Séneca, Lucio Anneo
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Biografía GER
Datos biográficos. Escritos. Célebre pensador, escritor y dramaturgo hispano-latino, n. en Córdoba (España) hacia el 4 d. C., y m. en Roma en el 65. Su esmerada educación la debió en primer lugar a su padre, Marco Anneo Séneca, conocido maestro de Retórica y, posteriormente, ya en Roma, a las enseñanzas del estoico Atalo y del pitagórico Soción. Casó dos veces. Su hermano mayor, Marco Anneo Novato, conocido como Galión (v.), se dedicó a la política y llegó a procónsul de Acaya con el emperador Claudio; los judíos de Corinto denunciaron a San Pablo ante Galión, pero éste se inhibió del pleito (Act 18,8-12). Entregado también S. a la política y a la oratoria, su carrera o cursus honorum se detuvo en la cuestura, ya que fue acusado de complicidad en los amores de Julia Livilla, la hija de Germánico. Por ello, el emperador Claudio (v.) le desterró a la isla de Córcega, donde permaneció 8 años (41-49).En el año 49, muerta Mesalina, su más acérrima enemiga, Agripina -la nueva esposa de Claudio- le rehabilitó, consiguiendo su indulto y nombrándole preceptor de su hijo Nerón, que en el 54 fue proclamado emperador. En un principio, la doble influencia de S. y de L. Burrus, prefecto del Pretorio, se dejó sentir en Nerón (v.). Pero cuando éste inició su carrera de desvaríos y crueldades, S. se retiró de la vida política, en el 62, entregándose a una profunda actividad intelectual, como filósofo y escritor, que duraría hasta su muerte, tres años después, motivada por orden de Nerón. Al ser acusado S. de complicidad en la conjuración de Calpurnio Pisón, el emperador condenó a la última pena a su antiguo maestro, dejándole elegir el modo de ejecutarla; S. se abrió las venas.Sus numerosos escritos pueden dividirse en dos grandes grupos, obras filosóficas y obras literarias. Las primeras comprenden: las Naturalium quaestionum libri septem ad Lucilium; los Dialogorum libri duodecim: Ad Lucilium de Providentia, Ad Serenum de Constantia sapientis, Ad Novatum de Ira, Ad Marciam de Consolatione, Ad Gallionem de Vita Beata, Ad Serenum de Otio, Ad Serenum de Tranquillitate animi, Ad Paulinum de Brevitate vitae, Ad Polybium de Consolatione, Ad Helviam matrem de Consolatione, Ad Aebutium liberalem de Beneficiis, Ad Neronem Caesarem de Clementia; y las Epistolae morales ad Lucilium.Su producción literaria está integrada por nueve tragedias de tema griego, más aptas para ser leídas que representadas: Hercules furens, Troades, Phaenissae, Medea, Oedipus, Phaedra, Agamemnon, Thyestes, Hercules Oeteus; el Ludus de morte Claudii, más conocido con el título de Apokolokynthosis, sátira mordaz contra el emperador Claudio ya muerto; y algunos epigramas. En cuanto a las obras perdidas de S. y al problema de su atribución, véase C. Marchesi, Seneca, Milán 1944, 191 ss. En cuanto a la pretendida correspondencia entre S. y San Pablo, Lorenzo Valla en el s. XV ya demostró su carácter apócrifo.Características de su pensamiento. No es tarea fácil el esbozar el pensamiento de S., ya que no se trata de un escritor sistemático que encuadre su filosofía dentro de unos esquemas generales y formales; por el contrario, parece como si fuese exponiendo su doctrina a medida que de una manera espontánea se le va presentando a su mente. De acuerdo con esto se pueden señalar como características fundamentales de su filosofar:a) El ya indicado asistematismo, que le conducirá a un pensamiento poco coherente, plagado de contradicciones, ya que se presenta como producto de momentáneas circunstancias que, en su mutabilidad, llevan consigo la inestabilidad de aquél. Sólo así son explicables las imprecisiones y las tesis contradictorias defendidas en diversos lugares de sus obras. Como ejemplo de ellas, pensemos en la oposición entre solidaridad social y aislacionismo individualista: S. en ocasiones mantendrá la primera tesis (Epistolae, 6) y otras veces la segunda (Epistolae, 95); en unos textos defenderá un cierto optimismo antropológico ("homo res sacra homini": Epistolae, 95), en otros muestra un acerbo pesimismo ("avarior reddeo, immo crudelior et inhumanior, quia inter homines fui": Epistolae, 83); e igualmente son representativas sus fluctuaciones sobre la concepción de la Divinidad o sobre la inmortalidad del alma.b) Su eclecticismo (v.), que, sobre una base fundamentalmente estoica, le permitió recoger todas aquellas doctrinas de otras escuelas que en su opinión eran verdaderas, tal como expone en uno de sus textos más famosos: "disputare cum Socrate licet, dubitare cum Carneade, cum Epicuro quiescere, hominis naturam cum Stoicis vincere,cum Cynicis excedere" (De brevitate vitae, 14,2). Mas este eclecticismo no supone servidumbre