Siete Años, Guerra de los HIST.
Categoria:
Historia
Nombre dado al conflicto europeo de 1756-63 entre la coalición formada por Austria, Francia, Rusia, Suecia y Sajonia, contra Prusia (a la que se unió Gran Bretaña), al objeto de acabar con el poderío de Federico II de Prusia el Grande (v.). Aunque se desarrolló principalmente en Europa, abarcó también las guerras coloniales francoinglesas en América (1754-63) y en la India, que establecieron el definitivo dominio marítimo de Gran Bretaña en el mundo. En realidad, esta guerra se produjo como consecuencia de la explosión demográfica que se registró en Europa en la segunda mitad del s. XVIII, que obligó a los monarcas a luchar entre sí a fin de procurar el espacio vital necesario para sus súbditos, ya fuese en la misma Europa o en otros continentes. Por otra parte, la necesidad de encontrar nuevos mercados de materias primas, o simplemente de consumidores, dieron a esta guerra, por primera vez en la Historia, un marcado tinte económico. En 1756 Prusia era un Estado que se mantenía en una difícil unidad. Formado por los más diversos fragmentos territoriales que se habían unido circunstancialmente por matrimonios, o simplemente por conquistas, carecía de unidad geográfica y aun de fronteras bien definidas. Sus territorios podían dividirse en tres grupos: en el E, la Prusia propiamente dicha; en el centro, Brandeburgo, Pomerania, Magdeburgo, Halberstadt y Silesia; y en el O, Minden, Ravensburg, Mark y el ducado de Cléves. El único vínculo de unión entre ellos era el soberano común, y su propia inestabilidad ponía en continuo peligro a los Estados vecinos.Las alianzas. El conde Kaunitz, ministro de Estado de María Teresa de Austria, quería lograr cuanto antes la alianza de las potencias amigas, no sólo para conquistar Silesia, sino porque sabía que Federico II aguardaba la mejor ocasión para arrebatar a la monarquía austriaca algunas de sus posesiones. En mayo de 1756 se firmó el tratado de Versalles con Luis XV de Francia, e inmediatamente Rusia manifestó su intención de aprestarse a la lucha contra Prusia. Sajonia y Suecia, que conocían los deseos del rey prusiano de extender sus territorios a su costa, no tardaron en entrar en la coalición. Por su parte, Federico II había firmado con Inglaterra el convenio de Wetsminster (16 en. 1756), en el cual aquél se comprometía a defender la neutralidad de Hannover. El mayor deseo de Austria era recuperar Silesia y mantener a Prusia como un Estado alemán más. Rusia aspiraba a apoderarse de la Prusia oriental. Suecia quería conquistar la Pomerania, y Francia pretendía los ducados de Wesel y Cléves en el Rin. Por otra parte, Francia también alentaba la esperanza de que al ayudar a Austria, que hasta entonces había sido su tradicional enemiga, ésta le facilitase la cesión de los Países Bajos, que entonces estaban bajo su dominio. Para Francia la desmembración de Prusia tenía un interés relativo, ya que ello produciría el engrandecimiento de Austria y Rusia; sin embargo, sus conquistas en Europa, especialmente la de Hannover,podía significar una valiosa baza que jugar contra Inglaterra en el momento de firmar la paz, para que ésta le devolviese a cambio los territorios coloniales perdidos. Además, la defensa de Hannover entretendría a las fuerzas británicas, lo cual mermaría fuerzas a Inglaterra en el conflicto en que ya estaba envuelta con Francia.La guerra. Antes de que se declarase formalmente la guerra, Federico atacó a Sajonia, a cuyo ejército cercó en Pirna, haciendo prisioneros a unos 19.000 hombres, que incorporó a su ejército. En abril de 1757 decidió penetrar en Bohemia y puso sitio a Praga, pero las tropas austríacas, bien dirigidas por el conde de Daun, le obligaron a retirarse en la batalla de Kolin (18 junio). En ese mismo momento, los ejércitos de sus enemigos se dirigían a su encuentro: los franceses por occidente, los suecos por Pomerania, y los rusos por Prusia oriental.Federico el Grande demostró entonces sus extraordinarias cualidades de jefe y estratega militar que le ganaron la admiración incluso de muchos de sus enemigos. Su sistema para ganar batallas era bien sencillo. Se