Románico, Arte ARTE
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Arte
A mediados del s. XI, y como culminación del proceso evolutivo que se ha ido señalando en el periodo prerrománico (v.), surge el r., primer estilo internacional de la Europa cristiana. Corresponde al s. XII su máximo desarrollo, manteniéndose posteriormente en algunas regiones de Europa durante los s. XIII y XIV.El nuevo estilo es la resultante de una aportación internacional, ya que todos los ensayos del prerrománico contribuyen a su creación. En su génesis y desarrollo tiene una importancia capital la Orden benedictina, fundamentalmente el monasterio de Cluny (V. CLUNIACENSE, ESTILO), sin que pueda desconocerse la intervención de otras órdenes religiosas, como la de S. Agustín. En su creación y difusión es un factor primordial el fomento de las peregrinaciones (v.), por lo que ha podido afirmarse acertadamente que el r. es el "arte de los caminos de peregrinación". Estos caminos, que poderosamente contribuyen a la unidad cultural europea, confluyen en tres puntos principales. En primer lugar se ha de considerar los caminos que cruzan de N a S la península italiana, pasando por Roma y Montecasino, hasta alcanzar Brindis¡, desde donde los peregrinos embarcaban para Tierra Santa. Gran importancia tiene la ruta española que, cruzando el centro de Francia y toda la meseta castellana, conducía a la tumba del apóstol Santiago en Compostela, ruta que es fundamental tanto para la creación como para el desarrollo del r. y que es uno de los grandes caminos en torno al cual se desarrolla la cultura europea. En tercer lugar hay que considerar los caminos que confluyen al monasterio del Mont-Sannt-Michel, en la costa de Bretaña.Aparte de la evolución derivada de la dinámica de las formas creadas en el s. XI, hay que tener. presente en todo momento las influencias bizantina e islámica, que contribuyen poderosamente a su desarrollo. Como precedente, más bien ensayo fallido, tenemos el llamado "primer arte románico", cuya evolución se puede seguir desde fines del s. IX en una amplia zona que se extiende desde Dalmacia a Cataluña y desde el Norte de Italia a los valles del Rin y del Mosa. Son iglesias generalmente de una o tres naves, de sillarejo, con arcos de medio punto sobre toscos pilares o columnas y que únicamente cubren con bóveda su cabecera; al exterior es muy característica la decoración con bandas verticales y arquillos rematando los muros, característica que se mantiene en el r. lombardo. Entre las numerosas iglesias conservadas se pueden citar las de S. Cecilia de Monserrat, S. Martín del Canigó, S. Pedro de Roda y, fundamentalmente, la de S. María de Ripoll (V.).1. Arquitectura. La arquitectura r. se caracteriza por el empleo de muros de sillería bien aparejada; pilares compuestos, es decir, pilares con columnas adosadas;arcos de medio punto y cubierta de bóveda. Se utilizan fundamentalmente las bóvedas de arista y de cañón, esta última dividida en tramos por los arcos fajones o perpiaños; estos arcos, al mismo tiempo que fragmentan la bóveda en espacios independientes, sirven de apoyo al casco de la bóveda que descansa sobre ellos, contrarrestándose sus empujes exteriormente mediante contrafuertes adosados al muro. Se crea así una arquitectura articulada en la que cada elemento desempeña una función constructiva (V. ARQUITECTURA III).
El espesor de los muros y la estructura de la bóveda determinan una escasez de vanos, que se abren siempre en arcos de medio punto, generalmente doblados, es decir, un arco dentro de otro reforzándolo, o moldurados mediante pequeños arcos concéntricos que son las arquivoltas. Una de las características fundamentales de la concepción arquitectónica es la integración de la escultura y la pintura en el edificio. Estas iglesias suelen ser de planta de cruz latina, con crucero acusado en planta o en alzado y cabecera con capillas de planta semicircular precedida de un tramo recto; son muy características las cabeceras de las iglesias de peregrinación con girola que da vuelta por detrás del altar mayor. Es frecuente que debajo de la capilla mayor se disponga una cripta abovedada con columnas y pilares.El problema de contrarrestar los empujes de la bóveda de la nave central y resolver al mismo tiempo los problemas de iluminación determina diversos tipos de iglesias en los modelos de tres naves, ya que en los de una nave la iluminación es directa por los ventanales laterales. La igualdad de altura entre las tres naves hace que las iglesias sean muy oscuras, lo que obliga a elevar la bóveda de la nave central para abrir ventanas sobre las bóvedas de las naves laterales, iniciándose así una tendencia a la altura, que culmina en el gótico (v.). En las iglesias de peregrinación es frecuente la disposición de una tribuna que ocupa todo el ancho de las naves laterales, abriéndose a la nave central mediante el triforio. En algunas iglesias se colocan ventanas por encima de los huecos del triforio, con lo que el sentido de verticalidad