Psicoterapia MEDICINA
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Medicina
1. Generalidades. En sentido amplio, la p. comprende cualesquiera intentos de restauración de la salud por medio de recursos psicológicos. De acuerdo con esta primera y general acepción, puede afirmarse que la p. siempre ha formado parte del quehacer médico. Con independencia de los diversos criterios que han servido a la Medicina para definir la salud y la enfermedad (v.), y aún antes de llegar a plantearse tal cuestión, el médico no ha podido, ni puede, dejar de ejercer su influencia personal sobre los enfermos. Esta realidad constituye el lugar común de las posibilidades de eficacia de todos y cada uno de los métodos psíquicos de curación.Tanto si se considera las enfermedades como mero efecto de alteraciones del orden físico, como en las teorías tendentes a absolutizar el papel causal del psiquismo, de siempre se ha reconocido sin apenas excepciones: 1° la influencia de los problemas humanos en el hecho y evolución del enfermar; y 2° la entidad humana -personalde la relación médico-enfermo. Junto a estos dos hechos, la Medicina de nuestro tiempo tiene en cuenta, además, las aportaciones de la p. misma en relación con el papel del psiquismo en cualquier trastorno. Así se ha contribuido, desde puntos de vista psicológicos, a la evolución del concepto de enfermedad. "No hay enfermedades, sino enfermos", se decía ya en 1930-40 (v. MEDICINA PSICOSOMÁTICA). Y ello porque lo anímico no sólo individualiza las especies del enfermar, sino porque de un modo u otro es siempre afectado.Se comprende que si tales razones abonan la realidad, más o menos conscientemente advertida, de cierta acción psicoterapéutica en cualquier situación facultativa, y la conveniencia de ponderar adecuadamente el juego de los factores personales de la misma, explican, a la vez, las extraordinarias dificultades de llegar a una definición precisa de la p. en cuanto a su naturaleza, métodos a seguir en su aplicación y posibilidades. En principio, cabría admitir tantas escuelas y métodos psicoterapéuticos como modos de concebir la enfermedad, pero, de hecho, ni siquiera tal clasificación sería suficiente. Cada psicoterapeuta acaba por introducir siempre su peculiar manera de comprender y actuar.Sin embargo, más allá de las diferencias teóricas y prácticas, toda p., en el estricto sentido técnico del vocablo, desde que la Psiquiatría (v.) lo adopta y cualifica al constituirse como especialidad médica de rango científiconatural, admite y considera implícitamente resueltas dos cuestiones sobre las que, en rigor, impera una notable falta de acuerdo. A saber: que lo que se pretende curar es de origen psicógeno, es decir, desencadenado por acontecimientos o por efecto del propio psiquismo, y que lo que el médico maneja actúa psicógenamente y de manera selectiva sobre los síntomas propuestos.Clasificación. Partiendo de esta doble proposición, se han clasificado los procedimientos psicoterapéuticos en dos grupos teóricamente bien definidos: los que desarrollan sistemáticamente un esquema, de acuerdo con la interpretación de tales cuestiones, y los que sin seguir reglas fijas buscan, sobre todo, un efecto inmediato. Las primeras se agrupan bajo el nombre de p. sistemática o profunda; las segundas constituyen la p. no sistemática o superficial. Para la primera se exige una formación especializada. La segunda se considera que ha de formar parte de la preparación y posibilidades de cualquier médico.La división antedicha y su consiguiente praxis tiene mucho de convencional. En buena medida ha sido forzada por el psicoanálisis (v.). Si aquí se mantiene, en parte, es para facilitar la comprensión de las peripecias históricas de la p. y de las tendencias actuales, basada alguna de ellas en técnicas que, a partir de Freud (v. FREUD; PSICOLOGÍA PROFUNDA; PSICOANÁLISIS), se habían considerado superadas. Realmente, toda p. es profunda aun en la restrictiva acepción técnica atribuida por el psicoanálisis y escuelas afines a esta palabra, como veremos. Del mismo modo, se ha superado la distinción entre p. causal y p. sintomática, puesto que no hay sino diferencias de grado en cuanto a la acción y efectos terapéuticos. Por eso viene empleándose como módulo clasificador menos rígido la sistematización metodológica y su correspondencia con cierta teoría general del ser humano. Y aun así, deben admitirse, como aquí