Silos, Monasterio de Santo Domingo de REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
Se desconoce la época de su fundación. El primer documento es una donación del conde Fernán González (v.), que lleva la fecha de 919, fecha imposible que hay que retrasar al a. 954. Situado en la frontera, 57 Km. al S de Burgos, junto al río Ura, llevó una vida precaria, hasta que, pasadas las incursiones de Almanzor (v.), llega a él, procedente de la Rioja, el hombre que hará su grandeza en todos los órdenes: S. Domingo de Silos (v.), que a causa de su energía había sido arrojado de S. Millán de la Cogolla por el rey de Navarra García IV, y recibido en Castilla por su hermano Fernando 1, quien le puso al frente, en 1040, del monasterio de S. Bajo la dirección del nuevo abad se mantuvo la observancia, se organizó el escritorio, empezó a enriquecerse la librería monacal, surgieron los miniaturistas, los pintores y los escultores, que dejarían obras primorosas y que en dos generaciones convertirán S. en una de las abadías más ilustres del reino. Cuando Domingo m. en 1073, cambiando la vieja advocación de S. Sebastián por la de su propio nombre, ha sido terminada una iglesia primitiva de tres naves, se ha empezado ya el claustro, Ericón está dando cima a su transcripción de las Etimologías, y el prior Pedro se prepara para copiar y llenar de grandes pinturas el Beato, que hoy se conserva en Londres (v. BEATO DE LIÉBANA, SAN).Las donaciones y agregaciones de iglesias y prioratos afluían con eJ prestigio de su observancia y los milagros del santo, y continuaron a través de todo el s. XII y gran parte del xiii. Alfonso VI le da los prioratos de S. Martín de Madrid, S. María de Duero, cerca de Peñafiel, S. Frutos, en la provincia de Segovia, y S. Pedro de Cobillas, junto a Clunia, y permite al sucesor de S. Domingo poblar en torno al monasterio, dando a la población los fueros de Sahagún. Durante las décadas siguientes se le agregaron S. Bartolomé de Carazo, S. Cucufate de Valmorellas, S. Millán de Lara, S. Pedro de Mercadillo, S. Pedro de Guimara, S. Román de Moroso, S. Benito de Sevilla, etc. En tiempos de Alfonso X el Sabio, que fue un gran bienhechor del monasterio, tenía S. una docena de prioratos y más de 20 villas, entre las cuales hay que contar Peñacova y Frescinosa, donadas por el Cid en 1075; la de Añer, obsequio de Pedro Ansúrez; la de Sangüesa, que le entregó Alfonso el Batallador en su famoso testamento, y las de Quintanilla de Monte Real, Pinilla y Congosto, donación de Alfonso VIII. En tiempos del rey Sabio alcanza la abadía su mayor esplendor bajo el gobierno del abad Rodrigo Yeñénguez de Guzmán, cuyo cuerpo se conserva todavía incorrupto en el relicario de la abadía. En su tiempo escribe el prior Pedro Marín el libro delicioso de los milagros romanzados de S. Domingo.El fin de la Edad Media es de decadencia de la observancia y dispersión económica, pero todavía en el s. XVI el abad era señor de diez lugares con unos 6.000 vasallos. En 1512, S. se une a la Congregación benedictina de Valladolid, con lo cual se renueva la observancia y empieza una era de recogimiento. Muchos monjes destacan en la ciencia, como fray Antonio Pérez, gran teólogo y escriturista; fray Gaspar Ruiz, historiador de S. Domingo y traductor de Séneca; fray Isidoro Saracha, que viaja por Europa y América, buscando plantas nuevas y flores desconocidas; Liciniano Sáez, el enfermizo y sedentario investigador de monedas y manuscritos viejos. Durante la guerra de la Independencia, el monasterio se salva gracias a la habilidad de su prior Domingo Moreno, pero la exclaustración de 1835 supuso la dispersión de los monjes y de muchos objetos preciosos. Los claustros permanecieron desiertos, hasta que en 1880, los monjes de Solesmes, capitaneados por Dom Ildefonso Guépin, primer abad después de la Restauración, inician una nueva vida y llegan a