se hace muy acusado. En este caso, como ocurre en el arte de influencia de tipo normando, por encima del triforio y a un nivel inferior de las ventanas, se dispone el andito, pasadizo muy estrecho que recorre interiormente el templo horadando los pilares. En el crucero se suele colocar un cimborrio para iluminar más extensamente esta parte del templo; a los pies se sitúan las torres que encuadran la fachada; se crea así un atrio que correspondería al nártex de la basílica primitiva.Son escasas las iglesias de planta poligonal, inspiradas en el modelo del Santo Sepulcro, y también las iglesias de planta de cruz griega de influencia bizantina. La tradición clásica se mantiene en los escasos ejemplos conservados de la arquitectura militar (v. TEMPLO V).a) Francia. La importancia de Francia en la creación y difusión del estilo r. es evidente. Los precedentes que se hallan en algunos modelos y aspectos de la arquitectura carolingia son fundamentales (v. CAROLINGIOS II), así como la existencia de la abadía de Cluny (v.) es, como queda dicho, esencial. Abundantes testimonios certifican la fiebre constructiva en la Francia del s. XI, según escribe el cronista benedictino Raúl Glaber, testigo de esta renovación arquitectónica cuando toda Francia se revistió de "la vestidura blanca de las iglesias". En el s. XI se citan como ejemplos que en diverso grado suponen la iniciación del estilo la construcción de la abadía de Cluny II, desaparecida al construir la tercera a fines del siglo, y las iglesias de S. Benigno de Dijon, de S. Filiberto de Tournus, de S. Martín de Tours y de Saint Benoit-surLoire, de capital importancia.En el s. XII adquiere la arquitectura r. francesa un espléndido desarrollo, del que son testimonio los numerosísimos ejemplos conservados. Esta abundancia de monumentos y la persistencia de algunas características en zonas determinadas han aconsejado su clasificación en atención a la distribución geográfica, aunque ciertamente esta estructuración no supone que en una misma región no haya edificios de diversos tipos. Sobresale la región de Borgoña, donde se distingue un grupo de iglesias caracterizadas por las ventanas sobre triforio, como en la gran abadía de Cluny, en la de Paray le Monial y en S. Lázaro de Autun, en la que interesa señalar la influencia clásica que se evidencia en sus elementos arquitectónicos. Más sencillo es el modelo representado por la iglesia de la Magdalena de Vézelay, con la nave central cubierta con bóvedas de arista e iluminada por ventanas que se abren directamente sobre los arcos de comunicación con las naves laterales; modelo que se repite en S. Martín y S. Lázaro de Avallon. Un tercer tipo borgoñón se caracteriza por la tendencia a la igualdad de altura entre las tres naves, lo cual ejercerá gran influencia en los primeros modelos cistercienses como vemos en la abadía de Fontenay y en la iglesia de Nuestra Señora de Chátillon-surSeine (v. CISTERCIENSE, ESTILO).En la zona central de Francia proliferan las iglesias que tienden a la igualdad de altura entre las naves, y a la colocación de una torre sobre el crucero, así como a la decoración imbricada en las torres, que suelen tener torrecillas angulares, como vemos en Nuestra Señora de Poitiers y en las iglesias de Limoges. En Auvernia, como en la zona del Midi, vemos el tipo llamado de peregrinación, caracterizado por la disposición de una amplia tribuna encima de las naves laterales, abierta a la nave central mediante el triforio, cabecera con girola y torres en el crucero y en la fachada, como en Santa Fe de Conques y en S. Saturnino de Toulouse. En Provenza se acusa la fuerte influencia clásica, evidente en la decoración escultórica, y se difunde el tipo de naves estrechas, cubierta la central con bóveda de cañón semicircular o apuntada, y con cuarto de cañón las laterales. Son características las de S. Trófimo de Arlés y la de Saint-Paul-TroisCháteaux.Particular interés tienen las iglesias del Périgord y del Angoumois por el empleo sistemático de la cúpula sobre pechinas, de influencia bizantina, según vemos en la de Saint-Front de Périgueux, en Cahors y en la catedral de Angulema, y a veces se sustituyen las pechinas por trompas, irradiando hacia el Poitou, como en S. Hilario de Poitiers. Las iglesias normandas ofrecen una cronología muy temprana y tienen una importancia excepcional en razón de la influencia que ejercen en Inglaterra, Sur de Italia y en el Mediterráneo oriental. Se emplea la cubierta de madera que muy pronto se sustituye por la bóveda de ojivas, se alternan los pilares y las fuertes columnas como soportes, y en alzado se organizan con un andito y una ventana sobre el triforio; asimismo se crea el prototipo de fachada, con dos torres cuadradas flanqueándola. Las iglesias de S. Esteban y la Trinidad de Caen son particularmente representativas, así como la famosa abadía de lumiéges.b) Inglaterra. La arquitectura r. inglesa se halla en íntima relación con la escuela francesa de Normandía, a la que a veces supera