San Juan de la Peña, Monasterio de REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
Situado en Jaca (Huesca), cerca de Atarés, al pie de una enorme roca cortada a pico en la sierra de S. Juan, una de las estribaciones de los Pirineos aragoneses, fue el monasterio benedictino más próspero del Aragón del siglo XI.De las leyendas que oscurecen sus orígenes sólo puede sacarse en limpio: sus comienzos eremíticos a raíz de la invasión musulmana; que allí buscaron refugio los guerreros en tiempos difíciles; que -según se creeéstos dieron allí comienzo a la monarquía navarro-aragonesa; que inmediatamente se establece una comunidad monástica con Transinduo (m. 874) como primer abad; que al cabo de 101 años, esta comunidad adopta la Regla de S. Benito, en tiempos de Sancho Garcés (905-925) y del abad Transirico (m. 940); que, finalmente, La Peña acepta, en 1025, la reforma de Cluny con el abad Paterno (m. 1040).A nivel documental, empezamos a pisar terreno firme en 858, fecha en que García Jiménez, señor de Pamplona, y Galindo, conde de Aragón, le anexionan el monasterio oscense de San Martín de Cillas. Este hecho nos presenta un cenobio ya constituido y hace creíble la fecha de 842 como la de la consagración de la primitiva iglesia, muy pequeña, de sólo 7 mz y con dos naves. Es el único resto mozárabe de Aragón. Se ampliará posteriormente, consagrándose el 5 feb. 922. La creciente importancia del monasterio aragonés hizo pensar en una iglesia más capaz, digna de custodiar el panteón real y de la nobleza aragonesa. Al establecer ahora la rasante principal del monasterio más elevada, la primera iglesia quedó convertida en cripta. Será el panteón abacial. Esta nueva iglesia se consagró el 4 dic. 1094 con la asistencia del legado pontificio, Amato. Es una iglesia notable por sus ábsides excavados en la peña. Poco después, en el primer tercio del s. XII, se construye el original claustro románico sin techumbre (la peña hace de techo) y de sólo dos alas que esconden sus capiteles historiados bajo la agreste bóveda natural y que es, con San Pablo el Viejo de Huesca, el único claustro con capiteles historiados.Tres hechos merecen destacarse: el papel decisivo de la Peña en la reforma cluniacense de España, su influjo en la vida eclesiástica aragonesa y su inserción en la Congregación Tarraconense benedictina.Los más ponderados especialistas dan por buena la autenticidad sustancial de los documentos que avalan el puesto clave de la Peña en el establecimiento de la reforma cluniacense en España. Sancho el Mayor (100435) busca una solución para el monasterio que guarda el sepulcro de sus mayores, ahora falto de empuje. Oye de su amigo Oliba de Ripoll (v.) la fama de Cluny y allí envía a Paterno con un grupo de la Peña a imbuirse del espíritu de Cluny. Ocurría esto en 1023. En 1025 está de regreso, y Paterno, elegido abad, introduce la reforma en la Peña, pero sin hacerle depender jurídicamente de Cluny. Así lo asegura un documento auténtico de Sancho el Mayor de 21 abr. 1025. Llegamos de este modo al apogeo histórico de la Peña. Las donaciones menudean. Briz Martínez afirma que Sancho el Mayor le había sometido de golpe 22 monasterios y que, hasta el s. xii, la Peña agrupaba bajo su dominio 65 monasterios más y 126 iglesias. Y repasando las donaciones reales hallamos que tal afirmación no debe estar muy lejos de la verdad. Baste decir que Ramiro 1 (1035-63) deja a la Peña la tercera parte de su herencia. Este potencial económico hizo de la abadía aragonesa un factor poderoso en la historia política y religiosa de Aragón. Ella será la primera en implantar en su liturgia el rito romano (22 mar. 1071).Tres hechos esclarecen la influencia de la Peña en la vida eclesiástica de Aragón: a) Se ha afirmado que en tiempos de García Jiménez, la Peña fue sede del único obispo de Aragón, lo que motivaría el paso del eremitorio a colegiata. En un ambiente de inseguridad para las diócesis colindantes con las fuerzas árabes de ocupación, esto es muy posible, y el caso similar del vecino Leyre (v.), a finales del s. VIII, así lo persuade. Pero no se puede afirmar con certeza en el estado actual de la documentación. b) En cambio tenemos mejor base documental respecto al llamado Concilio pinatense de 1062. No falta quien con desenfado hipercrítico relega este Concilio y el de Leyre de 1032 a la categoría de "patraña bien urdida". Creo, con Kehr, que es fundamentalmente histórico. Razones de seguridad obligan a convocar estas asambleas conciliares en los monasterios (Ripoll, Roda, Besalú, Leyre, la Peña). Al final de su reinado, Sancho el Mayor quiere asegurar su política eclesiástica de perfecta simbiosis monasterio-sede episcopal. Y convoca dos Concilios: uno en Leyre (1032) y otro en la Peña (1034) -posteriormente confirmados en 1068 y 1062 respectivamente-, en los que se decreta que todos los