Retórica LIT.
Categoria:
Literatura
Se designaba con este nombre, en la Antigüedad grecolatina, la técnica que enseñaba a ejercitarse en el arte de la Oratoria (v.). Desde bien pronto, sin embargo, los tratadistas clásicos, y sobre todo Aristóteles, se dieron cuenta de que la técnica necesaria para la utilización más productiva del discurso oral obligatoriamente coincidía en parte con la que habría de usarse en todo discurso. Se comienza entonces a aplicar la r. a los géneros literarios (v.).1. Concepto e historia. La r. es durante mucho tiempo la única ciencia de la Literatura o Estilística (v.), se integra en el Trivium del plan de estudios medieval, y continúa a través de los s. XVI y VXII como tradición común a todos los países, siguiendo de cerca la doctrina asentada por Aristóteles (v.), Cicerón (v.) y Quintiliano (v.). La vuelta al estudio de las Humanidades que supone el Renacimiento da lugar en España a una serie importante de tratadistas de r. que, en muchos aspectos, adelantan logros que se incorporarán mucho más tarde como definitivos en esta disciplina. Reseñaremos someramente la aportación de alguno de los más importantes.Nebrija (v.) en su De Artis Rhetoricae compediosa coaptatione ex Aristotele, Cicerone et Quintiliano (1515) deja fuera de la r. la doctrina de los tropos y figuras de palabra y sentencia para incluirla en la Gramática, testimoniando así una fina percepción de la raíz lingüística de estos fenómenos. J. L. Vives (v.) en su De causis corruptarum artium ataca las divisiones cerradas de muchos retóricos, porque (argumenta) no se pueden prever todas las situaciones del acto de la palabra, ni existe en la realidad una utilización pura de determinado nivel de lenguaje, sino infinitas concreciones intermedias. En De ratione dicendi (1533) no logra originalidad, pero tiene el mérito de haber puesto en relación Estética con Filosofía y haber extendido el campo de su reflexión a géneros no poéticos. Sebastián Fox Morcillo (v.) escribe De imitatione seu de de formandi styli ratione (1554), en donce dice: "El estilo es cierto carácter, genio o forma de decir, derivado ya del ingenia de cada cual, ya de la cuestión de que se trata", que parece contradecir el inevitable normativismo que la r. llevaba aparejada. Menéndez Pelayo ve en esta afirmación un precedente de la interpretación romántica de la célebre frase de Buffon "el estilo es el hombre".Junto a las obras de Vives y de Fox Morcillo se imprimen en Basilea algunas de otros tratadistas como Antonio Llul (ca. 1510-82) y Furió Ceriol (1527-52). Más adelante se constituyen distintas escuelas de retóricos vinculadas a las diferentes universidades. En la de Alcalá hay que citar a Alfonso García Matamoros (m. 1572), autor de De ratione dicendi (1548), De formando stylo, De methodo concionandi (1570). Ataca la dialéctica propugnada por Lovaina y defiende una que sea necesaria introducción a la retórica. Frente a la escolástica aristotélica, es partidario de la libre competencia de Platón y Aristóteles en la enseñanza. Arias Montano (v.; 152798) destaca por su brillantez y facilidad de versificación, a veces no exenta de prosaísmo.En la escuela de Valencia, cabe mencionar a Pedro Juan Núñez (1522-1602), autor de traducciones y compendios de Aristóteles destinados a la enseñanza, y a Andrés Sampere. En Salamanca, Francisco Sánchez de las Brozas (v.) refunde y ordena los preceptos clásicos y se sitúa en la más consciente tradición del "lenguaje figurado": al retórico compete enseñar a exornar el lenguaje con tropos y figuras, lo que equivale a suponer que el lenguaje figurado es el normal más una adición extrínseca, lo que se conocía tradicionalmente con el nombre de flores rhetoricales. En su Organum dialecticum et rhetoricum (1588) dice que, entre las tradicionales partes en que se divide el estudio de la Oratoria, a la r. sólo le pertenece la elocutio (es el criterio seguido en este artículo, ya que las