por la extraordinaria amplitud del programa constructivo. El tipo más difundido es el de basílica de tres naves, amplio crucero, que se acusa fuertemente en planta, y cabecera rectangular de gran desarrollo, con un gran ábside flanqueado por otros. Son representativas las iglesias abaciales de Westminster (v.) y S. María de York, así como las catedrales de Ely, de Canterbury y de Durham, de especial interés esta última por el empleo en fecha muy temprana de la bóveda de ojivas. La influencia inglesa se refleja en las construcciones noruegas, según se percibe en las catedrales de Trondheim, en S. María de Bergen y en Stavanger.c) Italia. La persistente influencia de tradición clásica imprime un particular carácter a la arquitectura r. italiana. Notas comunes a las diversas escuelas son la preferencia por el plan basilical, sin girola, la disposición de la torre y el campanario independientes, la escasez de esculturas en las portadas, la colocación de una amplísima cripta en el presbiterio y la tendencia a la horizontalidad.La escuela lombarda es la de mayor interés tanto por la influencia que ejerce en la propia Italia como más allá de los Alpes. Se caracterizan las construcciones de esta escuela por los arquillos y bandas decorativas que ornamentan sus muros y por la disposición de pórticos avanzados que descansan en dos leones o figuras humanas. S. Ambrosio de Milán, S. Miguel de Pavía, S. Zenón de Verona y las catedrales de Parma, Módena y Ferrara son monumentos representativos. En Toscana sobresale el grupo de Pisa, caracterizado por el empleo sistemático del mármol como material constructivo; se concede valor a la columna como elemento de sostén o con finalidad decorativa. El conjunto de la catedral, campanario, baptisterio y camposanto de Pisa constituye uno de los monumentos estelares de la arquitectura medieval. Su influencia se percibe en toda la Toscana y regiones limítrofes, y así lo vemos en Lucca, Pistoia y Florencia, donde en la iglesia de S. Miniato al Monte se advierten ya notas prerrenacentistas.En el Lacio es característica la decoración del estilo llamado "cosmatesco", que se consigue con teselas de mosaicos de diversos colores, ornamentándose con ellas los elementos arquitectónicos, según vemos en los claustros romanos de S. Pablo Extramuros y S. Juan de Letrán, y en diversos lugares de las basílicas de S. Lorenzo Extramuros y S. María in Cosmedin. En Italia meridional confluyen las influencias bizantina, normanda y árabe, que originan el peculiar estilo sículo-normando, fundamentalmente representado por la capilla palatina de Palermo, las catedrales de Cefalú y Monreale, la Martorana de Palermo y las iglesias de S. Cátaldo y S. Juan de los Eremitas, también en Palermo, en las que se evidencia el fuerte orientalismo.d) Alemania y otros países. La arquitectura r. alemana surge casi sin solución de continuidad respecto a las grandes construcciones de la última fase del periodo otoniano, acusando una doble influencia, la cluniacense de una parte y, de otra, la constante relación con los modelos italianos. Se caracterizan por el gran monumentalismo de sus programas constructivos, por la proliferación de torres, en fachada y cabecera, la disposición del llamado cuerpo occidental contrapuesto al presbiterio, la articulación de muros con bandas y arquillos y la tendencia a cubrir con madera la nave central. Sobresalen las iglesias de S. Miguel y S. Gotardo de Hildesheim, la abadía de S. María de Laach, muy íntimamente ligada a soluciones borgoñonas, y las iglesias que integran la llamada escuela de Hirschau, en Suabia, que mantiene la tradición de la gran basílica paleocristiana. No obstante, quizá el grupo más representativo sea el renano, al que pertenecen las monumentales catedrales de Spira, Worms y Maguncia. También debe recordarse el grupo de iglesias de Westfalia, que tiende a la igualdad de altura entre las naves, como en S. Bartolomé de Paderborn y la catedral de Herford y, por último, los edificios en ladrillo del Norte de Alemania.La influencia germánica se extiende hacia Suecia y Dinamarca, según se percibe en la catedral sueca de Lund y las danesas de Ribe y Viborg, así como en la proliferación de construcciones en ladrillo. Tanto en Suiza como en los Países Bajos se funden las influencias francesas y alemanas, debiéndose tener presente también los modelos italianos en los edificios suizos, como en las catedrales de Basilea y Zurich. En Holanda sobresalen las catedrales de Utrecht, con interesante cripta, y la de Maestricht, en la que es evidente la influencia germánica en la disposición de la cabecera con ábsides flanqueados por torres; en Bélgica es representativa la catedral de Tournai.e) España. La arquitectura r. española ofrece un gran interés en el s. xI, pues, devastado el país por la invasión islámica, la necesidad de construir los edificios que han de integrar la ruta de Santiago determina que sea propiamente una tierra de ensayos (v. CAMINO DE SANTIAGO ii). En este sentido el interés