Puerto Rico V. Lengua y Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
En su libro El español en Puerto Rico (1948), Tomás Navarro pudo afirmar: "En conjunto, las formas del español hablado por los campesinos puertorriqueños coinciden en gran parte con el fondo del habla popular que se oye entre esas mismas clases en todos los países hispánicos". Y añade: "Desde mediados del siglo XIX se suceden sin interrupción escritores puertorriqueños de alto prestigio en los campos de la novela, de la poesía, del ensayo y de la erudición histórica". Y esto, pese a que corría ya el a. 1839 cuando El Boletín Instructivo y Mercantil de Puerto Rico denunciaba la penuria literaria del país, adonde no llegó la imprenta hasta 1806. Sin embargo, ya en 1843 aparecía el primer "Aguinaldo puertorriqueño", dirigido por Ignacio Guasp y publicado por aquel mismo Boletín (v. VIII). Al recibirlo, algunos coterráneos suyos, estudiantes a la sazón en la Univ. de Barcelona, publicaban un año después su Álbum puertorriqueño, en verso y prosa, donde aparecían las firmas de ManuelAlonso, Santiago y Juan Bautista Vidarte, Pablo Sáenz y Francisco Vasallo Cabrera.No se entienda, por lo dicho, que hasta la impresión de aquellas obras, seguidas en 1846 por el Cancionero de Borinquén, no supo P. R. de otras aportaciones intelectuales. Bien recordó Cesáreo Rosa-Nieves (o. c. en bibl.) a Francisco de Ayerra Santa María (1630-1708), que fue de San Juan a dar su obra a la entonces llamada Nueva España, en pleno barroquismo literario, y escribió uno de los más apreciables homenajes líricos, al fallecer en México sor Juana Inés de la Cruz.En su Historia general y natural de las Indias, Fernández de Oviedo (v.) alude al Borinquén. En su Elegía VI, dedicada a los "varones ilustres de Indias" (1589), Juan de Castellanos se vale de descripciones motivadas por la natural hermosura de P. R., primera tierra americana adonde llega. Bernardo de Balbuena, ilustre obispo y poeta, se encuentra con una isla "tan alcanzada así de. dineros como de los demás frutos y mantenimientos de ella", y allí, en San Juan, habría de morir. Cecilia Bóhl de Faber (Fernán Caballero) fue muy desventurada en P. R., maltratada de recién casada por su capitán Antonio Planells, también fallecido en la misma capital. Y si ella se refirió a P. R. llamándolo "paísextrañoy malsano", no faltó un militar español, Juan Rodríguez Calderón, quien lo amara como a su "nueva patria, mi refugio grato", en su Canto en justo elogio de la isla de Puerto Rico (1816). Ya en nuestro siglo, Salvador Rueda, Eduardo Marquina, Francisco Villaespesa, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas (enterrado en San Juan) y otros tuvieron voces de saludo o gratitud para la menor de las Antillas Mayores.Comienzos literarios en el s. XIX. Dentro del grupo de los nombrados estudiantes puertorriqueños de la Univ. de Barcelona figuraba uno, Manuel Antonio Alonso y Pacheco, n. en San Juan el 6 oct. 1822, que infundiría permanente valor a la literatura costumbrista cuando publicó El Gíbaro (1849). Igual que Alonso, Alejandro Tapia y Rivera (1826-82) fue hijo de otro oficial del regimiento de Infantería de Granada. Casi no hubo campo histórico y literario que no le atrajera: teatro, novela, crítica, conferencias, memorias. Escribió el discutido poema La Sataniada, subtitulado Grandiosa epopeya dedicada al príncipe de las tinieblas. Menéndez Pelayo la desdeñó. El asturiano-puertorriqueño Fernández juncos la comentó con mesura.El 11 en. 1839 nacería en Río Cañas, barrio de Mayagüez, un varón esencialmente puro. Pensador ardido, se esforzó en servir al continente americano. Eugenio María de Hostos (v.) animó una nueva tónica vital en la conciencia de la América española, donde, según proclamaba, la única revolución que no había ocurrido era la de la educación. Su lema intelectual, humano y batallador fue siempre "civilización o muerte". Y lo ejemplarizó donde quiera que estuvo:P. R., Chile, Venezuela, Brasil, República Dominicana... En su Moral social (1888) advierte que la misma sería incompleta, muy corta en su alcance y muy mezquina en su propósito, si sólo ligara al hombre con la sociedad nacional de que forma parte. En Chile, donde orientaría la instrucción pública con análogo vigor al de Sarmiento en la Argentina y también en Chile, precedidos ambos por Bello, escribió Hostos su magistral análisis de Hamlet (Ensayo crítico sobre Hamlet), incluido en el libro póstumo Meditando (1909). Es difícil hallarle par en cualquier literatura. Ante el problema ético, desentrañaba intrincados estados de conciencia. Arrostra la tragedia de Shakespeare con virtudes de crítico reveladoras de sorprendentes hallazgos psicológicos.El 12 nov. 1851 nacía en Caguas el más emotivo de los líricos puertorriqueños de su siglo, José Gautier Benítez, m. en San Juan en 1880. Lejos de su isla no pudo sobreponerse a la nostalgia. Uno y otro de sus poemas revelan la angustia de la soledad: el anhelo único del regreso: "En vano me trajo Dios / a un suelo extraño y distante; / en vano está el mar Atlante / interpuesto entre los dos". No le faltarían bríos al joven tuberculoso para componer, poco antes de morir, su espléndido Canto a Puerto Rico. Con análogo aliento al