Rios (geología) II. Modelado Fluvial.
Categoria:
Geología
Todo r. posee una facultad de erosión de las rocas por las cuales discurre, así como una facultad de transportar, en mayor o menor grado, los materiales erosionados. Para realizar las dos cosas, utiliza la energía cinética de su masa movediza, la cual depende del caudal de la corriente y de la altura sobre el nivel de base. La tendencia a procurarse un perfil equilibrado (v. III) obliga al r. a erosionar en algunos puntos, colmatando otros y generando, de un modo continuado y cambiante, todo un conjunto de formas de relieve, las cuales tienen todas las características comunes que les hacen ser reconocidas como de origen fluvial. Puede, por tanto, hablarse, en sentido amplio, de un modelado fluvial; pero no cabe duda de que el factor predominante a largo plazo, en el proceso de la morfogénesis, no es el agente erosivo en sí (agua, hielo, etc.), ni la estructura geológica, ni aun la naturaleza litológica, sino el factor climático. Éste ha de considerarse como la causa principal, y de ahí la tendencia de la moderna Geomorfología (v.) a establecer modelados climáticos, y no de agentes de erosión, ya que cada clima utiliza varios agentes erosivos simultáneamente, los cuales al combinarse producen un único paisaje. En este sentido, el término modelado fluvial resulta impreciso, pues los r. existen en latitudes y climas variados, generando modelados diversos.Tramos de un río. Teóricamente, en un r. bien desarrollado se distinguen tres tramos diferentes: 1) Alto o de cabecera. El poder erosivo es grande, incluso torrencial. El transporte es eficaz y la sedimentación casi nula, limitada a las zonas de estancamiento brusco. El tramo de cabecera va clásicamente asociado a los relieves juveniles. 2) Tramo medio. Presenta pendiente menor que el anterior, acercándose la corriente a sus condiciones de equilibrio; predomina, por tanto, el transporte. Este tramo corresponde a la zona de los relieves maduros. 3) Tramo de desembocadura. Tiene una pendiente mínima, y la corriente se hace perezosa, depositando grandes cantidades de limos en amplias llanuras aluviales, que se asientan en un paisaje marcadamente senil. Este esquema tan arraigado no deja de ser una abstracción, y requiere condiciones que se aproximen, al menos en el tramo del centro, a las de equilibrio.A la par de la división espacial del r., hay que pensar en la evolución de éste en el tiempo, y su relación con la evolución de los relieves que rodean el curso. No siempre ambos grados de evolución son iguales; un r. juvenil puede deslizarse entre relieves seniles, y al revés. La realidad es que cada r. tiene una evolución muy compleja, en la que intervienen a la vez factores diversos, como la variación climática, a lo largo de la historia del r., la estructura geológica local, los movimientos tectónicos de la región, la variación litológica en superficie y profundidad, etc. Por ello hay que tener buen cuidado de no aplicar un rígido esquema del comportamiento abstracto de un r. a un caso concreto.El valle fluvial. En el modelado que la corriente fluvial establece, la forma mayor y principal es el valle; las demás son detalles dentro de él. De hecho, la corriente de agua indica el grado de evolución del r., cuál es su poder erosivo, su caudal en un punto, etc.; pero la historia del r., anterior a este momento, sólo se refleja, y parcialmente, en el valle que ha excavado el r. Éste se vale de tres mecanismos para excavar su valle: erosión en la vertical, ensanchamiento lateral y acción remontante de la cabecera. Para efectuar el primero, se suman las acciones de la acción hidráulica, la abrasión del lecho por las partículas arrastradas, la corrosión química y la meteorización del lecho, si el agua deja de fluir en alguna época del año.El encajamiento del cauce deja más en saledizo a las vertientes, favoreciendo su derrumbe. El ensanchamiento del valle se debe tanto a la acción de la meteorización, que desprende enormes cantidades de material de las vertientes, como a la acción de zapa que ejerce el r. contra las paredes del valle. Muy pronto, éste es más ancho que el lecho mojado, y entonces el ensanchamiento se realiza gracias a la amplitud de la faja de meandros, y posteriormente con ayuda del movimiento de divagación lateral de la propia banda de meandros. En condiciones extraordinarias, pero frecuentes, el r. tiende a ensanchar su valle sólo por una margen, formando un valle asimétrico. El alargamiento del valle desde la desembocadura hacia la cabecera constituye la acción remontante de la cabecera. Supongamos un r. equilibrado; un brusco descenso de su nivel de base origina una ola de erosión remontante. Su velocidad es lenta, y durante cierto tiempo