Semántica LIT.
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Literatura
1. Cometido y situación de las disciplinas lexicológicas. Puede afirmarse que, hoy por hoy, la S. es una disciplina de moda. Nuestra época ha comprendido que el estudio de las significaciones lingüísticas es fundamental y previo para acometer cualquier investigación basada en los textos. Las palabras, en cierto modo como los seres vivos, están sometidas a constantes cambios, no sólo en su aspecto externo o material sino también en su aspecto interno, en su contenido significativo. Por eso, la interpretación de un texto filosófico, teológico, político, histórico, etc., sólo podrá ser correcta si se conoce el "valor" que cada palabra de las que lo integran tenía en esa época. Y ese valor depende no sólo de la realidad a que se refiere la palabra misma, sino también de aquellas palabras con que ésta se relaciona y a las que se opone. El contenido y las connotaciones de palabras como lámpara, caballero, beso, paz, no son exactamente igual que hace cuatro siglos (baste ver algunas de las acepciones que todavía en su última edición recoge el Diccionario de la R. A. de la Lengua). Será necesario saber qué significaban entonces, qué habían significado antes, qué significan ahora y cómo y por qué se pasa de un estado a otro. Si se tiene en cuenta que el caudal léxico de una lengua como el español se cifra en varias decenas de miles; si además se considera que cada día entran en uso nuevas palabras, a la vez que otras desaparecen, se comprenderá que la tarea no es fácil. No creemos, sin embargo, que sea imposible; se necesita tiempo, trabajo y, sobre todo, una metodología coherente y eficaz.Por desgracia, los caminos metodológicos están todavía sin desbrozar. Ni siquiera existe acuerdo acerca del lugar que la S. deba ocupar en el conjunto de las ciencias lingüísticas. Partimos de la base de que la S. debe estudiar el significado de las palabras (v.; v. t. MORFEMA); pero están en pie, entre otros, los siguientes problemas: a) ¿Qué es la palabra? Aunque la pregunta pueda parecer pueril pocos problemas lingüísticos presentan mayor complicación a nivel técnico, ¿son palabras las preposiciones, las conjunciones, el artículo?, ¿dónde acaban los límites de la palabra y empiezan los de la Sintaxis (v.), los de la construcción? Así podríamos seguir planteando interrogantes, en cuya respuesta está empeñada la Lingüística (v.) y el estudio del lenguaje (v.). b) Otro grupo de problemas atañe al alcance de la disciplina semántica. Porque existen otras disciplinas lingüísticas que, asimismo, tienen por objeto el estudio de la palabra: tales son la Lexicología (v.) y la Etimología.Aunque a primera vista pueda parecer lo contrario, los límites entre las tres ramas de la Lingüística no están claros y hay quienes abogan por la supresión de una u otra. Sin descartar las vinculaciones que puedan existir entre ellas, pensamos que las tres pueden convivir pacíficamente: la Lexicología se ocuparía del vocabulario de una lengua en su conjunto y de los procesos de formación de palabras, de las medidas y volumen del vocabulario, es decir, de los problemas generales relativos al conjunto de palabras de que está formada una lengua. Como ramas principales de la Lexicología se situarían la S., cuyo cometido sería el de ocuparse de la significación, tanto a nivel diacrónico como sincrónico, y la Etimología, cuya finalidad estribaría en estudiar el origen y las etapas principales por las que ha pasado una palabra o un grupo de palabras, fijándose conjuntamente en el aspecto interno y externo de la evolución.Por otra parte, la S., en cuanto se ocupa de la significación de las palabras o signos lingüísticos (v.), entra dentro de otra ciencia más amplia: la "ciencia general de los signos", que es llamada Semiología (v.) o Semiótica. Para el encuadre de la S. como una rama o parte de la Semiología, y para las