Raciocinio FIL.
Categoria:
Filosofía
El término proviene del latín ratiocinium. Clásicamente se define como el acto del entendimiento (v.) mediante el cual se llega a conocer una verdad nueva a partir de verdades ya conocidas. El r. es el tercer acto del entendimiento o mente humana; los otros dos son: el juicio (v.) y la formación del concepto (v.).En el r. se busca directamente la validez o corrección estructural, aunque, por supuesto, el objeto del r. sea un conocimiento o juicio verdadero (v. VERDAD). El r. se divide en inductivo (v. INDUCCIÓN) y deductivo (V. DEDUCCIÓN). Este último se caracteriza porque su validez depende exclusivamente de que obedezca a reglas formales. En cambio, el inductivo se caracteriza porque su validez depende exclusivamente de factores materiales o de contenido, concretamente de que la enumeración de casos sea suficiente para fundamentar una generalización; esa suficiencia no se puede reducir a consideraciones formales.La expresión verbal del r. es la argumentación (v.). La definición escolástica de argumentación es "una oración que expresa que una cosa se sigue de otra". La argumentación, pues, consta de antecedentes, consecuente y advertencia del hecho de la conexión o consecuencia.Los distintos tipos de r. son, dentro del deductivo: 1) El silogismo (v.), con sus diferentes variantes (como entememas, sorites, polisilogismo, etc.). Actualmente se trata de estos r. en la Lógica (v.) de términos o de conjuntos. 2) Las inferencias de la Lógica proposicional, que tradicionalmente recibían un tratamiento parcial con el nombre de silogismos hipotéticos; el dilema es un ejemplo. Otro tipo de r. es la inducción, que no es r. estrictamente formal sino que pretende alcanzar el conocimiento de una esencia mediante el conocimiento de un número de casos individuales; casos, naturalmente, que casi nunca serán todos los del tipo. La inducción se hace generalmente en combinación con el método hipotético (V. HIPÓTESIS).El r. es, pues, un método y una forma de conocimienlo: el propio del entendimiento considerado como razón (v.) que pasa de unas verdades a otras nuevas; es un conocimiento que puede denominarse indirecto o mediato, para diferenciarlo del inmediato o directo (como, p. ej., V. APREHENSIÓN; INTUICIÓN) propio del entendimiento como inteligencia (v.). Para el estudio completo del r. remitimos, por tanto, a los artículos que se han mencionado; especialmente, v.: CONOCIMIENTO; RAZÓN; DEDUCCIÓN; INDUCCIÓN; ARGUMENTACIÓN; SILOGISMO; HIPóTESIS; MÉTODO; CIENCIA; PROBABILIDAD Y PROBABILISMO; INVESTIGACIÓN; ANALOGÍA; LÓGICA.
A modo de ejemplo citaremos algunos r. válidos: 1) Un silogismo: "todas las ballenas son mamíferos; ningún crustáceo es mamífero; luego, ningún crustáceo es ballena". 2) Un silogismo hipotético: "vacunándose se evita la viruela; te has vacunado; luego evitarás la viruela". 3) La inducción: un médico, buscando la causa del cólera, interroga a varios enfermos uno por uno y descubre que tienen circunstancias muy variadas, pero que todos han bebido de una misma fuente; concluye que esa fuente es el origen de la infección.Algunos fenomenólogos (V. FENOMENOLOGÍA) ponen en tela de juicio la validez del r. sosteniendo que la única fuente de certeza (v.) está en la intuición (v.) metódicamente perfeccionada. El gran fenomenólogo Husserl (v.) ha reconocido cierto parecido entre su método y la postura de Descartes (v.), cuando buscaba un juicio absolutamente seguro que para él era el cogito ergo sum. Descartes desconfiaba de todos los r. y buscaba una idea clara y distinta, como punto de partida, tomando como tal el mencionado "pienso luego existo", que en realidad no es primer principio de conocimiento (V. CONOCIMIENTO 1; PRINCIPIO). Los fenomenólogos se limitan a intentar captar la esencia del objeto conocido. Algunos pensadores modernos, p. ej., Wittgenstein (v.) y J. S. Mil] (v.), no niegan la validez y la certeza del r., pero sostienen que sólo sirve para ordenar lo que ya sabemos, es decir, que no es camino para obtener ningún conocimiento nuevo. A ello Maritain (v.) y Veatch contestan que mediante una consideración meramente cuantitativa y extensional de nuestros conceptos no se justifica, en efecto, la pretensión de que hay novedad radical en el conocimiento. En cambio, procediendo intencionalmente, es decir, con atención al contenido de los conceptos, sí que caben genuinos avances en el conocimiento. Finalmente, algunos neopositivistas (v.), como Popper, han negado que exista tal cosa como la inducción. Esta afirmación es reacción comprensible contra las pretensiones excesivas de Francis Bacon (v.) y el citado Mill, pero también es exagerada y reduciría todo r. válido al matemático formal. Además, los descubrimientos científicos se atribuirían a adivinaciones, es decir, a intuiciones felices, por mucho que posteriormente se comprobaran esas adivinaciones por el método hipotético.V. t.: Los artículos mencionados en el centro del texto.JAMES G. COLBERT, IR.
BIBL.: ARISTÓTELES, Primeros Analíticos; íD, Segundos Analíticos; I. M. BOCHENSKI, Historia de la lógica formal, Madrid 1967; íD, Métodos actuales del pensamiento, 7 ed. Madrid1971 ;J. GREDT, Elementa Philosophiae, I, Barcelona 1958; JUAN DE SANTO TOMÁS, Cursus philosophiae: Ars Logica; J. MARITAIN, El orden de los conceptos, Buenos Aires 1960.
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