Relojería II. Historia. HIST.
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Historia
Con el nombre de relojes han llegado hasta nosotros una serie de instrumentos que no son propiamente relojes; en el sentido que hoy tiene este término, sino más bien "guardatiempos", es decir, ingenios primarios cuya función era fraccionar cortos espacios de tiempo (tal como hacen actualmente los "contadores", de los que son precedentes), y también servían para conservar la hora en los momentos en que no era posible obtenerla por observación directa. Así, la ampolleta de arena, formada por dos recipientes de vidrio en forma de conos, con un mismo eje, y cómunicados por una pequeña abertura, por la que el fino polvo discurría de arriba abajo por gravedad, y cuya duración era de unos 15 min. No puede ser mucha la antigüedad de tales instrumentos, ya que para construirlos hubo de conocerse la técnica del soplado del vidrio. Una combinación de cuatro ampolletas de arena servía para aislar y medir una hora.Con la clepsidra, o reloj de agua, el tiempo se graduaba por el lento goteo del líquido contenido en el recipiente, con lo que el nivel de agua servía de índice; y los candiles o velones, de aceite aquéllos y de cera éstos, permitían también, singularmente de noche, observar el paso de las horas. Tales formas de controlar lapsos de tiempo, independientemente del transcurrir de ese mismo tiempo dentro del calendario que los humanos hemos adoptado, no es r., en rigor, y si bien las clepsidras, los velones y ampolletas han permitido, por referencia a algo que cae o se consume, observar de un modo indirecto el paso de una hora, de sus fracciones, o incluso de varias horas seguidas, no lograron, generalmente, señalar y hacer conocer la hora de que se trataba, que es la finalidad esencial del reloj. Parece, no obstante, que ha habido excepciones; es decir, clepsidras más complicadas, en las que un flotador interno, conectado a una aguja adosada a una esfera horaria, servía para señalar el tiempo, y hasta se ha podido afirmar que fueron los rodajes o engranajes de las clepsidras el verdadero fundamento para la introducción de la mecánica en relojería.Son, en cambio, el gnomon, el obelisco y los relojes de sol, en sus innumerables formas, los precursores del reloj mecánico en cuanto a la función que desempeñaron, y con él prevalecieron durante siglos. Con ellos, el hombre de casi todas las culturas resolvió la señalización de las horas diurnas, y en la forma que ha quedado definitivamente aceptada. Pudo conocer el tiempo que era en cada lugar y en cada momento, por la posición de la sombra que el Sol proyectase en el cuadrante, según el meridiano en que se encontraba el observador. Naturalmente, estos relojes no servían de nada en horas sin luz ni en días nublados.Alfonso X el Sabio es citado justamente en todas las monografías sobre el tema, porque acertó a recoger, en un completo compendio, todas las formas posibles de medición del tiempo en el s. XIII; los cinco libros de los relogios allonsíes, incluidos en los Libros del Saber de Astronomía (1265) y dedicados al reloj de la piedra de la sombra, al del palacio de las horas, al de agua, al de la candela y al de mercurio. No hay conocimiento de ningún reloj mecánico anterior a esa fecha.Al idioma castellano le falta la palabra que permita distinguir el reloj, según sea mueble, del que tiene uso personal, como sucede en francés (horloge, montre) y en inglés (clock, watch). Nos hubiera sido útil ahora, porque la aparición y la evolución de cada uno de estos artilugios no son siempre simultáneos ni paralelos. Por cuanto se refiere al primero de esos grupos, hay un momento que divide en dos el proceso de su desarrollo, y es cuando el físico holandés Christiaan Huygens (v.), valiéndose o no de los descubrimientos de Galileo (v.), aplica por primera vez el péndulo (v.) a un movimiento de r. Si cerramos el ciclo histórico en 1950, que es cuando más o menos nace para el uso científico el reloj-oscilador de cuarzo, obtendremos el siguiente esquema: 1290-1656: relojeria mecánica anterior al péndulo (precisión de hasta un min. al día); 