relaciones consiguientes con la Filosofía (sobre todo con la Lógica y con la Gnoseología), v. SIGNO Y SIGNIFICACIÓN 1, 6-8. Aquí dedicáremos nuestra atención a la Semántica y a la Etimología como ramas solidarias de la Lexicología.2. La Semántica: antecedentes. La preocupación y el interés por el significado lingüístico se ha manifestado desde muy antiguo. Por lo que respecta a las culturas occidentales, hay que buscar el origen documentado de estas preocupaciones en los escritores griegos y latinos. En ellos encontramos, en efecto, múltiples observaciones sobre problemas relacionados con cambios semánticos; de manera muy especial se interesaron por los procesos de "ennoblecimiento" y "envilecimiento" semánticos. También se preocuparon (en una perspectiva sincrónica) por el comportamiento de las palabras en el habla, la diversidad de usos, la homonimia, la polisemia, el carácter léxico o gramatical del significado, los usos figurados (metáforas), etc. Puede decirse que todos los problemas medulares de la moderna ciencia semántica están ya esbozados con mayor o menor acierto en la tradición greco-latina.Lo que faltó, para constituir una disciplina científica en torno al significado de las palabras, fue sistematización y una adecuada metodología. Para que éstas surjan será necesario esperar mucho tiempo, pues después de los trabajos de los clásicos y de los llamados "gramáticos especulativos medievales" (v.), el Renacimiento, el barroco y el neoclasicismo no hicieron otra cosa que repetir, parafrasear o glosar lo que habían escrito los clásicos. Para una ampliación de las indicaciones históricas al respecto, hasta llegar al s. XX, v. SIGNO Y SIGNIFICACIÓN 1, 9.3. Tres Semánticas actuales. Como tal disciplina científica, la S. es un producto del movimiento romántico. No puede olvidarse que al romanticismo (v.) debe la Lingüística los mayores progresos que en época alguna haya experimentado. Los románticos se sintieron fascinados por los "misterios" que rodeaban a las palabras, por sus virtudes extrañas, por sus potencias maravillosas. Tanto los escritores como los científicos comenzaron a sentir la necesidad de una ciencia que se ocupase del significado. La gloria de haber sido el creador de tal disciplina se la disputan K. Reisig (1792-1829) y M. Bréal (1832-1915). El primero, desde 1825, comenzó a propugnar, bajo el nombre de semasiología, una disciplina de carácter histórico encargada de establecer los principios que rigen el desarrollo de la significación. Pero a Reisig le faltaron ideas claras sobre la materia a estudiar, v circunscribió la disciplina en germen al estudio de las lenguas clásicas. Por otra parte, su obra fue publicada póstumamente, lo cual hizo que sus ideas fuesen virtualmente desconocidas cuando el francés M. Bréal comenzó a ocuparse, con mayor fortuna, de los mismos temas.En 1883 éste escribía: "el estudio en el que invitamos al lector a seguirnos es de una especie tan nueva que ni siquiera ha recibido nombre aún... las leyes que rigen la transformación del sentido, la elección de expresiones nuevas, el nacimiento y la muerte de las locuciones, han quedado en la sombra o no han sido indicadas más que de pasada. Como este estudio... merece tener un nombre, lo llamaremos semántica..., es decir, la ciencia de las significaciones". En efecto, el haber hallado un nombre adecuado para la nueva ciencia fue uno de ¡os aciertos mayores del sabio francés y uno de los pasos más firmes en el nuevo camino que acababa de abrirse. En 1897 el mismo M. Bréal publicaría su Essai de Sémantique, primera obra de conjunto de esta nueva disciplina. Para muchos, el Essai es la verdadera obra fundacional de la S. Su autor se ocupa en ella de dos puntos principales: cómo las palabras cambian de significado y cómo los significados cambian de palabras. Concede gran importancia al sustrato y a los préstamos entre las lenguas, los cuales tienen, en la concepción