a ninguna escuela, sino que deja a salvo su libertad de pensamiento: "non me cuiquam mancipavi, nullius nomen fero; multum magnorum virorum iudicio credo, aliquid et meo vindico" (Epistolae, 45,4). Con un amplio criterio, S. no se ciñe a ningún sistema preconcebido, colocando como norte de su actividad la consecución de la verdad, se halle ésta donde se halle ("quidquid verum est, meum est": Epistolae, 12; "quidquid bene dictum est ab ullo, meum est": Epistolae, 16).c) La universalidad del saber filosófico. El ámbito de la filosofía no se circunscribe a una esfera de lo real, sino a la totalidad del ser; la filosofía es "divinorum et humánorum scientia" (Epistolae, 89). Pero no pura ciencia descriptiva, sino causal, con la que se pretende no sólo captar cómo se producen los fenómenos, sino también las causas engendradoras de los mismos. Por lo que la filosofía es conocer las cosas divinas y humanas y sus causas ("nosse divina et humana, et horum causas": Epistolae, 89).d) Mas este aspecto especulativo del saber filosófico no es, y con ello S. se introduce de lleno en la más rancia tradición de la Stoa (v. ESTOICOS), el de mayor importancia; el filósofo debe ser, fundamental y primordialmente, un aspirante a la virtud; la filosofía sólo adquirirá pleno sentido como studium virtutis, y no por razones extrínsecas a la virtud, sino por el valor que ésta en sí misma tiene ("per ipsam virtutem": Epistolae, 89). El mero filosofar teorético, sin ninguna resonancia en la conducta humana, carece de valor para S.; la vocación moral y soteriológica que la filosofía había adquirido en el estoicismo -y en general en las escuelas posaristotélicas (v. HELENÍSTICA, FILOSOFÍA)- renace con vigor en S.; la filosofía no es un juego de palabras, sino un intento de regular adecuadamente la vida del hombre; la filosofía no es un saber teórico, sino esencialmente práctico ("lacere docet philosophia, non dicere; sic ista discamus, ut quae fuerunt verba, sint opera": Epistolae, 108). Cierto es que en la filosofía hay un algo de especulativo ("philosophia autem et contemplativa est et activa": Epistolae, 95), pero esta vertiente teorética sólo adquiere valor por las resonancias que pueda tener en el guiar la conducta humana; por ello, lo importante no es la teoría de las ideas de Platón en sí misma considerada, sino el modo en que esta teoría pueda hacernos mejores ("quomodo meliorem me lacere ideae platonicae possunt": Epistolae, 58).Mundo, hombre, Dios. S. acepta la tradicional división estoica de la filosofía en "Lógica" (Philosophia rationalis), "Física" (Philosophia naturales) y "Ética" (Philosophia moralis). La primera, que divide en Dialéctica y Retórica, es la parte más endeble de su filosofía y la que apenas cultivó, sin introducir aportaciones de interés al acervo de la escuela estoica. Acepta las tesis tradicionales del estoicismo (v. ESTOICOS), como el sensismo (v.), la representación comprehensiva (fantasía kataleptiké), la doctrina de los primeros principios o nociones comunes (koinaí ennoiaí), etc.La "Física" mereció más la atención de S., dedicándole sus Quaestiones naturales y las Epistolae 58, 65 y 106; dentro de ella incluye, siguiendo la tradición estoica, la Filosofía de la Naturaleza, la Antropología y la Teodicea. S. concibe la naturaleza como integración y producto de dos causas, la material y la formal; la primera, causa ex qua de los seres, es el fuego, de lo que se origina el ser; la segunda, causa qua, es aquello por lo que se hace el ser, la razón universal. Del fuego primordial, y bajo la acción reguladora y hegemónica de la razón universal, se originarían la pluralidad de seres del Cosmos. En líneas generales, la "Física" de S. sigue las directrices del pensamiento de Posidonio de Apamea (v. ESTOICOS). Si sobre la naturaleza el pensamiento de S. se presenta como firme, en su concepción del hombre comienzan las vacilaciones; sobre la base de un dualismo alma-cuerpo y de la eminencia onto-axiológica de la primera sobre el segundo, queda poco claro cuál sea la naturaleza y el destino del principio anímico humano.El alma es una partícula del espíritu (pneúma) universal ("in corpus humanum pars divini spiritus mersa": Epistolae, 116), pero no hay que entender por ello que sea de naturaleza espiritual en el sentido usual de la palabra; el alma sería corpórea, material, si bien de una materia muy sutil, más etérea que el propio fuego ("Ad Marciam de consolat.", 25). Mayor imprecisión presenta acerca de la inmortalidad del alma; por una parte se inclina por la tesis negativa, a que nada hay después de la muerte (Quaest. nat., V11,24); pero en ocasiones habla del retorno del alma al cielo al abandonar el cuerpo (Epistolae, 79 y 102); en todo caso parece que esta