Regionalismo POLÍTICA
Categoria:
Política
Concepto y acepciones. Tendencia o doctrina política según la cual en el gobierno de un Estado debe atenderse especialmente al modo de ser y a las aspiraciones de cada región. Doctrina política y social cuyo principio consiste en favorecer, en el seno de un mismo Estado, las agrupaciones regionales de acuerdo con las divisiones impuestas por la geografía y la historia. Amor o apego a determinada región de un Estado y a las cosas pertenecientes a ella. Tendencia a considerar sólo los intereses particulares de la región en que se habita.Significación política. El r. como movimiento político arranca de experiencias comunitarias y culturales ligadas a lo local o regional. En el grado más alto de exacerbación, que lleva al separatismo (v.), constituye una expresión de insolidaridad e intransigencia, y las heridas que produce son muy difíciles de restañar. Sin embargo, por otra parte, la oposición tajante a las expresiones regionalistas, la centralización indiscriminada y rígida, es una forma clara de ignorancia de la realidad, de la existencia imborrable de rasgos naturales, culturales, étnicos, lingüísticos o religiosos que, lejos de atender a la unidad de la patria, le añaden nuevos valores capaces de vigorizarla.Por eso, si bien el r. encerrado en sí mismo no tiene fuerza creadora, y si es violento e insolidario porta gérmenes de descomposición y no camina de acuerdo con los tiempos, en cambio, sus aspectos positivos pueden contribuir en gran medida a lograr la convivencia nacional, que es una realidad activa y dinámica, no una coexistencia pasiva y estática. No es necesario e importante que las partes de un todo social coincidan en sus deseos y sus ideas; lo necesario e importante es que cada una conozca, y en cierto modo viva, los de las otras, que se establezca un flujo de savia, que las relaciones interregionales vivifiquen y creen. En caso contrario, la nación (v.) se convierte en una serie, más o menos grande, de compartimientos estancos.La lengua, el idioma, es uno de los mayores aglutinantes, y, por tanto, también mayores diferenciadores y conformadores de la regionalidad. Los conflictos lingüísticos marcan la regionalización de un país y con frecuencia encaminan a las regiones al callejón del separatismo. Ejemplo claro en Europa lo dan Finlandia, Bélgica, Suiza y Yugoslavia. La comunicación es esencial para una convivencia racional en todos los órdenes.El regionalismo en España. En España, el r. con mayor fuerza política se ha dado en el País Vasco y en Cataluña. Desde el reinado de Isabel II (v.) se desarrollan sentimientos regionalistas en Galicia, Vascongadas, Cataluña y Valencia. Estos movimientos anticentralistas tenían carácter conservador a principios de este siglo y se fueron desenvolviendo lentamente hasta adquirir su mayor auge durante la II República (1931-36). La burguesía anticentralista, los nuevos industriales y grandes comerciantes, encuentra en los r. periféricos -futuros nacionalismos- su ubicación más segura e interesada. El r. en España no ha sido de ordinario progresista, sino que se apoya más bien en la cultura ancestral. El anticentralismo, ciertamente surgido en los momentos de afloramiento democrático, pronto sigue dos tendencias: la regionalista y la obrerista (inclinada más tarde hacia el anarquismo). En la República española de 1931, las fuerzas, más o menos regionalistas, se dividían así: federalistas, 13 diputados; catalanistas, 46; galleguistas, 20; vasconavarros, 15, en una cámara de 470 diputados. La base cultural del r. catalán hay que buscarla en La patria, oda de Aribau -1833-, con la que se inicia el movimiento de la Renaixenpa. En ella se dice: "la patria, como resultado de la lengua, de la grandeza del pasado y de la tierra". En Cataluña, se aplicó el término regionalista a los catalanistas moderados, especialmente a los miembros de la Lliga (v. ESPAÑA VII; CATALANISMO; CATALUÑA IV; VIZCAYA II). Persisten en Galicia,Vascongadas y Cataluña sentimientos regionalistas cada vez más debilitados, y su expresión más extrema (nacionalista) puede afirmarse que es más bien minoritaria. Se reclama cierta descentralización y la defensa del idioma, la literatura, el folklore, las instituciones propias, y se va abriendo eco en toda España cierta comprensión hacia estas formas de regionalismo.Regionalismo y federalismo. Los grupos regionalistas tienen analogías con los federalistas (v. FEDERALISMO), aunque pueden señalarse diferencias. Una organización federal trata de conjugar la autonomía de las partes con la unidad del todo, de tal manera que mientras en lo específicamente suyo los grupos son autónomos, en la dirección de los asuntos de la comunidad global se hallan sometidos al poder superior de la Federación. Para el regionalista, en cambio, la preocupación por los asuntos de la comunidad global no es cuestión que ataña de modo explícito