la zona de cabecera permanece en las condiciones primitivas, hasta que es alcanzada por la onda de perturbación.Redes fluviales. Hasta aquí, hemos considerado el r. aisladamente; pero esto no sucede en la Naturaleza. En el momento que un ciclo morfológico se establece en una región, aparece, no un r., sino un conjunto de ellos. Al principio pueden actuar independientemente unos de otros, pero rápidamente se agrupan, surgiendo entonces la red fluvial o red de drenaje. En el conjunto de r. que la constituyen, se inicia inmediatamente una jerarquización; no toda corriente de la red es equivalente a otra, sino que se establecen categorías de caudal, transporte y posición relativa. La idea de red va estrechamente ligada a la de cuenca fluvial o de drenaje, que es el terreno sometido a la influencia de la red fluvial; su límite es la línea de divisoria de aguas, y separa unas cuencas de otras. El agua caída dentro de la cuenca es drenada por la red. En una red de drenaje, el r. principal, colector del agua de todos los demás, sigue la pendiente general del país; es el r. consecuente. El establecimiento del valle_ consecuente origina pendientes perpendiculares a la pendiente general, y en ellas se excavan los primeros afluentes; por el mismo procedimiento, se independizan afluentes de segundo orden, etc. Se llaman r. subsecuentes los que excavan su valle aprovechando las fajas de rocas fácilmente erosionables, aun a despecho del trazado que pudiera suponerse, sin tener en cuenta el factor geológico estructural. También se dice que son r. de control estructural. Una serie de afluentes tienen dirección paralela al r. principal; si su sentido de desagüe coincide con el de éste, se llaman r. resecuentes, mientras que si es opuesto se les denomina obsecuentes. Por último, los r. cuyo trazado no obedece, aparentemente, a ninguna circunstancia en particular, son insecuentes.Vistas en planta, las redes de drenaje presentan aspectos variados, de acuerdo con los tipos de rocas y la estructura geológica. Se distinguen los siguientes tipos: a) Redes arborescentes o dendríticas, de aspecto ramificado como un árbol; se producen en terrenos blandos y homogéneos. b) Redes en enrejado, el terreno manifiesta dos o más direcciones estructurales, que condicionan en gran parte el trazado de los r.; una de ellas suele actuar como dirección de consecuencia, que acostumbra a ser forzada. c) Redes en paralelo, en las que la mayor parte de los r. secundarios tienen la misma dirección y desagüe que el principal. d) Redes radiales centrífugas, que no hace falta describir. Se dan alrededor de relieves montañosos aislados. e) Redes radiales centrípetas, los r. convergen todos en un punto o una zona. El análisis de las redes de drenaje puede dar muchas orientaciones sobre la constitución del terreno. A menudo, una red presenta estructura diferente de un sitio a otro; la separación de regiones con tipos de red diferentes permite establecer dominios geológicos, o más bien detectarlos.Capturas y epigenias. La acción remontante de las cabeceras hace que la cuenca esté siempre en proceso de expansión, por retroceso de su línea divisoria. Si una cuenca crece más rápidamente que sus vecinas, se producen los fenómenos de captura fluvial. Cuando un r. A, en su acción remontante, llega a cortar a otro B, que discurre por un nivel más alto, las aguas de B comienzan a desagüar por A, puesto que la pendiente es mayor; en este momento se ha producido una captura del r. B por el A. Si ambos r. tienen direcciones muy diferentes, después de la captura el r. presenta una inflexión o codo de captura. El tramo de valle abandonado por el r. B constituye un valle fósil. Por tanto, los indicios para reconocer una captura son la existencia de codos en un r. (criterio secundario), y sobre todo la existencia de valles fósiles, que se reconocen por ser valles fluviales, con terrazas, etc., sin relación con la red actual.Quedan por ver las anomalías en el modelado fluvial por sobreimposición de r. Son frecuentes los casos de r. que atraviesan alineaciones montañosas con grandes gargantas; parece a primera vista más probable que se hubieran ajustado a su dirección en vez de cortarla. En muchos casos se habla de epigenia o sobreimposición de un r. a una estructura. En una fase previa, la corriente discurría por un país blando, pero al rebajar su lecho tropezó con una estructura dura soterrada. Si el encajamiento fue rápido, el r. no tuvo opción a adaptarse a la estructura, y comenzó a disecarla.V. t.: EROSIÓN.C. CHAMÓN COBOS.
BIBL.: A. HOLMES, Geología física, Barcelona 1964; M. DERRUAU, Geomorfología, Barcelona 1966; E. MARTONNE, Geografía física, Barcelona 1968.,~
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