basaba en los simples principios estratégicos aceptados por todos, pero despojándolos de su tradicional rigidez y variando su aplicación según las circunstancias, y en la sumisión del ejército a un mando único que la mayoría de las veces detentaba él personalmente. Federico, dirigiéndose sobre Alemania central, derrotó a los franceses en Rossbach (noviembre 1757), y, de vuelta en Silesia, a los austriacos, en Leuthen (diciembre 1757). Aquí utilizó con pleno éxito su táctica de ataque oblicuo. En vez de enfrentar a su ejército contra el enemigo en paralelo, como entonces se acostumbraba, maniobró con una de las alas, reforzada con caballería, infantería e incluso artillería, sobre un flanco del ejército austriaco y lo derrotó antes de que el grueso de sus fuerzas pudiese acudir en su ayuda. Roto así el frente enemigo la victoria fue más fácil. Sin embargo, su ejército comenzaba a diezmarse y sólo podía sostenerse gracias a las subvenciones de Gran Bretaña. En el invierno de 1757-58, Federico se vio obligado a acuartelar sus tropas y sólo hubo algunas operaciones destinadas a expulsar a los suecos de Pomerania. Durante esos meses reclutó nuevos contingentes para su ejército, y para cubrir los gastos de la próxima campaña recurrió a rebajar la ley de la moneda y a pagar a sus oficiales en papel, en vez de en metálico. Al comenzar la campaña de 1758 en el mes de abril, el rey de Prusia decidió atacar la fortaleza de Olmütz en Moravia, ocupada por los austriacos. Su situación cerca de la frontera con Hungría hacía esperar a los prusianos que su toma provocaría un levantamiento de los descontentos. No obstante, la destrucción de un convoy de abastecimiento de los sitiadores, por la infantería ligera austriaca, obligó a Federico a levantar el sitio. En la campaña de 1757-58, los ejércitos prusianos no habían podido obtener ningún resultado positivo de su acción ofensiva contra los austriacos, y su actividad se vio reducida a defenderse en Silesia. Los rusos aprovecharon esta circunstancia para entrar en la Prusia oriental y ocupar Künigsberg, y aunque fueron vencidos por Federico II en Zorndorf (25 ag. 1758), éste no pudo impedir que al año siguiente penetraran en Brandeburgo y tomaran Berlín. Los franceses quisieron sacar ventaja también de esta situación y atacaron Hannover, pero allí tropezaron con una fuerte resistencia por parte del ejército reclutado gracias al oro inglés y mandado por el duque de Brunswick, sobrino de Federico, que consiguió expulsarlos de Alemania.La entrada de España en la guerra. Mientras Francia desgastaba sus fuerzas en el continente, Inglaterra se ocupaba de arrebatarle sus colonias de ultramar. En la India, la influencia francesa fue sustituida por la hegemonía inglesa, gracias a la acción de un ejército de 22.000 hombres al mando de Clive (v.). En América del Norte, los franceses fueron expulsados de Quebec y Montreal en el Canadá, ante la aplastante superioridad de las fuerzas británicas. Estos fracasos, unidos a las derrotas sufridas en Europa, movieron a Luis XV a pedir la ayuda de su primo Carlos III de España. El Tercer Pacto de Familia (v. PACTOS DE FAMILIA) firmado por ambos monarcas señaló la entrada de España en la guerra. Este pacto estipulaba que Francia no debía firmar la paz con Gran Bretaña hasta que ésta hubiese satisfecho los agravios que había cometido contra España y que, a su vez, ésta le declararía la guerra si no se había firmado la paz antes de ocho meses, hasta el 1 mayo 1762. En caso contrario, Francia cedería a España la isla de Menorca, que había arrebatado a los ingleses en 1756, y haría todo lo posible para que se quedase definitivamente con ella cuando se formalizara un acuerdo. España pensaba que el poderío inglés radicaba en su comercio y quería establecer un plan entre las potencias continentales para impedir que los barcos británicos entrasen en sus puertos. Pero el ministro francés Choiseul prefería que España concentrase sus esfuerzos sobre Portugal, que se había negado a secundar los planes contra Inglaterra, y, efectivamente, aquélla fue invadida por los españoles en 1762.La firma de la paz. La muerte de la zarina Isabel I el 