Regoyos, Dario de
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Biografía GER
Pintor español. N. en Ribadesella (Asturias) el 1 nov. 1857; m. en Barcelona el 29 oct. 1913. Su padre, arquitecto, académico de Bellas Artes y diputado por Madrid, quiere que Darío siga una carrera a tono con la posición social de la familia, pero él prefiere dedicarse a la pintura. Hace sus estudios en la Escuela Especial de Pintura de Madrid, en 1877, siendo su maestro el paisajista Carlos Haes (v.), quien le anima a ir a Bélgica. En 1880 ya está en París; seis años antes, en 1874, Claude Monet (v.) y sus amigos habían celebrado una exposición que les valió el calificativo de impressionnistes; en ese mismo año se instala en Bruselas, y en 1882 forma parte del grupo juvenil L’Essor, con algunos de cuyos componentes (Théo van Rysselberghe, Luce, Charlet, Maus, Constantin Meunier) hace un viaje por España; en 1883, el grupo L’Essor expone en Bruselas su visión española. En 1888 vuelve a viajar por España acompañado del poeta pmile Verhaeren, haciendo entre los dos el libro titulado España Negra. En 1895 se casa con Henriette de Montguyon, de noble familia francesa, continuando sus viajes por España, Francia, Alemania, Holanda, Italia, Inglaterra, Suiza, Marruecos...No es afortunado, vive trabajosamente, pero siempre con el estilo de un gran señor. R. es un hombre errante. Pío Baroja (v.), su buen amigo, le describe como "un hombre que haciendo las cosas de una manera juiciosa y sensata parece muchas veces disparatado y absurdo. Tenía una mezcla de ingenuidad y de alegría, una cara jovial y sonriente, con un ojo más alto que otro. No tenía malicia. Regoyos se hacía amigo en seguida de todo el mundo" (Intermedios, 1944). En 1910 se afinca para siempre en Barcelona, conviviendo en Els Quatre Gats con Casas (v.), Utrillo, Rusiñol (v.), Albéniz (v.), Maragall (v.) y Torres García (v.). Sus últimos tiempos son tan patéticos como su visión de España: "andaba como abstraído, dando la sensación de cansancio, de ruina". Padece un cáncer de lengua. Eugenio d’Ors (Xenius en La Veu) despedía así alpintor el día de su muerte: " ¡Pobre Regoyos! ¿No habremos sido demasiado crueles con este artista sincerísimo y delicado? En este momento, al saber su muerte, nos invade un cierto remordimiento, al pensar que le hubiéramos podido dulcificar un poco estos últimos años de su vida". Fue un precursor y, como tal, vivió en solitario.La obra de R. podría dividirse en tres periodos intencionales a fin de abarcarla lo más comprensivamente posible. Un primer periodo es el de su iniciación casi ilustradora, dibujística más bien, de la que nos queda una inmediata visión de sus paisajes y tipos familiares, un delicioso álbum que hoy interesa por igual a sus estudiosos y al mero curioso de una España entre decimonónica y rural, novecentista, más bien ingenua, aislada, con pervivencias de tiempos más antiguos. Hay ya en aquellas notas de R. una literalidad y, al par, una suerte de lirismo imaginativo que habrán de informar luego toda su obra.Un segundo periodo es el de su tétrica visión de España, no tan al dictado de Verhaeren como se cree, pues lo cierto debe ser que 1’Espagne noire fue descubierta primeramente por los propios españoles (Quevedo, Valdés Leal), y su temática ha venido siendo una de las constantes más características del expresionismo español, aunque fueran los franceses, desde Madame d’Aulnoy, los que en primer lugar llamaran la atención sobre aquella España de tan superficiales colores oscuros. R. ha sido, tal vez, el menos negrista de los pintores españoles, pues, si bien se mira, sus temas suelen ser costumbristas, folklóricos, vertidos, eso sí, a un lenguaje puramente plástico. La visión noire de R. debió influir en la obra de su amigo lames Ensor (v.).El tercer periodo, que es, posiblemente, el más interesante, es el de la pintura sin concesiones, o sin apoyaturas populares ni literarias. Hay en la obra de R. una visión entre primitiva (por su ingenuidad) e impresionista, que se podría asociar a la estética barojiana. La España que vibra en los paisajes de R. es de una naturaleza lírica, está vista con sencillez, con candor, diríamos que espontáneamente. La vida tiene un aire humilde y optimista, pero la vida de la Naturaleza. En cambio, las cosas parecen informadas de una agridulce melancolía, y hasta se tornan ásperas no pocas veces. Hay en sus cuadros de sencillo lenguaje y casi metafísico sentido una gran soledad, en los campos y en las aldeas, pero esta primera soledad es fecunda, propicia a todas las creaciones del alma. En la soledad de las cosas, por el contrario, vemos pesimismo. Los paisajes de R. retienen la sensación de un instante, son una impresión de la Naturaleza y de las cosas, pero la fugacidad del tiempo que sobre ellos pasa ha sido poéticamente perdurabilizada. No hay en estos paisajes un tiempo histórico -como lo hay, quiérase o no, en el impresionismo francés-, pues lo que en ellos fluye sin cesar es el tiempo del espíritu, cuya medida se nos escapa. Estos paisajes han podido ser pintados ayer, o mañana. Los jardines italianos de Velázquez (v.) también están fuera del tiempo histórico, pero, aunque parezca paradójico, la misma luz de Sorolla (v.) no puede escapar a su época.R. podrá situarse entre finales del s. XIX y comienzos del XX, pero esta situación será siempre superficial. "Una pasión sin límites por la Naturaleza -escribe Jorge Larco-, un sexto sentido panteísta paisajista, como no se tiene memoria en todo el arte español, sobrepuja todo. Su apego a la tierra vasca duró toda su vida, hasta el punto que, pese a su nacimiento, vascuence se le considera. Las verdes montañas, la vegetación oscura, los horizontes nublados, las blanquecinas nubes, la llovizna continuada y blanda, el sirimiri, los patinados caseríos y el humo del hogar o del tren que rompe la suave ondulación del agro vascongado, prevalecen en su inspiración". Ortega y Gasset evoca precisamente a R. sugiriendo un paisaje con el paso del tren: "Es un paisaje de Regoyos, el más humilde de los pintores, Fra Angélico de las glebas y los sotos, que parecía ponerse de rodillas para pintar una col... Este continuado ritmo de la muerte y resurrección del humito dota al cuadro de una como vital pulsación, que lo mantiene en inmarcesible actualidad". Rafael Benet llama a R. "Zurbarán del impresionismo".ANTONIO MANUEL CAMPOY.
BIBL.: R. SORIANO, Darío de Regoyos, Madrid 1921; R. BENET, Regoyos, Barcelona 1944; 1. LARCO, La pintura española, I, Madrid 1964; A. GARCÍA MIÑOR, El pintor Darío de Regoyos y su época, Oviedo 1958; M. FERNÁNDEZ AVELLO, Pintores asturianos, II, Oviedo 1971.
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