Serrano y Domínguez, Francisco
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Biografía GER
Militar y político español del s., XIX, es otro ejemplo de la constante intervención del ejército en la escena política española del pasado siglo. Robustecido el ejército durante la guerra civil (v. ESPARTERO), forma con la burguesía intelectual y con los hombres de negocios la base en que se apoya el régimen. El ejército es una garantía, pero también un constante peligro, puesto que el pronunciamiento se convierte en método normal para deponer Gobiernos. Este es el ambiente propicio para que se forje una personalidad como la de Francisco Serrano.Carrera militar. N. en una de las cunas del liberalismo español, la isla de León, hoy San Fernando (Cádiz), el 17 dic. 1810, hijo de Francisco Serrano y Cuenca, militar liberal que llegaría al grado de mariscal de campo, y de Isabel Domínguez. Realizó sus primeros estudios en el colegio de Vergara, muy famoso en aquellos años. Muy joven inició su carrera militar; a los 12 años ingresaba en el regimiento de caballería de Sagunto. Destinado primero al regimiento de caballería del Príncipe, pasa más tarde (octubre 1830) al Cuerpo de carabineros de costas y fronteras, con el empleo de subteniente. Cuando la desdichada expedición de Torrijos, colaboró en las operaciones de captura de los invasores, que fueron fusilados en Málaga. En 1833 lo encontramos en Madrid en el regimiento de Coraceros de la guardia. De aquí parte su rápida carrera de grados y honores. Recién comenzada la guerra carlista, opera con el ejército de Aragón y obtiene el grado de capitán y la cruz de S. Fernando. Hasta marzo de 1837 está en Cataluña a las órdenes de su padre. Los ascensos se siguen con breves intervalos: Calaf, Castilserás, que le valió la Laureada, Arcos de la Cantera, Ayora, Llovera, etc. Al fin de la guerra es brigadier y entra aformar parte del Congreso como diputado por Málaga. La regencia de Espartero, que contó con su apoyo, le premió con el nombramiento de mariscal de campo (19 dic. 1840). Cuando la rebelión militar de 1841 continúa S. del lado del regente. Pero pronto pasaría a la oposición. En 1843 conspira con Prim y con González Bravo para derrocar la regencia del duque de la Victoria. "Su ambición era tan grande como la de Espartero y no se paraba en barras constitucionales ni legales", dice uno de sus biógrafos, el marqués de Villa-Urrutia. Hombre hábil y sin prejuicios, sabía abandonar a tiempo el barco que se hundía y ganar la nave que se hacía a la mar. Desde Barcelona lanza un manifiesto al país, destituyendo a Espartero y cambiando el Gobierno.Privanza de Serrano. La República. La Restauración. Declarada mayor de edad Isabel II (v.), su matrimonio con el infante Francisco de Asís, impuesto por el veto que a otros posibles consortes pusieran los Gobiernos inglés y francés, tuvo desde el principio los tintes de un fracaso. Pronto la corte fue centro de intrigas, en las que intervinieron muy activamente los favoritos de la joven soberana. "El general bonito", como la misma reina llamaba a S., fue un nuevo Godoy, objeto de los regios favores, mientras el real consorte se recluía en el retiro voluntario de El Pardo. Incluso los intentos del Gobierno del duque de Sotomayor para alejar al favorito de la corte, nombrándole capitán general de Navarra, fracasaron. Por otro lado, los progresistas (v.) veían en la privanza de S. una puerta abierta hacia el poder.Serían los moderados (v.) quienes le desplazasen de su puesto privilegiado. Ramón M. de Narváez (v.), con la ayuda del nuncio apostólico, consiguió la reconciliación de Isabel II y su blando y doliente esposo. La reina María Cristina volvió de su exilio y S. salió para la capitanía general de Granada, cargo que desempeñó hasta agosto de 1848. Durante ese breve periodo, ocupó, tras el éxito de una rápida expedición, las islas Chafarinas, peligroso refugio de piratas. Más tarde marchó a Berlín, donde estudió la organización del ejército prusiano, modelo de disciplina y técnica para los militares españoles. Poco después de su regreso, contrajo matrimonio con su prima Antonia Domínguez y Borrell, hija de los condes de San Antonio, mujer de gran belleza, de escasa inteligencia y cultura, y de una ambición sin límites.Cuando la revolución de 1854, favoreció S. la vuelta de Espartero y propuso restablecer la milicia nacional. En el bienio progresista ocupó la Dirección General de Artillería. Nombrado embajador en París (agosto 1856), detentó el cargo un año y sin entusiasmo, pues le atraía más la crisis interna de la política española. Contribuyó a formar el partido de la Unión Liberal (v. O’DONNELL), en cuyo Gobierno ocupó la capitanía General de Cuba (noviembre 1859-diciembre 1862), donde dejó un grato récuerdo. La reina, creadora de una nueva nobleza entre los hombres de la política, el ejército y la banca, le concedió el título de duque de la Torre, con grandeza de España.Otra vez en el poder la Unión Liberal, reprimió S. con brío y dureza la rebelión del cuartel de San Gil (22 jun. 1866). Por ello obtuvo el collar del Toisón de Oro. Muerto O’Donnell, ocupó la presidencia de la Unión Liberal. Más tarde, comprometido con Prim (v.), fue uno de los hombres que preparó la Revolución de 1868 (v.), que depuso del trono a Isabel II. Vencedor en el puente de Alcolea, fue presidente del Gobierno provisional. Proclamada la Constitución de 1869, favoreció la candidatura del duque de Montpensier para el trono de España. En calidad de regente, recibió al rey Amadeo (v.), del que fue varias veces jefe de Gobierno. Avivados en el Norte los rescoldos carlistas, tomó la jefatura de los ejércitos de Navarra, Aragón y Burgos. Terminó la lucha con el discutido convenio de Amorebieta (marzo 1872), que pretendía evitar mayores males (V. CARLISTAS, GUERRAS).La abdicación de Amadeo y la primera República abrieron nuevos caminos a la ambición del duque de la Torre, muy fomentada por su mujer: la presidencia de la República, la regencia o quizá la misma corona de España (V. REPÚBLICA ESPAÑOLA, PRIMERA). De ahí que no fuera partidario de la restauración alfonsina. Después del golpe de fuerza del general Pavía, S. se hizo cargo del poder. Frente a las tendencias federales, S. fue unitario. Su gobierno fue una especie de dictadura republicana de derecha; de ahí quizá se podría pasar a una regencia vitalicia, impedida por la proclamación de Alfonso XII. Exiliado por poco tiempo en Biarritz, de nuevo en España, quiso afianzar la izquierda dinástica. Tras una breve embajada en París, regresó a Madrid, donde le sorprendió la muerte el mismo día que bajaba a la tumba el joven monarca Alfonso XII (25 nov. 1885). Esta circunstancia contribuyó a que su muerte pasase casi inadvertida.Hombre oportunista, carente de convicciones demasiado arraigadas, y más hábil manipulador de resortes políticos que verdadero hombre de Estado, su nombre suena e influye en todos los regímenes del liberalismo español del s. XIX, del moderantismo a la República. Su propia inanidad ideológica le hizo compatible con todas las orientaciones, al tiempo que su habilidad e influjo aconsejaron a muchos políticos de la época tenerle entre sus filas y no en la de sus adversarios.M. ESPADAS BURGOS.
BIBL.: A. BORREGO, Historia parlamentaria de España durante el siglo XIX, Madrid 1885-86; MARQUÉS DE VILLA-URRUTIA, El general Serrano, Madrid 1929.
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