de los artículos que abogaban por las reformas sociales, estimularía a su pueblo a salir con ordenada voluntad del coloniaje: "sin dejar en las zarzas del camino / ni un jirón de su blanca vestidura". El estremecido sentir no le mató el juicioso razonar. Esa semilla tendría su sembrador político en el autonomista Román Baldorioty de Castro (1822-90). Y la cultivó -segura la mano y limpio el pensamiento- Luis Muñoz Rivera (1859-1916). En uno de los poemas de Tropicales (1902) sueña a su P. R. y confirma la aspiración de Gautier Benítez al cantar: "la libertad por única bandera: / sin la cobarde sumisión del paria; / sin el brutal instinto de la fiera".Manuel Zeno Gandía (1855-1930) estudió Medicina en Madrid. De vuelta a P. R. afirma su talento de novelista. Aunque corren 31 años entre la primera y la última de sus ficciones -La charca (1894), Garduña (1896), El negocio (1922) y Redentores (1925)- todas son, de acuerdo con su autor, "crónicas de un mundo enfermo". Repercute en ellas, tardíamente, el naturalismo francés; pero saben de genuinas escenas de su propia tierra. Aguadilla fue la cuna de un orador deslumbrante, combatiente cívico de temperamento febril, poeta que ya en los versos de sus días mozos, titulados Jovillos, comunicó lozanía, novedosa y graciosa, al Madrid cómico y a La Semana cómica: José de Diego (1867-1918). Los de Jovillos no formaron libro hasta 1916, cuando ya su autor era famoso por el poema "A Laura" y otros de Pomarrosas (1904). La lírica gravitaría hacia el tono patriótico-político del idealista de convicciones separatistas, vibrante en sus Cantos de rebeldía (1916) y en Cantos de pitirre, obra póstuma (1950).En lo que va del s. XX, ninguno de los poetas de P. R. supo más a tierra de campo, a criollismo neto y sensual que Luis Llorens Torres (1878-1944). Hay desniveles notables de calidad en él, pero cuando remontaba el vuelo o amasaba sus decires con barro de Collores, llegaba lejos y conmovía. Lo más valioso de su amigo y coeditor de "La Rev. de las Antillas", Nemesio Canales (18781923), es el humorismo, a la vez intelectual, desgarrado, independiente y ácrata, presente en sus Paliques (1913).José P. H. Hernández (1892-1922) vivirá mientras se lea su precioso Madrigal; José Antonio Dávila (18981941), por no pocas páginas de Vendimia (1940); Julia de Burgos (1916-53), por su espléndido Río Grande de Loiza.El año del nacimiento de José Antonio Dávila (1898) fue doblemente afortunado, porque el 20 de marzo vio la luz el más famoso de los líricos de su tierra, Luis Palés Matos (v.), m. el 25 feb. 1959. Nunca alcanzó allí la poesía ni más elevada ni más ceñida expresión dentro de magistrales disciplinas que dejaron, sin embargo, en carne viva la entrañable emoción humana y el depurado arte de su creador.Antonio S. Pedreira (1899-1939), desde la cátedra y la prensa, en sus ensayos y libros, fue estímulo valorizador y crítico orientador. Se esforzó en marcar rutas de porvenir a la cultura nativa, aprendiendo rumbos en Ganivet, Unamuno y Ortega, y aportando ideas señeras, ya constructivas, ya sanamente correctoras. Insularismo (1934) y El periodismo en Puerto Rico (póstuma, 1941) son sus obras fundamentales. Una generación más tarde surgirá otro ensayista de relieve, armado de amor a su tierra y con visión universal acuciada por inquisitiva cultura: Juan Enrique Colberg (1917-64). Su prestigio se asienta en tres libros: Hablar de una andadura breve (1960), Del orbe ideológico de Marañón (1962), y Cuatro autores clásicos contemporáneos de Puerto Rico (póstuma, 1966). El primero, cronológicamente, de esos "cuatro" es Miguel Meléndez Muñoz, que murió meses después de publicarse la obra de Colberg (1966), para quien era "un alma clara, reflexiva, de solitario". Meléndez Muñoz fue también primero entre los cuentistas de su generación. En sus ficciones prefiere el escenario rural -era natural de Cayey, pueblecito de montaña- enriquecido por la nota auténticamente costumbrista y por el noble sentido de la justicia social. En sus narraciones vivió al jíbaro, telúrica y entrañablemente, desde Yuyo (1909), hasta Cuentos y estampas (1959).JOSÉ A. BALSEIRO.
BIBL.: M. FERNÁNDEZ JUNCOS, Antología puertorriqueña, Nueva York 1923; L. ROSARIO QUILEs, Antología de la poesía nuera puertorriqueña, Río Piedras 1971; J. RIVERA DE ÁLVAREZ, Historia de la literatura puertorriqueña, San Juan de Puerto Rico 1969; C. ROSA-NIEVES, Historia panorámica de la literatura puertorriqueña, San Juan de Puerto Rico 1963; M. T. BABíN, Panorama de la cultura puertorriqueña, Nueva York 1958; M. RIVERA, Concepto y expresión del costumbrismo en Manuel A. Alonso, San Juan de Puerto Rico 1952; A. S. PEDREIRA, Hostos, ciudadano de América, Madrid 1932; J. A. BALSEIRO, Crítica y estilo literarios en Eugenio María de Hostos, en El Vigía, 111, San Juan de Puerto Rico 1942; íD, Eugenio María de Hostos: serridor público de América, en Expresión de Hispanoamérica, 1, San Juan de Puerto Rico 1960; íD, Gautier Benítez y el espíritu de su época, en El Vigía, I, Madrid 1925; S. GIRÓN DE SEGURA, Epístolas de José Gautier Benítez, Madrid 1956; J. L. MARTÍN, Análisis analítico de "La Sataniada", San Juan de Puerto Rico 1958.
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