Sienesa, Escuela (pintura) ARTE
Categoria:
Arte
Mientras que en los grandes momentos del arte florentino prevalecen el concepto constructivo espacial y el saber compositivo que culminan en el s. XV con Massaccio o Piero della Francesca, el arte sienés tiene una breve y particular trayectoria, en la que predominan la línea ondulante y el color. Abarca tan sólo dos centurias y podemos considerarla iniciada por Duccio di Buoninsegna (v.), gran artista que tuvo algunos fieles discípulos como Segna di Bonaventura, al que se atribuye un retablo de la catedral de Massa Marítima inspirado en la Maestá de Siena, y Ugolino di Neri, autor del políptico del altar mayor de Santa Croce, en Florencia, y que no ejerció influjo prolongado en el ámbito florentino. El esplendor que pronto adquirió la escuela s. fue acrecentado por Simone Martini (v.), que tuvo algunos discípulos como Lippo Memmi, que proyectó el remate de la esbelta torre del palacio comunal de Siena y pintó las figuras de S. Ansano y S. Julita, alas del tríptico presidido por la Anunciación de Simone Martini en los Uffizi; el anónimo miniaturista llamado Maestro del Códice de S. Jorge, por el que con este tema se halla en el archivo capitular de S. Pedro, en Roma, y otros en Siena y fuera incluso de esta ciudad y de Italia, pues los tuvo en Nápoles, Aviñón, Cataluña, Aragón, Flandes y Bohemia.Después de las eminentes figuras de Duccio y de Simone Martini hallamos, en esta escuela, otros dos grandes artistas: Pietro Lorenzetti, con noticias en 1305-45, y su hermano Ambrogio Lorenzetti (v. LORENZEM, PIETRO Y AMBROGIO), conocido en 1319-47. Ambrogio consiguió un influjo mucho más amplio que el de su hermano, manifestado en una serie de pintores de la segunda mitad del s. XIV que elaboran con habilidad el arte de los grandes maestros precedentes y contribuyen a difundir la escuela pictórica sienesa. Entre ellos debemos mencionar a Lippo y Andrea Vanni, a Bartolo di Fredi y a Taddeo di Bartolo.Es ya en el s. XV, en pleno desarrollo del gótico internacional por un lado y del renacentismo por otro, cuando un nuevo florecer reanima la escuela s. En ella, durante esta etapa, la perspectiva no se interpreta con el espíritu sistemático de los florentinos; el naturalismo es tímido y episódico; la línea mantiene un innegable sentido gótico, y en casi todos sus maestros, exquisitos e inspirados, se advierte una mayor tendencia a orientarse hacia el pasado. De todo ello deriva el carácter contradictorio del primer renacimiento en Siena, donde falta siempre la sistematización, el acompasado andar entre imaginación e inteligencia, entre forma y belleza, propios de la época renacentista. En los comienzos de esta centuria sobresalen el Sassetta y Giovanni di Paolo, y junto a ellos se sitúa Pietro di Giovanni d’Ambrogio para constituir el momento más claramente autónomo de la pintura sienesa del Cuatrocientos. Luego, con Domenico di Bartolo y con el Vecchietta, parece penetrar en ella el Renacimiento.Stefano di Giovanni (ca. 1392-1450), llamado el Sassetta desde el s. XVII, continúa siendo gótico, y su estilo tiene siempre un elevado tono poético de serena idealización; es claro y está adornado con una gama delicada y preciosa en la Virgen de las Nieves (1430-32) y presenta ecos del primer renacimiento florentino, de Massaccio (v.) concretamente, en el Crucifijo de San Martino (1433), pero permanece fiel a la orientación religiosa de lo sienés. En 1437 recibió el encargo de pintar el disperso retablo para la iglesia de S. Francisco en Borgo Sansepolcro, concluido en 1444. En estas historias franciscanas (la mayoría en la National Gallery, Londres) se prodigan las sutilezas formales y no faltan los detalles inspirados en Ambrogio Lorenzetti. Finalmente pintó la bóveda de la Porta Romana, de Siena, con una suntuosa gloria de ángeles que fue concluida por su discípulo Sano di Pietro en 1459. La crítica reciente ha retirado la atribución a Sassetta dealgunas obras importantes, como el llamado tríptico de la Osservanza (1436), la Natividad de la Virgen, de Asciano, y las composiciones de un retablo de S. Antonio Abad. Han sido relacionadas con la etapa inicial del citado Sano di Pietro (1406-81), activo desde 1428, del cual es famoso un políptico, firmado en 1443, de la Pinacoteca de Siena. Su estilo se hace progresivamente rígido y monótono hasta rebajar a nivel de oficio el delicadísimo arte sienés.Si con Sassetta el