Reflejos BIOL.
Categoria:
Biología
Son aquellas transformaciones que se operan a nivel inconsciente en un centro nervioso, y mediante las cuales una impresión queda mutada en acción o acto reflejo. Tal es la definición que de r. se viene dando por las modernas escuelas conductistas y en cuyo análisis penetraremos más adelante.Reflejos simple y condicionado. Siguiendo a Brennan, puede distinguirse, al menos teóricamente, como unidad funcional del sistema nervioso (v.), al formado por una neurona aferente, que condujera el impulso desde el estímulo, y otra neurona eferente, que lo transportaría al área motora, aunque, sin embargo, "las cosas no son tan simples en la práctica, por lo menos en el hombre y en los animales superiores" (o. c. en bibl.). Si bien es posible que una corriente nerviosa que partiese del exterior siguiera un curso eferente sin pasar por la corteza cerebral, como se pretende afirmar al explicar el acto reflejo simple, ello habría de quedar relegado a los niveles del sistema nervioso existentes en animales inferiores o en animales decorticalizados, es decir, en aquellos cuya médula ha sido separada artificialmente de la corteza.En líneas generales, puede afirmarse que el r. supone la implicación de tres elementos: un estímulo, que es aplicado desde fuera del sistema nervioso central (v. ESTÍMULO PSICOLÓGICO); un mecanismo central o de elaboración, constituido por un receptor encargado de recoger el estímulo, un mediador capaz de poner en conexión una y otra parte del sistema, y un efector representado por un músculo o un sistema glandular conectado además a aquel filete nervioso; y una respuesta, que sería valorada como la contestación del sistema nervioso a la estimulación externa. Hasta aquí el r. simple, que podría definirse por W. Hunter como "un modo de respuesta heredado, controlado por el sistema nervioso".Sin embargo, junto a este tipo de r. existen otros que han sido estudiados sobre todo por los psicólogos adscritos a la reflexología (v.), Psicología fisiológica (v.) y behaviorismo (v. CONDUCTISMO). Se trata de r. que no son innatos, sino que necesitan para su formación de una serie de condiciones, como es el caso de los reflejos condicionados. Su historia se inicia con el experimento de Pavlov (v.), ya conocido desde antiguo, en el que el estímulo incondicionado (alimento que se le da a un perro) es capaz de suscitar una respuesta refleja incondicionada (salivación). Si a este primer estímulo incondicionado se asocia un estímulo condicionado (en nuestro caso el sonido de una campana coincidiendo con la presentación de los alimentos al animal de experimentación), si bien al principio opera desde la neutralidad, más adelante es capaz de producir por sí mismo una respuesta condicionada (en el perro se llegará a producir más tarde la salivación con sólo percibir el sonido de la campana, que desde la neutralidad del primer instante, en que se hacía coincidir con la presentación del alimento, se ha hecho ahora diferente y significativa biológicamente). De tal forma operan estos estímulos, que con sólo oír el animal del experimento el sonido de la campana es capaz de segregar saliva.Las leyes que presiden dichos tipos de r. pueden reducirse en síntesis a las siguientes: a) Contigüidad temporal: para que el estímulo condicionado se asocie al estímulo incondicionado en relación a conseguir la respuesta común, ambos han de presentarse al sujeto del experimento en estrecha contigüidad temporal, no variando el intervalo temporal entre la presentación de uno y otro estímulo más de medio a un segundo. b) Frecuencia o repeticiones: el r. condicionado se favorece con la repetición del experimento. c) Generalización: en el animal condicionado se produce una especie de facilitación para reaccionar a los estímulos que guarden cierta relación de semejanza con el estímulo condicionado o específico. d) Diferenciación: a medida que avanza el proceso condicionante, las respuestas condicionadas del animal de experimentación se hacen más sensibles sólo para el estímulo condicionado. e) Inhibición: se verifica cuando se deja de producir la respuesta condicionada ante un estímulo condicionado. f) Refuerzo: la presencia de un factor motivacional que es valorada como recompensa y gratificación, y cuya misión residiría en fortalecer la unión entre los estímulos condicionado o incondicionado. Con ella se asegura la respuesta aprendida o condicionada. g) Extinción: la presentación del estímulo condicionado sin sucederse del incondicionado origina la extinción gradual y paulatina de la respuesta condicionada.En síntesis, se puede hacer la distinción entre el r. incondicionado (respuesta refleja no aprendida) y el condicionado (respuesta provocada por un estímulo no apropiado, previo un proceso de condicionamiento; v.).Condicionamiento instrumental. Diferencias con el clásico. Después de presentar esta síntesis sobre