Semitas II. Religión.
Categoria:
Cultura
La aportación más trascendente de los pueblos s. a la historia de la Humanidad ha sido, desde luego, el monoteísmo (v.). Las grandes religiones, el cristianismo (v.), el judaísmo (v.) y el islamismo (v.), que nacieron en ellos, se basan en el concepto de la divinidad única, más o menos monolítica. Ahora bien, este monoteísmo es fundamentalmente importante en el pueblo hebreo (v.), de donde pasaría al cristianismo (y también al islamismo); para ello V. DIOS III; REVELACIÓN II; BIBLIA, cte. Nos ocuparemos aquí fundamentalmente de la religión de los otros pueblos llamados semitas.Características socio-religiosas semitas., A lo largo de su historia, los pueblos s. han mantenido, junto a una organización social sedentaria, con un tipo de civilización altamente desarrollada -pueblo asirio-babilonio (v. ASIRIA; BABILONIA) y pueblos de la Arabia del Sur (v. SABEOS)-, una organización nómada mucho más primitiva y básica. Esta situación, si por una parte, en tanto que pervivencia de un tipo social más primitivo, ha permitido ahondar en la estructura religiosa de los s., por otra, con la dualidad existenté y sus amplias diferencias, ha complicado la claridad del cuadro religioso. Ello se hace evidente, de modo particular, si tenemos en cuenta que la primera civilización semítica que conocemos y en la que podemos profundizar (civilización asirio-babilónica) es ya de tipo sedentario, influida por elementos ajenos al mundo semita.El estadio más primitivo de los pueblos s. fue, desde luego, el nomadismo, basado, como toda organización social de tipo pastoril, en la tribu y en el patriarcado, aunque entre los árabes preislámicos y los hebreos de la época premonárquica parecen vislumbrarse algunos rasgos mal definidos de matriarcado. Con todo, este nomadismo, en contacto con tipos de organización social y de civilización más avanzada (Sumeria, v.; y Egipto, v.), fue abandonado progresivamente, aunque no por completo, para dar paso a una organización política basada en la monarquía, con un rey-sacerdote que era considerado como el "elegido" de Dios (V. TEOCRACIA). En los pueblos s. en que este proceso de organización social no se operó o sólo se llevó a cabo de una manera parcial (pueblos nómadas de Arabia y, hasta cierto punto, Israel), la religión permaneció al margen de toda organización política, desarrollando el pueblo entero una comunicación muy directa e inmediata con la divinidad, que se consideraba como "padre" de la comunidad étnica.Sólo en los pueblos s. de organización social avanzada encontramos una categoría sacerdotal en pleno desarrollo, lo que es muestra evidente de que tal organización sacerdotal es, en dichos pueblos, un fenómeno secundario. Tal y como se estructura esta organización en algunos de ellos, queda muy patente el origen y la influencia sumeria, extendida a todos los pueblos s. a través de los asiriobabilonios. Tampoco debe descartarse cierta influencia asiática, por medio de los hititas (v.), sobre todo entre los s. arameos. En la fase más primitiva nómada, a juzgar por lo que observamos en Arabia, los individuos mismos oficiaban, de una manera probablemente harto elemental y primitiva, las funciones que luego incumbirían a la clase sacerdotal.De acuerdo con la diferencia fundamental de mentalidad entre los pueblos nómadas y los sedentarios, también entre los s. observamos una constante de la religión: los pueblos sedentarios tienden al politeísmo (v.), mientras que los nómadas o seminómadas permanecen en una fase que podríamos denominar, por lo menos, de monoteísmo (v.) latente. El politeísmo como fenómeno religioso es particularmente característico de las civilizaciones sedentarias. Por el contrario, no se conoce ningún pueblo pastor nómada con un politeísmo propio y verdadero. Tanto es así, que cuando se intenta establecer una base común (digamos un "panteón") dentro de la diversidad religiosa de los pueblos s., es decir, un panteón protosemita, se llega a un resultado negativo. No parece haber habido un panteón protosemítico organizado.Divinidad monoteísta. Tanto en la fase nómada como sedentaria, destaca entre los s. una divinidad (o por lo menos un nombre divino) ’Il o ’El. Este ’Il o ’El pertenecería al fondo común más primitivo de las lenguas semitas. Recientemente se ha puesto de relieve su importancia en los documentos mesopotámicos más antiguos, lo que descarta ya definitivamente la hipótesis, sostenida hasta hace poco, de un origen occidental semítico. Ahora bien, su importancia en la época más antigua contrasta con su decadencia ulterior. En Mesopotamia mismo tiende a desaparecer en las fuentes más tardías, permaneciendo sólo como nombre común. En Siria y Palestina, y más exactamente en los textos de Ugarit (v.), todavía es la divinidad suprema, pero poco activa ya y bastante remota, mientras que otra divinidad -Ba’al (v.)