demás cuestiones se tratan en la VOZ ORATORIA) y la actio. Cabe, por último, mencionar las escuelas jesuíticas que tuvieron gran importancia e influencia en el enfoque que se había de dar a la enseñanza de estas materias. Los P. Perpiñá, Cipriano Suárez, P. Kleutgen, Bartolomé Bravo y Pablo José Arriaga, entre otros, fueron nombres muy conocidos en la historia española de esta disciplina.Finalmente, hemos de referirnos a las retóricas en lengua castellana. Existe la Retórica (1541) de Salinas (murió en 1577) y la de numerosos imitadores como Rodrigo Espinosa de Santayana, Juan de Guzmán y Baltasar de Céspedes. Mención aparte merece Bartolomé Jiménez Patón (1569-1640). Al aducir numerosos ejemplos en castellano, convierte su tratado en una obra verdaderamente autónoma.Así las cosas, sólo la profunda crisis espiritual de la segunda mitad del s. XVIII haría desaparecer la r. para resurgir en nuestros días con renovada pujanza. En efecto, la elocutio o parte de la r. que estudia la variedad de formulaciones del lenguaje con eficacia artística (figuras) suponía con su normativismo una visión del mundo sustentada en la adecuación de palabra y objeto; para expresar algo con suficiente relieve, había que buscar el nombre adecuado, "su" nombre. Por eso, cuando el hombre instala como centro de la creación su experiencia personal y no importa tanto lo que las cosas sean en sí, sino lo que son "para mí", desaparece la base ideológica que había hecho posible tal retórica. Las figuras se reducen a meros apéndices en los manuales de Literatura, y la crítica literaria cae en un subjetivismo e impresionismo a veces huero.Tras el advenimiento de la nueva ciencia lingüística, en la primera mitad del s. XX, se cae en la cuenta de que el minucioso inventario de figuras, transmitido durante siglos sin apenas variaciones y en las más diversas literaturas, no era una invención gratuita. La aplicación de una metodología más rigurosa en el análisis del lenguaje confirma el elenco establecido de las figuras retóricas y, aun superado el normativismo, como Preceptiva que habían de seguir los autores literarios, continúa en plena vigencia la descripción aportada por la elocutio como instrumento de análisis a posteriori.También cabe señalar que, aparte de la cuestión del análisis del lenguaje, la r. como técnica de persuadir ha encontrado una ininterrumpida continuación, cuya actualización última es la publicidad. Una obsesión continua en los retóricos de todas las épocas ha sida la de encontrar una clasificación objetiva de las numerosas figuras señaladas. Algunos acertaron en su intento, aunque muchas veces tienen el defecto de clasificar con criterios extra] ingüísticos; de nada vale una clasificación que no sirva sobre todo para mejor conocer. En el presente artículo, ofrecemos la relación de figuras más usual en los manuales españoles, clasificadas con arreglo al moderno criterio propuesto por T. Todorov.Toda unidad de lengua acotada como figura, lo es en cuanto se opone como una anormalidad a la norma común o, al menos, en cuanto es descriptible, o sea, en cuanto posee en sí misma una cierta virtualidad que permite describir no sólo el objeto mentado por el lenguaje, o referente, sino el lenguaje mismo. En consecuencia, llamamos anormalidades a aquellas figuras que contradicen la norma lingüística y hablamos de valores figurativos para referirnos a las figuras que la siguen. Entre estas segundas, algunas han sido incluidas tradicionalmente aquí y no en la Gramática (v.), porque no se conocía, con el rigor que la Lingüística postsaussuriana ofrece, la estructura del lenguaje (v. ESTRUCTURALISMO IV). Estas unidades expresivas vulneran la norma o simplemente toman su valor figurativo en alguno de los siguientes cuatro niveles del lenguaje: relación sonido-sentido, sintaxis, semántica, relación signo-referente.Está claro que en la cadena del lenguaje todos los niveles se dan simultáneamente, de forma