Silo GEOG.
Categoria:
Geografía
Situación geográfica y fuentes de información. En 1838, el explorador topográfico de Palestina E. Robinson propuso la identificación de la localidad bíblica de S. con la actual Seilun, hipótesis que se vio confirmada por las investigaciones arqueológicas posteriores. La localidad en cuestión se encuentra a poco más de 30 km. al nordeste de Jerusalén, sobre los confines entre las antiguas regiones de Judea (v.) y Samaría (v.). La ciudad estaba edificada sobre una colina poco predominante, con rampas suaves y accesible, desde todas partes, por amplios valles.Las fuentes de información que poseemos son las referencias bíblicas, que aluden a dicha ciudad, a su santuario y a diversas circunstancias por las que atravesaron. Por otra parte, tenemos las informaciones que han facilitado las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo por una misión científica de Dinamarca. Tras los sondeos preliminares realizados por A. Schmidt en 1922, siguieron tres campañas de excavaciones en los años 1926, 1929 y 1932, dirigidas por el mismo Schmidt y por H. Kjaer.El santuario de Silo. Hasta la institución de la monarquía, Israel se presenta como una confederación religiosa de tribus o anfictionía (v. ISRAEL, TRIBUS DE). Tal confederación tenía su punto focal en el santuario que albergaba al Arca de la Alianza, objeto religioso por excelencia y símbolo de su unión espiritual. Tras la instalación de las tribus en Canaán (v.), el Arca cambió de un lugar a otro. Respecto a S. la seguridad es total: ahí estuvo el santuario central de la anfictionía israelita durante el periodo de los jueces (v.) (cfr. los 18,1; Iud 18,31; 1 Sam 1,3 ss.). No sabemos cómo fue elegida S. para santuario central, ni durante cuánto tiempo lo fue; lo que sí es seguro es que lo fue durante bastante tiempo y que lo era cuando cayó la anfictionía. Tampoco conocemos las razones que motivaron la elección de S., ya que no goza de una posición estratégica, al ser fácilmente abordable por todas partes; además, no había jugado papel alguno en la historia de los Patriarcas (v.), por lo que carecía de tradición religiosa entre las tribus; incluso civilmente carecía de importancia. Quizá la elección fuera debida a su posición geográfica, en el centro de la región sometida desde el principio, y a su situación religiosa, probablemente libre de asociaciones extrañas. El Arca estaba albergada en un santuario construido, en un verdadero templo (v. SANTUARIO). En efecto, los textos hablan de la casa de Yahlvéh (1 Sam 1,7.24; 3,15), del santuario (=palacio) de Yahwéh (1 Sam 3,3), de la casa de Dios (Iud 18,31). Por tanto, en S. estuvo el primer templo de Yahwéh en Canaán, antecedente del de Jerusalén (v. TEMPLO II), aunque no conocemos detalles acerca de él.Puesto que el Arca constituía el centro animador de la anfictionía, era lógico que el santuario de S. se convirtiera en el nervio de la vida de Israel durante este periodo. Y en efecto, no faltan datos que presentan la vida, tanto religiosa como profana, de las tribus girando en torno a Silo. En este santuario, el Dios era venerado bajo el epíteto Yahwéh Sebaot, es decir, Señor de los Ejércitos o del Universo (1 Sam 1,3), términos que indican la omnipotencia de Dios. Es la primera vez que aparece tal epíteto divino, razón por la que es justo suponer que tuvo su origen aquí. El texto bíblico habla de Yahwéh Sebaot "que se sienta sobre los querubines" (1 Sam 4,4): esto hace pensar que el Arca descansaba sobre un trono soportado por imágenes de estos seres. En S. se rendía a Dios el culto oficial de las tribus. Aquí venían, cada año, los piadosos israelitas en peregrinación para rezar y sacrificar a Yahwéh, como nos consta que hacía Elcana y su familia (1 Sam 1,1-7). Esto hace pensar en una fiesta anual de la anfictionía, en la que estarían representantes de todas las tribus, amén de otros muchos israelitas; se confirma por el pasaje de Iud 21,19-21, donde se dice: "es ahora la fiesta de Yahwéh; la que se celebra todos los años en Silo", y en la que grupos de chicas danzaban en las viñas. Fue en S. donde Samuel (v.) fue consagrado a Dios y sirvió hasta la destrucción del santuario (1 Sam 1-4). Pero la federación israelita también se reunía en torno al santuario de S. para decidir en asuntos más bien profanos: aquí se sorteó el reparto de las tierras de Canaán entre las siete tribus que aún no tenían su parte señalada (los 18,1-10; 19,51; 21,2); aquí fue donde Josué (v.) convocó a las tribus de Transjordania y las mandó a ocupar sus tierras (los 22,1-9); aquí se reunieron los israelitas para decidir hacer la guerra a las tribustransjordánicas, cuando creyeron que éstas habían apostatado (los 22,12 ss.). Las funciones sacerdotales en el santuario de S. estaban encomendadas a la familia sacerdotal de Elí, quien desempeñaba también el papel de Juez (v. JUECES) (cfr. 1 Sam 1-3).Pero los días del santuario de S. estaban contados. Los filisteos (v.) cada día acorralaban más a los israelitas, hasta decidirse a darles el último golpe. La batalla tuvo lugar en Afeq, al oeste de Silo. Los israelitas incluso llevaron al Arca en campaña; pero fueron derrotados y el Arca cayó en manos del enemigo (1 Sam 4), quien, con toda probabilidad, entró en S. y destruyó el santuario y la ciudad. Ocurría esto a mediados del siglo XI a. C. Cuatro siglos después, Jeremías alude a las ruinas del santuario de S. (ler 7,14; 26,9).La ciudad de Silo. Su historia estuvo vinculada, en buena parte, a la del santuario. Sus orígenes son desconocidos. Las excavaciones arqueológicas la muestran habitada desde el segundo Bronce (siglos XVIII y ss. a. C.), aunque los restos son tan pobres que indican la escasa importancia de S. en esta época. En cambio, durante la primera fase del Hierro (s. XII y XI a. C.), abundan los restos arqueológicos, por lo que estamos en el periodo de mayor esplendor. Éste coincide con la época en que S. se convirtió en el centro religioso de Israel.Pero, a partir del s. X a. C., el material escasea, prueba de la decadencia por la que atravesó S. cuando fue arrasada por los filisteos. No se encontraron las series de cerámicas características de la época monárquica, lo que argüiría por un abandono de S., aunque no parece que la vida cesara totalmente (cfr. 1 Reg 11,29 ss.; 12,15; Ier 41,5). A la vuelta del destierro, S. volvió a resurgir y cobrar pujanza, como prueban los restos arqueológicos pertenecientes a las épocas helenística, romana y bizantina.J. GARCÍA TRAPIELLO.
BIBL.: H. KJAER, The Excavation ol Silo, the Place ol El¡ and Samuel, Jerusalén, 1930; F. M. ABEL, Géographie de la Palestine, II, París 1938, 462-463; O. EISSFELOT, Silo una Jerusalem, en Volume du Congrés, Strasbourg 1956 (Suppl. t. VI,IV), Leiden 1957, 138-147.
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