Rebeldía I. Psicología y Sociología. SOCIOL.
Categoria:
Sociología
Concepto. Es la actitud de oposición violenta y tenaz a lo prescrito o sólo establecido, p. ej., por el uso. Dirigida contra todo, en algún orden de cosas, es la contestación. La r. se presenta muy varia: desde su prenuncio, el brote infantil momentáneo, hasta la contestación sistemática y desenfrenada. Por su agresividad (v.) implica los correspondientes condicionamientos (v.) orgánicos, en especial humorales de origen diencefálico; pero no brota sólo de ellos como puramente endógena, también es reactiva (Tinbergen, Scott, Berkowitz). Reducir su estímulo exterior a lo sensible, según el conductismo (v.) es recluirla en lo única o básicamente instintivo; su estudio adecuado lo daría su historia natural (cfr. la obra de Carthy y Ebling, sobre agresión); pero, aun en la sola agresividad y conflicto humanos, esto no basta. Es precisa la motivación (v.) propia, noética, con propósito intencional (Dollard). La misma reactividad del diencéfalo, muy controlable por la corteza cerebral, es confirmación o indicio fisiológico de lo dicho. En lo estimulante intervienen, pues, los motivos por excelencia: lo estimable, los valores.Carácter específico. Tiende la r. a algún tipo de liberación. No precisamente de un mal físico: igual o mayor lo soporta el rebelde por voluntad propia; ni la liberación apetecida se aceptará de gracia, sino reconocida como derecho. Según esto, su previo contenido cognoscitivo de realidades suprasensibles como el derecho, de nociones abstractas, de captación de relaciones, es de neto carácter intelectual. La r. posee, pues, complejidad típicamente humana (no se trata del puro espíritu): de lo cognoscitivo-intelectual, por lo afectivo-orgánico-volitivo, a la violencia exterior de palabra u obra. Casos en que el hecho aparece en su natural originalidad ilustrarán su carácter: "¿Un ideal? Yo tengo sólo uno: ser independiente" (un joven); "Busco la independencia absoluta" (una joven); "Se trata de ser diferente de cuanto ha habido y cuanto hay" (otra joven; los tres de 19 años; cfr. Vieujean, París 1964). "Como Vds. son, nosotros no queremos ser" (un joven, 19 años; cfr. Heutig, Colonia 1967). Síntesis: "Repulsa de cuanto sea tradición británica; derecho a hacerse la propia vida partiendo de la base. Cada uno aspira a ser distinto de los demás" (cfr. Peter, Londres 1965). La raíz es la afirmación de sí, autonomía (v.). Su aplicación va de lo pequeño y restringido hasta lo ilimitado; sus manifestaciones desde el negativismo y resistencia pasiva hasta la lucha armada. La disposición psicológica subyacente la expresan los términos usuales: indocilidad, insumisión, indisciplina, insubordinación. ¿Razón del radical autoafirmarse? ¿Sólo autocomplacencia? El complemento del primer testimonio aducido nos lo aclara: "Ser independiente para realizar todos mis caprichos". El sentirse autónomo añade al agrado inmediato una utilidad: actuar y disfrutar al propio arbitrio.Origen. ¿Justificación? Antitético de esa anhelada independencia parece ser en el hombre la dependencia que le urge en todo, desde la del aire para vivir, hasta la de su Autor supremo para poder ser; el mismo inconformista revolucionario político se somete espontáneamente a múltiples condicionamientos (Herskovits). Sin embargo, también el individuo al desarrollarse y perfeccionarse alcanza potencialidades que le eximen de dependencias anejas a estadios anteriores. Esa capacidad de autonomía le mueve a reclamar su reconocimiento. Proceso y hecho natural, solícitamente favorecido por quienes, en virtud de su superioridad, han tenido autoridad sobre el que se desarrolla. Padres, maestros, jefes, la organización misma de la sociedad, han promovido esa elevación hacia la autonomía personal. Sin duda aceptarán su resultado (V. EDUCACIÓN; FORMACIÓN; OBEDIENCIA). ¿De dónde, pues, la violenta ruptura de la r. en pro de la autonomía? Desde luego, el hecho de la r. en unos casos no invalida la realidad de aquella armónica floración procurada y bien acogida en otros. Una interpretación, generalizada en exceso pero válida en muchos casos, puede ilustrar: la atribución de todo conflicto al resentimiento. A veces así es; pero la r. puede también nacer de lo opuesto: de la satisfacción por éxitos anteriores en la autoafirmación.Esta real dualidad originaria, que en su esquema fundamental abarca todo caso posible, muestra que el normal y armónico avance en la independencia a proporción de la capacidad para ella puede alterarse por dos defectos antitéticos: indebida opresión o afán de indebida autonomía. El primero tiene su símbolo en "el amo y el