Reaccionarismo POLÍTICA
Categoria:
Política
Concepto y caracteres. Actitud política que se opone a las innovaciones. No debe confundirse con restauración, es decir, con el movimiento que se propone anular o neutralizar los efectos de una revolución o, incluso, hacer lo posible para que no tenga lugar. Restauración se opone a revolución, mientras que reacción se opone a reforma, y ninguno de estos dos últimos conceptos entraña un utopismo, como la revolución, que profetiza el futuro, o la restauración, que idealiza el pasado. Tanto el reformador como el reaccionario viven de las experiencias del presente, pero mientras el reaccionario se angustia ante el mal probable, el reformador tiene la esperanza de un bien posible. El uno ve el presente como estático, el otro como dinámico. El r., frente al restaurador, no se siente cohibido, sino que reacciona con rapidez y agudeza porque ve todo el presente y nada más que el presente. Se adapta a su tiempo, pero lo juzga según un criterio para el cual lo mejor es contentarse con el equilibrio difícilmente alcanzado. Dedica cálidos recuerdos a las dificultades pasadas, pero ignora las nuevas. Como dijera Tocqueville en su famoso discurso de 19 en. 1848 en el parlamento, "pueden tener razón en que una revolución política no es posible. ¿Pero no ven que nos amenaza una revolución social?". El r. dice preocuparse de la tradición, pero la hace degenerar en formalismos y ritos fuera de lugar.El tipo reaccionario resulta sumamente ambiguo. Se apoya en el poder para que el orden prevalezca, pero, al menos en los niveles inferiores, puede ser sólo un mero administrativo. No carece de sentido jurídico, pero como considera que la sociedad ha alcanzado ya su equilibrio, le importa más la seguridad jurídica que la justicia. Las virtudes del reaccionario son estrictamente privadas; carece del sentido de las virtudes públicas y, por eso, es tan corriente la corrupción en los sistemas de este tipo, pues manejan los asuntos públicos como si fueran particulares. Hay también relaciones entre r. y burocracia. Si gobernase, la burocracia, gobernaría según el estilo reaccionario; la política se convertiría así en rito del cual tienden a excluirse las decisiones. El burocratismo (v.) es la consecuencia de la mentalidad reaccionaria, conducida por la cual la burocracia tiende a desarrollar su labor de modo rutinario.Origen. Reaccionarios ha habido siempre, pues es un tipo de mentalidad. Pero el r. en cuanto actitud más o menos colectiva es moderno: nace desde que aparecen en el s. XVIII y XIX la conciencia de cambio y las consiguientes actitudes reformistas.El fenómeno se torna explícito después de la Revolución francesa. Aparece un pensamiento reaccionario que se vincula, inicialmente, al pensamiento restaurador. J. de Maistre (v.), De Bonald (v.), en Francia, Novalis (v.), A. Müller, Treitschke, Stahl en Alemania, el grupo tory (v. TORIES) en Inglaterra, aunque con ciertas peculiaridades, representan esta tendencia ideológica, la cual se inserta dentro de las corrientes románticas.El r., en efecto, se justifica ideológicamente apelando a la tradición y a la historia. Entiende que la sociedad constituye un producto histórico y que ella misma marcha por sí sola, sin que la acción humana pueda desviar sensiblemente su curso, sino sólo obstaculizarlo; yace, pues, en el trasfondo la idea de destino (histórico), que implica una suerte de fatalismo que -aunque parezca paradójico- pesa también sobre el pensamiento progresista (v.). El r. aparece en contraposición expresa al liberalismo (v.), partidario de la reforma gradual (liberalismo de tipo inglés) o incluso de la revolución (liberalismo de tipo francés). El pensamiento restaurador se mezcla a veces con la actitud reaccionaria y viceversa,pero lo que los "restauracionistas" pretenden no es tanto dilatar los procesos de cambio, como reponer instituciones sin vida pertenecientes al pasado. Su punto de vista es más estrictamente político, mientras el r. se basa fundamentalmente en una actitud de orden psicológico (que puede derivar, naturalmente, en restauracionismo) aunque su expresión más típica es el integrismo (v.). El congreso de Viena (v. 1815) recompuso el orden europeo quebrantado por la Revolución francesa, consiguiendo en los países donde aquélla no había calado suficientemente detener los progresos del liberalismo. Tal fue, en cierto modo, la labor de Metternich (v.), aun cuando sería injusto calificarle de reaccionario, pues, más bien, era un conservador.Es preciso reconocer que el concepto de r. y otros conceptos análogos son un tanto relativos. Dependen mucho del contexto histórico social en el que se proyecten. Incluso actitudes que, en un momento dado, pueden parecer reaccionarias o progresistas, a largo plazo pueden resultar perspicaces o nocivas y viceversa. Muchos de los pensadores citados y otros adivinaron los fenómenos de la masificación y de la aparición del poder totalitario de la mano del progresismo y del modernismo. Es cierto que, como solución, pretenden detener simplemente el curso de la historia mediante sus soluciones absolutistas, pero sus críticas, debidas a su desconfianza en la absoluta bondad y capacidad del hombre, resultan valiosas a la larga. Así, la labor de Metternich pudo parecer reaccionaria en la medida en que se oponía al nacionalismo (v.), que juzgaba incompatible, no sólo con el orden antiguo, sino con la tradición humanista y cristiana; y para ello tomó ciertamente actitudes reaccionarias; pero su visión de un acuerdo europeo anticipa ideales posteriores. Cabe señalar que pensadores liberales, como Tocqueville (v.), hicieron suyos también algunos de los puntos de vista críticos apuntados por el r.Partidos políticos. Suelen calificarse de reaccionarios los llamados partidos de orden. Pero es evidente la diferencia existente entre el partido conservador inglés, p. ej., y alguno de los actuales partidos conservadores (ninguno quiere llamarse reaccionario) hispanoamericanos. Donde existe una estructura moderna, los partidos de ese tipo no suelen encubrir un r., pero sí donde la estructura se halla demasiado retrasada. Lo mismo cabe decir, p. ej., del partido socialista que en Rusia constituye actualmente el mayor obstáculo para el cambio que exige la nueva estructura social que él mismo ha creado. Partidos propiamente reaccionarios por voluntad propia sólo lo son los de tipo fascista (v. FASCISMO) e integrista (v. INTEGRISMO II). Si bien, aun en este caso no es lo mismo la actitud del integrismo francés que los del nacionalsocialismo (v.) alemán o la del partido de Nasser (v.) en Egipto. En todo caso, lo mejor es estudiar la historia de cada partido para poder calificarlo, o no, como reaccionario. Así, en España, postulados del carlismo, partido que suele ser calificado de reaccionario en su origen, pueden hoy resultar avanzados, como su doctrina sobre las regiones, la descentralización, etc. Lo mismo puede decirse del partido integrista y de partidos históricos hispanoamericanos del mismo tipo.D. NEGRO PAVÓN.
BIBL.: R. CARR, España 1808-1939, Barcelona 1969 y bibl. citada allí; J. HERRERO, Los orígenes del reaccionarismo español, Madrid 1971 ; J. LAMBERT, América Latina. Estructuras sociales e instituciones políticas, Barcelona; C. SCHMITT, Politische Romantik, 3 ed. Berlín 1968; J. L. TALMON, Los orígenes de la democracia totalitaria, México 1956; ít), El mesianismo político, México 1969.
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