se hace, una serie de formas catalogables como mixtas que, aparte de las no sistemáticas y las sistemáticas, se exponen entre unas y otras, y las llamadas especiales, por su técnica, que se describirán después.2. Psicoterapia no sistemática. Dejando aparte el espontáneo efecto psicoterapéutico surgido de la relación médico-enfermo en cualquiera de sus formas, cuyo análisis servirá al final del presente artículo para una mejor comprensión de la naturaleza común de los fenómenos, se describen seguidamente una serie de métodos para cuya aplicación no se requiere, de ordinario, formación especializada. En primer lugar citaremos la sugestión (v.), que consiste fundamentalmente en la inducción de ideas, creencias o actitudes por medio de determinados estímulos y al margen de argumentos o razones de carácter lógico. Tales estímulos son, generalmente, de naturaleza verbal. La eficacia de la sugestión se basa en actuar eludiendo las funciones críticas del paciente. La urdimbre del fenómeno es afectiva, y, dentro del amplio espectro de la afectividad (v.), el proceso sugestivo transita, sobre todo, por niveles emocionales, de suerte que, como veremos, llegan a confundirse, en sus formas extremas, sugestión o hipnosis (v. SOFROLOGÍA).La sugestión ocupó un lugar importante en la clínica psiquiátrica de finales del s. XIX, época en que Charcot (v.) dirigía la Clínica de la Salpétriére, donde se aplicó, sobre todo, en el tratamiento de la histeria (v.), enfermedad que, según J. Babinsky, neurólogo eminente y colaborador de Charcot, resultaba ser efecto de ciertas sugestiones; de ahí que fuera tributaria de tal método. Según las condiciones en que se encuentra el paciente y la forma del estímulo, se distinguen diversos tipos de sugestión; la autosugestión, propugnada como método propio por É. Coué (1887-1926), farmacéutico de Nancy, basada en la repetición de proposiciones verbales, p. ej., "cada día me encuentro mejor...", y la heterosugestión o sugestión externa, realizada por medio de artificios de variada índole (acústicos, visuales, eléctricos, táctiles, etc.); la sugestión hipnótica y la sugestión colectiva (v. PsicoLOGíA COLECTIVA). Por último, el método elaborado por Pototzky (pediatra alemán) bajo el nombre de sugestión ambiental, en el que se combinan la acción del medio y la capacidad imaginativa con elementos pedagógicos tradicionales.El valor terapéutico de la sugestión es limitado. Su mecanismo de acción, tan rápido como pasajero. La evolución de las concepciones psicoterapéuticas y de la propianoción del fenómeno sugestivo ha disminuido considerablemente su interés práctico. Fuera de muy concretas y eventuales indicaciones de la forma hipnótica y del efecto sugestivo marginal de otros procedimientos terapéuticos, apenas se emplea en la actualidad.Contemporáneo de Coué y Pototzky fue Paul Dubois (1848-1918), neurólogo francés, a quien se debe en buena parte la técnica y difusión del llamado método suasorio. En los tratados se define la persuasión psicoterapéutica como la acción de convencer de algo a alguien, mediante argumentos lógicos o intelectualmente atractivos. Así, se explica al paciente lo impropio o inadecuado de sus reacciones, exhortándole a que las modifique. Pero esta apelación a lo racional no excluye, aunque en la época en que la persuasión estuvo de moda no se ponderase, la participación de ingredientes de índole afectiva. Por eso, tanto el método suasorio como el sugestivo, aun habiendo perdido interés teórico y no proponiéndose ya de manera unívoca, siguen, como en su tiempo, siendo eficaces en manos de terapeutas de acusada y segura personalidad.Métodos mixtos. Relacionada con las anteriores y otras modalidades de estructura pedagógica más declarada se encuentra la psicagogía. Su creador fue Kronfeld, discípulo de Adler (v.). La orientación de este método es preferentemente teleológica: más que de algo se trata de curar para algo. En consecuencia, se fomenta el ejercicio de las facultades y potencias superiores como configuradoras del carácter, intentando alcanzar un equilibrio suficiente en las relaciones del sujeto con los valores de la realidad. En cierto sentido, el método psicagógico puede considerarse como precursor de las modalidades existenciales de la p. actual y de la dirección conductiva y sintética defendida por algunos psicoanalistas a partir, sobre todo, del vienés Igor Caruso.Otro discípulo de Adler, Fritz