a su programa: sus preocupaciones están centradas exclusivamente en lo propio de la región. De aquí nacía el ataque de Ganivet, contra la falta de solidaridad que encontraba en los regionalistas. La participación que existe en el federalismo (v.) no está prevista por los regionalistas. Sin embargo, el regionalista no pretende la autonomía política, que es base fundamental de la lucha separatista. Pero la colaboración que en una primera fase están dispuestos a prestar los autonomistas al poder central dentro del objetivo primero que es la consecución del estatuto autónomo, queda en ocasiones diluida y termina por desaparecer al abordar el objetivo final, la plena autonomía.Regionalismo y economía. En lo económico, el primitivo capitalismo regionalista ha cambiado de signo. La centralización, propia de las doctrinas de una economía global dirigida, plantea claramente el antagonismo entre r. y poder central. La rentabilidad nunca se calcula en función de una valoración o de una utilización regionales de los recursos. En caso de subdesarrollo regional, las posibilidades de que éste sea paliado durante la era del despegue industrial y de la industrialización de la agricultura son pocas. En esas etapas no se toma en consideración los intereses de una población vinculada a un lugar, sino solamente la productividad competitiva. De esa forma, el marco del Estado centralizado es el peor que puede encontrar una región a la hora del peligro económico; la actuación capitalista goza de una libertad absoluta, ya que el proteccionismo sólo se concibe a nivel nacional. El aislamiento de la economía de una región no se siente como un mal, por cuanto que globalmente el Estado parece salir enriquecido. En una palabra, se acentúa el desequilibrio económico entre las regiones. Por otra parte, el liberalismo económico también contribuye a aumentar este desequilibrio. Las regiones con recursos naturales, financieros, técnicos y estructurales, no contribuyen al desarrollo de las regiones desfavorecidas, que tratan de conseguirlo todo del Estado central.Hoy el panorama tiende a cambiar, surgiendo una nueva idea, producto de una crisis que afecta al desarrollo uniforme. Quedan al margen los tiempos en que el r. era una oposición romántica a la evolución nacional. La crisis ha surgido porque la alianza de un centralismo autoritario y de un capitalismo expansionista ha roto las economías regionales; no sólo representa una conculcación de los intereses propios de algunas regiones, sino un debilitamiento de la propia idea nacional. Los Estados que tratan de neutralizar, absorber o excluir los r. que no responden a la idea de unidad nacional estatal, destruyen su propia vitalidad y pierden su base principal de autonomía. Parece lógico que el r. tiene que perder fuerza ante la tendencia hacia formas más amplias tanto en lo económico como en lo político. Este argumento no encuentra réplica en cuanto al separatismo, pero sí en cuanto al r. cultural y económico. El subdesarrollo regional impide el desarrollo global y la competencia en unidades más amplias, supranacionales. La opción parece clara: no impedir el desarrollo natural de las regiones con mayores posibilidades, pero al mismo tiempo volcarse en la promoción del desarrollo de las regiones menos favorecidas. Esta política es clara en Italia, p. ej., decidida al impulso del desarrollo del Mezzogiorno. En esta lucha por el desarrollo, un arma fundamental es la defensa del sentimiento regional, único motor perceptible actualmente para renovar en profundidad la conciencia nacional, para obligarla a moverse, en unos tiempos en que las ideas expansionistas o imperialistas no tienen vigencia, y en los que la gran aventura es el desarrollo social.Están surgiendo nuevos planes de desarrollo regional. Para ponerlos en práctica es imprescindible una política educativa regional; sin ella es imposible dar el primer paso, la implicación del elemento humano en sus propios planes de desarrollo social. En este enfoque, la mayor parte de los países están revisando sus propias políticas de emigración. No debe olvidarse que hay un proceso sociológico paralelo entre la alienación cultural de las etnias y la alienación económica de la región. En Hispanoamérica se da, con fuerza, en casi todos los países, un r. Son de destacar, en la Argentina, Mendoza, Córdoba y Entrerríos, y en México, el Yucatán.J. TESTA ÁLAVEZ.
BIBL.: J. ORTEGA Y GASSET, España invertebrada, Madrid 1962; L. DURAN Y VENTOSA, La esencia de los nacionalismos, Buenos Aires 1939; G. TRUJILLO, El federalismo español, Madrid 1967; R. LAFONT, La revolución regionalista, Barcelona 1971; J. VÁZQUEZ DE MELLA, El regionalismo, Barcelona 1935; TORRAS Y BAGES, La tradició catalana, estudi del valor etich i racional, Barcelona 1948; I SEMANA ECONÓMICA INTERNACIONAL, La región y el desarrollo, Madrid 1972.
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