v. COMUNIDAD II).Si se acepta la primera posición, el s. será una asociación libre en su constitución, actuación y fines, sin más limitaciones que las de las leyes, la moral y la salud públicas. Si es una comunidad, habrá de regularse según su propia naturaleza, como las demás comunidades, familia, municipio, nación. La doctrina, pues, es importante a efectos de determinar los límites de la libertad sindical y autorizar las fórmulas unitarias y aun obligatorias de la concepción comunitaria, que no encajan en el liberalismo propio de una concepción simplemente asociativa.6. Funciones. Las funciones de los s. se han ampliado progresivamente. Se concretaron en principio a la defensa de los trabajadores ante sus empresarios. Llegaron a un especial grado de expansión cuando el convenio colectivo (v.) tomó efectos de obligar: a través de su generalización y de la declaración de aplicabilidad de sus cláusulas a todas las actividades de la rama para la que se establecía, entró el s. en una fase de colaboración en las normas jurídicas. La tercera etapa corresponde a la llamada "participación", con doble zona de influencia; en primer lugar, la empresa, donde las representaciones laborales ejercen ciertas funciones de asesoramiento, que llegan ala integración en los consejos de administración; en segundo lugar, los órganos directivos del desarrollo económico y social, como aconseja la 44a Conferencia Internacional del Trabajo, en su Recomendación 113 (junio 1960).Desde otro punto de vista, los s. responden a dos objetivos: o se declaran violentos enemigos de las estructuras vigentes, aspirando a la revolución, o son órganos colaboradores del Estado, ya procurando su evolución, como en los países occidentales, o sirviéndole dócilmente en los soviéticos. Digamos, finalmente, que funciones sindicales han sido y continúan siéndolo las que Iglesias Selgas llama "acciones asistenciales", de abolengo y multiplicidad de manifestación: seguridad social (v.), previsión, ocios, hogar y muchas en que es rico el sindicalismo español.7. Estructura. La estructura sindical interna enfrenta la diferenciación y funciones que corresponden a sindicados, dirigentes y burocracia, entre los que se producen frecuentes colisiones. Los dirigentes suelen imponer, según Crozier más marcadamente en los países donde hay pluralidad de s., una acción que responde a sus propias ideologías políticas. Su alta burocracia, cediendo a una corriente tecnócrata, suele atribuirse misiones rectoras, tanto más cuanto mayor es la complejidad de la acción sindical y su intervención en cuestiones económicas y sociales. Por ambos caminos el sistema evoluciona generalmente, desde un principio democrático, sólo posible en conjuntos socioculturales limitados, hacia una dirección, politizada en unos casos y tecnocrática en otros.La preferencia por la unidad o por el pluralismo se origina por las distintas concepciones sociológicas. Hay repulsa hacia el s. unitario obligatorio en los países liberales, por haber sido adoptado en los países totalitarios de todo tipo. Ya en el viejo concepto clasista de Marx, la unidad de los proletarios era una consigna, que pervive en el sindicalismo doctrinarista puro y que resucita en las tendencias que acusan los sindicalismos dispersos de Francia o Italia. La unidad es evidente en la concepción comunitaria profesional, se aconseja por muchos doctrinarios y se admite, aunque condicionadamente, por la OIT. Puede afirmarse la presencia de una tendencia hacia la unidad, ya pactada, ya legalmente establecida, hasta en el más liberal de los sindicalismos, el sajón, en el que es frecuente la cláusula de la afiliación a un s. determinado, como requisito previo a la colocación del trabajador (closed shop).8. Evolución y situación actual de los sindicatos. A lo largo del tiempo y a lo ancho de la geografía se ha producido con caracteres distintos, que dan a cada uno peculiar fisonomía. Sin embargo, a juicio de Gallart Folch, la evolución se ha mantenido en la línea de ciertas constantes, que puntualiza en: su espontaneidad inicial, presentarse como movimiento típicamente clasista, diversificarse por oficios o especialidades de producción, manifestarse pluralizado por ideas políticas matizadoras, y ser esencialmente un fenómeno industrial, de carácter minoritario, gravitando sobre la economía como grupo de presión. Podría objetarse a tantas y tan precisas características que, a lo largo de su trayectoria histórica, los factores circunstanciales han podido modificar fundamentalmente algunas de aquéllas, pero habrá de reconocerse su general aplicabilidad, especialmente en el alboreo del fenómeno sindical y en ambientes no demasiado condicionados.La situación actual del sindicalismo en Europa presenta la más distinta variedad. Gran Bretaña, Alemania y Suecia acreditan tendencia hacia la unidad sindical convencionalmente establecida. En Gran Bretaña se advierte un cierto peligro, denunciado por Lefrac, de desembocar en un s. único y obligatorio, pues, aunque