obispos de Pamplona y Aragón se elijan de entre los monjes de Leyre y la Peña. El mismo Sancho pondrá en práctica este decreto "real y pontifical" nombrando a Paterno, abad de la Peña, para la sede de Zaragoza. Y de S. J. saldrán efectivamente los obispos aragoneses hasta finales del s. xi, a excepción del infante D. García. Las anomalías de los documentos se explican por errores del copista (Sancho por Mancio) y por indudables manipulaciones de los monasterios interesados. La arqueología viene a confirmar la existencia del Concilio pinatense con la llamada "sala del Concilio". Además, inventarse un Concilio a sólo 30 años de distancia y en un documento que se exhibía como prueba de la exención monástica no es posible. c) La exención. Eclesiásticamente arranca del famoso canon 4° del Concilio de Calcedonia; monásticamente es, en España, una consecuencia de la reforma de Cluny. En la Peña se plantea por vez primera durante el episcopado del infante D. García (1076-86). A Sancho Ramírez (1063-94) le preocupaba el creciente poderío adquirido por las abadías en simbiosis con el episcopado. Y adopta la política de dividir para debilitar, sometiendo los monasterios a las sedes episcopales. La Peña lucha por su independencia, que obtiene el 18 oct. 1071 y es confirmada en 1089, 1095, 1102 y 1104. A partir de esta fecha, no obstante, el poder de la Peña se debilita.Se ha afirmado que la Peña no se adhirió a ninguna de las Congregaciones monásticas surgidas del Concilio IV de Letrán (1215) o posteriores. Esto es inexacto. Conocemos hoy lo bastante las actas de la Congregación Tarraconense hasta 1661, para saber que la Peña perteneció a dicha Congregación desde primera hora. Y en ella permanecerá, , pese a las tentativas efectuadas en tiempo de los Reyes Católicos para integrarlo en la de Valladolid, hasta su desaparición el 18 ag. 1809 en virtud del decreto de José Bonaparte de supresión de las órdenes religiosas. Dentro de la Tarraconense, la Peña juega un papel de segundo orden. Únicamente cabe destacar como figuras de algún relieve a los abades: Martín Peris de Oliván, presidente de Aragón durante todo su abadiato (1553-65); Juan Fenero, su sucesor, en cuyo tiempo (1565-92) tuvo lugar la rebelión de algunos monjes contra su abad; el historiador J. Briz Martínez (1610?33), presidente por Aragón durante gran parte de su abadiato y persona de prestigio dentro de la Congregación; el abad Santa Fe, que dio más de un quebradero de cabeza a los capitulares de 1636 con su pretendida reforma monástica. Poco después, tiene lugar el tercer incendio del monasterio (24 feb. 1675). En su lugar, se edificó otro de nueva planta en una planicie alta, soleada y más sana que el emplazamiento primitivo. Se terminó en 1714 en estilo francamente barroco. La obra se costeó con las rentas de la abadía, vacante durante 42 años. En 1809 fue incendiado por los franceses, lo que puso punto final a la comunidad monástica de San Juan de la Peña, de diez siglos de existencia. La iglesia se reconstruyó en 1828. Este segundo monasterio es de escaso valor arquitectónico.J. GÓMEZ GÓMEZ.
BIBL.: J. BRIZ MARTÍNEZ, Historia de la fundación y antigüedad de San Juan de la Peña, Zaragoza 1620; A. YEPES, Coronica general del Orden de San Benito, III, Irache 1610, fol. 7-16; J. ALDEA, Descripción métrica de la fundación real del monasterio de San Juan de la Peña por los santos Voto y Félix, Zaragoza 1747-48; A. CASAUS Y ToRRES, San Juan de la Peña, Madrid 1806; A. MAGALLON, Colección diplomática de San Juan de la Peña, Anexo a "Rev. de Arch. Bibl. y Museos", 1903-04. Para la bibliografía posterior a 1907 ver Bulletin d’histoire bénédictine, suplemento bibliográfico de "Revue bénédictine", Maredsous 190771, 8 vol. Completar con: 1. RAMOS LOSCERTALEs, La formación del dominio y los privilegios del monasterio de San Juan de la Peña entre 1035 y 1094, en "Anuario de Hist. del Derecho Español" 16 (1929) 5-107; R. DEL ARco GARAY, Catálogo monumental de España. Huesca, 2 vol. Madrid 1942, 1,310-323; 1,778-803 y 867-870; P. KEHR, Papsturkunden in Spanien. 11. Navarra und Aragón, Berlín 1928, 101-104; ¡D, El Papado y los reinos de Navarra y Aragón hasta mediados del s. XII, en Estudios de E. M. de la Corona de Aragón, II, Zaragoza 1946, 74-186; A. UBIETo ARTETA, La introducción del rito romano en Aragón y Navarra, "Hispania Sacra" I (1948) 299-324; íD, El libro de San Voto, ib. III (1950) 191-204; F. BALAGUER, Los límites del obispado de Aragón y el Concilio de laca de 1063, en Estudios de E. M. de la Corona de Aragón, IV, Zaragoza 1951, 69-138; A. DURÁN GUDIOL, La iglesia de Aragón durante el s. XI, ib. 7-68; A. UBIETo ARTETA, Colección diplomática de Pedro 1 de Aragón y Navarra, Zaragoza 1951; F. OLIVAR BAILE, San Juan de la Peña. Arte, geografía e historia..., Zaragoza 1952.
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