de la arquitectura r. española es grande, aunque los programas constructivos franceses la superen en calidad y número. De otra parte, la presencia de la civilización musulmana ha de ser una fuente constante de inspiración para determinados aspectos, y la riqueza de prerrománico español es un factor determinante en la configuración de la arquitectura románica.En el s. xi se inician las fórmulas r. con las criptas de S. Antolín de Palencia, Leyre y Loarre. Pero propiamente el estilo r. se jalona a partir de 1060, en torno a la obra de la catedral de laca, que irradia su influencia por todo el Alto Aragón; mientras que en Castilla la iglesia de Frómista (Palencia) recoge y sintetiza ensayos, como en S. Isidoro de León, cuyo Panteón es de fundamental importancia. Culmina esta iniciación del r. hispánico con la construcción de la catedral de Santiago de Compostela, iniciada en 1075, cuya influencia es decisiva para todo el r. europeo. En el s. xii proliferan los ejemplos r.; se crean numerosas escuelas, entre las que sobresalen algunas por sus peculiares características. En Castilla son muy representativas las iglesias con pórtico lateral, iniciadas con las de Sepúlveda (Segovia) y San Esteban de Gormaz (Soria); alcanzan especial difusión en la escuela segoviana, entre las que destacan las de S. Millán, S. Martín y S. Esteban, esta última particularmente importante por su bellísima torre.La influencia oriental se acusa fuertemente en el Duero, según vemos en las iglesias sorianas de S. Juan de Duero y de S. Juan de Rabanera, como en la de S. Miguel de Almazán. Orientalismo que evidentemente es un factor esencial en la creación de la cúpula gallonada sobre pechinas que tiene su primer modelo, en el tercer cuarto del siglo, en la catedral de Zamora, y que se funde con influencias aquitanas en la catedral vieja de Salamanca, en la colegiata de Toro y en la sala capitular de Plasencia. En la escuela catalana, la influencia del r. benedictino cluniacense se funde con la tradición del primer arte r., y asimismo se acusa la influencia oriental. Son ejemplos característicos la catedral de Seo de Urgel, la iglesia de S. Pablo del Campo de Barcelona, y los claustros de S. Cugat del Vallés, de S. Pedro de Galligans y de la catedral de Gerona.f) Portugal. Se refleja la influencia del r. compostelano en la catedral de Coimbra, y, en menor grado, en las catedrales de Braga y Évora. Ofrecen interés peculiar el santuario de Thomar de los Templarios, la iglesia de ladrillo de Castro de Avelas (Braganza), y las iglesias rurales de S. Claudio de Nogueira, S. Pedro de Rates y la de Palo de Sousa.2. Escultura. Una de las características fundamentales del arte r. es la creación de la escultura monumental, que se integra en el edificio formando parte de él. Después del predominio de la tradición anicónica, el r. vuelve a dar a la escultura un valor importante para la educación y la expresión religiosa. Surge la escultura monumental a mediados del s. xi y lentamente se crea la estética que la caracteriza. Se redescubre la técnica para la que las obras en marfil, los códices y las obras de artes aplicadas prerrománicas han de ser fuentes constantes de inspiración. El problema fundamental surge cuando se trata de la incorporación de esta escultura al edificio, pues se requiere su total integración en la arquitectura para que constituya un todo armónico. La escultura se ajusta a la forma arquitectónica y, en cierto modo, está determinada por ella, de ahí que se agrande, se acorte, se pliegue o se estilice, según el lugar que ha de ocupar. De esta manera las figuras se rigen por unos principios que nada tienen que ver con las normas del clasicismo antiguo. Así no es extraño ver, p. ej., en los capiteles monstruos de una sola cabeza para dos cuerpos, obligado el escultor a situar un punto saliente en uno de los ángulos del capitel.Hallada la técnica y establecidos los principios de esta acomodación al marco de la forma escultórica es preciso renovar las fuentes iconográficas. El escultor r. se sirve de los textos sagrados que se enriquecen con los relatos apócrifos ampliamente utilizados; surgen las historias de santos inspiradas en los martirologios de cada iglesia o, en sentido más amplio, tomando como base los menologios bizantinos, que aprovechan las historias y leyendas locales; y para el mundo del monstruo se utilizan ampliamente los relatos fantásticos y los bestiarios, de lejana inspiración clásica, conocidos en Occidente a través de la cultura islámica. Fuente inapreciable para la iconografía son los tratados teológicos y los sermones, cuyas metáforas e imágenes poéticas se convierten en forma escultórica y es en donde estriba fundamentalmente la dificultad en la interpretación de muchas de estas obras.La escultura r. está fundamentalmente regida por el principio de valoración del contenido, es decir, la supremacía del valor expresivo sobre la bella apariencia formal. En ningún caso se puede estimar que la escultura cumple una función primordialmente