1656-1950: relojería mecánica a partir del péndulo (precisión de hasta un seg. al día); y desde 1950: relojería electrónica (precisión de una milésima de seg. al día).1. Relojería mecánica anterior al péndulo. El reloj mecánico aparece a finales del s. XIII, y se creó para las catedrales, iglesias y ayuntamientos, desde cuyas torres se impartían a la comunidad las señales horarias diurnas, sonadas tradicionalmente a mano, y después por este vehículo mecánico, que en principio no mostraba esfera al exterior. Es de advertir que en la Alta Edad Media las señales correspondían a las horas canónicas, no al tiempo civil. La clave de toques de campana para cada una de esas horas la descubrió el investigador Antonio Simoni en 1933.Comienzan a instalarse con profusión, a partir de 1300, como hemos dicho, los relojes mecánicos en villas y ciudades, aunque hay indicios de ejemplos anteriores. Estos relojes, pese a su natural primitivismo, ya tenían los tres elementos que necesitaría después todo reloj para funcionar: órgano motor, escape y regulador. Cada uno de estos elementos ha tenido variaciones o mejoras a través de los siglos; pero siempre han sido esenciales para el reloj desde que con ellos se logró la segmentación continuada del tiempo. Fueron cerrajeros sus primeros constructores, y el material empleado era el hierro. En 1364, Giovanni Dondi construye un reloj astronómico de interior, y escribe un tratado acerca de él, que ha permitido modernamente una reconstrucción perfecta de aquel ingenio. Es un ejemplar fuera de serie y de época, podría decirse, pues los refinamientos técnicos y la ingeniosa disposición de esta pieza se adelantan varios siglos sobre el genio constructivo e imaginativo de las generaciones subsiguientes.Los primeros relojes de apartamento, ya de fines del s. XIV, son murales, con jaula de estilo gótico. El órgano motor estaba constituido por un cilindro al que se arrollaba una cuerda, de la que pendía la pesa. El escape era de paletas, y el regulador del tipo "foliot". Carecían de caja. Hay bastantes ilustraciones en códices que los representan. Hasta nuestros días han llegado contadísimos ejemplares, a los que no es fácil asignar fecha exacta de construcción. Hacia 1450 se inventa el motor a muelle, que permite construir relojes portátiles, en los que el "foliot" hubo de ser sustituido por un volante. A partir de esta época el desarrollo de uno y otro tipo de relojes (pesasmuelle) marcha por separado. Los de pesas, necesariamente inmóviles, y los de muelle, tanto para sobremesa o chimenea como portátiles, se beneficiarán, no obstante, de mejoras comunes. Leonardo da Vinci (v.) traza diversos esquemas parciales de movimientos de r., especialmente de escapes, así como dibujos de péndulos con la intención más probable de usarlos en mecanismos para una regularidad de movimientos que para una regulación de la medida del tiempo.Nuremberg y Blois son, a comienzos del s. XVI, los centros de producción más activos en r. portátil. En 1535 Carlos I de España lleva consigo desde Milán a un relojero e ingeniero notable, Juanelo Turriano, que le acompaña en su retiro a Yuste. Turriano construyó en España diversos relojes artísticos, algunos con autómatas, que se han perdido. Con relativa rapidez, a lo largo de esa centuria, se introducen en las casas nobles los relojes de sobremesa, de esfera horizontal, en forma cuadrada o redonda. Son piezas con cajas de latón dorado, cinceladas, de extraordinario valor artístico. También adoptan formas de custodia, y abundan los turriformes. Augsburgo desplaza a Nuremberg en la primacía de la producción; en Insbruck, Praga y Viena, con Estrasburgo, Blois, Lyon, Abbeville y París están las sedes de los demás talleres. Pierre de Fobis, Jost Burgi y Johann Reinhold son los artífices más sobresalientes de la segunda mitad del s. XVI, sin que esto quiera decir que no haya habido otros notables maestros, aunque sus nombres nos sean desconocidos, porque no era frecuente que firmasen sus obras.El segundo reloj de la catedral de Estrasburgo lo concluye en 1574 Isaac Habrech (el primero era de 1354, y el actual es de 1842). Obras