Sílex
Categoria:
Geología
El s. (Si02) constituye el elemento más abundante de la corteza terrestre; representa aprox. el 55,2% del peso total de la litosfera. Presenta el cuarzo múltiples variedades, que permiten una división inicial en dos grandes apartados: cristalinas (cristal de roca, cuarzo, amatista) y criptocristalinas, estas últimas, a su vez, con las variedades fibrosa (calcedonia, ágata y ónice) y granuda (s. y jaspes). El s. se da, asimismo, en dos variedades con diferencias de orden genético, que son el s. o flint, en forma de nódulos, en especial entre lechos de calizas y creta, y el chert, en forma de depósitos masivos.Los nódulos de s. suelen ser generalmente de forma discoidal o elíptica, y de un tamaño que oscila entre 1 y 30 cm., aunque algunas veces pueden encontrarse nódulos de hasta 1 m. de diámetro. El colorido de la fractura fresca, o sea, sin que los rayos solares hayan tenido tiempo suficiente para cubrir su superficie con la pátina propia de la deshidratación, puede ofrecer diversas gamas, según la naturaleza del terreno en que se hallara cuando se formó, y las partículas de materiales extraños que contenga: gris, amarillo, rojo, azul, blanco o negro, si contiene restos de materia carbonosa. El color del chert suele ser, por regla general, más claro que el flint, con las variedades blanco-grisáceas, grises azuladas, verdosas o rojizas, según las partículas que contenga.Tanto el flint, cuyos nódulos aparecen en superficie, como el chert, en caso de que sus vetas y mantos aparezcan al descubierto, han sido aprovechados por el hombre desde época tan antigua como pudieran serlo la madera y el hueso, puesto que en numerosas ocasiones la facultad de raciocinio que se descubre en algunos de los más antiguos fósiles humanos se fundamenta también en el hecho de hallarse asociados los fósiles a un contexto lítico que presentaba no esquirlas ni roturas casuales, sino claras muestras de intención en sus productos, en los que podía determinarse en principio una forma adecuada, adaptable a la contextura de la mano, y una preparación o facetado voluntario de dicho instrumento, a base de retoques toscos y amplios, al principio, y mucho más perfectos en tiempos más cercanos a nosotros, tanto en el instrumental como en el tipo de retoque utilizado para cada caso. Las diferencias entre uno y otro estadio cultural y la acusada homogeneidad dentro de uno mismo, prescindiendo de las marginaciones y pervivencias, han hecho posible la sistematización de estas etapas, unidas al mismo tiempo a una industria específica, a una lista tipológica y por supuesto a un contexto climático-ecológico, que no sólo determina, sino que también condiciona.No obstante, el número de soluciones técnicas de la talla del s. es limitado, lo que hace que en numerosas ocasiones encontremos dentro de un complejo homogéneo, bien limitado en el espacio y en el tiempo, uno o varios elementos que corresponden a técnicas y momentos muy lejanos de aquél. A pesar de todo, los productos materiales de una cultura llevan un sello especial, ya se refiera a la forma o bien al retocado, que los define como tales, conla ventaja, además, de que el s. es imperecedero. Los productos base, que se extraen de un núcleo, pueden resumirse en dos grandes grupos: lascas y hojas. A partir de estos dos elementos, las listas tipológicas pueden extenderse hasta límites insospechados, por lo que tan sólo nombraremos los instrumentos tipo. La diferencia entre una lasca y una hoja estriba en que la hoja tiene una longitud superior al doble de la anchura. Existen también formas intermedias, que son las llamadas lascas foliáceas. Las primeras son propias de las industrias del Paleolítico inferior y medio, mientras que las industrias de hojas, que marcan la presencia de los primeros testimonios conocidos del Homo sapiens, son propias del Paleolítico superior (V. PALEOLITICO I).Las técnicas utilizadas siguen un ritmo ascendente en cuanto a su complejidad y nivel alcanzado, siendo las más sencillas las más antiguas (Abbevilliense, Achelense, Clactoniense, Tayaciense, Levalloisiense, Musteriense, Auriñaciense, Solutrense y Magdaleniense, para el Paleolítico; v. voces correspondientes). Durante el Neolítico (v.) y tiempos posteriores, pocas novedades se introducen en este campo; sólo se llega a un perfeccionamiento de los procedimientos y soluciones técnicas conocidos anteriormente. La verdadera novedad radica en el pulimiento de algunas rocas menos duras, como son el basalto, la diorita, la fibrolita, la serpentina, etc., con el fin de conseguir piezas de tamaño bastante grande, con aplicaciones agrícolas y cinegéticas. En algunas regiones se trabaja aún hoy día el s. a fin de conseguir instrumentos útiles para muy diversos fines, especialmente para puntas y cuchillos muy cortantes, que se usan incluso para circuncidar (Australia, África central, América del Sur, etc.). Lista de los instrumentos-tipo más frecuentes, que hallamos en todas las listas tipológicas: lascas, hojas, puntas, raederas, raspadores, buriles, perforadores, punzones, núcleos, cepillos, bolas y microlitos geométricos.J. MONFORT.
BIBL.: D. DE SONNEVILLE-BORDES, La Préhisto¡re moderne, 2 ed. París 1972; íD, L’Áge de la Pierre, 3 ed. París 1970; P. DUCASSÉ, Histoire des Techniques, París 1955; M. CHOLLOT-LEGOUX, Arts et Techniques de la Préhistoire, París 1962; S. A. SEMENOV, Prehistoric Technology, Londres 1964; J. DE HEINZELIN DE BRAU000RT, Manuel de Typologie des Industries Lithiques, Bruselas 1962; J. M. MERINO, Tipología línea, San Sebastián 1968.
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