decorativa en el templo, sino que ha de ser considerada desde un punto de vista de ilustración o expresión. Es justamente esta primacía absoluta que se otorga al contenido expresivo lo que justifica las aparentes deformidades y la propia existencia de la escultura. Pues si unas veces interesa expresar la belleza de las verdades de la fe, otras adquiere un verdadero carácter polémico al dar forma a los aspectos heterodoxos que deben ser combatidos o que pueden ser causa de herejía.Este contenido doctrinal de la escultura si merma la libertad del escultor como artista es evidente que, dado su carácter intelectual, es una fuente esencial para adentrarnos en el pensamiento y en la ideología de la intelectualidad religiosa del momento. Asimismo el predominio del pensamiento teológico en relación con la común fe cristiana si a veces va en detrimento de la popularidad de su interpretación, dada la complejidad de las ideas que se quieren expresar, en todo caso habla en un lenguaje universal común a toda la cultura europea, en lo que radica en buena parte la homogeneidad de todo el r. europeo.Los orígenes de la escultura r. no se pueden precisar en una región o lugar concreto, al igual que ocurre en la arquitectura, pues simultáneamente surgen las primeras obras en diversos lugares de Europa.a) Francia. Ofrece Francia el más rico conjunto de la escultura r., con obras magistrales. Al s. XI, en la iniciación del estilo, corresponden los relieves de Selles-sur-Cher, los capiteles de Saint Benoit-sur-Loire y los de la girola de Cluny. Es en el s. XII cuando se distinguen numerosas escuelas y cuando la escultura r. francesa adquiere un espléndido desarrollo. Destacan cuatro tímpanos, representativos de otros tantos talleres, de los que irradian diversos centros locales. En Moissac, el tímpano con la visión de la Gloria se inspira en una miniatura mozárabe, como de la misma manera es también la miniatura fuente de inspiración para el tímpano de la Magdalena de Vézelay, con el tema de la misión de los apóstoles; los tímpanos de S. Lázaro de Autun y de S. Fe de Conques se dedican al tema del Juicio Final; es particularmente importante el primero, debido al escultor Gislebertus, mientras que el segundo ofrece para la escultura española gran interés por sus relaciones con Santiago de Compostela.Entre los numerosísimos talleres y esculturas conservadas representativas de las diversas tendencias del r. francés son especialmente importantes el tímpano de S. Saturnino de Toulouse, con el tema de la Ascensión del Señor, íntimamente relacionado con los talleres leoneses; el bello relieve de Eva, en Autun, imagen prototípica de la estética r.; los talleres de Arlés, que acusan la influencia clásica, en estrecha relación con Italia; los talleres de Normandía por su característica tendencia a la abstracción geométrica; y, a mediados del s. xti, el taller de Chartres, cuyo Pórtico Real supone el tránsito a un nuevo concepto estético claramente pregótico.b) Italia. La península italiana ofrece una serie de centros de vital importancia en el desarrollo del r. Destaca a fines del s. xi el taller creado en la Apulia, en torno a Bar¡, con el escultor Wiligelmo, que crea el tipo de trono con atlante, o figura sosteniéndolo, que se repite en púlpitos y candelabros. Este taller se relaciona con el que se crea poco después en Módena, uno de los grandes centros de la Lombardía, donde trabaja el maestro Guillermo. En esta fructífera escuela es preciso señalar la importancia de S. Miguel de Pavía, donde todavía no se percibe una integración de la escultura a las formas arquitectónicas.En el s. XII trabaja en la zona de Parma uno de los más grandes escultores del románico, Benedetto Antelami, que interviene en las esculturas de la catedral y del baptisterio, así como en la catedral de Fidenza, y cuya influencia ha de ser decisiva para la evolución de la escultura italiana. Junto a otros numerosos ejemplos, todos impregnados de clasicismo, se ha de recordar el taller de Campania, donde se inicia un prerrenacimiento inspirado directamente en los mármoles de la Antigüedad; y, por último, el magnífico conjunto de puertas en bronce, como las de Pisa, Monreale y de S. Zenón de Verona, que enlazando con la tradición bizantina suponen la renovación de una técnica que ha de culminar en el s. XV.c) Alemania. Se inicia la escultura r. alemana con las puertas en bronce del s. xt de Hildesheim, directamente ligadas al arte otoniano, cuya influencia se percibe hasta bien avanzado el s. XI. La escultura r. monumental aparece en fecha bastante tardía, en la que se reconoce la influencia de los modelos lombardo y borgoñones, que se funden con las que se reciben del arte bizantino. Sobresalen las Bienaventuranzas de S. Miguel de Hildesheim y la magistral Virgen en S. María del Capitolio de Colonia, y por su colosalismo el Descendimiento de Extern. A principios del s. XIII, la escultura monumental alemana adquiere mayor importancia; destacan la Puerta Dorada de Freiberg y las