Santiago de Compostela II. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
Sobre restos de una ciudad romana surge S. de C. a raíz del descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago por el obispo de Iria Flavia Teodomiro, en el reinado de Alfonso II el Casto, entre el 812 y el 814. Alfonso II mandó erigir una iglesia sobre el sepulcro, creándose así el santuario que habría de ser el centro espiritual del reino asturiano y de todo el Occidente cristiano. Se inicia de este modo una primera etapa en el desarrollo de la ciudad, que podemos considerar extendida hasta fines del s. XI, cuando se comienza la construcción de la catedral compostelana. En torno al templo de Alfonso II se erigieron otras pequeñas iglesias, de las que fue particularmente famosa la de S. Payo de Antealtares. A fines del s. IX, Alfonso III renovó totalmente el nuevo templo, erigiendo una nueva y magnífica basílica, que en buena parte fue destruida por Almanzor en la incursión del 997. De este periodo se conservan algunos vestigios de singular importancia, revalorizados y puestos al descubierto en recientes excavaciones. Subsiste la construcción del sepulcro del santo y sus dos compañeros, en la actual cripta, los restos de la basílica asturiana, accesibles hoy, en el subsuelo de la nave central de la basílica románica, y otros numerosos restos de diversas épocas en el Museo de la catedral compostelana.En 1075, en el pontificado de Diego Peláez, se inicia la construcción de la gran basílica compostelana, que ha de recibir extraordinario impulso merced a la intensa actividad desplegada por el primer arzobispo compostelano, Diego Gelmírez (v.). El s. XII es de esplendor para S. de C., que se convierte en el centro espiritual de la cristiandad occidental, como principal meta de las peregrinaciones, en torno a las cuales se crea el arte románico (v.). Las obras de la catedral son el gran taller de donde irradia el románico por toda Galicia (v. GALICIA VII). Trazada por los arquitectos Roberto y Bernardo, con sus tres naves, amplio crucero también de tres naves, cabecera con girola y coro de capillas, tribuna sobre las naves laterales y numerosas torres, es evidentemente el edificio más perfecto y característico del románico europeo. A él se incorpora la escultura monumental en la magistral Portada de las Platerías, terminada en 1104, atribuida al maestro Esteban, en la que se desarrolla un complejo programa iconográfico. Ya a fines del s. XII trabaja en la catedral uno de los más geniales maestros medievales, el maestro Mateo (v.), a quien se debe como obra señera el Pórtico de la Gloria.A este periodo, que corresponde al s. XII y buena parte del XIII, pertenecen otros edificios de gran importancia. Junto a la catedral se conserva el magnífico Palacio de Gelmírez, uno de los escasísimos ejemplos de arquitectura civil medieval, con dos etapas en su construcción claramente diferenciadas. También corresponde a ese momento la iglesia de S. María la Real de Sar, con curiosa inclinación en sus pilares, como consecuencia de parciales hundimientos; la pequeña iglesia de la Cortícela, hoy incorporada a la catedral, de especial interés; y en mayor o menor grado conservan estructuras románicas las iglesias de S. Susana, S. Lorenzo y S. Félix de Solovio.A partir de mediados del s. XIII se inicia un nuevo periodo en la vida de la ciudad. Languidecen un tanto las peregrinaciones, y las luchas civiles reflejan repetidamente las rivalidades entre el arzobispo, los burgueses y los nobles. La catedral se enriquece con nuevas construcciones, tales como la iniciación de la Torre de la Trinidad o del Reloj, reformada en el s. XVII; el cimborrio sobre el crucero, numerosas capillas, entre las que tuvo especial importancia la desaparecida de Lope de Mendoza, y el claustro, que se renueva totalmente a partir de 1521. Las órdenes mendicantes construyeron magníficos edificios, correspondiendo a esa época los restos del claustro de S. Francisco y la magnífica iglesia de S. Domingo, con sus tres naves y esbelta cabecera, de las más perfectas en su estilo; junto a ella, la Puerta de Bonaval o del Hombre Santo es uno de los rincones más evocadores de la ciudad, cuyo tímpano forma grupo con los de S. Benito, S. Félix de Solovio y el conservado en S. María del Camino. Se cierra la actividad medieval a fines del s. XV con la erección del Hospital Real, según traza de los toledanos Antón y Enrique Egas (v.), profundamente renovado en los últimos años y que es evidentemente uno de los edificios más característicos de la ciudad en el que armónicamente se conjugan las formas góticas, renacentistas y barrocas.Merced a la actividad emprendedora de los Fonseca, la ciudad adquiere en el s. XVI singular importancia. A partir de entonces se estrechan las relaciones artísticas con el foco salmantino, que se han de mantener hasta bien entrado el s. XVII. Las intervenciones de Juan de Álava (v.) y Rodrigo Gil de Hontañón (v.) son particularmente importantes, en especial las llevadas a efecto en torno al claustro de la catedral, es decir, el conjunto de capillas y, sobre todo, las crujías al exterior, entre las que la magnífica fachada a la plaza de Platerías es una de las obras más bellas y características del Renacimiento hispánico. Hacia las mismas fechas y también en estrechísima relación