que esta división es muchas veces arbitraria. Así, p. ej., al incluir la anáfora en el apartado "sonido-sentida", dejamos de hacerlo en el de semántica. No cabe duda, sin embargo, que habría de incluirse aquí también; no se podría decir qué es más importante, si el refuerzo de la perceptibilidad producido por la reiteración de sonidos o la llamada de atención que supone la sorpresa del desajuste entre la usual economía semántica y la redundancia significativa de esta figura.La moderna ciencia lingüística ha destacado, pues, una neorretórica que no se solidariza con el normativismo de la r. precedente o Preceptiva. Es cierto que reconoce los abusos tradicionales que han dado al término un valor peyorativo (" ¡no me vengas con retóricas! "), pero señala también que las figuras propuestas no son adornos arbitrarios superpuestos a la cadena normal del lenguaje, sino resultado de una investigación sagaz de los mecanismos utilizables para hacer del discurso no un mero indicador transparente hacia la cosa significada o referente, sino un medio opaco que recabe atención por sí mismo y condicione en un sentido preciso la interpretación del mensaje que propone al lector.2. Figuras retóricas. 1) Anormalidades. a) Relación sonido-sentido. Figuras de dicción, llamadas también en la Preceptiva tradicional licencias poéticas, que consisten en la utilización consciente de mecanismos o tendencias implícitas en la cadena fónica:Sinalefa: cómputo en una sola sílaba de la vocal en que termina una palabra y la vocal con que empieza la siguiente. Es regla general en el sistema de rítmica castellano ("antes que lo que fue en tu una_ sola sílaba de dos vocales abiertas y que, por consiguiente, normalmente no forman diptongo ("Muele pan, molino muele. / Trenza, veleta poe-sí-a", D. Alonso); diéresis: cómputo como dos sílabas de dos vocales que forman un diptongo ("con un manso ruido", fray Luis de León); hiato: no cumplimiento de la regla de la sinalefa; aféresis: supresión de una sílaba a principio de palabra ("Como el cueducto quiebres de una fuente", Tirso de Molina); síncopa: supresión de una sílaba interna ("Pastores los que fuerdes", S. Juan de la Cruz); apócope: supresión de la sílaba final ("Siquier la muerte me lleva", Romancero); prótesis: aumento de una sílaba inicial ("Así para poder ser amatado", Garcilaso de la Vega); epéntesis: aumento de una sílaba interna ("Padre, la benedición", Cañizares); paragoge: aumento de una sílaba final ("la mano le da a besare", Romancero).
Aliteración: repetición de un mismo fonema ("en el silencio sólo se escuchaba, / un susurro de abejas que sonaba", Garcilaso). A veces también repetición de un mismo grafema, aunque no sonido. De todas formas, la virtualidad expresiva de los solos rasgos gráficos es normalmente mucho menor.Retruécano: contraposición de dos frases que contienen las mismas palabras con otro orden y régimen ("Cuando decir tu pena a Silvia intento, / ¿cómo creará que sientes lo que dices, / oyendo cuán bien dices lo que sientes?", B. de Argensola).Calambur: enfrentamiento de dos palabras distintas por su significado, aunque perceptiblemente iguales por su significante ("A este Lopico, / lo pico", Góngora).Paronomasia: enfrentamiento de palabras de parecido significante ("Sospecho, prima querida, / que de mi contento y vida / Serafina será fin", Tirso de Molina).Asonancia u homoioteleuton: idéntica terminación fonemática de frases o miembros de frases contiguos ("después de tantas veces acusado, tantas veces desterrado, tantas veces revocado por el pueblo romano", L. Mejía).b) Sintaxis. Elipsis: omisión en el texto de algún contenido que existe en la construcción lógica. En la mayoría de los casos, una visión moderna de la Gramática no la incluiría como figura por responder a casos normalizados de sustitución por el contexto ("Tengo dos hijos: uno de cuatro años y otro de tres" -años-).Braquilogía: empleo de una expresión corta, equivalente