el r. condicionado, desde un punto de vista clásico, analizamos a continuación lo que se ha dado en llamar, por la Psicología norteamericana, el "condicionamiento instrumental", siendo B. F. Skinner su más típico representante desde sus trabajos de 1930. Una prolongación de estos trabajos ha invadido el campo metodológico investigador de la personalidad (v.), a través fundamentalmente de H. J. Eysenck, así como también afectó más tarde el campo del aprendizaje (v.).Las diferencias entre el condicionamiento clásico y el instrumental u operativo pueden reducirse en síntesis a lo que sigue: En el condicionamiento clásico, la secuencia de eventos es independiente de la conducta del sujeto; mientras que en el instrumental -por contraste-, los "premios" y "castigos" surgen como consecuencia de las respuestas aprendidas o erradas. En el primero, el condicionamiento concierne principalmente a las reacciones autónomas del sistema glandular y muscular liso; mientras que en el segundo se incide sobre todo en las reacciones motrices dependientes de la musculatura estriada. Richielle piensa a este respecto que "puede tratarse de dos aspectos de adaptación al medio que, aunque en la actualidad no es posible fraccionarlos de un modo anatomo-fisiológico, es conveniente tenerlos en cuenta, aunque cada uno de ellos predominara en áreas diferentes de la conducta humana".Crítica. A gran parte de la metodología empleada puede aplicársele una sana crítica. Los antecedentes hay que encontrarlos en el mismo Pavlov, que llegó incluso a escribir: "¿Qué importancia tiene llamarles fenómenos psíquicos o nerviosos complejos, para distinguirlos de los simples hechos fisiológicos, desde el momento que se ha admitido y comprendido que el biólogo sólo puede abordarlos desde el lado objetivo, sin preocuparse del problema de su naturaleza?". Es curioso notar la sustancialidad debatida en este fragmento sucinto de Pavlov. Acaso convenga advertir que nunca la complicación ascendente -modificación aparentemente cuantitativa en sentido pavlovniano- podrá ser equiparada a una simple estructura perteneciente a una órbita nerviosa inferior. De hecho, la suma total del sistema nervioso periférico, aun a pesar de su extraordinaria organización, no puede ser homologable al sistema nervioso central, ni en su organización, ni en su funcionalidad. Además, entre uno y otro existen diferencias de tal grado, que éstas no pueden quedar adscritas ya al orden cuantitativo, sino que pertenecen -sin duda- al orden cualitativo.De otra parte, la "telencefalización", aun sin ser opuesta a lo psíquico -por el contrario, supone su correlato orgánico-, tampoco se deja identificar con aquella instancia, ni tiene idéntica extensión. De este modo, el llamar a unas funciones fisiológicas o psíquicas no puede ser jamás una cuestión baladí -ni menos aún una cuestión de flatus vocis-, sino que contrariamente encierra una antigua temática, próxima ya a fundamentales cuestiones metafísicas, que nos dan en definitiva la última explicación.En cuanto al mecanicismo expresado por Skinner, también se ha de añadir que adolece de una ambigüedad metodológica llena de contrariedades y desacuerdos, llegando a mantener afirmaciones grotescamente mecanicistas. "Las máquinas -dice Skinner- se han convertido en algo más ’viviente’ y se ha descubierto que los organismos se parecen más a la máquina. Las máquinas actuales no solamente son más complejas, sino que han sido ideadas deliberadamente para que operen de forma parecida a la conducta humana... En suma, el hombre ha creado la máquina a su imagen, y, como resultado, el organismo viviente ha perdido algo de su singularidad... Al propio tiempo hemos descubierto más acerca de cómo opera el organismo viviente y somos más capaces de ver la similitud de sus propiedades con las de la máquina". Tal "similitud" parece bastante artificial y simplista. Y es que como Merleau-Ponty (v.) escribiese, "los reflejos son los títeres de la vida"; de aquí que, elevados éstos a una categoría radical, conviertan a ésta -y por extensión, a todo lo psíquico y humano- en la peor clase de todos los circos.Resulta imposible, pues, reducir la complejidad de la vida humana a estas aparentes realidades, como han pretendido algunos de sus desveladores. Y ello, en gran parte, por lo que suponen de artefactos de laboratorio. En efecto, como dice F. Alonso-Fernández, "los factores externos que más influyen sobre nuestro comportamiento no son los estímulos aislados, sino los complejos situacionales cargados de sentido o significación. La vida es el escenario del comportamiento humano sometido a las influencias ejercidas por el significado global de las situaciones" (o. c. en bibl.).H. S. Liddell ha llamado la atención sobre la importancia de las relaciones artificialmente establecidas entre el experimentador y el animal, que modificarían notoriamente la naturaleza individual