como ésta, en las que a un artífice le correspondía volcar todos los conocimientos físico-mecánico-astronómicos. de la época, se han producido en diversos puntos de Europa: catedrales de Lyon (1598), Besangon (1439; el actual, de 1858), Augsburgo (1590), Rostock (restaurado en 1677); iglesias de S. María de Gdarísk (1470), de Nuremberg (1509), de Wismar (1542), de Lübeck (1560), y modernamente en Beauvais (1867) y Lund (1923); ayuntamientos de Praga (1570), Olmutz (1560), Heilbron (1580), Ulm (1530), y modernamente en Munich (1908) y Oslo (1950); torres de Mantua (1473), Venecia (1499), Berna (1527), y modernamente en Lierre (1930), por citar sólo unos cuantos.En 1583 Galileo descubre las leyes del isocronismo del péndulo, aunque hasta 1638 no publica sus teorías. Desde 1600 aparecen los autómatas con música diversa (órgano, carillón, cajas de música). En Augsburgo se combinan estos instrumentos mecánico-musicales con relojes. También aparece el mueble para el reloj de pie, el reloj adosado a la pared, y no colgado, con su frente muy ornamentado.Comienzan a hacerse en Inglaterra, desde 1620, relojes portátiles, llamados "cebollones", de notable calidad. Por su parte, lean Toutin, perfeccionando una nueva técnica de la pintura sobre esmalte, comienza en Blois a decorar así las cajas de los relojes, arte que alcanzaría en Ginebra durante el s. XVIII y el siguiente un inigualado esplendor.El ingenio humano no ha cesado de imaginar variantes en r., además de proseguir su desarrollo. Ensayos coronados por el éxito son emprendidos por doquier, en número incalculable. Citemos los de Christian Margraf (Praga 1595) con el reloj accionado a bolas, que más tarde repetiría Radeloff, en Slesvig (1654), lo volvería a realizar el inglés Congreve (1805) y todavía sería reinventado un siglo después por el americano C. H. Bridges, como ejemplo de logros que no han llegado a implantarse por falta de aceptación comercial, y quedan como realizaciones únicas. Los hermanos Campani, de Roma, obtuvieron, en cambio, un gran éxito con su "reloj nocturno", al atender un ruego del papa Alejandro VII, a quien molestaban las campanadas y tampoco quería los relojes de esfera proyectable a la pared (por cámara oscura), que le deslumbraban. Este modelo, con cifras caladas que permiten leer la hora en la oscuridad, gracias a una candela que ardía en el interior de la caja, y señalando por medio de un curioso sistema de discos giratorios, fue muy reproducido, tanto en Italia como en Inglaterra, durante el s. XVII. Tenía la forma de un altar, de estilo Renacimiento, y una bonita pintura sobre cobre ocupaba el espacio de la esfera. La regularidad de marcha era bastante buena. Equivocadamente, se ha creído que los relojes góticos del s. xvi tenían un error de ±1-2 h. por día; sin embargo, restaurados algunos ejemplares, y sometidos a cuidados especiales para su observación, se ha verificado que el error de marcha es de sólo + 10 a 20 min. cada 24 h.La duración de la marcha era otra preocupación para quienes trataban de hacer progresos en r. La primera mención de un reloj de muelle con marcha de tres meses se refiere a Jost Burgi (1585). En 1650, Hans Buschmann hizo uno con dotación de cuerda para un año, aunque es en 1690 -época del péndulo- cuando los maestros ingleses construyen relojes con tres, seis y doce meses de marcha.En 1641, Galileo encarga a su hijo Vicenzo y a su discípulo Viviani dibujar un reloj en el que por primera vez se utiliza el péndulo como regulador. Ocho años después, Vicenzo Galileo, con Viviani y Domenico Ballestri, ejecuta un reloj a péndulo según los planos de su padre. El isocronismo de las oscilaciones pendulares, origen del péndulo, estaba descubierto; pero tal reloj ha desaparecido, con lo cual la vieja polémica sobre la paternidad del trascendental invento, que tuvo origen ya por entonces, ha permanecido siempre latente entre los investigadores. Huygens construye, finalmente, en 1656, su primer reloj de péndulo. Es necesario decir que es un péndulo sin acoplamiento rígido a la varilla de las paletas, porque no está descartado que haya habido algún intento anterior, si