a otra más amplia o complicada ("me creo honrado").Zeugma: elipsis de algún término que se repite en dos enunciados. A veces, de estar expreso, necesitaría también un cambio gramatical ("Su tono era grave y sus gestos -eran- grandilocuentes").Dilogía: uso de una palabra en dos sentidos diversos dentro de un mismo enunciado (-la muerte- "llegue rogada, pues mi bien previene, / mi vida acabe y mi vivir ordene", Quevedo. Ordenar es aquí tanto "poner en orden" como "mandar").Reticencia: expresa más significación de la que expresamente se transmite, mediante la suspensión de la secuencia ("Fisgona, ruda, necia, altiva, puerca, / falsa, golosa y... basta, musa mía, / ¿cómo apurar tan larga letanía?", Quevedo).Interrupción: la suspensión de la secuencia lógica expresa la perturbación producida por la emoción (" ¡Ay noche, ya no noche! ... tristes días", Moratín).Hipérbaton: cambio en el orden lógico de los elementos funcionales de una oración. Se habla de tmesis cuando se refiere a la separación de una unidad compuesta, mediante la intercalación de otros elementos de la oración, y de anástrofe cuando se trata de palabras inmediatas ("Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra" -anástrofe-, "médulas que han gloriosamente ardido -tmesis-, de la carrera de la edad cansados" -hipérbaton-, Quevedo).c) Semántica. Epíteto: adjetivo calificativo que, como adjunto al nombre, le añade una cualidad o la subraya sin modificar su extensión ni su comprensión ("Tú sólo a Oromedonte / trajiste al hierro agudo de la muerte", Herrera).Equívoco: enfrentamiento de dos significados distintos de un mismo significante ("Con dos tragos del que suelo / llamar yo néctar divino, / y a quien otros llaman vino, / porque nos vino del cielo", Baltasar del Alcázar).Sinonimia o metábole: utilización de palabras sinónimas en un mismo contexto ("Acude, corre, vuela", fray Luis de León).Paradiástole o separación: sinonimia que se hace notar ("Fue constante sin tenacidad, humilde sin bajeza, valiente sin temeridad", Capmany).Oxímoron: enfrentamiento de dos palabras de significado contrario ("La música callada, la soledad sonora", fray Luis de León).Sinécdoque: en el plano lingüístico de la contigüidad, traslación de sentido de una palabra que designa el todo por la parte o viceversa ("Al fin el pino llegó a puerto"). Metonimia: trastueque de significación, en el plano de la contigüidad, con relación causa efecto ("un pincel delicado").Metáfora (v.): traslación del sentido de una palabra realizada en el plano lingüístico de la sustitución ("Nadar sabe mi llama la agua fría", Quevedo). El uso de una metáfora puede generalizarse hasta perder el carácter traslaticio originario (p. ej., pluma estilográfica). A la metáfora, la sinécdoque y la metonimia se les da tradicionalmente el nombre de tropos.Alegoría (v.): mediante una comparación tácita, presenta completo un doble sentido, literal e intelectual ("Este mundo es el camino, / para otro que es morada, / sin pesar. / Mas cumple tener buen tino / para andar esta jornada / sin errar", J. Manrique).Personificación o prosopopeya: atribución de cualidades de seres inanimados a seres animados (" ¡Párate y óyeme, oh sol! , yo te saludo", Espronceda).Alusión: referencia tácita a una realidad que se supone muy conocida ("Vio D. Quijote no lejos del camino una venta, que fue como si viera una estrella que a los portales, si no a los alcázares, de su redención le encaminaba", Cervantes).Metalepsis: referencia a una noción que expresa otra en relación de antecedente o consecuente con ella ("Que no mire tu hermosura, quien ha de mirar tu honra", Calderón).Paradoja, antilogía o endíadis: reunión de términos sólo literalmente contradictorios ("¿Y deja en sus riquezas pobre al dueño?", fray Luis de León).Perífrasis: expresa una idea mediante un rodeo ("La aurora con sus dedos de rosa abre las puertas del oriente", Homero).d) Relación signo-referente. Preterición: se finge pasar por alto lo que se está diciendo ("No quiero llegar a otras menudencias, conviene a saber, de la falta de camisas y no sobra de zapatos", Cervantes).Permisión: ofrece al interlocutor la realización de algo que obviamente no se desea ("Segad esa garganta, / siempre sediante de la sangre vuestra", Ercilla).Ironía: expresión en tono de burla de lo contrario de lo que se quiere comunicar ("No busques lo moral ni lo decente / Para tus dramas, ni tras ellos sudes; / Que allí todo se pasa y se consiente", Moratín). El sarcasmo es una ironía insultante.Asteísmo: alabanza delicada en forma de vituperio ("la gente estaba incomodada de ver que un joven y novel capitán hubiese tenido tan poco respeto a unos generales antiguos y llenos de canas, tomándoles tantos cañones y haciéndoles huir vergonzosamente", Voiture).Hipérbole: exageración en la designación del referente ("De sus divinos ojos, / por lágrimas estrellas", Garcilaso).Litote: atenuación del enunciado, mediante su expresión en fórmula indirecta, normalmente negativa ("no pocas veces" igual a muchas veces).Asociación: utilización del plural para un discurso en primera persona de singular.Comunicación: se finge consultar el parecer de los oyentes ("Decidme, la hermosura, / la gentil figura y tez / de la cara, / la color y la blancura, cuando viene la vejez / ¿qué se para?", Jorge Manrique).Concesión: concede previamente algo en contra del propio argumento para reforzarlo ("Yo os quiero confesar D. Juan primero / que aquel blanco y carmín de doña Elvira, / no tiene de ella más, si bien se mira, / que el haberla costado su dinero; / pero también que me confieses quiero / que es tanta la verdad de su mentira, / que en vano a competir con ella aspira / belleza igual de rostro verdadero" (L. L. de Argensola).Interrogación: utilización del funcionalismo interrogativo del lenguaje para dar mayor énfasis a una afirmación ("¿Qué se hizo el rey D. Juan? / los infantes de Aragón / ¿qué se hicieron?", J. Manrique).2) Valor figurativo. a) Relación sonido-sentido. Anáfora: reiteración de una o varias palabras al comienzo de diversas frases de un periodo ("Ya de tu Creación, tal vez alhaja... / Ya, tal vez, la combate y la trabaja... / Ya, tal vez, la reduce a geometría...", M. Hernández).Epífora o conversión: se trata de la misma figura, cuando se produce al final de diversas frases ("Parece que los gitanos nacieron en el mundo para ladrones; nacieron de padres ladrones...", Cervantes).Complexión: reiteración de una o varias palabras al principio y al final de cada frase ("Si honestidad deseais, ¿qué cosa más honesta que la virtud...? Si honra, ¿a quién se debe la honra y acatamiento sino a la virtud?", fray Luis de Granada).Reduplicación: repetición de una o varias palabras al comienzo de una frase ("Vuelta, vuelta, mi señora, / que una cosa se le olvida", romance).Anadiplosis o conduplicación: repetición de la última palabra de un grupo sintáctico o de un verso, al comienzo del siguiente ("Oye no temas, y a mi ninfa dile, / dile que muero", Villegas).Concatenación: anadiplosis de un grupo de palabras ("Vea que el que tiene mucho tiraniza al que tiene poco; que el que tiene poco sirve, aunque no quieras, al que tiene mucho", fray Antonio de Guevara).Epanadiplosis: consiste en comenzar y acabar una frase o miembro de ella, con la misma palabra ("El austro proceloso airado suena, / crece su furia y la tormenta crece", Arguijo).Derivación: reunión de palabras derivadas de un mismo radical ("Pues mientras vive el vencido, / venciendo está el vencedor", Alarcón).Poliptoton: reiteración de distintas formas flexivas de un mismo término ("Oh niñas, niño amor, niños antojos", Lope de Vega).Similicadencia: terminación de diferentes cláusulas en palabras que están en la misma forma de flexión ("Te estrujen, te aporreen, te magullen", fray Diego González).b) Sintaxis. Asíndeton, disoución o disolución: construcción en la que se