del mismo, enmascarando sus resultados. El mismo hecho de que varíe individualmente el tiempo necesitado para producir una "neurosis experimental" -si es que se admite esta denominación-, a través del condicionamiento reflexológico ejercido en esos animales, demuestra claramente la participación en su génesis de una pluralidad de factores individuales. Además, resulta imposibilitada desde un punto de vista científico la acción de trasladar -homologando viciosamente- las conclusiones experimentales obtenidas en animales de laboratorio al hombre, en el cual la libertad (v.) es un factor primordial. Como decía Von Uesküll, el animal además vive en un mundo circundante, perceptible y sensible, en el cual se agota su destino y significación frente al mundo siempre variable y lleno de colorido afectivo del hombre, que capta con su inteligencia lo suprasensible y cuya conducta no puede determinarse o predecirse de un modo mecánico y matemático. El intento de fecundar el campo del aprendizaje y de la educación humana con estas investigaciones aún es pronto para que pueda ser juzgado. Sin embargo, las líneas investigadoras han demostrado el propósito de su escalada desde Guthrie, C. L. Hull, E. Chace Tolman y W. Kóhler (v.).Estado actual de la cuestión. En la actualidad, parece un tanto minimizada la misma educación humana, cuando se la reduce a una conducta de aprendizaje basada en la "evitación del castigo", frente al estímulo reconocido ahora como aversivo, o su contraria, basada en un "refuerzo", mediante la "gratificación del estímulo", al concordar el resultado de la conducta con la respuesta prefigurada. A ello se podría añadir, finalmente, que muchos de estos experimentos, al igual que ocurre con las partículas elementales, como ha demostrado hasta la saciedad la investigación experimental de la física moderna, son susceptibles de invalidación, pues el simple hecho de la observación supone ya una variación tal que modifica las mismas bases experimentales. Además, se puede adicionar aquella corriente de empatía que contaminaría inconscientemente el experimento y cuyas raíces acaso habría que buscarlas en una valoración aséptica del condicionamiento del propio investigador.Es preciso admitir, a la luz de los hallazgos realizados por estos autores, que las teorías y modelos que acerca de la personalidad (v.) poseemos hoy permiten la predicción de más amplias dimensiones de la misma, entendidas en términos de atributos neurofisiológicos; pero también es cierto que el hombre continúa siendo fundamentalmente un ser biosocial, en el que la herencia y el ambiente influyen como condicionantes inseparables en su conducta (v.), y que la personalidad es algo que sobrepasa lo biológico.Las investigaciones recientes pretenden incorporar factores biológicos en las diferencias individuales e integrarlos con los condicionamientos ambientales a los que hasta ahora se les había dado una significación preponderante, si es que no exclusiva. Tal es el caso de las concluyentes afirmaciones a las que ha llegado Eysenck, estudiando la personalidad de los introvertidos, en los que al parecer existe un sistema nervioso muy fuertemente excitable y con tendencias inhibitorias débiles, frente a las características directamente opuestas halladas en los sujetos extravertidos (v. INTROVERSIÓN Y EXTRAVERSIÓN). De este modo, la personalidad se constituye en el centro de referencia desde el cual se hace comprensible la conducta, siendo tal concepto mucho más amplio que aquel otro que la definía como sólo "la integración de todas las funciones del organismo, incluyendo la mente, cuya función se caracteriza por la simbolización".La personalidad viene a representar la estructura de autodirección y autoactualización que confiere unidad a la experiencia humana. No es, pues, una mera colección de sensaciones, motivaciones y memorizaciones, sino una poderosa fuerza subyacente. No es la estructura exterior, sino el status interior -no reducible a lo biológico- lo que impulsa al hombre hacia el futuro. Acaso frente a estas psicologías sin alma se cumpla en toda su hondura aquel dicho del psicólogo de Lausana, Larguier des Bancels, "si el enrojecimiento debido al calor, p. ej., interesa al fisiólogo, es el rubor, debido a la timidez o a la vergüenza, lo que interesa al psicólogo".V. t.: REFLEXOLOGíA; PSICOLOGÍA ANIMAL; PSICOLOGÍA FISIOLÓGICA; CONDICIONAMIENTO; CONDUCTA; LIBERTAD; PERSONALIDAD.A. POLAINO LORENTE.
BIBL.: F. ALONSO-FERNÁNDEZ, Fundamentos de la Psiquiatría actual, Madrid 1968; M. BARBADO, Estudios de Psicología experimental, 2 vol., Madrid 1946-48; R. E. BRENNAN, Psicología general, 4 ed. Madrid 1969; H. J. EYSENCK, The biological basis ol personality, 1967; P. LERSCH, La estructura de la personalidad, 8 ed. Barcelona 1971; J. J. LóPEZ IBOR, Lecciones de Psicología médica, 2 vol., Madrid 1970.
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