Kündel, propugna desde 1930 una concepción unitaria de la p. basada en la consideración ecléctica de las teorías de Freud, Adler y Jung (v.), e incluso en la estimación de los resultados positivos de otros métodos como el sugestivo, ya descrito, y la hipnosis y el entrenamiento autógeno, que como veremos reelabora a través de evidentes influencias de la filosofía de Hegel (v.) y el personalismo crítico del psicólogo William Stern. Esta sistematización es conocida con el nombre de p. dialéctica. En la síntesis de Künkel, lo caracterológico y su proyección existencial alcanzan un desarrollo todavía mayor que en Kronfeld, aun cuando el método simultanee el análisis y la interpretación simbólica de los síntomas con la exposición dialógica del valor de la dimensión social y estética de la vida humana y su sentido religioso. Las nociones clave de la p. dialéctica son la consideración de las alteraciones del carácter (v.) como deficiencias educativas, y la concepción de las neurosis (v.) como intentos fallidos de defensa frente a la angustia de lo desconocido. La idea directriz del método estriba en salvar la contraposición sujeto-objeto, a través de la sustitución progresiva del yo -inferior en su encerramiento- por la apertura hacia el nosotros. Justamente, su obra básica sobre los fundamentos de la práctica psicoterapéutica (Grundzüge der Praktischen Seelenheikunde, 1935) fue vertida al castellano con el título expresivo de Del Yo al Nosotros (Barcelona 1940).En esta línea de aproximación de la p. a las ideas filosóficas y a la problemática cultural de nuestro tiempo debe citarse la p. existencial. Ludwig Binswanger, psiquiatra suizo, crea, partiendo de la concepción de Heidegger (v.), el análisis existencial (Daseinpsychologie).El análisis existencial se apoya en la fenomenología (v.), como método psicológico ordenado a la comprensión de los síntomas, mediante el esclarecimiento de la historia subjetiva del paciente. Pero Binswanger contrapone a la idea heideggeriana del estar en el mundo como inquietud, la de estar albergado como amor. La finalidad de la p. consiste en llevar al enfermo a este conocimiento existencial. Frente a la soledad que determina la angustia derivada de la incertidumbre del futuro, el remedio se encuentra en la vinculación a los demás que la p., realizada como "comunión existencial" (Jaspers), debe facilitar (v. bibl.).Tanto la psicagogía, como la p. dialéctica y el análisis existencial, expuestos en este artículo como formas mixtas de la p., se inspiran en teorías psicológicas, que no pocos autores incluyen dentro del amplio campo de la Psicología profunda (v.). En el apartado siguiente se aclaran estas relaciones. Respecto a la logoterapia, v. FRANKL, V. E.3. Psicoterapia profunda. Aunque la Psicología y la p. profunda inician su peripecia histórica y conceptual como sinónimos y equivalentes del psicoanálisis en su correspondiente versión como doctrina psicológica y como método curativo, en la actualidad son varias y bien diferenciadas las escuelas que, derivadas de la ortodoxia psicoanalítica de la primera época, o bien desde perspectivas originales, pero estimando algunas de sus aportaciones, se clasifican en este apartado.Se ha definido la p. profunda, distinguiéndola de la superficial, por su finalidad de no conformarse con la modificación de eventuales actitudes o la curación de los síntomas, sino que su intento de atacar las causas primarias de los trastornos. La noción básica y común a las diversas direcciones ideológicas de la Psicología profunda es, en síntesis, la existencia de elementos, instancias o factores psicológicos de índole no consciente y que, dotados de un dinamismo peculiar, intervienen activa y decisivamente en la formación del carácter y en la elaboración de los síntomas. Es obvio que toda p. fundada en dicho principio comporta, en forma más o menos explícita, una teoría del hombre, un repertorio de ideas sobre la salud y la enfermedad y una sistematización de la praxis terapéutica. Se comprende así, no sólo el número y diversidad de los métodos, tan a menudo contradictorios, sino la continua evolución de los mismos y la inevitable polémica que, dentro y fuera de los ámbitos profesionales, provoca su confrontación.En las voces PSICOANÁLISIS; PSICOLOGÍA ANALÍTICA; PSICOLOGÍA COMPRENSIVA; PSICOLOGÍA DINÁMICA; PSICOLOGÍA INDIVIDUAL; PSICOLOGÍA PROFUNDA, y en las biografías de ADLER; JUNG; LERSCH; FREUD; WEIZSÁCKER, Se