inmortalidad habría que entenderla como impersonal.Análogas vacilaciones muestra S. en su teodicea: de un lado presenta una concepción panteísta de la Divinidad, en la que ésta sería la mente rectora e impulsora del Universo, inmanente a él ("quid est Deus? Mens Universi. Quid est Deus? Quod vides totum et quod non vides totum": Quaest. nat., 1,13); pero a veces, en especial al tratar de la Providencia divina, se refiere a un Dios personal, especialmente al destacar el carácter amoroso y paternal de esta providencia. Una nueva contradicción salta entre la Providencia y su admisión del fatalismo estoico, con un hado (v.) inexorable que regula el destino de todas las cosas, incluido el hombre (Ad Aebut. lib. de benef., 6,23). Por ello la libertad de la voluntad se reduciría a una aceptación consciente y querida del hado, ya que éste es como la corriente de un río, que parece no existir para el nadador cuando marcha en el sentido de aquélla, pero que se muestra impetuosa e invencible si se quiere nadar río arriba ("ducunt volentem Pata, nolentem traltunt": Epistolae, 107).Ética. La parte fundamental de la filosofía de S. es la ética. Refleja sin novedades de importancia la línea general de la moral estoica, pero introduciendo una cierta atemperación que hizo de ella una moral de mayor humanidad. Los pilares de la ética senequista son:a) El único bien, en sentido estricto, es la virtud, el único mal el vicio ("nihil est bonum, nisi quod honestum": Epistolae, 120). Todas las demás cosas son indiferentes, dependiendo su bondad del uso que de ellas se haga. No es que haya que despreciar necesariamente los llamados bienes externos; pero hay que usar racionalmente de ellos y no quedar sometidos a su imperio. Si la riqueza viene a uno, no hay por qué rechazarla, mas sin apegarnos a ella ni entristecernos al perderla (Epistolae, 18); es de señalar que en esta tesis de S. podría, quizá, verse una justificación a los ingentes bienes económicos que alcanzó.b) En la virtud y sólo en la virtud radica la felicidad del hombre. La esencia de la virtud radica en vivir secundunt naturarn, y como el principio formal de la naturaleza es la razón universal, de la que participa el hombre, la virtud consiste en vivir conforme a la razón.c) El obstáculo que se levanta frente a esta conducta racional son las pasiones, que deberán ser dominadas, alcanzando la apátheia, la imperturbabilidad tranquila("tales est sapientes animus, qualis mundi status super lunam": Epistolae, 59).d) El que esto consigue es el sabio (sapiens), término que en S., como en todo el estoicismo, tendrá un sentido ético y no especulativo. En diversos pasajes de sus escritos y en el De Constantia sapientes hará S. una bella descripción del sabio estoico, destacando su fortaleza ante la adversidad y aconsejándole el suicidio antes que sucumbir ante las desgracias, ya que la muerte es la gran liberadora (Ad Marciam, 19,5).e) El sabio estoico tiene como patria el mundo; con ello S. seguirá defendiendo el cosmopolitismo tan característico de la Stoa, que hizo de los estoicos los primeros "ciudadanos del mundo".f) Establece la igualdad ex natura de todos los hombres, que sólo se pueden elevar socialmente por inteligencia y capacidad. Sin llegar a condenar explícitamente la esclavitud, aconseja un trato benéfico a los esclavos (Epistolae, 47).g) Exalta la solidaridad social, pues la armonía y el bienestar de la sociedad es tarea común a todos; pero, cuando el Estado está corrompido y la sociedad ya no aspira a la rectitud bajo el imperio del vicio, el sabio debe apartarse de toda actividad político-social en un salvador aislacionismo.V. t.: ESTOICOS, 3; ECLECTICISMO 1, 2; HELENÍSTICA, FILOSOFÍA; GALIÓN.J. BARRIO GUTIÉRREZ.
BIBL.: L. RIBER, Obras completas de Séneca (traducción y comentario), 2 ed. Madrid 1957; J. F. YELA, Séneca, MadridBarcelona 1947; P. GRIMAL, Sénéque, sa vie, son oeut,re, sa philosophie, París 1948; J. LANA, L. A. Séneca, Turín 1955; E. ELORDUY, Séneca, vida y escritos, Madrid 1965; J. ARTIGAS, Séneca: La filosofía como foriación del hombre, Madrid 1952; M. ZAMBRANO, El pensamiento vivo de Séneca, Buenos Aires 1943; J. L. GARCíA GARRIDO, La filosofía de la educación de Lucio Anneo Séneca, Madrid 1969; S. STRUBER, Seneca als Psycholog, Würzburg 1906; M. GENTILE, 1 fondamenti metafisici della morale di Seneca, Milán 1932; J. C. GARCíA-BORRóN, Séneca y los estoicos: Una contribución al estudio del senequismo, Madrid 1956; A. LÓPEZ KINDLER, Función y estructura de la sentencia en la prosa de Séneca, Pamplona 1966; C. W. BARLow, Epistolae Senecae ad Paulum et Paule ad Senecam, Roma 1938; VARIOS, Estudios sobre Séneca (ponencias y comentarios), Madrid 1969.
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