bien es problemático, después de los centenares de piezas examinadas por la investigación, y confuso, puesto que a relojes de fecha anterior se les acopló con posterioridad algún péndulo para que tuviesen mejor marcha. De este año parte, pues, el logro triunfal de los relojes con oscilaciones propias (isócronas). De ello hace mención el propio Huygens al año siguiente, y en 1658 anuncia el principio de la conducta cicloidal del péndulo para asegurar su isocronismo con independencia del tamaño de su amplitud. El mérito de Huygens es haber dado al mundo este género de instrumentos horarios con la mayor precisión que de él resultaba.2. Relojería mecánica posterior al péndulo. La incorporación del péndulo al reloj supuso el total despegue de la técnica frente a las limitaciones que hasta entonces había tenido la cronometría. Ya en 1660, y debido a la precisión que aquél confería a los relojes, comenzaron éstos a ser equipados de agujas de minutos, con el cañón de las horas y de los minutos en el árbol de la rueda de centro, según han seguido ya montándose a partir de ese momento, mientras que los ensayos anteriores de colocación de agujas de minutos eran, además de escasos, complicados.Según los relojes fueron ganando en regularidad, se introdujo un problema en los hábitos comunes de medición del tiempo, que en un principio no fue advertido. En efecto, al dividir con tan rigurosa exactitud la duración del día y de la noche en 24 fracciones iguales, compuesta cada una de 60 minutos iguales, sus resultados no coincidían con la dimensión variable del periodo (que dependía de la situación de la Tierra respecto al Sol según las estaciones), originándose así una diferencia entre el tiempo aparente y el real que se hacía patente al mediodía, por lo que el usuario se veía precisado a corregir casi diariamente su reloj para evitar la acumulación del error. Esta diferencia se conocía con el nombre de "ecuación del tiempo", y la r. no logró reflejarla en la esfera de un reloj hasta 1694, en que separadamente Thomas Tompion y Daniel Quare, londinenses, construyeron sendos relojes de sala que indicaban exactamente esa ecuación, y que permitían una puesta en hora (por observación de un reloj de sol) sin operaciones aritméticas complicadas y azarosas. Son ingleses también, East, Fromantel y Knibb, con los nombrados, los relojeros que comprendieron las inmensas ventajas del nuevo órgano regulador, logrando en sus obras mejorar todo lo que se había hecho hasta entonces, y situando a la r. inglesa en cabeza de la producción europea.En 1674, Huygens construyó en París el primer reloj con volante acoplado a un muelle en espiral, inventando así el volante moderno, que será ya el regulador de todos los instrumentos horarios portátiles (los que ya desde hacía tiempo se beneficiaban de la aplicación del caracol, especie de huso con el que, mediante la cuerda de tripa o la cadena que lo vinculaba al barrilete, según los casos, se mantenía constante la tensión del muelle). Antes de finalizar el siglo se inicia en Ginebra el apogeo del reloj esmaltado. Comienza ya en esa ciudad la división del trabajo por especialidades, que tanto contribuiría a resolver la comercialización de las piezas, en otro tiempo reservadas para una selecta clientela de privilegiados.Mientras tanto, en Francia aparecen cajas de reloj de pie y de chimenea, llamadas pendules, bajo Luis XIV. Su arquitectura se inicia con formas de altares, llamado en principio estilo "religioso", para pasar después a diseños más atrevidos y recargados, y alcanzar su plena estilización con el estilo Luis XV. En Francia interesó más la ejecución primorosa de la caja que renovar la concepción tradicional del mecanismo. Especímenes valiosos del grado de esplendor de este mobiliario, llenan la primera mitad del s. XVIII. Los nombres de Boulle, Cressent y Falconet (v.) -ebanista, broncista y escultor, respectivamente- pueden citarse como ejemplo de la incorporación de artistas de rango a la decoración de las piezas de r. suntuaria. Hay una intensa actividad inventiva en esa época. Los ensayos, las peticiones de patentes se multiplican de