estatuas funerarias de Enrique el León y su mujer Matilde, en la catedral de Brunschwich. La influencia de la estética r. ha de ser una de las características esenciales de la escultura gótica alemana del s. XIII.d) Inglaterra. Entre los escasos ejemplares de la escultura r. inglesa sobresalen la portada de la iglesia de Kilpeck; la de la catedral de Ely, con el tema del Pantocrator; los relieves de la catedral de Winchester, con los ángeles de la leyenda de S. Nicolás; los relieves de la catedral de Chichester, con escenas evangélicas; el tímpano de Malmesbury, que recuerda al de Moissac; y la bella y tardía portada occidental de Rochester, de la época de transición, como los relieves evangélicos del museo de la catedral de Durham.e) España. La escultura r. española tiene una importancia fundamental singularmente en loss y en la transición del estilo. En la iniciación del r. destaca la escuela catalana, con los dinteles de Saint Genis les Fons, y de S. Andrés de Sureda, los relieves de Arlés-sur-Tech y la obra del maestro Serrabona. En la segunda mitad del s. XI sobresale el taller de León con el conjunto de marfiles, al que pertenecen como piezas señeras el magnífico Crucifijo de D. Fernando y Da Sancha y la arqueta de S. Isidoro, que muestran la fuerte influencia mozárabe; simultáneamente, también en torno a principios del último tercio del s. XI, se crea el taller de marfil de S. Millán de la Cogolla, que, como el de León, constituye un capítulo esencial en la creación de la escultura románica.En el último cuarto del s. XI sobresale el taller de laca, con el magnífico tímpano en el que se representa el crismón trinitario, que hemos de ver en numerosas iglesias aragonesas y del camino de Santiago, como de la misma manera los capiteles de esta catedral de laca y los relieves del sepulcro de Da Sancha han de influir poderosamente en las esculturas de Huesca, S. Juan de la Peña, Alquézar, Siresa, Sos, etc. Casi simultáneamente se crea un taller en S. Isidoro de León que tiene en los capiteles del Panteón, en el tímpano del Cordero, en los capiteles de la iglesia y en la Puerta del Perdón las obras más representativas, que reflejan la influencia tanto de los talleres de marfiles como de las esculturas de Santiago de Compostela y laca. La influencia de este taller leonés se difunde a lo largo del camino de Santiago, y se extiende por Castilla, alcanzando Ávila. En la catedral de Santiago de Compostela (v.) se concentran los esfuerzos en esta primera fase del r., que se concreta fundamentalmente en la erección de la Puerta de las Platerías, terminada en 1104, en la que se desarrolla un complejo programa iconográfico de los más representativos del r. En esta portada, bajo la dirección del llamado Maestro de las Platerías, quizá el maestro Esteban, trabajan diversos escultores que reflejan las tendencias que informan numerosas obras del camino de Santiago -Toulouse, Conques, Pamplona, Frómista y León, principalmente- que se convierten en centros irradiadores, sentando las bases de la uniformidad del románico.En Castilla, uno de los centros fundamentales y quizá el más representativo es el discutido claustro de S. Domingo de Silos (v.), donde desde fines del s. xi hasta principios del xrir se puede seguir la actividad de diferentes escultores con los que se relacionan la mayor parte de los maestros castellanos de la Meseta. Sobresalen como los más característicos el primer maestro de los capiteles, que refleja la fuerte influencia islámica, y el maestro del Santo Entierro, uno de los más característicos de la estética románica. Particular interés tiene la escuela vasco-navarra; florece un taller muy representativo en Estella, cuya influencia se percibe en tierras alavesas, según se advierte en las esculturas de Armentia; y el taller de Sarigüesa, cuya magnífica portada, ya de fines del r., es una muestra clara del eclecticismo característico que da vida al arte del camino de Santiago. En la escuela catalana del s. XI i sobresale la gran portada de Ripoll, con iconografía inspirada en las Biblias catalanas, y el sentido naturalista, ya de transición al gótico, que aflora en los capiteles de S. Cugat del Vallés y de las catedrales de Gerona y Tarragona.La escultura castellana adquiere de nuevo importancia en el último tercio del s. XII, merced al trabajo de unos escultores que enlazan con la estética gótica. Es figura esencial, y uno de los más grandes escultores medievales, el Maestro Mateo (v.), a quien se debe el magistral Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, una de las más bellas y geniales creaciones del arte medieval. Con él se relaciona el Maestro Fruchel, que trabaja en Ávila, también conocido como Maestro de S. Vicente, a quien se deben la portada de esta iglesia y el sepulcro de los santos Vicente, Sabina y Cristeta. Un tercer maestro, el de la Cámara Santa de Oviedo, sirve de enlace entre estos dos grandes escultores, así como los Maestros de Carrión de los Condes y de la Anunciación de Silos reflejan