algunos grupos sindicales se hallen fuera del encuadramiento de las Trade Unions, la vinculación de éstas al partido laborista, sobre el que curiosamente ejercen una influencia contraria a la habitual servidumbre del s. al partido, hace que la corporación sindical practique una positiva absorción sobre los grupos sindicales independientes. La libertad sindical de Alemania no es óbice a que en la misma se produzca una agrupación solidaria de los s. en la DGB, fuera de la cual persiste un pequeño grupo aislado, procedente de un reducto resistente de los católicos. En Suecia, que había alcanzado una disciplinada unidad, la presencia últimamente de algunas "huelgas salvajes" revela la existencia de un sindicalismo incontrolado, cuyo alcance es imprevisible, que resquebraja una unidad socialista coordinada con los s. empresariales.Francia e Italia han producido un pluralismo significativo. En aquélla se produjo la escisión en el grupo más importante, la Confederación General del Trabajo (CGT), que se ha desdoblado, dejando en su matriz una importante influencia comunista y recogiendo en el grupo escindido CGT, FO (Fuerza Obrera) la solera socialista y de colaboración; los s. cristianos ejercen cierta influencia, y en orden de importancia por su número de sindicados, se sitúa así su respectiva situación: CGT, Cristianos (CFTC) y CGT (FO), quedando en último lugar los s. de mandos intermedios (cadres). En Italia, la diversidad ha producido una situación confusa, en la que los s. comunistas, socialdemócratas, cristianos y los nostálgicos del fascismo se reparten los censos obreros, en el mismo orden en que han sido citados. Se destaca la. tendencia a la unidad que se presenta en la práctica francesa e italiana y que se traduce en la realización solidaria de tácticas reivindicativas, llevadas a cabo por los distintos s. de cada uno de estos países.En la URSS y países satélites, el s. se asienta sobre ejes claros: unidad en su existencia, voluntariedad formal en la afiliación y sumisión al partido comunista, bajo cuya protección se hallan, según declaración hecha por el gobierno al Comité de Libertad sindical de la OIT. En estas circunstancias constituyen organizaciones faltas de autonomía, que han atraído de manera ciertamente condicionada a más del 80% de la población obrera.España y Portugal mantienen la unidad sindical, por sindicación automática en la primera y formalmente voluntaria en el segundo. Sus ensayos han merecido la especial atención del profesor Paul Durand.EE. UU. tiene un sindicalismo liberalmente impulsado, según Lipset, por el reconocimiento del éxito y la igualdad, lo que le imprime comparado con los europeos, una ideología más conservadora, menor solidaridad, táctica más belicosa, descentralización en relaciones colectivas y dirección más burocrática. Las dos grandes sindicales (AFL y CIO) consiguieron una unidad inestable, pues la tendencia asociacionel es limitada y no llega al 30% de la masa laboral encuadrada en los sindicatos.El estudio realizado por el Inst. de Investigaciones Sociológicas de Chile desarrolla el esquema de los s. en América Latina: a) s. de élites, con orientación socialista: Chile; b) s. de masas, con involucraciones estatistas, orientados al reformismo legal: Brasil y México; c) s. de masas, independiente y orientado al reformismo contractual: Argentina. La última Conferencia Regional africana de la OIT no ha querido admitir los principios de libertad y pluralismo propuestos por ésta, prefiriendo unaunidad, más eficaz en la acción reivindicativa, pero más controlable por las esferas gubernamentales, criterio que ha prosperado especialmente en los países árabes. En Asia existe en cambio mayor diversidad sindical.9. La internacionalización sindical. Los s. tienen proyección en la esfera internacional, pues la federación de sus asociaciones, habitualmente por contactos ideológicos, multiplica su fuerza. Los problemas sociales, desde su planteamiento inicial, tienden a internacionalizarse, por los inconvenientes de la diversidad legislativa y de nivel industrial de los países. Fracasaron los primeros intentos, puramente intelectuales (preferentemente franceses: Blanc, Delessert, Villermé, Legrand, etc.), pero en 1890, la frustrada conferencia de Berlín inició el contacto entre los Estados para una internacionalización legislativa.La sindical se anticipa, flota como deseo desde el Manifiesto Comunista de 1848, en el grito de Marx y Engels: "Proletarios de todos los países, untos". Pero la I Internacional Obrera no surge hasta la Exposición de Londres (1862), creándose en 1864 el comité redactor de sus estatutos, con el que colaboró Marx, afirmando sus principios en el Manifiesto (v. INTERNACIONAL? LA). La escisión de los anarquistas (v.) y la oposición patronal extinguieron esta Internacional en 1876. Puede señalarse como su signo diferencial el ser netamente clasista y obrera, más que profesional e ideológica. Otra Exposición Universal, la de París en 1889, motivó la