tal forma en cada taller, que resulta imposible citar a todos los que han aportado mejoras incorporadas a la producción posterior. En general, actuaron sobre los órganos fundamentales del sistema: en cuanto al regulador (péndulo), sobre su suspensión, y sobre la compensación de las dilataciones debidas al calor; en los relojes portátiles, resolviendo la compensación del volante, así como el perfeccionamiento del espiral hasta llegar a la solución Bréguet; respecto al escape, la sustitución del sistema de paletas por el áncora, y las mil formas de ésta. Hasta sobre el órgano motor se hicieron experimentos sin cuento, aunque hayan prevalecido las dos soluciones tradicionales, hasta que la aparición de la electricidad introdujo innovaciones insospechadas. Citemos, someramente, algunas de esas invenciones:Thompion ejecuta un reloj con escape de cilindro a reposo, sistema que mejoraría posteriormente Graham en 1715, creando el áncora de reposo para los relojes reguladores, y el escape de cilindro para los de bolsillo. El ginebrino Nicolás Fatio inventa en Londres (1700) los centros de piedra preciosa, y es el primero que utiliza como tales los rubíes perforados. El mismo Graham, en 1721, inventa el péndulo compensador de mercurio. Por su parte, Harrison soluciona el problema con el péndulo de varillas, en el cual las diferencias de dilatación en los distintos metales compensan el efecto que las variaciones de temperatura ejercían en la longitud del péndulo. El primer escape de áncora en los relojes de bolsillo lo utiliza el abad Hautefeuille en 1720. El árbol de volante tenía un piñón cuyo movimiento de vaivén era provocado por un rastrillo solidario del áncora; pero es en 1750 cuando Thomas Mudge utiliza el primer escape libre de áncora, que no se aplica de forma general hasta 1850 (la forma actual se debe a los hermanos Leschot, suizos). El escape duplex aparece en 1724 (Dutertre), y es perfeccionado en 1759 por Julien le Roy. El de rueda de pasadores es aplicado por primera vez por Amant, en 1741. Como solución para el reloj económico, y en lugar del escape de cilindro, es adoptado a mediados del s. XIX, y hoy día está todavia en uso para un gran porcentaje de la producción de relojes de pulsera.
Desde 1717, los relojeros franceses habían atacado resueltamente el problema de los relojes de ecuación. A partir de 1730, Francia desbanca a Inglaterra en los sectores de relojes de pie y sobremesa, gracias a sus excelentes artesanos cajistas, de los que hemos hablado. No obstante, en relojes de calidad, Inglaterra continuó ocupando el primer lugar hasta mediado el s. xix. La r. de Augsburgo, en cambio, pierde su importancia anterior.En 1751, Le Plat inventa un reloj que se carga por las variaciones de la presión atmosférica. -Lepaute publica en 1755 un proyecto semejante, y James Cox realiza en Londres, en 1774, uno que se accionaba por mediación de las variaciones barométricas.Los relojes de longitudes. El problema de la determinación de la longitud en el mar, que empezó a manifestarse desde el descubrimiento de América, preocupaba a todos los Estados europeos. En 1735, John Harrison, carpintero y mecánico, construye su primer reloj de longitudes, provisto de un regulador de doble volante; pero hasta 1759 no se da por resuelto el problema, y no con los cronómetros de gran tamaño que hiciese en 1741 y en 1757, sino con un reloj portátil, de 12,7 cm. de diámetro, que cabía en la faltriquera. El Timekoper N° 4 de Harrison no acusó más error que 56 seg. en 156 días de viaje. Cien años después del péndulo, y sin necesidad de él, pudo probarse que era posible la construcción de un cronómetro capaz de marcar la hora exacta, a pesar del balanceo del barco y de las diferencias de temperatura que se producían en alta mar. El prestigio que gana con ello la r. inglesa es enorme, y ello repercute también en la futura superioridad de su Marina. Berthoud acaba el primer cronómetro francés de Marina en 1761; en 1769 lo consigue también Pierre le Roy. Arnold y Earnshaw resuelven en Inglaterra la producción comercial.Carlos III de España envía a París y a Londres a los alumnos más