de Bréal, causas sociales en el más amplio sentido.Sería injusto no recordar en esta etapa fundacional de la S. una obra que alcanzó gran difusión y que cuenta entre las obras clásicas en esta rama de la Lingüística. Se trata de La vie des mots étudiée dans leurs significations (1887) de A. Darmesteter, quien coincide con los anteriores en sus planteamientos historicistas. A partir de aquí, y por estos mismos cauces, se van engrosando los materiales, las observaciones, los hallazgos teóricos de todo tipo referentes a las distintas lenguas europeas de cultura. Constituyen un importante conjunto que ha producido y sigue produciendo copiosos frutos. Tal conjunto podría englobarse bajo la titulación genérica de Semántica tradicional, caracterizada, sobre todo, por su tinte historicista. A estos semantistas sólo les preocupaban los cambios en el significado, lo mismo que a los fonetistas tradicionales sólo les interesó la evolución de los sonidos. La Semántica sincrónica (v. § 4) es de creación más reciente.Pero no es ésa la única clase de Semántica. Atraídos por los brillantes resultados obtenidos por los lingüistas, los filósofos, desde principios de este siglo, comenzaron a dedicar especial interés a los problemas de la significación. Surge así una nueva rama, la Semántica filosófica que, a su vez, presenta diferentes vertientes: filosófica propiamente dicha, psicológica, sociológica, etc. Algunos filósofos han llegado a defender que la S. filosófica es una rama de la lógica simbólica (v. LÓGICA II, 9; v. t. SIGNO Y SIGNIFICACIÓN I, 6-9). Sin sacar las cosas de quicio, es indudable que filósofos y lingüistas se encuentran en muchos puntos y que la colaboración (no la subordinación de unos a otros) puede dar frutos muy positivos. Las aportaciones de los psicólogos, quienes abundaron en el estudio de las perturbaciones del lenguaje (v.), en colaboración con los médicos, han sido particularmente útiles e interesantes. Pero, por su mismo carácter, ésta es la rama menos lingüística de la S. El progreso y la difusión que en los últimos años han tenido los procedimientos electrónicos han permitido que éstos se asomen también a la S. Las posibilidades de aplicación parecen restringidas, pero no nulas.4. Estructuralismo y Semántica. Una nueva vertiente de la S., la estructural, comienza a gestarse después de la II Guerra mundial. Sus orígenes últimos hay que buscarlos en los nuevos rumbos que para la Lingüística supuso la obra póstuma de F. de Saussure Curso de Lingüística general (v. ESTRUCTURALISMO IV). Frente al exacerbado historicismo del s. XIX, la Lingüística del s. XX adopta la perspectiva sincrónica, entendiendo que la lengua es un sistema de signos solidarios, en el que cada elemento condiciona y está condicionado por los demás. En el plano del significado se tiende ahora a estudiar, no elementos aislados, sino "conjuntos" de elementos, que dieron en llamarse campos semánticos. El concepto de campo semántico ha sido uno de los más batallones en la Lingüística teórica de los últimos tiempos. Se empezó entendiendo el "campo" como conjunto de términos léxicos vinculados a realidades próximas y relacionadas entre sí, de manera que su delimitación venía dada por los límites de la realidad o de las realidades designadas. Poco a poco, el concepto se ha ido haciendo menos "realista" y más lingüístico, de manera que hoy suele entenderse por tal un conjunto cerrado de términos léxicos entre los que existen unas relaciones mutuas analizables y estudiables. En el estudio de un campo semántico es fundamental el establecimiento de límites tope, abarcadores de las unidades que lo integran y excluyentes de todas las demás que quedan fuera de él. Sin embargo, la complejidad de las estructuras léxicas, las múltiples implicaciones que cada unidad tiene real o virtualmente, hace difícil, si no imposible en muchos casos, la delimitación satisfactoria y rigurosa de