Sátira HIST.
Categoria:
Historia
Del lat. satura, que significaba una bandeja llena de frutos variados que se ofrecían a los dioses del campo, o bien una especie de embutido o relleno. En este sentido usa Ennio el título Saturae como serie de obras varias. También se relaciona con un satir etrusco que significaba hablar y se refiere a la presencia de titiriteros etruscos en Roma. Más tarde el término parece que se confundecon los juegos de sátiros que parodiaban a los héroes trágicos y que los latinos habían conocido de los griegos. La s. significa crítica, censura, burla e incluso escarnio de distintas formas y estados defectuosos o inmorales, malos o desatinados, bien se refieran a ideas o acontecimientos, bien a instituciones o personas, o a obras artísticas y literarias. Según su objeto, la s. puede ser eclesiástica, política, literaria, social, personal, etc., o bien ética y estética. Supone una actitud entre crítica y didáctica, por lo que en el s. XVIII se la incluyó en este último género. Por lo mismo Hegel le negó categoría artística, a pesar del valor que le concedía Schiller.La s. no tiene forma propia, y aunque se intenta dividirla en poema y tratado satírico, puede darse en la epopeya, novela, cuento, comedia, sainete, diálogo, epístola, cantar, fábula, epigrama y dicho. Su didactismo y extensión la distinguen del epigrama, y difiere asimismo del, panfleto por ser éste un ataque personal. La s. oratoria se acerca a la invectiva, aunque ésta, como la diatriba, son normalmente más directas y apasionadas. El satírico puede mostrarse irónico, mordaz, cáustico o sarcástico; cómico, alegre o amable; serio, airado o patético; mide todo según una escala de valores fija e ideal, y el contraste con la realidad deficiente le lleva a poner de manifiesto los males y daños con la esperanza de producir una mejora. Así se atrae poderosos enemigos, y en sociedades inmaduras se le tacha de poco caritativo y cruel, sin advertir los sacrificios que él se impone, al ser juez y parte al mismo tiempo, ni sus virtudes y cualidades: desapasionamiento, desinterés, valentía e independencia de juicio, a veces en grado heroico, y además, según Larra, perspicacia, profundidad, discreción e imparcialidad, amplios conocimientos generales y de su época, y dominio del arte de decir; ingenio, sutileza, dialéctica, firmeza en los fines, flexibilidad en los medios, respeto a las personas.La frase de Quintiliano, Satura nostra tota est, parece reclamar para los romanos la invención de la s.; sin embargo, existían antecedentes griegos: la s. de la antigua poesía yámbica, de las diatribas de los predicadores ambulantes cínicos y estoicos, de la antigua comedia ática; así como la s. de Menipo, que luego se continuaría en Luciano y Juliano, y en los Sillos de Timón. Lo que Quintiliano quiso decir más bien es que la s. le iba bien al temperamento latino con su fondo rústico, petulante y cáustico. Lucilio pasa por ser el creador de la s. entre los romanos, y de él parten las tres formas que Pichon reconoce en la s. latina: 1) como invectiva, fogosa, truculenta e incluso cínica (primera manera de Horacio y habitual de Juvenal y Marcial); 2) como charla familiar y divertida (segunda manera de Horacio); 3) como predicación moral (Persio). Por último, a través de Petronio (v.), la s. menipea logró pervivencia en Roma. En cuanto a las literaturas modernas, basta recordar los nombres de Wieland, Goethe, Schiller, Jean Paul, Heine, Hauptmann, entre los alemanes; Rabelais, Regnier, Moliere, Boileau, Voltaire, Chénier, Courier, Béranger entre los franceses; Butler, Dryden, Defoe, Pope, Swift, Gay, Bernard Shaw entre los ingleses; Ariosto, Alamanni, Marino, Rosa, Gozzi, Alfieri entre los italianos. En España destaca ya en la Edad Media el espíritu satírico de los dos Arciprestes, y la s. política del s. XV; en los s. XVI y XVII la s. erasmista de A. de Valdés y otros, la social de la novela picaresca, la honda y humana de Cervantes, la literaria de Lope, Góngora, Quevedo y Vélez, la política del mismo Quevedo y Villamediana; en el s. XVIII la s. extravagante de Torres Villarroel y la eclesiástica del Isla; en el s. XIX la seria de Larra, la festiva de Bretón, y la literaria de Clarín, aparte la profusión de s. literaria y política en el periodismo. En el s. XX autores como Fernández Flórez, ). Camba, A. de Laiglesia o E. Acevedo entrarían plenamente en el concepto de satíricos, si la palabra no hubiese perdido ya su prestigio clásico y no se prefiriese la de humoristas.V. t.: LATINA, LENGUA Y LITERATURA J; LÍRICA.J. M. DÍEZ TABOADA.
BIBL.: M. J. DE LARRA, De la sátira y los satíricos, en El Español, 2 mar. 1836, Clásicos castellanos, 52, 209-221; A. W. PANNENBORG, Écrivains satiriques, París 1955; R. C. ELLIOT, The Power of Satire, Princeton 1960; K. LAZAROVICZ, Verkehrte Welt., Vorstudien zu einer Geschichte der deutschen Satire, Tubinga 1963; V. CLAN, La Satira, Milán 1923.
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