cerrado ambiente de la pintura sienesa quedó virtualmente abierto a lo florentino, con Giovanni di Paolo (ca. 1403-82) se tiene la impresión de hallarse en una nueva cultura. Formado en el ámbito de los pintores que decoraron la sacristía de la catedral y con Taddeo di Bartolo, fue un original intérprete del narrativismo gótico, con reflejos de Gentile da Fabriano y de Sassetta entre otros, que no lo apartan de una lírica versión del mundo, evocado con arte nervioso y sensitivo. Su amor por la perspectiva se acentúa en los cuadros sobre la vida de S. Catalina, de ca. 1447-49 (en varias colecciones y museos) y poco después se aproxima a Sassetta, lo cual produce excelentes frutos en las composiciones sobre la vida del Bautista (Art Institute, Chicago) desarrolladas en amplias llanuras con rocas surgentes y anfractuosidades. Algunas obras, fechadas entre 1453 y 1463, denotan un relajamiento de la tensión creadora del artista.Aunque, como vemos, persisten en Siena con vigor sus propias tradiciones goticistas en pleno s. XV, tuvo en Domenico di Bartolo (conocido en 1428-47) un pintor deseoso de asimilar las novedades florentinas, en principio con una amplitud figurativa y una claridad cromática que le acercan a fra Filippo Lippi. Inició su fama con un retrato del emperador Segismundo (ca. 1432), género poco corriente en Siena, y poco después consiguió una obra maestra en la Virgen con el Niño y ángeles (1433) de la Pinacoteca de Siena, que se mueve en plenos aires renacentistas florentinos, e incluso en el color denota notables modificaciones con respecto a la tradición sienesa. En sus obras posteriores se advierte una regresión hacia el goticismo; sus orientaciones juveniles permanecen tan sólo en algunos detalles, como se advierte en la Madonna de la colección Johnson (1437) y en el políptico de S. Juliana (1438), en Perugia. Más adelante, como en los frescos del Hospital de Siena, iniciados en 1440, cae en lo formulario y monótono.Todo induce a suponer que el Vecchietta fue discípulo de Masolino, quizá en S. Clemente de Roma, y a esta influencia une las de Sassetta y Paolo Uccello. Desarrolla una personal interpretación de los escorzos faciales en los frescos de Castiglion d’Olona; en 1446-49 pintó con enérgica formulación la bóveda de la sacristía nueva del Hospital y en 1450-53 la bóveda del Baptisterio, en Siena. Como escultor, el Vecchietta se orienta hacia las obras tardías realizadas por Donatello en Siena (1457-61) y en esta actividad su importancia es mucho mayor que en la pintura. Finalmente con Pietro di Giovanni d’Ambrogio se cierra la primera generación del cuatrocientos sienés. De actividad conocida entre 1428 y 1442 y autor de dos interesantes frescos monócromos en el claustro de Lecceto, supera la simple consideración de ser discípulo de Sassetta.Para hallar nuevas figuras de cierto interés hay que esperar a que destaquen los discípulos de Vecchietta. Entonces se da una especie de estabilización cultural - que admite las más variadas fuentes, tanto las florentinas como las exteriores a la Toscana. Uno de los iniciadores de este camino es Matteo di Giovanni, nacido al parecer en Borgo Sansepolcro ca. 1428. En su formación presenta trazas sienesas, acepta elementos florentinos y de las escuelas de las Marcas y la Umbría. En 1470 es el más destacado de los sieneses de la época. Una de sus últimas obras (1491) es la Degollación de los Inocentes, en los servitas, que le muestran caído en lo rutinario y en la repetición de tipos. Los finales de la escuela están representados por artistas como Benvenuto di Giovanni, que todavía tiene presente a Simone Martini en su Anunciación de Volterra (1466), y en algunas obras utiliza grabados alemanes o pinturas flamencas con evidente reducción del sentido renacentista de su pintura. Francisco de Giorgio no consiguió superar el arcaísmo en que se complacía, y Neroccio es autor de múltiples Vírgenes y del primer retrato femenino subsistente de esta escuela s. que se ve débilmente prolongada hasta principios del s. XVI con Andrea di Niccoló, Bernardino Fungai, Girolamo di Benvenuto y algunos otros que muestran ecos de lo que fue robusta y sostenida tradición sin perder, pese a todo, su característico y persistente aroma medieval.SANTIAGO ALCOLEA.
BIBL.: C. BRANDI, Quattrocentisti senesi, Milán 1969; L. VENTURI, La pintura italiana, Barcelona 1965.
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