la influencia y la difusión de estas formas, protogóticas, por tierras castellanas.f) Portugal. La influencia gallega se funde con elementos borgoñones, constituyendo la raíz de la escultura portuguesa. Son muy característicos los capiteles de la catedral de Coimbra y algunas tumbas como la de Pago de Sousa.g) Imaginería. En este periodo proliferan las esculturas exentas, ejecutadas en madera generalmente. Sobresalen las Maiestas Domini, también conocidas por Majestad o Cristo-Majestad, es decir, el Cristo triunfante en la Cruz con cuatro clavos, túnica y corona real. Paralelamente se multiplican las imágenes de la Virgen con el Niño, hieráticas y solemnes, entronizadas, sirviendo de asiento a la divinidad. Entre otro tipo de imágenes conviene señalar la importancia de los grupos escultóricos del Descendimiento, como el de S. Juan de las Abadesas y el de Erill la Vall.3. Pintura. La influencia bizantina, que se recibe fundamentalmente en Europa a través de los monasterios italianos, constituye el factor esencial para la creación y el desarrollo de la pintura r. Los modelos y la estética bizantinas irradian desde Italia por toda Europa, que bien es recibida directamente o bien transformada por los cluniacenses con la introducción de elementos tomados de la tradición prerrománica, creándose, por tanto, las bases para una diversificación de escuelas. La iglesia r. se concibe para ser íntegramente decorada con pinturas, en lo que en líneas generales se sigue la tradición bizantina; preside todo el conjunto el Pantocrator con el tetramorfos en el ábside, sustituido a fines del r. por la Virgen con el Niño; en niveles inferiores y lugares diversos de la iglesia se sitúan la Virgen, santos, escenas evangélicas o bíblicas, alegorías y otros temas o decoraciones que contribuían poderosamente al impresionante aspecto del conjunto, del que únicamente nos podemos dar una idea a través de los escasos ejemplos conservados. De esta manera la pintura daba unidad y sentido alegórico al interior de la iglesia y se hallaba en íntima relación con los programas iconográficos desarrollados. En ella se da primacía a la significación, al símbolo y al carácter intelectual de la representación.a) Francia. A través de los escasos restos conservados se pueden distinguir dos estilos, uno en el que predomina el carácter más popular, dándole un mayor sentido narrativo y expresivo a las representaciones, alejándose en cierto modo de la influencia bizantina, según se advierte en las pinturas de Saint-Savin-sur-Gartempe, Montmorillon, Montoire, Vic y S. Hilario de Poitiers. Un arte superior reflejan las pinturas de Berzé-la-Ville, como las de la cripta de la catedral de Auxerre.b) Italia. Es esencial la labor ejercida por los monasterios benedictinos, sobre todo por el de Montecasino. Es obra maestra el magnífico conjunto de S. Angelo in Formis, cerca de Capua, de fundamental importanciá por las íntimas conexiones que muestra con el arte europeo. Un arte más evolucionado y con mayor sentido narrativo se advierte en los frescos de S. Urbano alla Cafarella, pudiéndose seguir una evolución hacia las formas que han de ser características de la pintura gótica a través de las pinturas de S. Clemente de Roma y de la capilla de S. Silvestre en la iglesia de los Santos Coronados, de Roma. En esta línea de ruptura con el bizantinismo son representativas las pinturas de Espoleto y las del palacio público de S. Gimignano.En el Norte de Italia, las influencias venecianas y ravenaicas son factores determinantes. Sobresalen las pinturas de S. Vicenzo in Galliano, a las que siguen en importancia las de S. Pietro di Civate y las del baptisterio de Parma, que acusan la influencia de la evolución neohelenística de la pintura bizantina. Son muy importantes las obras en miniatura (v.), fundamentalmente los Exultet, rollos de pergamino usados en los monasterios benedictinos del Sur de Italia, de fuerte influencia bizantina.c) Alemania. La pintura r. alemana presenta una cierta complejidad derivada de los factores que intervinieron en su creación. En relación con obras borgoñonas se sitúan los frescos de Schwarzrheindorf, mientras que se acusa una tendencia más narrativa y expresiva en los de S. Jorge de Oberzell y los de Reichenau; se advierte la transición al gótico en los de la catedral de Brunswich y los del coro de la iglesia de Goslar. Sobresalen también importantes escuelas de miniaturistas; destacan las del monasterio de Rupertsberg, de Salzburgo y de Colonia.d) Inglaterra. La influencia benedictina se acusa particularmente en los frescos de la capilla de S. Anselmo de Canterbury, así como en varios restos en Sussex; el carácter expresivo que linda con lo grotesco caracteriza algunas obras como el Purgatorio de Chaldan. Ya de la transición al gótico son los frescos de la capilla del Santo Sepulcro de la catedral de Winchester, donde radicó una magnífica escuela de miniaturistas de las más importantes del arte r., destacando la famosa Biblia, y con la que compiten las