constitución de la II Internacional, matizada por corrientes políticas, concretamente socialistas. Se llamó "Federación Sindical Internacional" y su socialismo internacionalista y antibelicista quedó adoptado abiertamente a partir del Congreso de Londres (1896), en el que fueron derrotadas las tendencias anarquistas, optándose por una acción sindical legalista y parlamentaria, conducta que influyó en el desarrollo industrial de la época. La organización adoptada por la Internacional en su Congreso de París (1890) ya vislumbraba estas tendencias, al crear, junto a la Secretaría, una Oficina Socialista y un Comité Interparlamentario, acusando así, junto a su internacionalismo, sus vías de actuación nacional. La guerra de 1914 y el asesinato de laurés (v.), su gran directivo, fueron las causas de extinción de esta II Internacional.En el Congreso de Zimmerwald los sectores revolucionarios se escindieron, fundando la III Internacional, vinculada a la Sindical Roja en 1920, obediente a Moscú, que le imbuyó su sentido bolchevique y la aspiración a la dictadura del proletariado. Merece cita la Internacional anarco-sindicalista, que en 1922 levantó las arriadas banderas de la I Internacional, en una ideología híbrida de sindicalismo y anarquismo radical.Los s. cristianos tienen su precedente en el sermón de Mons. Ketteler (v.) en la catedral de Maguncia (1848) aconsejando la sindicación de los obreros, como único medio de lograr sus justas reivindicaciones sociales. En 1891, la enc. de León XIII Rerum novarum insiste en el tema y relata los éxitos del s. católico. Sobre este ambiente y a consecuencia de los acuerdos del Congreso de La Haya, se constituye en 1921 la Confederación Internacional de Sindicatos cristianos (CISC), no exclusivamente católica, pues ejercen en ella definitiva influencia sectores protestantes y aun algunos no confesionales.A partir de la última Guerra universal, el panorama sindical internacional ha cambiado, como consecuencia del reajuste operado en vísperas de su terminación (febr. 1945) en Londres, donde se acordó la fusión de las Internacionales existentes, a las que se unió la Confederación de Trabajadores de la América Latina. De la nueva Federación Mundial de Sindicatos (FMS) permanecieron independientes, entre otros, los s. cristianos y la American Force of Labour (AFL) de Estados Unidos. El idilio sindical universal duró poco, pues la repulsa hacia el comunismo y su acción a través de las sindicales produjo una importante escisión, principalmente de los s. inglés y alemán, que con los norteamericanos, varias sindicales de Francia e Italia y el contingente hispanoamericano, como núcleo, constituyeron en 1949 una Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOLS) de matiz anticomunista y demócrata, que recientemente ha cambiado su denominación por la de Conferencia Internacional de Sindicatos libres (CISL).Por su parte, la Confederación Internacional de Sindicatos Cristianos, en competencia de proselitismo con la CISL, ha sacrificado su confesionalismo cambiando el nombre, pues en 1969 ha pasado a denominarse Confederación Mundial de Trabajadores (CMT).Los actuales efectivos de estas Internacionales son: la FMS agrupa 138 millones de trabajadores en su mayoría en los países comunistas: la CISL, 63 millones, y la CMT, 10 millones. Hay también numerosos s. sin confederar.V. t.: SINDICALISMO; OBRERO II; ASOCIACIONES III; TRABAJO HUMANO.M. CATALÁ RUIZ.
BIBL.: F. VILLENA VILLALAIN, Sindicación profesional y Legislación social, Madrid 1946; M. CATALÁ Ruiz, Historia y Doctrina Político-Social, Madrid 1952: ID, Libertad sindical. El tema de la Unidad, Madrid 1964; M. GARÚA VENERO, Historia de las Internacionales en España, 1, Madrid 1956; II, Madrid 1957; OIT, Manual de Educación Obrera. Libertad Sindical, Ginebra 196’3; A. GALLART FOLCH, El sindicalismo como fenómeno social y como problema jurídico, Buenos Aires 1957; G. BRIEFs, El problema sindical ayer y hoy, Madrid 1957; ID, Entre sindicalismo y capitalismo, Madrid 1955; M. ALONso GARCIA, Sindicalismo y sociedad, "Cuaderno del Centro de Estudios Sindicales" 14, Madrid; L. LEGAz LACAMBRA y B, ARAGÓN, Cuatro estudios sobre Sindicalismo vertical, Zaragoza 1939; M. BRUGAROLA, Régimen sindical cristiano; Madrid 1948; íD, Crítica del Sindicalismo español, Madrid 1964; G. LEFRANC, El Sindicalismo en el Mundo, Madrid 1966; C. IGLESIAS SELGAs, Los sindicatos en España, Madrid 1965; S. M. LIPSET, Sindicatos y estructura social: Análisis comparativo, "Rev. de Estudios Políticos", 117 y 118, Madrid; V. ALBA, Historia del movimiento obrero en América Latina, México 1964; R. VERNENGO, Libertad sindical y relaciones de trabajo en América Latina, "Rev. Internacional del Trabajo", diciembre 1961; T. S. DI TELLA, L. BRAMS, J. D. REYNAUD y A. TOURAINE, Sindicato y Comunidad. Dos tipos de estructura sindical latinoamericana, Buenos Aires 1967; J. MESSNER, Ética social, política y económica, Madrid 1967, 689 ss.
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