Quintiliano, Marco Fabio
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Biografía GER
N. hacia el 35 en Calagurris (Calahorra), y m. probablemente en el 95 en Roma. Profesor de Retórica del Imperio romano; su concepto unitario del proceso educativo y el realismo pedagógico que esbozó le conceden un puesto importante en la Historia de la Pedagogía y motivan la atención que le prestaron importantes educadores en la Edad Moderna.Datos biográficos. Su padre había ejercido como retórico en Roma. Allí tuvo como maestros al gramático Remio Polemón y al orador Domicio Afro. Terminada su formación regresó a España, donde permaneció hasta el 68 en que, al subir Galba al poder, le llevó consigo. Más tarde, el emperador Vespasiano le nombró director de la escuela de Retórica que había fundado. Durante 20 años se dedicó a la enseñanza y luego se retiró a escribir. No obstante, tuvo que encargarse de la educación de los nietos de Domitila, hermana de Domiciano; fue recompensado con honores consulares. Entre los discípulos más famosos que tuvo se encuentran Juvenal, Plinio el joven y Tácito.Obra y doctrina. Su obra más interesante consiste en los 12 libros que componen las Institutiones Oratoriae. El primero se preocupa de la educación elemental y el segundo del contenido educativo en la escuela de retórica. Los nueve libros siguientes versan sobre la técnica de la retórica, y entre ellos destaca el octavo, dedicado a la elocuencia, y el décimo, en el que, al indicar las lecturas adecuadas al orador, reseña y enjuicia los principales autores griegos y latinos. El libro XII analiza los estudios superiores que debe seguir el orador una vez terminados los cursos de Retórica. Dado el valor fundamentalmente pedagógico que se otorga a Q., interesan, sobre todo, los libros I, II y XII.En los años que llevaba establecido el Imperio de Roma se habían puesto muchas cortapisas al libre desenvolvimiento, tanto de palabra, como de obra. No obstante, había una admiración general por el orador, tanto por parte de gobernados como de gobernantes. La razón estriba en que el orador era el tipo ideal de sociedad romana, la meta que buscaba su educación de una manera directa o mediante acciones difusas. Y Q. fue el hombre que delimitó las características necesarias para ese arquetipo educativo, al tiempo que señalaba el proceso a seguir para su consecución.De ello podremos deduéir en seguida que en la obra de Q. están presentes las notas de utilitarismo, exclusivismo profesional y finalidad política de la educación. Sin embargo, hay que aclarar que para él la educación no es una obra unilateral, razón por la cual hay que buscar una aportación más decisiva de su tratado. Y es ella la concepción armónica del desarrollo humano, presidida por el valor de la persona y, lógicamente, estableciendo una jerarquización subordinada siempre a la formación moral. Hasta tal punto le preocupa esto, que uno de los problemas principales que se plantea es el de si la Retórica es virtud, a lo que contesta afirmativamente. Por tanto, la educación que marca para el orador es, en realidad, una educación en y para la virtud. No puede creer que el juicio y el raciocinio proporcionen datos nocivos al hombre, pues ello significaría, sin duda alguna, que estaban mal formados o se habían ejercitado equivocadamente. El entendimiento suministrará verdades, y como la verdad es el bien, la voluntad actuará rectamente, y la persona -afirma- será virtuosa.Esa educación debe empezar desde los primeros años de la vida del niño. Los padres cuidarán de que las personas que le rodeen se distingan por su ejemplar¡dad, y ellos mismos deberán comportarse bien en todo momento, porque la capacidad de imitación del niño es mayor precisamente cuando menos años tiene. Después conviene llevarlo a una escuela pública. Allí podrá ser espoleado por la estimulación y aprenderá con más facilidad. El maestro tendrá también que cuidar sus actos y sus palabras, atrayendo al bien al niño tanto con buenos consejos como por una vida libre de cualquier vicio. Los padres y los maestros mantendrán un estrecho contacto que permita mayor control del niño, lo que favorecerá su función y servirá en muchas ocasiones para prevenir faltas y evitar castigos. Q. se muestra contrario a todo castigo, pues lo considera ineficaz para cambiar la maldad moral o escolar del alumno, o, mejor dicho, piensa que en ocasiones lo que consigue es aumentar losmotivos de rencor o de miedo hacia las normas educativas de los mayores.El lema de la escuela debe ser crear un ambiente de alegría y esperanza. El niño tiene una capacidad de trabajo ilimitada y, si se encuentra a gusto y ve que puede conseguir metas con cierta facilidad, progresará insensiblemente y sin complejo alguno que pueda determinar su vida en el futuro de modo negativo. Al principio se enseñará con lentitud y sin cesar de repetir, no esperando que se aprenda definitivamente de una sola exposición. La enseñanza presentará una variedad que la haga atractiva. Y se buscará una distribución equilibrada de trabajos y descansos. Q. llama la atención a los maestros para que en sus enseñanzas tengan siempre en cuenta la diferencia de capacidades que se dan en los alumnos. Cree en el poder de la naturaleza, pero también tiene una fe desmesurada en el valor de la educación. En esa antítesis entre naturaleza y arte, piensa que será la última la que logrará perfeccionar la naturaleza.Juicio crítico. La obra de Q. es posiblemente el primer tratado sistemático de Pedagogía en la Antigüedad. Hasta entonces se habían dejado indicaciones sueltas en libros de distinto matiz. Él marca todo el programa a seguir en la formación del orador, desde los primeros años hasta las últimas clases. Es un humanista, aunque mermado por unas circunstancias espacio-temporales, y no es de extrañar que influyera en los hombres del Renacimiento. Muchos de sus principios pedagógicos tienen valor actual y hay que destacar la utilización que hace de conocimientos psicológicos para educar.J. RUIZ BERRIO.
BIBL.: M. F. QUINTILIANO, Institutiones Oratorias, Leipzig 1935; íD, Instituciones oratorias, Madrid 1887; íD, Institutiones Oratorias, liber X, intr. y notas M. DOLO, Barcelona 1947; R. BLANCO Y SÁNCHEZ, Quintiliano y su sistema de educación, Madrid 1935; J. COUSIN, Études sur Quintillien, 2 vol. París 1936; J. F. DOBSON, La educación antigua y su significado actual, Buenos Aires 1947; C. GERINI, Le doctrine pedagogische di M. T. Cicerone, L. A. Seneca, M. F. Quintiliano, Turín 1914; A. GALINO, Historia de la educación. Edades Antigua y Media, Madrid 1960; M. WINTERBOTTOM, Quintilian, Oxford 1970 (contiene la ed. crítica de las Institutiones oratorias, con una valiosa introducción y buenos índices).
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