exponen los pormenores históricos y las ideas fundamentales de las escuelas y sistemas más caracterizados. En el presente artículo se resumen a continuación una serie de cuestiones comunes y complementarias.Cronológica y conceptualmente, la p. profunda surge de la revisión hecha por Freud del principal elemento terapéutico de los métodos seguidos por Charcot en la Clínica de la Salpétriére: la catarsis o descarga de afectos retenidos. La catarsis psicomotora, realizada tumultuosamente a través del gran ataque histérico, se convertirá en catarsis verbal. No es que se ignorase ese efecto tranquilizador del habla que médicos y no médicos, antes y después de Freud, han aprovechado para calmar ciertos estados de ánimo. Pero Freud no se conforma con "ver", como Charcot. El prof. Laín Entralgo, historiador eminente de la Medicina y catedrático de la Facultad de Madrid, en su fundamental trabajo La obra de Segismundo Freud (en Estudios de Historia de la Medicina y de Antropología médica, Madrid 1943), indispensable para un cabal entendimiento de origen y la liminal peripecia histórica del psicoanálisis, recuerda cómo a Charcot, al igual que otros famosos clínicos de la época, le importaba más "ver" que "escuchar". "No soy más que un visual", solía decir de sí. Freud no sólo escuchó -catarsis verbal ex ore-, sino que advirtió la influencia sosegadora de la palabra pronunciada por él y escuchada por el paciente -catarsis verbal ex auditu-. Y así, de ambas formas de la catarsis verbal surgen un diálogo y una interpretación, que Freud fundó en la insuficiencia expresiva del lenguaje intencional y consciente. Este es el hecho primero que, independiente de ulteriores y erróneos desarrollos doctrinales, comportaba la afirmación radical de la existencia de unas profundidades psicológicas capaces de operar y sobre las que podía actuarse.Un segundo momento viene dado por la interpretación de tales profundidades, que la ortodoxia psicoanalítica y las doctrinas afines han simplificado, reduciéndolas a la instintividad (v. INSTINTOS). "La suma ambición del psicoanálisis ha sido, por extraño que parezca, la elaboración de una lógica de la vida instintiva. Esto es: la construcción de una lógica interna o intrínseca de lo que por naturaleza es alógico" (Laín Entralgo, o. c.).El tercer hilo doctrinal resulta obvio. Fuera de la conciencia se encuentra el tópico de esas profundidades irracionales sobre las que se asentaría la vida humana. La metáfora usual de la conciencia (v.) psicológica como lugar se aviene muy bien con la idea de que lo irracional profundo le es subyacente. Así, la metáfora se convierte en la realidad cuasi espacial del inconsciente (v.) o subconsciente. Más tarde, esta noción adquirirá un progresivo significado dinámico.Los antedichos elementos configuran el esquema de la p. profunda, y la intención fundamentalmente catártica de su ejercicio desde las primeras comunicaciones de Freud, en 1893-1900, hasta después de 1920, en que el estudio de un último y decisivo factor, la transferencia (v.), completará la sinopsis del método y su técnica. Se subraya aquí su significación afectiva, su valor dinámico y la exigencia, como uno de los requisitos señalados por todos los psicoterapeutas sin excepción, de su control a través de la cura, tratando de evitar el riesgo, siempre existente, de que el enfermo desarrolle una exagerada dependencia del médico.Las indicaciones de la p. profunda son principalmente las neurosis y ciertas alteraciones caracterológicas en las personalidades psicopáticas. Se comprende que las finalidades inmediatas del tratamiento varíen de acuerdo con la interpretación de tales trastornos y del funcionamiento del psiquismo. En su aplicación cabe distinguir, al menos esquemáticamente, entre periodos o momentos de predominio de la pesquisa analítica, y otros orientados con preferencia hacia una síntesis de las posibilidades del paciente. También aquí influyen los criterios de escuela.La tarea analítica trata de esclarecer las relaciones entre el material y el trastorno que se considera subyacente. Dicho material es diverso: los propios síntomas y ciertos pequeños fracasos o trastornos que afectan la espontaneidad de la conducta (llamados actos fallidos). También los sueños (v.) y la estructura de ciertas asociaciones verbales más O menos espontáneas; y las ilusiones, deseos y temores. Todo ello de acuerdo con patrones