- toma la supremacía. En Arabia se encuentra también en las fuentes más antiguas, pero su supervivencia queda limitada a la toponimia y a los nombres personales, desapareciendo del ámbito religioso propiamente tal.La etimología de ’ll o ’El ha dado lugar a numergsas hipótesis; pero de todas ellas la que tal vez sea más convincente es la de relacionarlo con una raíz semítica ’WL, "primero" (árabe ’awila, "ser primero"), sea en el sentido temporal, sea en el de preeminencia. Tanto si se trata de un dios originario y específico, empleado luego con valor apelativo, como si estamos ante un nombre común transformado luego en el nombre de una divinidad específica, es evidente, a través de él, que entre los pueblos protosemitas existía el concepto de lo divino como elemento individual y único. Es decir, que se hubiera dado, como en toda civilización primitiva de tipo nómada o seminómada, la creencia en un ser supremo.Su carácter de preeminencia y unicidad queda patente por el hecho de que la existencia de una divinidad femenina correspondiendo a ’El (por lo menos en cuanto al nombre), es decir, ’Ilat o ’Elat, si bien es segura, no parece que hubiera sido originaria. Parece más bien una divinidad nacida en una época reciente, como fruto de una estructuración de la religión, fenómeno que observamos constantemente en la religión tardía de los pueblos s. En todo caso, en Mesopotamia, la divinidad ’Ilat sólo puede documentarse en una época reciente, mientras que en Arabia (v.) sólo la documentamos muy parcialmente.Desde luego, la creencia en un ente supremo no impidió que la religión protosemita se contaminara con elementos animistas (v. ANIMISMO). La creencia en un dios supremo no fue obstáculo para el desarrollo de una especie de polidemonismo, con genios y divinidades secundarias que habitaban en los árboles, piedras, plantas y fuentes. Tales espíritus, a medio camino entre la divinidad suprema y los hombres, podían ser afectados mediante ritos mágicos y prácticas supersticiosas, a las que tan aficionados son todavía los pueblos s. más primitivos (v. MAGIA). Este monoteísmo latente, con sus toques de polidemonismo, no impidió tampoco que surgieran dioses tribales, que pertenecían a uno o más grupos étnicos. Inicialmente quizá hubieran formado parte de la manifestación de la divinidad única y hubieran sido considerados como patronos de la comunidad. No habrían tenido tampoco, debido al carácter de vida nómada, lugares de culto específicos; pero dentro de la concepción algo difusa de un ente supremo, hubieran sido más asequibles y, a la larga, más diferenciales. Ello explicaría la presencia en la religión s. de divinidades como Assur entre los asirios que, de dios tribal, pasó, con la vida sedentaria, a convertirse en un dios nacional.Con el sedentarismo, este monoteísmo latente, que no implicaba la negación total de dioses o espíritus menores, se convirtió en un henoteísmo más patente, admitiendo laconvivencia, en un plano de mayor igualdad, de varios dioses, o en un politeísmo total, contra el que lucharon primeramente los israelitas (v. HEBREOS) y luego, en una época más reciente, los árabes (v. ISLAMISMO). En esta fase ya más avanzada, la religión se estructura a base de un concepto naturalista, en que los fenómenos de la Naturaleza se asocian a dioses determinados, creándose, al mismo tiempo, verdaderos mitos (v.) religiosos. Hasta qué punto esta fase es propiamente un desarrollo natural de la religión s., es algo difícil de precisar. Es muy probable, sin embargo, que hubiera intervenido cierta influencia extraña, sobre todo sumeria, contaminando todo el mundo s., que experimentó, tanto en religión como en lengua, profundas interrelaciones.Tendencias politeístas: dioses astrales. Llega un momento en la religión s. en que se presenta un grupo de divinidades en estrecha relación con los astros. Tan manifiesto es este fenómeno que D. Nielson lanzó, ya hace algunos años, la idea de que en la base de las religiones s. hubiera existido una tríade astral: Sol, Luna y Venus. Sin embargo, esta hipótesis se ha abandonado por completo, tendiéndose a ver en esta concepción astral la influencia de un sustrato sumerio, que hubiera actuado sobré los s. de Mesopotamia. Desde luego, tal estructuración religiosa parece estar más de acuerdo con un tipo de vida sedentaria, en que la lluvia y demás fenómenos atmosféricos, en tanto que regidos por los astros, son de primordial importancia. Es más, se ha podido comprobar que el sentimiento de los astros es poco importante entre los s. nómadas de