verdaderos campos semánticos.Aunque la Semántica estructural cuenta con precedentes más remotos, puede decirse que su nacimiento tiene lugar en fecha reciente, en 1964, cuando se publican dos importantes trabajos sobre el tema, debidos a E. Coseriu (n. 1919) y a B. Pottier (n. 1924). En lo que al campo semántico se refiere, ambos autores coinciden en afirmar que sólo se puede hablar de él en la medida en que se le pueden asignar unos límites. Tomando criterios actuales aplicados con éxito en la Fonología, Coseriu afirma que "un campo se establece por oposiciones simples entre palabras y termina allí donde una nueva oposición exigiría que el valor unitario del campo se hiciese rasgo distintivo, es decir, allí donde ya no son las palabras en tanto que tales las que se oponen, sino el campo entero resulta término de una oposición de orden superior". Las unidades que forman un campo tienen rasgos idénticos y diferenciales, de donde resulta necesario y conveniente analizarlas en sus rasgos componentes simples, los cuales reciben el nombre de semas, estudiando las oposiciones a que dan lugar. Se llama semema al conjunto de semas que integran una unidad significativa mínima libre; y la unidad que lo realiza en el plano del significante recibe el nombre de lexema. Hay unidades sémicas cuyo contenido es más amplio, engloban varios sememas: éstos son los archisememas, cuya realización en el plano del significante recibe el nombre de archilexema (el contenido significativo ’asiento’ es el archisemema que engloba a los sememas ’silla’, ’butaca’, ’banco’, etc.; la secuencia de unidades fónicas mínimas a s i e n t o constituye el archilexema, así como las que componen s i l l a, b u t a c a, b a n c o, etc., dan lugar a los respectivos lexemas).Estos son algunos de los conceptos y hallazgos principales de la S. estructural. Como se ve, lo que aquí interesa no es ya la historia de los significados o la de sus cambios sino la estructuración sémica a nivel sincrónico. Aplicada a una lengua concreta, la S. estructural aspira a conocer, describir y analizar, de manera completa y sin residuo, las estructuras significativas de esa lengua. Pero no se piense que la S. estructural ha de limitarse de manera necesaria a la perspectiva sincrónica. Al igual que la Fonología, de la que es subsidiaria en los procedimientos, la S. estructural tiende a desarrollar una perspectiva diacrónica para estudiar la evolución de los significados, no ya de una manera atomística sino globalmente, a nivel de sistemas y subsistemas, entendiendo que el movimiento semántico de un término afecta de manera necesaria al conjunto en el que se inserta y está condicionado por la evolución de los demás. La aparición o desaparición de una palabra repercute automáticamente en el contenido de todas las que con ella tenían o pasan a tener algún tipo de relación.Por ser disciplina muy nueva y de importantísimo cometido, la S. estructural tiene ante sí un largo camino que recorrer. Sus resultados hasta ahora no son muy copiosos, pero sí atractivos y prometedores. Todo hace esperar que las investigaciones concretas y los hallazgos teóricos seguirán multiplicándose en el futuro próximo.5. Trayectoria de la Etimología. Es la otra rama importante de la Lexicología. Si antes decíamos que desde muy antiguo existió preocupación e interés por la palabra, esa preocupación, en lo que concierne al origen, cristalizó en mitos y teorías de muy variada índole, directamente conectados con las opiniones acerca del origen mismo del lenguaje (v.).Partiendo, como los hebreos o una buena parte de los filósofos griegos, de que el lenguaje es un don divino, averiguar el origen de las palabras es de una importancia capital. De ahí, precisamente, le viene el nombre a esta disciplina: to etimon, en griego, es ’lo verdadero’. Y es que encontrar el origen de la palabra, su prístina forma y estado, significaba acercarse a la verdad. A