con el arte salmantino, se construye el colegio de Fonseca, uno de los edificios más bellos de la ciudad, en cuya inmediata cercanía se sitúa el colegio de S. jerónimo, de unos años antes. De la segunda mitad del s. XVI, y dentro del estilo manierista, se conservan importantes construcciones, que propiamente anticipan su carácter de ciudad monumental y excepcional entre las ciudades españolas que ha de alcanzar con las construcciones barrocas. A este momento manierista corresponden, entre otras, la iglesia de la Compañía, hoy capilla universitaria; el magnífico colegio de S. Clemente, y la iniciación de la fachada de la iglesia de S. Martín Pinario.Después de unos años de cierta crisis en los programas constructivos compostelanos, a mediados del s. XVII se inicia la gran etapa en la que S. de C. se coloca a la cabeza de los grandes centros artísticos de la Península. Es entonces cuando se conjugan ambiciosas y monumentales estructuras en los edificios con programas urbanísticos que no tienen parangón en el barroco hispánico. Y es cuando estos programas urbanísticos prestan a la ciudad el carácter monumental y la peculiaridad con que ha llegado a nuestros días.Se inician estas obras merced a los programas ordenadores ideados por el canónigo Vega y Verdugo, revistiendo a la catedral románica con imponentes construcciones de extraordinaria belleza. Los arquitectos José Peña de Toro y Domingo Antonio Andrade (v.) son los maestros más representativos del s. XVIII, cuando se construyen las Puertas de la Quintana y Santa, se organiza la impresionante plaza de la Quintana, entre la catedral y el renovado monasterio de S. Payo de Antealtares, cuya iglesia, debida a fray Gabriel de las Casas, se consagró en 1707; se renueva la Torre del Reloj, por Andrade, que consigue la más bella torre del barroco español, y se inicia la reforma de la gran fachada del Obradoiro. Esta fiebre constructiva no se constriñe a la catedral, sino que se registra en otras diversas edificaciones, tales como las que se llevan a efecto en el monumental monasterio de S. Martín Pinario, la renovación del convento de S. Domingo, con la originalísima escalera triple de caracol, y la construcción del monasterio de las Mercedarias y la iglesia de los Remedios.La importancia de estas construcciones del s. xvii queda un tanto eclipsada por la magnitud de las emprendidas por los grandes genios del barroco compostelano del s. XVIII, uno erudito, en un estilo barroco que entronca con la línea Andrade, que es Fernando de Casas y Novoa (v.); el otro más popular y rústico, Simón Rodríguez (v.). Se debe al primero la gran fachada del Obradoiro, la más grandiosa-de la arquitectura barroca española, interviniendo en otras obras como la iglesia de Belvís o la casa del Deán; al segundo se debe la más desconcertante organización del barroco hispánico, la fachada del monasterio de S. Clara, interviniendo también en el monumental convento de S. Francisco y en el de Conjo. Otros edificios como las iglesias de S. Fructuoso, de la Enseñanza, del Carmen, de S. María del Camino y de las Ánimas, así como la renovación de la fachada de la Azabachería y la construcción del actual edificio de la Universidad y el Palacio de Rajoy, son jalones en la evolución estilística coordinada, armónica y lógica, de acuerdo con la vitalidad de la escuela.Paralelamente a este impresionante desarrollo de la arquitectura compostelana, se asiste a un incremento de los talleres de escultura, que con su rico y espléndido barroquismo contribuyen poderosamente a la configuración de este momento artístico. Sobresalen el coro de S. Martín Pinario, de Mateo de Prado, en el s. XVII; el grandioso baldaquino de la catedral trazado por Pedro de la Torre, los altares de Miguel Romay en S. Martín Pinario, las obras de José Gambino y especialmente las numerosas obras de José Ferreiro (v.), uno de los mejores y más característicos escultores del s. XVIII hispánico, entre cuyas obras es particularmente destacable la delicada S. Escolástica de S. Martín Pinario. Asimismo las excelentes labores de platería y los talleres de azabachería, en los que en todo tiempo destacó la ciudad de S. de C., constituyen facetas sumamente características.En el s. XIX, aunque languidece la ciudad, se construyen edificios de importancia como las iglesias de San Benito del Campo y San Miguel de los Agros,- al tiempo, las reformas urbanas y las construcciones de viviendas mantienen el carácter monumental y armónico de S. de C., organizándose bellos paseos como el de la Herradura, por lo que en líneas generales se mantiene su prístina pureza. Por fortuna, el desarrollo de la ciudad (sus 25.870 hab. en 1920 son 86.250 en 1986; y al constituirse en 1981 la Comunidad Autónoma de Galicia - v. -, S. de C. fue elegida su capital) afectó poco al casco viejo monumental, enriquecido por los Museos de la Catedral y de las Peregrinaciones.J. MA DE AZCÁRATE RISTORI.
BIBL.: R. OTERO PEDRAYo, GUÍA de Santiago de Compostela, Santiago 1943; J. FILGUEIRA VALVERDE, Santiago de Compostela. Guía de sus monumentos e itinerarios, Santiago 1950; A. BONET CORREA, Arquitectura en Galicia durante el siglo XVII, Madrid 1966; A. DEL CASTILLO, Inventario de la riqueza monumental y artística de Galicia, Santiago de Compostela 1972.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.