5 en. 1762 alivió la difícil situación en que se encontraba Federico. Le sucedió su sobrino Pedro III, que sentía una gran admiración por las hazañas del rey de Prusia, con el cual firmó una paz, después de haber abandonado la coalición, y le devolvió todas las conquistas que le había arrebatado su antecesora. Suecia siguió pronto el ejemplo de Rusia y firmó la Paz de Hamburgo el 22 mayo 1762. El ejército prusiano, con los refuerzosrusos puestos a su disposición por el nuevo zar, derrotó a los austriacos en Burkersdorf (21 julio) y en Freiberg. El asesinato de Pedro III y su sucesión por Catalina II en julio de 1762 no habían de cambiar la situación de la guerra, que prácticamente había terminado ya en el frente oriental. Para Austria era imposible pretender la recuperación de Silesia sin ninguna clase de ayuda y accedió a firmar la paz con Prusia.La firma de un acuerdo entre los dos países reflejó el doble carácter de la guerra. y reconoció el hecho de que los motivos que habían provocado el conflicto entre Gran Bretaña y Francia habían sido distintos al de las otras potencias europeas. Federico había insinuado años antes que Francia y Gran Bretaña debían abrir negociaciones por separado para dirimir sus conflictos antes de que se reuniesen los demás países en guerra para llegar a un acuerdo general. Estaba convencido de que si Francia firmaba la paz con su más directo enemigo, Austria seguiría su ejemplo. Sin embargo, el ministro inglés William Pitt creía que podía arrebatar a Francia mucho más, antes de llegar a una negociación, y quería que Prusia continuase la lucha contra su enemigo. Pero el enemigo de Federico no era Francia, sino Austria, de ahí la acentuación de las divergencias entre los dos aliados. No obstante, en 1762 se abrieron las negociaciones entre Francia y Gran Bretaña, y los preliminares de Fontainebleau del 3 de noviembre se confirmaron poco más tarde por el tratado de París (10 feb. 1763). Francia accedía a restaurar los territorios alemanes de Hannover, Hesse y Brunswick, y ambos países acordaban el cese de toda clase de ayuda a sus respectivos aliados. Gran Bretaña exigió de España que firmase también la paz y evacuase Portugal, y así lo hizo.Por su parte, Prusia, Austria y Sajonia firmaron el tratado de Hubertsburgo (15 feb. 1763) por el que María Teresa de Austria (v.) renunciaba a sus pretensiones sobre Silesia, y los Hohenzollern quedaban reconocidos como iguales a los Habsburgo. Prusia se convertía en una gran potencia, mientras que Austria quedaba humillada y empequeñecida. Aunque la guerra de los S. A. causó pocos cambios territoriales en Europa, ejerció gran influencia en la política posterior de las potencias. Francia y España intentarán desquitarse de Inglaterra ayudando a las colonias británicas de Norteamérica en su lucha por la independencia. Para Federico el Grande, la guerra había significado una enorme pérdida material. Medio millón de sus súbditos habían muerto, los campos habían sido arrasados y las arcas prusianas quedaron exhaustas. Por otra parte, Prusia había quedado aislada en Europa al romper sus relaciones diplomáticas con Francia y permanecer enemiga de Austria y de Sajonia. En estas circunstancias no tuvo más remedio que buscar la amistad de Rusia, con la que tenía el común interés del destino de Polonia. Para Francia, la guerra supuso una importante pérdida de prestigio, al alzarse Gran Bretaña como primera potencia marítima y manifestarse Prusia como una gran potencia militar. Francia había dejado de ser el árbitro de Europa.R. SÁNCHEZ MANTERO.
BIBL.: R. WADDINGTON, Louis XV et le renaersement des alliances. Préliminaires de la guerre de Sept Ans (1754-56), París 1896; íD, La guerre de Sept Ans, 4 vol. París 1898-1908; E. ROBSON, The Seven Years War, en The New Cambridge Modern History, VII, Cambridge 1963; V. PALACIO ATARD, El Tercer Pacto de Familia, Madrid 1946; R. LODGE, Great Britain and Prusia in the Eighteenth Century, Oxford 1923; A. RAMBAUD, Russes et Prusiens, guerre de Sept Ans, París 1895; T. HAMONT, La fin d’un empire franeais aux Indes sous Louis XV, París 1887.
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