nadie se le ocultará que estamos glosando una ideología de tinte platónico. En efecto, Platón (v.) pasa por ser el fundador y, desde luego, uno de los más grandes aficionados a la Etimología, en la Antigüedad y en todos los tiempos. Claro que sus etimologías contienen muchos errores y en general poco de científico. Se trata muchas veces de explicaciones tan atractivas como caprichosas. La falta de rigor, o el dar rienda suelta a la imaginación para explicar el origen de las palabras y su significación primera será un lastre que pesará sobre la Etimología hasta bien entrado el s. XIX y del que, en parte, no se ha sacudido todavía. Descabelladas, a veces, fueron muchas de las etimologías hechas por los autores latinos, incluso por M. T. Varrón (v.), a pesar de su fino talento lingüístico, puesto de manifiesto en otros aspectos. A veces explica el origen de las palabras por amalgama de dos o más, algo que de manera natural en la lengua hablada es inconcebible. Para Varrón, la zorra se llamó en latín vulpes "quod volat pedibus", porque `vuela con los pies’; otras veces hace etimologías por reducción al absurdo: así, la guerra se llamó bellum "quod res bella non sit", `porque no es bella’. Con toda razón, Quevedo pudo escribir refiriéndose a los etimologistas: "... y dicen que averiguan como inventan".Aunque la Lingüística del s. XIX reaccionó contra estos abusos, sentando las bases para una Etimología científica, la tradición no se ha extinguido; de todos es conocida la afición que existe en muchas personas, incluso cultas, a hacer etimologías por cuenta propia. Así, se escuchan explicaciones peregrinas en relación con los topónimos (v. ONOMASIOLOGÍA), o bien se llega a oír decir con todo convencimiento que tertulia deriva de Tertuliano, porque este autor, al parecer, fue muy aficionado a ella, y otras cosas por el estilo. Al merecido desprestigio de estas clases de Etimología han contribuido en época reciente los idealistas (v. IDEALISMO II); baste recordar las luminosas críticas hechas por G. Rohlfs en su libro Lengua y cultura (Madrid 1966).6. La moderna Etimología. Fueron los creadores de la Lingüística histórico-comparada quienes con método positivista abrieron nuevos caminos para investigar o explicar el origen de las palabras. El método fue puesto a punto en la reconstrucción del latín vulgar (v. LATINA, LENGUA Y LITERATURA III), fuente de las lenguas románicas (v.). Para buscar una base etimológica, se procedía por comparación de los datos que proporcionaban las lenguas romances. Teniendo en cuenta las leyes que rigen la evolución de los sonidos (leyes fonéticas) y teniendo en cuenta asimismo el significado, se podía llegar a reconstruir con bastantes garantías la forma originaria no documentada. Los hallazgos de nuevos textos y documentos latinos vinieron a dar en muchos casos la razón y a confirmar la eficacia del método seguido. De aquí se llevó la investigación a otros campos y a otras lenguas.La orientación estructural que ha tomado la Lingüística en el s. XX no podía dejar de alcanzar a la Etimología. Partiendo del convencimiento de que la lengua es en gran parte un sistema de signos solidarios, ya no será posible buscar siempre el origen aislado a cada palabra. Será necesario estudiar grupos de palabras, relacionadas entre sí no ya fónica o semánticamente sino en ambos aspectos a la vez. Se llega así al establecimiento de campos morfosemánticos o campos etimológicos. Además, la Etimología moderna no se contenta ya con enlazar el punto de partida y el punto de llegada de la palabra. Aspira a seguir detalladamente el camino por el que la palabra ha pasado; de este modo, la Etimología no se limita a dar la "partida de nacimiento", la "fe de vida" o la "partida de defunción", sino que traza, todo lo minuciosamente que le es posible, la biografía completa de la palabra y de la familia a la que pertenece. Para trazar esta biografía, además de