tiempo para salvar una parte de los viejos tesoros artísticos.Después de 13 siglos la abadía sigue en pie con una comunidad próspera. Del s. XVIII es una fachada vulgar que da acceso a un severo patio de la misma época. Tras él se pasa al claustro famoso. Es doble, superior e inferior. Este último es más antiguo e importante. Forma un cuadrilátero irregular de 33,12 por 30 m. Como la mayor parte de los claustros benedictinos, se extiende al S de la iglesia, abriéndose a un jardín central por medio de 60 arcadas de medio punto, que descansan en columnas pareadas. Sólo en el centro de cada galería se ven grupos de cuatro columnas, y en los ángulos están los cuatro grandes pilares adornados con grandes bajorrelieves. Pilares y columnas se levantan sobre una pequeña banqueta, encima de la cual se alza la base de plinto rectangular. El fuste mide 1,15 m. de altura y es siempre monolítico. Paralela a los arcos serpea una arquivolta y sobre ella, encuadrando el conjunto, corre en línea recta un ajedrezado. Cada fuste sostiene su capitel, de un adorno admirable. El estilo de las galerías N y E es distinto del de las otras dos, aquél mucho más fino y original. Además de la finura de la serie meridional y occidental, son dedestacar las filigranas de las otras galerías. Los motivos son también distintos, lo mismo que la técnica. Hay que distinguir, por tanto, dos artistas, uno que trabaja en las primeras décadas del s. XII, a quien se deben la galería meridional y la mayor parte de la occidental, con los dos bajorrelieves del ángulo entre ambas, y otro que es el autor del resto y que trabaja a fines del s. XI, "uno de los mejores artistas de la escultura románica", dice Muir Whitehill, que aparece y desaparece como un cometa. Su estilo no pudo ser igualado ni en el arte francés ni en el español. A él se deben 37 capiteles y los seis maravillosos relieves de los ángulos SE, NE y NO: la Ascensión, Pentecostés, el Sepulcro, la Resurrección, los Discípulos de Emaús y la Aparición a los apóstoles.El claustro superior, también románico, es inferior en valor artístico. Casi todos los capiteles están adornados con motivos vegetales, menos algunos que representan escenas de deportes y tareas de la época. Su construcción debe situarse en la segunda mitad del s. XII. Bastante anterior, de hacia 1100, es la bella portada que da acceso a la iglesia, un edificio del s. XVIII, levantado sobre planos de Ventura Rodríguez (v.). De la primitiva iglesia románica sólo queda el brazo derecho del crucero, contigua a la capilla en que se conserva el cuerpo de S. Domingo, construida también en el s. XVIII, sobre la antigua sala capitular, de la cual sólo se conservan las arcadas con sus notables capiteles historiados. Poco es lo que queda de las magníficas obras de eboraria y argentería que enriquecían el monasterio. En el archivo se conservan una veintena de códices, escritos entre el a. 900 y 1300, de los 250 que se citan en un catálogo del s. XIII. Los demás fueron a parar a la Biblioteca Nacional de París o a la de Londres. Del tesoro de relicarios preciosos y joyas inestimables quedan una arqueta bizantina de esmaltes finísimos, un retablo de cobre del s. XII, con nielados y figuras de apóstoles; una paloma eucarística, que se posa sobre una cabeza de diosa romana; una gran custodia plateresca atribuida a uno de los Arces, y dos joyas únicas de orfebrería medieval: el gran cáliz ministerial con su patena, que S. Domingo dedicó al patrono del Monasterio por él restaurado, S. Sebastián. Hay que señalar también la antigua farmacia del monasterio, con tarros de Talavera, y el museo arqueológico, en el que se conservan muestras interesantes de las civilizaciones que han florecido en el país desde el Paleolítico hasta nuestros días, con restos preciosos de la iglesia románica.J, PÉREZ DE URBEL..
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