Renacimiento I. Historia General. HIST.
Categoria:
Historia
Problemas acerca del concepto de Renacimiento. El primero que parece utilizó esta voz para referirse a una determinada época histórica fue J. Burckhardt (v.; La cultura del Renacimiento en Italia, 1860), aunque hay otros antecedentes (cfr. G. Fraile, o. c. en bibl., 3). Suele entenderse como R. la parte de historia de la cultura europea que abarca los s. XV y XVI, aunque como todas las divisiones cronológicas ésta es también un tanto arbitraria o convencional; en determinados países lo que se consideran características renacentistas aparecen en el s. XIV o antes, en otros no surgen hasta el s. XVI, o no aparecen propiamente hablando, o no se pueden individualizar ni aislar como características.Según Burckhardt, las características fundamentales del R. serían: la aparición en Europa durante el s. XV, y en Italia ya desde el XIV, del concepto de "Estado como obra de arte"; el desenvolvimiento de lo individual; el descubrimiento del mundo, basado, por una parte, en los nuevos viajes de exploración y, por otra, en los nuevos estudios de ciencias naturales; y el descubrimiento del hombre, que llevaría consigo una nueva psicología y un nuevo concepto de lo humano (punto éste el más débil de su esquema ideológico). La sociedad en que se daban esas, según este autor, nuevas actitudes estaba fuertemente influida por el renacimiento del arte y literatura de la Antigüedad clásica, pero esto sólo era un elemento de este periodo histórico, caracterizado también por una creciente violencia y una intensificación de la duda y el escepticismo, y también por un deseo muy general de renacimiento de la cultura y valores cristianos de la época de oro y de los clásicos de la Edad Media (v. II-III; v. t. NOMINALISMO; PROTESTANTISMO; REFORMA; CONTRARREFORMA). En general, Burckhardt puso especial énfasis en marcar la novedad o novedades de la época definida como R.; para él, fue una ruptura casi violenta con el largo periodo precedente, la Edad Media; algo así como una floración repentina. Hoy, sin embargo, los historiadores, aunque suelen llamar R. a esos años que se colocan al principio de la Edad Moderna (v.), no pasan por alto el hecho de que se basan en la Edad Media.Es, en general, difícil caracterizar los periodos históricos como si fuesen unidades más o menos cerradas en sí mismas, o como si poseyeran un determinado "espíritu", tal como han pretendido hacer los racionalismos e idealismos (v. MODERNA, EDAD III, 1-2). La obra de Burckhardt marca en cierto modo la cumbre de lo que puede llamarse interpretación ilustrada-racionalista o idealista de la historia, que tiende a encajarla en esquemas ideológicos, pero al mismo tiempo es el de la crisis de esa interpretación y de esos esquemas. Los estudios históricos posteriores han mostrado que no puede hablarse de contraposición entre Medievo y R.; hay temas y preocupaciones humanistas en la Edad Media, muchas veces más profundamente que en el R., y perviven en el R. valores que suelen considerarse típicos del Medievo (V. HUMANISMO IV, 1-2). A partir de la obra de Burckhardt se han dedicado numerosos estudios al R.; se ha investigado gran variedad de aspectos y muy a fondo, y apenas resulta posible determinar un cuadro general (además, la mayor parte de las investigaciones realizadas, cuando quieren llegar a conclusiones generales, son completamente . diferentes). Así resulta que no se puede considerar al R. como una ruptura revolucionaria con el pasado, aunque pueden encontrarse manifestaciones culturales, sobre todo literarias y artísticas (v. III-VI), y sociales diferentes de otras precedentes, pero en gran parte basadas en ellas.Comienzos del Renacimiento. Hay historiadores que fechan el R. a partir de la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, aduciendo que aquel acontecimiento fue lo que empujó a los estudiosos griegos hacia Occidente (también se aduce a este respecto el Conc. unionista de Florencia, v., de 1438), donde hicieron renacer la antigua cultura grecorromana perdida desde las invasiones bárbaras; otros afirman que el del R. lo constituyó la imprenta, introducida hacia 1451 y generalizada unos 50 años después. Otros buscan los orígenes de algunos aspectos renacentistas en el s. XII, señalando entonces los primeros síntomas de una refinada sensualidad en la cultura caballeresca del Languedoc (v.), los comienzos de un culto al héroe que se difunde a través del occidente de Europa y de un gusto por el paisaje que se despierta en magnates y burgueses. En definitiva es el problema de dónde poner más o menos el comienzo de una parte de la historia, en este caso de la llamada Edad Moderna; pero hay poca diferencia en elegir unas u otras fechas o acontecimientos como más decisivos (V. MODERNA, EDAD III, 1-2). Hay un punto en el que casi todas las corrientes historiográficas están de acuerdo. Las minorías selectas, que aproximadamente encauzaron los gustos que pueden llamarse renacentistas y en las que