conocer o precisar las realidades a que las palabras se refieren, no estará de más conocer el medio social en que las palabras han vivido y se han desarrollado a lo largo del tiempo.De esta manera, la Etimología se relaciona con la historia cultural, tomando de ella, y aportando al mismo tiempo, datos preciosos.No parece necesario insistir en el interés y en la importancia de la Etimología como disciplina lingüística. Bastará recordar que el origen y la historia de las palabras interesan de manera general y espontánea incluso a aquellos no profesionales que se desentienden del resto de los problemas lingüísticos. Es de esperar que, sacudido el desprestigio al que con frecuencia se hizo acreedora, ocupe, asentada sobre bases más.. científicas, el puesto que con toda justicia le corresponde en el cada vez más amplio panorama de la moderna Lingüística.7. Los diccionarios etimológicos. Todas las grandes lenguas de cultura europeas cuentan ya con diccionarios etimológicos realizados sobre bases científicas. Afortunadamente, el español no se ha quedado atrás en esta ocasión, y ello gracias a la labor en solitario de dos grandes etimologistas: V. García de Diego (Diccionario etimológico español e hispánico, Madrid 1954) y J. Corominas (Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana, Madrid 1954-57, 4 vol.). El primero está realizado de acuerdo con los métodos y principios del Romanisches Etymologisches Wórterbuch (REW) de W. Meyer-Lübke, y falla reiteradamente al obstinarse en asignar orígenes latinos a palabras cuya procedencia no está en la lengua de Roma; el segundo, más original, constituye un inmenso arsenal de materiales para el estudio del origen y de la evolución de las palabras que constituyen el caudal léxico castellano. Asombran en este Diccionario la erudición y fino espíritu crítico de su autor. Muchas veces se le ha atacado injustamente diciendo que olvidó o desconoció tal o cual dato, haciendo caso omiso de los muchísimos que recogió e interpretó. De cualquier forma, es indudable que, hoy por hoy, es la obra más seria y de más largo alcance en su género y, por tanto, clave fundamental en los estudios lexicológicos y etimológicos hispánicos. Ello no quiere decir que sea obra perfecta (la "Rev. de Filología española" ha abierto una sección para recoger adiciones y sugerencias con vistas a futuras ediciones) ni que acierte en todo. Corominas tiene proclividad a asignar orígenes prerromanos a casi todas las voces cuyo origen es dudoso o desconocido, aventurando hipótesis, a veces con demasiado poco fundamento. De esta misma obra existe tina versión abreviada, despojada de aparato crítico, con el título de Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (Madrid 1961), de fácil manejo para el profano.V. t.: SIGNO Y SIGNIFICACIÓN 1; SIGNO Y SIGNIFICACIÓN LINGÜÍSTICOS; SEMIOLOGÍA; LEXICOLOGÍA; LENGUAJE.J. FERNÁNDEZ-SEVILLA JIMÉNEZ.
BIBL.: K. BALDINGER, L’étymologie hier et aujourd’hui, en "Cahiers de l’Association inter. des études franQaisesu 11 mayo 1959, 233-264; ID, Teoría semántica, Madrid 1970; E. COSERIU, Pour une sémantique diachronique structurale, en Traaaux de linguistique et de Littérature, II,1, Estrasburgo 1964, 139-186; A. J. GREIMAS, Semántica estructural, Madrid 1972; P. GUIRAUD, Structures étymologiques du lexique frangais, París 1967; CH. E. KANY, Semántica hispanoamericana, Madrid 1962; T. DE MAURO, Introduzione alla semántica, Bar¡ 1966; B. POTTIER, Vers une sémantique moderne, en Traaaux de Linguistique et de Littérature, 11,1, Estrasburgo 1964, 101-137; F. RESTREPO, Diseño de semántica general. El alma de las palabras, Cal¡ (Colombia) s. f.; A. SCHAFF, Introducción a la semántica, México 1966; S. ULLMANN, Introducción a la semántica francesa, Madrid 1965; íD, Semántica. Introducción a la ciencia del significado, Madrid 1965; y la de SIGNO Y SIGNIFICACIÓN I.
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