prescinde de posibles nexos relacionantes ("Muertes, asolamientos, fieros males, / entre tus brazos cierras...", fray Luis de León).Polisíndeton: multiplicación de nexos ("Y los dejó, y cayó en despeñadero / el carro y el caballo y caballero", Herrera).Sujeción: refiere y subordina a una proposición generalmente interrogativa otra que es una respuesta, explicación o consecuencia ("¿Qué es la vida? Un frenesí", Calderón).Dialogismo: referencia textual de discursos propios o ajenos, o sea, el estilo directo ("... que diga: `Yo, señores, soy el gigante Caraculiambro’", Cervantes).Exclamación: intensificación del discurso que traduce tonalmente una pasión (" ¡Oh bien caduco, vano y presuroso! ", Garcilaso).Apóstrofe: individualización entre los posibles interlocutores del coloquio ("Párate y óyeme, oh sol, yo te saludo", Espronceda).c) Semántica. Expolición: acumulación de frases de carácter sinonímico ("Parece que al tiempo que esperabas mayor reposo, te ha sucedido mayor trabajo y es que cuando pensamos tener ya hecha la paz con la fortuna, entonces nos pone una nueva demanda", Guevara).Comparación: realce de una idea, mediante el establecimiento de relaciones de semejanza o desemejanza con otra ("Si fuese en nuestro poder / tornar la cara hermosa / corporal / como podemos hacer / el alma tan gloriosa / angelical, / ¡qué diligencia tan viva / tuviéramos toda hora, / y tan presta / en componer la captiva, / dejándonos la señora / descompuesta", J. Manrique).Antítesis: pone en relación frases de significado contrapuesto ("Yo velo cuando tú duermes, yo lloro cuando tú cantas, yo me desmayo de ayuno cuando estás perezoso", Cervantes).Anticipación, ocupación o prolepsis: se refutan de antemano las objeciones que se pudieran hacer ("Dirás que muchas barcas, / con el favor de popa, / saliendo desdichadas, / volvieron venturosas. / No mires los ejemplos / de las que van y tornan; / que a muchas ha perdido / la dicha de las otras", Lope de Vega).Corrección: sustitución, por otra, de una palabra, cuya significación, sin embargo, se torna así más exacta ("Traidores... más ¿qué digo? Castellanos...", García de la Huerta).Gradación o clímax: serie significativa ordenada progresivamente ("Acude, corre, vuela, / traspasa la alta sierra, ocupa el llano, / no perdones la espuela, / no des paz a la mano, / menea fulminando el hierro insano", fray Luis de León).Sustentación: después de mantener el interés, se cierra el discurso con una salida de tono ("Esto oyó un valentón, y dijo: es cierto / cuanto dice voacé, seor soldado, / y quien dijere lo contrario miente. / Y luego incontinente, / caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuese... y no hubo nada", Cervantes).d) Relación signo-referente. Descripción: presentación lingüística que busca lograr una sensación plástica del objeto aludido ("Helo, helo por do viene / el infante vengador, / caballero a la jineta / en caballo corredor, / su manto revuelto al brazo, / demudada la color, / y en la su mano derecha / un venablo cortador", romance).Enumeración: presentación de manera rápida de una serie de ideas referidas ál mismo objeto ("El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu", Cervantes).Sentencia: reflexión profunda presentada de un modo enérgico ("Que estoy soñando y quiero / obrar bien, pues no se pierde / el obrar bien aun en sueños", Calderón).Epijonema: reflexión o exclamación que cierra una descripción o narración ("Cuando tan pobre me vi, / los favores merecía / de Hipólita y Laura; hoy día, / rico, me dejan las dos. / ¡Qué juntas andan, ay Dios, / el pesar y la alegría! ", Calderón).M. A. GARRIDO GALLARDO.
BIBL.: Obras clásicas: ARISTÓTELES, Retórica, ed. bilingüe A. TOVAR, Madrid 1953; M. T. CICERÓN, De Oratore, ed. E. COURBANEL, París 1922; M. F. QUINTILIANO, Institutionis oratoriae. Libri duodecim, ed. no completa I. RODRÍGUEZ y P. SANDIES, Madrid 1942.
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