florecen las preocupaciones literarias y renovadoras bien o mal llamadas humanistas (V. HUMANISMO) a comienzos del Cuatrocientos, surgieron de una creación típica de la Europa medieval: la ciudad (V. CIUDAD III). Fue en las urbes del Mediterráneo, Norte de Francia y Flandes, donde el hombre se sintió capaz de gobernarse a sí mismo, de luchar contra las autoridades o las rutinas constituidas, con derecho a veces a especular sobre todo lo divino y lo humano, o en general con deseos de resucitar lo mejor de la cultura antigua y medieval y los ideales cristianos, anquilosados en la escolástica decadente, es decir, en el nominalismo (v.) y relajación del s. XIV. Y, como señala Vicens Vives, lo hicieron primero con una campechana ironía burguesa, y luego con las armas más afiladas que sacaban del arsenal de autores clásicos.Características del Renacimiento. En sus primeros tiempos, la cultura renacentista es un producto compartido por todo el occidente de Europa sin gran distinción de países; pero luego se vincula más estrechamente a Italia, donde comienza a desarrollarse a comienzos del Cuatrocientos hasta alcanzar en el Quinientos lo que pueden denominarse formas clásicas del R. Aunque la característica general del periodo llamado renacentista puede resumirse en el afán de renovación tanto civil como religioso, se pueden señalar, con todas las limitaciones ya dichas que ello implica, algunas características.Por una parte, es una época de muchas y sucesivas transformaciones en el orden político, social y técnico: guerras con los turcos y de los países cristianos entre sí, descubrimiento y difusión de la imprenta, viajes y exploraciones portugueses y españoles, descubrimiento de América, rebelión de Lutero, difusión de sectas protestantes, etc. Por otra parte, el gusto por el paisaje, que en el s. XV italiano puede considerarse generalizado entre nobles y burgueses que buscan el contacto con la naturaleza (jardines, colecciones zoológicas, etc.), está relacionado, por un lado, con las narraciones de viajes y con el afán por conocer geografías y cosmografías antiguas y modernas y, por otro, con ’ el desarrollo cada vez mayor de la ciencia empírica, mezclada con extravagancias; al mismo tiempo continuaba la pérdida, iniciada en el s. xiv, del vigor y profundidad en el cultivo de la Filosofía y Teología, trivializándose en gran parte el pensamiento, que no empezará a recuperarse seriamente hasta el s. XVI (v. II, 6; V. t. MODERNA, EDAD III, 3-4). junto a esto, existe en la vida corriente una pujante tendencia hacia la exaltación de lo individual, qué hace surgir tipos de héroe cuyo valor se mide por su arrogancia, temeridad, valentía y sacrificios personales.Otra característica es el culto a la Antigüedad. Donde este aspecto adquirió mayor impulso fue en Italia, tanto por conservar su población y sus ciudades un contenido romano más intenso, como por su misma riqueza y densidad política y social en los s. XV y XVI. En realidad es éste un fenómeno que se da en todo el occidente de Europa, pero que en Italia se encuentra más acusado, acentuándose su novedad y diferenciándose más sus valores, sobre todo, estéticos. Comprender la Antigüedad para avalar los propios progresos fue la fórmula practicada por los intelectuales renacentistas puros; mientras que hasta finales del s. XV esa Antigüedad fue sobre todo Roma y la fuente de inspiración eminentemente latina, más adelante la rápida asimilación de las fuentes helénicas constituyó la característica más acusada.Su desaparición. Si los orígenes y características del R. son objeto de discusión, no menos variadas son las razones y fechas de su "desaparición". Así, p. ej., se ha señalado que la llamada cultura renacentista resultó aplastada por fuerzas contradictorias durante el s. XVI, como el calvinismo (v. CALVINO) y el Conc. de Trento (v.). Otra postura, en cambio, tiende a ver en el Barroco (v.), que sustituiría al R., no su destructor sino su continuación. El Barroco, bajo este punto de vista, significaría la absorción por las masas de Occidente de las ideas renacentistas que hasta mediados del s. XVI habrían sido privativas de unas minorías, a lo que habría que añadir la intranquilidad espiritual desencadenada por los protestantes y sus conflictos religiosos y el auge o declive de ciertas políticas. R. y Barroco constituirían una entidad con dos expresiones distintas, serena la primera, desaforada la segunda. Pero las teorías pueden seguir multiplicándose; en definitiva se trata del mismo problema señalado al principio: la dificultad, y a veces imposibilidad, de definir con unas características generales cualquier periodo o parte de la historia, y más algunos tan complejos como el llamado R. con el que se inicia la Edad Moderna y que continúa a la no menos compleja y rica Edad Media.V. t.: MODERNA, EDAD 1, 1-4 y III, 1-3; HUMANISMO IV, 1-2; y el primer apartado de cada uno de los artículos siguientes.A. LAZO DÍAZ.
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