esclavo" de Hegel (v.); sus aplicaciones son múltiples; cuando es realidad y la reacción cumple las indispensables condiciones, la r. es legítima. Lo opuesto sucede en el segundo caso, tantas veces repetido. Una aplicación de él, simpática en su origen, se debe a lo certeramente observado por Aristóteles: el joven se cree más capazde lo que es porque, en su inexperiencia, no advierte muchas dificultades de la realidad; el equilibrio entre autonomía y suficiencia propia se ha roto por error de apreciación respecto de ésta. Así el tipo que pudiera llamarse puro, más abstracto que real (V. ADOLESCENCIA y JUVENTUD). Aun en él hay en general otro error grave: identificar capacidad para una función con derecho a su libre ejercicio. Además, a la sobreestima propia acompañan normalmente motivaciones que endurecen y hacen más compleja la r.: la soberbia (v.) o del opresor o del rebelde; la apetencia, ya notada, relativa a los caprichos. Componente más profundo es el intelectual: el hombre, como racional que es, rehúsa pasar por arbitrario, no razonable; de ahí el buscar pretextos para su pretendida autojustificación.Hecho sociológico. En la r. como tal son de notar ciertos caracteres. Evidente la desproporción numérica entre los casos de avance normal en autonomía y los de r.; igualmente entre el muy escaso número de instigadores, el considerable de incautos candidatos a secundarla o simpatizar con ella y el muy superior de los, de condición análoga, que, en caso de r. injusta, le son conscientemente ajenos o adversos. La incitación es unas veces utilitaria; otras fraudulenta: seduce con liberar de la autoridad legítima, que se suplantará por la opresión de los agitadores -aun en la pandilla la disciplina es rígida (Thrasher, Whyte)-. Es llamativa su creciente aceptación, mucho más difundida que su práctica (v. PROTESTA; VIOLENCIA).Contribuyen a explicarla, además de la debida reacción contra injustas opresiones, la desmedida exaltación de la libertad (v.) como atributo supremo de la dignidad de la persona humana, con la correlativa desvirtuación de la autoridad (v.), reducida casi a una especie de mal menor; la pretendida justificación de los móviles "profundos" de la subversión; el aplauso y halago publicitarios, a título de su sinceridad; la multiplicada oferta de satisfacciones y provocación a su disfrute, que estimulan la r. contra cuanto lo impida; la condescendencia muy generalizada; el descenso de religiosidad que, enervando la eficacia de la ley moral, tiende en último término a la implantación de la propia espontaneidad como norma de conducta, eliminadas más y más las normas (v.) y leyes (v.) objetivas y condenada toda represión; extremo este último en que cabe gran responsabilidad al freudismo (v. PSICOANÁLISIS). En el caso de menores es importante su conciencia de relativa impunidad, más su inexperiencia y despreocupación por los apremios de la vida.La r. tiene, por fin, su caso límite, su paroxismo. Se da en el enfrentamiento reflejo con la autoridad suma, Dios. Posible psicológicamente por la capacidad volitiva de apetecer cuanto la inteligencia pueda conocer aun bajo sólo apariencia de bien. La insubordinación contra Aquél, que es primer origen y toda la razón del bien y ser del hombre, puede, por especie de culpable ofuscación satánica, aparecer como actual satisfacción de la autoafirmación, aun contradictoria y, en realidad, nefasta. La soberbia (v.) típica de la r. excede en ese caso toda medida.La rebeldía ilegítima, ¿es remediable? Nace desordenadamente -la legítima procura el orden por medios lícitos, aun, en su caso, violentos- por la infracción de las justas exigencias de la realidad: el error, la falsedad, la refleja o semiconsciente repulsa de lo exigido por la verdad son su ocasión o su causa. Raíz de su remedio será la reflexiva y leal búsqueda, proposición y aceptación de la verdad y la abnegada sujeción a sus exigencias, por ambas partes: ejemplaridad en la autoridad y anejo prestigio; firmeza en mantener lo inmutable; comprensión y prudente cesión en todo lo razonable.V. t.: ADOLESCENCIA Y JUVENTUD; AGRESIVIDAD; VIOLENCIA; PROTESTA; CONFLICTOS PSÍQUICOS; PSÍQUICAS, REACCIONES.MUÑOZ PÉREZ-VIZCAÍNO.
BIBL.: J. J. LÓPEZ IBOR, Rebeldes, 4 ed. Madrid 1969; L. BERKOWITZ, Aggression, Nueva York 1962; T. M. NEWCOMB, R. H. TURNER, P. E. CONVERSE, Social Psychology, Nueva York 1965; A. SAUVY, La rebelión de los jóvenes, Barcelona 1971; R. GómEz PÉREz, La generación de la protesta, Madrid 1969; A. GARRIGó, La rebeldía universitaria, Madrid 1970; K. HERMANN, Los estudiantes en rebeldía, Madrid 1968.
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