Santander IV. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
Es inmenso el caudal, tanto arqueológico como artístico, que en S. han ido depositando los siglos, y de manera -especial los prehistóricos. De la cultura del Paleolítica superior es famosa la cueva de Altamira (v.), a 2,5 Santillana del Mar. Descubierta casualmente en 1868 por el perro de un cazador, explorada siete años después, es en 1879 cuando Marcelino de Sautuola advierte sus pinturas rupestres (bisontes, ciervos, caballos, jabalíes, etc.), realizadas con ocres naturales, negro de humo y grasa vegetal, pero, y esto es lo más importante, con un sentido realista del movimiento animal que coloca a este yacimiento a la cabeza de toda la estética prehistórica. Por lo demás, la caverna de Altamira dista mucho de ser la única en la provincia; antes bien, se han registrado otras 50 de vario interés, como la cueva del Pendo, que ofreció el hallazgo de una venus paleolítica y del más completo bastón de mando; las cuevas del Castillo (v.) y de la Pasiega, en Puenteviesgo; las de Covalanes y El Pindal, con interesantísimas pinturas rupestres; y las de Hornos de la Peña, Mozo-Moril, El Valle (Rasines), El Salitre, Cudón, etc. Posteriores edades no pasaron sin dejar su impacto en la región, y a este propósito puede recordarse el magnífico caldero del s. v hallado en Cabárceno. Romanizada la Montaña, el mejor exponente de esta cultura es visible en los restos de la ciudad de /uliobriga (Retortillo) y en las grandes estelas discoideas, romano-cántabras, de varias procedencias.Ya en la Alta Edad Media, son muy notables dos templos mozárabes (v. MOZÁRABES II), ambos del s. X: El de S. Romún de Moroso (Bostronizo), de una sola nave, y el de S. María de Lebeña, de tres, abovedadas, una de las estructuras más típicas de este arte nacional. La arquitectura y la escultura románicas fueron tan prolíficas como en todo el Norte de la Península, y, estilísticamente, el románico montañés guarda relación con el burgalés y el palentino. El edificio más notable y completo es la colegiata de Santillana del Mar, obra del s. xii avanzado, con tres naves y tres ábsides, crucero no acusado sino por la cúpula que lo realza, y muy hermoso claustro adyacente, irregular, de canon algo pesado en la organización de sus arquerías. Otros dos templos colegiales, románicos, son el de Castañeda, asimismo de tres naves, y el de Cervatos, éste con curiosa escultura. Más edificios románicos hay en S. Martín de Elines, S. María del Yermo en Cohicillos, Silió, Bareyo, Ojedo, S. María de Piasca, de riquísima decoración, etc. Ya del s. XIII son la iglesia de Udalla, con la particularidad de su rara nave doble, y la del monasterio de S. Toribio de Liébana, y obras declaradamente góticas, los templos de la Asunción de Laredo, de S. Vicente de la Barquera -importante, en su interior, el sepulcro del inquisidor Corro, por Juan Bautista Vázquez- y el de Castro Urdiales, de proporciones catedralicias, y ejemplar si no hubiera llegado hasta nuestros días tan desfigurado y mal conservado.Si la arquitectura religiosa posterior sólo merece atención en muy contados casos, lo contrario acaece con la civil, de sólido prestigio en la Montaña desde remotos siglos. Comienza por adoptar la forma de torres, y la citada y nunca bastante elogiada localidad de Santillana del Mar nos ofrece dos ejemplos viejos, la Torre del Merino, del s. XIII, y la de los Borja, del XV. Posteriormente, la vivienda palacial montañesa, en evolución, se hace progresivamente ostentosa, y ya en el XVI, en la dicha Santillana del Mar, en Liérganes, en Quevedo, en multitud de localidades, adquiere una fisonomía de gran prestancia, a lo que contribuye la ostentación de grandes escudos. Surge posteriormente un modelo más rural, el de la casona, característico del barroco, en que la monumentalidad no se circunscribe al edificio en sí mismo, sino a su recinto y a su portalada, de los que hay óptimos ejemplos en Rubalcava, Carrejo, Quijas, Santa Cruz de Iguña, Sobremazas, etc. Todo ello de excelente factura de cantería, que motiva el éxodo de muchas familias de canteros -como los de Trasmiera- a Castilla meridional. El canto de cisne de esta arquitectura palatina rural tuvo lugar en el macizo y suntuosísimo palacio de Soñanes, en Villacarriedo, alzado de 1718 a 1722 por el arquitecto italiano Cossimo Fontanelli. La arquitectura de los s. XIX y XX ha continuado en la región montañesa la tónica nacional, pero, aun así, debe mencionarse la gestión del arquitecto Leonardo Rucabado, de Castro Urdiales (1876-1918), quien tomó a su cargo la reespañolización, o mejor dicho, la montañización de la arquitectura de su tiempo, vivificando el estilo regional comentado.La ciudad de S. no es de las más favorecidas de España en su monumentalidad, mas pese a ello conserva un monumento notable, la catedral vieja, o cripta de la existente, templo muy bajo de tres naves en cuatro tramos, ábsides embebidos, poligonales, pilares de sección cruciforme y bóvedas de crucería. Menos importante es la catedral superior, comenzada en parecida fecha, pero prolongada en el s. XVII, casi totalmente reconstruida tras el incendio de 1941, que la dañó gravísimamente. Tiene también un sencillo claustro, y, en el brazo izquierdo del crucero, el sepulcro de Menéndez Pelayo, obra de Victorio Macho (v.). Apenas si quedan en el S. actual otros monumentos viejos, como no sea la iglesia barroca -en principio, de jesuitas- de la Ascensión. Pero, en trueque, S. puede enorgullecerse de sus museos. Es uno el provincial de Arqueología y Prehistoria, muy rico por exhibir multitud de objetos de los yacimientos antes mencionados; otro, el Municipal de Pinturas, que guarda un buen retrato de Fernando VII, por Goya, y lienzos de los principales artistas montañeses. Y en las cercanías de la ciudad hay otros dos Museos, el del Real Astillero -esto es, naval y marítimo- en Guarnizo, y el Etnográfico, en Muriedas, instalado en la casa solariega de los Velarde.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: E. BREUIL y H. OBERMAIER, La cueva de Altatnlra en Santillana del Mar, Madrid 1935; A. HERNÁNDEZ MORALES, Juliobriga, Santander 1946; E. ORTIZ DE LA TORRE, La Montaña artística. Arquitectura religiosa, Madrid 1926; íD, La Montaña artística. Arquitectura civil, Santander 1927; A. HERNÁNDEZ MORALES, La cripta de la catedral de Santander, Santander 1958; J. G. RIANCHO, Leonardo Rucabado, Santander 1949; J. SIMÓN CABARGA, Guía artística de Santander y su provincia, Barcelona 1965.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.