la actualidad (v. ASTROLATRÍA).El dios estelar más antiguo que encontramos en el panteón semita es Sin, que aparece en Mesopotamia en una época muy antigua, identificándose con el sumerio Nanna (r) , el dios lunar. Sin reaparece más tarde en Hadramaut, también como dios lunar. En Siria, el dios lunar es Yarih (Ugarit); y en Sudarabia, Warb. La divinidad solar es gamas en Mesopotamia, donde también se documenta en una época muy antigua, en cierto paralelismo con Sin, y adoptando las funciones del sumerio Utu. En Siria aparece bajo la forma gaps (G Sams?). En la Arabia del Sur su nombre es gams.La divinidad que normalmente se identifica con el planeta Venus alcanzó en el panteón semítico mayor importancia que las dos divinidades astrales anteriores. Su nombre es casi el mismo en todo el dominio s. En Mesopotamia es Istar y tiene un papel preeminente- a lo largo de toda la historia a partir de los documentos más antiguos. En Siria (Ugarit) encontramos la forma `Attar(t), aunque en posición menos importante. Más tarde, la Biblia nos atestigua el culto a Astarté (v.). En Sudarabia tenemos un dios de primera importancia `Attar, y entre las tribus nómadas de la Arabia central aparece un `Atar-samayn "’Attar de los cielos". Los atributos inherentes a esta divinidad (v. SABEOS) la relacionan con el astro matutino, aunque, para algunos autores, esta asociación sería más bien secundaria. En efecto, a través de la etimología más probable Istarl’Attar (raíz `TR "ser rico", "regar") se relacionaría con la lluvia y la fertilidad, lo que también está de acuerdo con la identificación operada en Mesopotamia entre Istar y la divinidad sumeria Inanna.De todas las divinidades astrales, Iátarl’Attar es la más uniforme y constante. Su nombre apenas oscila, mientras que el de las demás, sobre todo de la divinidad lunar, cambia de acuerdo con el nombre común para designar al astro: Sin, Warh, Yarih. El único cambio que observamos en su estructura es el de género. En Mesopotamia es una divinidad femenina; en Sudarabia, masculina. En Siria, probable punto de confluencia entre Oeste y Sur, parece haber podido ser masculina y femenina. Cabría, por consiguiente, pensar si en su origen, la divinidad Istar/`Attar no hubiera sido una divinidad andrógina y, en el fondo, por tanto, extremadamente antigua. El caso es que las otras divinidades astrales producen la impresión de conceptos divinos que se individualizaron en las distintas lenguas s. a partir de un catalizador exterior, probablemente el antiguo panteón sumerio.Es muy posible, por consiguiente, que el panteón astral no fuera una estructuración religiosa muy antigua. Anterior a ella acaso hubiera habido una concepción religiosa basada en los procesos de la Naturaleza. Hacia ello apunta, p. ej., la existencia de la divinidad Ba’al, que, a partir de un sentido general de "señor", "patrón", aplicable a toda divinidad, hubiera pasado a identificarse con el dios de la tempestad y del agua fecunda. No menos convincente es el caso del dios Dagan del panteón mesopotámico y ugarítico, que se identificó con el grano y el trigo.De todas maneras, dentro de la profusión de divinidades en un momento determinado en las religiones s., no debemos olvidar un hecho que se repite una y otra vez: la extensión, difusión y contaminación de lo divino, con lo que ocurre muchas veces que una manifestación determinada de la divinidad puede divinizarse a su vez y convertirse en otro dios individualizado. Ello explicaría la extremada proliferación de divinidades en algunos de los panteones politeístas de ciertos pueblos s., proliferación contra la que se levantaron triunfalmente israelitas y árabes (v. POLITEÍSMO I).V. t.: los arts. sobre la religión de los diversos pueblos mencionados: ASIRIA III; BABILONIA III; CANAÁN II; ARABIA IV; etcétera.J. M. SOLÁ SOLÉ.
BIBL.: M.-J. LAGRANGE, Études sur les religions sérnitiques, 3 ed. París 1928; W. RoBERTSON SMITH, Lectures on the Religion of the Semites, 2 ed. Londres 1927; A. GUILLAUME, Prophecy and Dirination among the Hebrews and other Semites, Londres 1938; S. H. HOOKE, The Origins of Early Semitic Ritual,, Londres 1938; E. DHORME, La religión primitive des sémites. A propos d’un ouurage récent, "Rev. de 1’Histoire des Religions," 128 (1944) 1-27; A. HALDAR, Associations of Cult Prophets among the Ancient Senútes, Uppsala 1945; A. JAMME, D. Nielsen et le pantliéon sud-acabe préislamique, "Rey. Biblique" 55 (1948) 227-224; J. STARCKY, Le nom divin El, "Archiv. Oriental." 17,2 (1949) 383-386; S. MOSCATI, Le anoche divinitá semitiche, en Studi Sernitici, 1, Roma 1958; W. F. ALBRIGHT, De la Edad de Piedra al Cristianismo, Santander 1959.
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