obras de los escritorios de Saint Albans y Canterbury.e) España. Es donde se encuentran los ejemplares mejor conservados de la pintura; se distinguen dos grupos fundamentales: el catalán y el castellano.La escuela catalana, cuyos ejemplares más característicos se hallan en el Museo de Arte de Cataluña, nos ofrecen en su conjunto la fusión de la predominante influencia ítalo-bizantina, con las que informan las diversas producciones del r. en el Sudoeste de Francia y en el Norte de Italia, señalándose en ocasiones un provincialismo de carácter rústico e ingenuo, particularmente en la pintura sobre tabla, en lo que, con frecuencia, estriba su principal encanto.El maestro más acusadamente bizantino es el de Pedret, que en líneas generales responde al tipo benedictino iniciado en el Sur de Italia, y con el que se relacionan las pinturas de Orcau, Estahón y muy especialmente las de Esterri de Cardós, estas últimas en relación con las pinturas del grupo lombardo, fundamentalmente con los frescos de S. Vicenzo en Galliano. La obra maestra de este grupo ítalo-bizantino es el conjunto de pinturas de S. Clemente y S. María de Tahull, la primera con magnífica representación del Pantocrator en el ábside y estilizada Virgen con los Apóstoles en la faja interior, y la segunda con el tema de la Adoración de los Reyes Magos en el ábside, en sustitución de la normal representación del Pantocrator, como se repite en S. María de Esterri de Aneu. Otro maestro importante y representativo de esta tendencia ítalo-bizantina es el de Urgel. Paralelamente a esta tendencia ítalo-bizantina, de arte más refinado y superior calidad técnica, se desarrolla otra que muestra relaciones con la escuela francesa de la región de Poitiers, fundamentalmente. Son obras más rudas y populares, como se percibe a través de los Maestros de Muer, Osormort, Poliñá y Barbará, entre otros.En el centro de España, los restos conservados no forman un núcleo tan homogéneo como el catalán. Sobresalen por su excepcional calidad las pinturas que decoran las bóvedas del Panteón Real de S. Isidoro de León, en las que se sintetizan generalmente las más importantes influencias o factores que determinaron la aparición de la pintura r. Fechadas en la segunda mitad del s. XII, vemos en la bóveda central la representación del Cristo en Majestad, y en las laterales diversas escenas evangélicas y apocalípticas, santos y alegorías, tratadas todas ellas con un sentido de la belleza y de la elegancia, tanto en su forma como en su refinado colorido, que hacen de estas pinturas uno de los más bellos conjuntos del arte r. europeo. Le siguen en importancia los frescos de la iglesia de la Veracruz en Maderuelo (Museo del Prado), que nos ofrecen un conjunto iconográfico completo y que muestran evidentes relaciones con la tendencia ítalo-bizantina que florece en la escuela catalana. Dentro del mismo estilo se sitúan las procedentes de S. Baudelio de Berlanga (Museo del Prado y otros museos americanos), donde trabaja también un maestro que introduce temas profanos de carácter naturalista. Ya de la primera mitad del s. XIII son las pinturas de S. Román de Toledo.Entre las numerosas obras de miniatura conservadas sobresale la Biblia de Ávila (Bibl. Nacional de Madrid), el Tumbo A de la catedral de Santiago de Compostela, la Biblia de Roda (Bibl. Nacional de París), el Libro de los Feudos (Archivo de la Corona de Aragón) y el Libro de los Testamentos de la catedral de Oviedo.4. Artes aplicadas. Sobresalen, en primer lugar, las obras en metalistería, que se centran en el valle del Mosa, donde en Huy trabaja el Maestro Rainiero, a quien se debe la magnífica pila bautismal de S. Bartolomé de Lieja. Con él se relaciona el orfebre Godofredo de Claire, de mediados del s. XII, a quien pertenece, entre otras obras, la magnífica arqueta de S. Heriberto en Deutz. Con él debió formarse el principal representante de la escuela del Mosa, Nicolás de Verdún, que a fines del s. XII ejecutó la arqueta de los Reyes Magos de la catedral de Colonia, una de las obras más perfectas y bellas del r. Entre las demás escuelas de metalistería y orfebrería r. sobresalen las de Aquisgrán, la de Colonia y, en Francia, la de Limoges, donde se inicia la más importante escuela del esmalte (v.) medieval de Occidente. En sus orígenes, es muy verosímil la activa intervención de talleres de tradición mozárabe españoles. En esta línea es preciso señalar la importancia del retablo de S. Miguel in Excelsis (Navarra) y el frontal de S. Domingo de Silos.En las artes textiles, la influencia bizantino-musulmana se hace evidente, especialmente en los tejidos de seda, como los conservados en Ratisbona. Por último, hemos de señalar la importancia del bordado, de los que son espléndidas muestras el tapiz de Bayeux y el de la catedral de Gerona, así como los tejidos procedentes de Lucca, en Italia.V. t.: muchos de los lugares mencionados en el texto tienen artículo propio.J. M. DE AZCÁRATE RISTORI.
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