destacados de la Escuela de Relojería de Madrid, para que lograsen imponerse en esa especialidad, conocida como r. "sublime": Antonio Molina, Cayetano Sánchez, Agustín Albino, Blas Muñoz y su hijo Luis son algunos de los que lo harían, regentando por algún tiempo el taller de la isla de San Fernando (Cádiz), donde se revisaban y componían estos relojes, de los que algunos se fabricaron en España.Prosiguen, mientras tanto, los perfeccionamientos en el reloj portátil. Ya en 1690, Enderlin, en Basilea, hace un reloj de bolsillo de ocho días de cuerda. En 1755, Romilly, en París, realiza otro con esa misma duración, cuyo volante batía el segundo; pero no estaría por ahí la solución buscada, sino en la eliminación de la llave de dar cuerda. Prosiguiendo ensayos iniciados por relojeros de fines del s. XVII, Adrien Philippe, en 1842, construye su primer reloj de remontaje por la corona. Dieciocho años después, Jaeger-le-Coultre lo hace ser aceptado, reemplazando definitivamente el sistema de cuerda por llave. Thomas Earnshaw, en 1781, da al escape de reposo a muelle la forma que ha conservado hasta hoy. Arnold, Berthoud y Mudge hacen otras mejoras en el mismo escape, e inventan otros. John Arnold, el espiral cilíndrico (1775), el volante compensado (1782) y el escape libre con disparo. Bréguet introduce mejoras decisivas en los relojes de bolsillo: el espiral de su nombre, el torbellino, la disposición de engranajes, el timbre, la forma de las agujas y la cuerda automática. Es famoso su reloj de suscripción, de una sola aguja.Los primeros relojes automáticos los realiza en Suiza Abraham Louis Perrelet, y son el punto de partida de una evolución que ya nunca cesará. Bréguet adelantó mucho en este campo; pero el reloj de bolsillo automático no logrará expansión. Harewood (1914) hace patentar en Londres los principios del reloj de pulsera con cuerda automática. Hans Wilsdorf, de Ginebra, después de la I Guerra mundial, logra la comercialización y la aceptación general de estos relojes, que después de 1945 se fabrican ya como un producto normal, hasta llegar a representar casi un 50% del total.Formas de dar cuerda a otros tipos de relojes, además de las clásicas y de las que aportó la electricidad, hay otras muchas, y algunas bien curiosas: por gravedad del peso de la propia máquina (sistemas de cremallera y de sierra), por el aire, actuando como molino de viento o veleta, por la luz solar, mediante células fotoeléctricas, y hay un reloj que se fabrica comercialmente (Atmos) al que lo cargan las variaciones de temperatura. Un curioso reloj movido por el agua hay o ha habido en los jardines de Pincio, en Roma, construido en 1872 por el P. Embriaco. El agua tiene en él un papel motriz, y no regulador, como en las clepsidras.Mas el verdadero avance de la r., después de Bréguet (m. 1823), que llegó al cenit de los perfeccionamientos mecánicos, puede atribuirse a la especialización del trabajo y a la mecanización de la fabricación. Toda labor manual y semimecánica que precisaban las series ha llegado a ser automatizada, y en esta nueva batalla el triunfo fue de los suizos, que trabajaron desde mediados del siglo pasado en el reloj de bolsillo, y después en el de pulsera. Desde sus primitivas manufacturas, movidas aún con energía hidráulica o con vapor de agua, su tesón se ha beneficiado no sólo de los avances tecnológicos producidos desde entonces, sino del producto de un mercado mundial, casi sin competencia. Hoy día la fabricación está automatizada en casi un 90%, quedando el resto de las operaciones manuales para el montaje y la afinación. Con parque de maquinaria suizo se han montado fábricas, después de la II Guerra mundial, en otros países. Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos tienen producción propia. Japón se ha lanzado a la exportación y a la conquista de mercados en los últimos años. La URSS también fabrica relojes de pulsera; el Estado planificó esta producción, hacia 1950, en vista de su enorme mercado potencial interior, que la puede sustentar, y del resto de los países de su órbita de influencia.En España no se fraguó ninguna de las mejoras que hicieron posible ni el desarrollo ni el actual grado de perfeccionamiento de la r. Atendidas las necesidades de la nación desde los centros de producción de sus propios dominios, en la época de los Austrias, fue fácil mercado en el s. XVIII para las producciones, muy avanzadas ya, de Francia e Inglaterra, que buscaron también llegar a través de la Península a los países hispanoamericanos. Mas los españoles no estuvieron siempre de espaldas a esta técnica; interesantes producciones autóctonas se dan, en la segunda mitad del s. XVIII, en Madrid, Cataluña y Noroeste. Sobresalen los nombres de Manuel Gutiérrez, Manuel de Rivas y Antonio Molina, por Madrid; Francisco Javier Méndez y Neira, Andrés Antelo, Ramón Antonio Iglesias, Basilio Sobrecueva y otros, por el Noroeste; y Francisco Roca, José Saldari y José Senesteva, por la región catalana. En la actualidad, España produce r. de mediano y gran tamaño: relojes de torre, de pie, de sobremesa y despertadores. No produce, en cambio, relojes de uso personal, de los que se surte especialmente de Suiza (2.300.000 piezas al año). Algún día se planteará la necesidad de instalar en España una fábrica de relojes de pulsera, para lo cual sería preciso formar un buen plantel de técnicos.3. Relojería eléctrica. La r. eléctrica, que existe desde finales del s. XIX, ha solucionado en estos últimos 70 años las necesidades de instalaciones públicas, por medio de las redes horarias en las que los relojes (secundarios) responden a la marcha regular de un péndulo-patrón. Cada secundario recibe los impulsos al minuto o al medio minuto, a través de un tendido de baja tensión. Hay también relojes que marchan directamente con la red de la instalación eléctrica (síncronos); pero aisladamente. Los relojes eléctricos reciben de la energía la carga que precisan para su marcha, es decir, no hay que darles cuerda. También hay relojes domésticos de funcionamiento eléctrico, a pilas.El campo de la r. eléctrica es hoy vastísimo, pues tiene muchas más ramificaciones y aplicaciones que el de la r. clásica. Citemos solamente los relojes para decir la hora por teléfono, a base de una cinta magnética grabada y de un motor de r. que la hace pasar según el tiempo que es, para que sea escuchada por quien realiza la llamada. Los relojes-marcadores de fichas para el personal, los relojes de exterior, siempre comandados por el reloj-patrón. Hay relojes eléctricos de pulsera, en los que la pila se ha miniaturizado; en ellos, la pila sustituye también al muelle real. Pero hay otro tipo de reloj de pulsera, electrónico, sin escape, sin volante, que utiliza la frecuencia de un diapasón vibrador (Accutron) como regulador. Una rama especial de la r. industrial es la que atiende a las necesidades del cronometraje deportivo, en la que todo el sistema está automatizado, desde la puesta en marcha a su parada. Con relojes de cristal de cuarzo y esferas de números dígitos es posible la emisión del tiempo en pantalla de televisión, a razón de centésimas de segundo.El reloj de cuarzo aprovecha una de las aplicaciones del efecto piezoeléctrico de este cristal, que consiste en su propiedad de polarizarse eléctricamente bajo la influencia de una contracción mecánica, y se manifiesta por la aparición de cargas eléctricas en las facetas donde se ejerce un efecto de deformación (presión, tracción, flexión, torsión o corte). Este fenómeno es reversible, porque esos mismos cristales se deforman (contracción, dilatación, flexión, etc.) cuando se aplica sobre esas mismas facetas una diferencia de potencial conveniente (efecto indirecto). Una inversión de la polaridad de la diferencia de potencial aplicada tiene por consecuencia una inversión del sentido de la deformación. Finalmente, la r. científica del futuro, que ya es presente, se apoya en el reloj atómico, un medidor de tiempo infinitesimal, un nuevo campo en que el relojero ha debido cederle el cetro al físico.LUIS MONTAÑÉS.
BIBL.: E. VON BASSERMANN-JORDAN y H. VON BERTELE, Montres, Horloges et Pendules, 2 ed. Friburgo 1972; L. MONTAÑÉS, Relojes españoles, Madrid 1969.
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