hermenéuticos característicos de cada orientación doctrinal. La práctica de la p. profunda ha evolucionado considerablemente desde la primera hora de la ortodoxia psicoanalítica a la actualidad. No podía ocurrir de otro modo con un método basado en hipótesis cuya verificación había de realizarse en la propia clínica. Cada dificultad pretendía resolverse agregando al esquema inicial un nuevo eslabón hipotético. Es evidente que semejante recurso no puede mantenerse de manera indefinida, sobre todo cuando se pretende, como lo hizo Freud, alcanzar esa rigurosa simplificación de la Psicopatología (v.), tan característica de la mentalidad científico-natural de su tiempo. Si a ello se añade el empeño de convertir el psicoanálisis en una doctrina del todo del hombre y de la cultura, se comprenderá que ya en los primeros años se iniciase la serie de discrepancias doctrinales y diferencias metodológicas que, a pesar del éxito social del psicoanálisis en ciertos países y sectores de influencia anglosajona, han convertido la p. profunda, y aun el propio psicoanálisis, en un verdadero complejo de teorías y técnicas.He aquí abreviada y ligeramente modificada la clasificación de las escuelas de Psicología profunda propuesta por Dieter Wyss en la obra publicada con este mismo título (Madrid 1964).I) Teorías de Psicología profunda de orientación científico-natural. a) El Psicoanálisis de Freud. b) Escuela de Freud: 1. Karl Abraham; 2. Sandor Ferenczi; 3. Otto Fenichel; 4. El grupo británico (Glover, Ernest Jones, Anna Freud y Melanie Klein); 5. El grupo neoyorquino (Eduard von Hartmann, Kris, Loewenstein, Spitz, Greenacre, Homburger, Erikson); 6. Theodor Reik, Wilhelm Reik, Federn y Alexander. c) El Neopsicoanálisis: 1. La Psicología individual de Adler; 2. Los culturalistas (Karen Horney, Erich Fromm, H. S. Sullivan, Schultz-Hencke, French, Sandor Rado y Abram Kardiner).II) Teorías de Psicología profunda de orientación filosófica. a) Jung; b) Otto Rank; c) El análisis personal: Jaspers y K. Schneider; d) El análisis existencial: Biswanger, von Gebsattel, V. E. Frankl y Straus. e) La Psicología del nosotros: Martin Buber, Max Scheler, K. Lówith, E. Michel, P. Christian, H. Trüb. F. Schottlánder y A. Sborowitz. f) El círculo f igural de Victor von Weizsácker.Crítica de la psicoterapia profunda. Las limitaciones de la p. profunda han sido reconocidas de siempre por sus mismos defensores. Más arriba se han señalado sus posibilidades en los trastornos llamados funcionales (neurosis y ciertos episodios de las personalidades psicopáticas), en los que, independientemente del problema de las causas, se admite, por lo general, la participación de mecanismos psicológicos en la configuración de los síntomas. Dentro y fuera del psicoanálisis se ha pretendido por algunos autores ampliar el campo de su aplicación a las psicosis (v.): lo discutible de sus resultados y los espectaculares progresos que, por otra parte, ha logrado la psicofarmacología (v.) en el tratamiento de dichas enfermedades, han convertido tales intentos en mera curiosidad sin interés práctico.Pero la p. profunda tropieza, aun dentro de sus más acreditadas indicaciones, con dificultades inherentes a sus propios planteamientos. Veamos las más importantes.Es difícil fijar la duración de un tratamiento, que puede durar años y cuya conclusión, lo mismo que la frecuencia y pauta de las sesiones, depende tanto de criterios subjetivos como de las diferentes escuelas. SchultzHencke, p. ej., admite que la terapia analítica puede oscilar entre cuatro y 400 horas. Es problema, y lo será cada vez más por la creciente socialización de la Medicina, su costo, forzosamente prohibitivo para la mayoría de los pacientes. A lo que se ha de agregar los condicionamientos restrictivos que, por exigencias técnicas, gravan las actividades y posibles decisiones del enfermo durante el tratamiento. Estos y otros inconvenientes se han pretendido salvar modificando los métodos originales. Actualmente, se tiende a sustituir el prolongado tiempo del análisis pasivo por formas activas, dirigidas y combinadas, tendentes a abreviar su duración. Por lo mismo, y como veremos, la p. de grupo sustituye cada vez más a la individual.Una última cuestión se plantea a propósito de las condiciones personales, la preparación del psicoterapeuta y su misma calificación profesional. Es evidente que, como toda técnica especializada, requiere adecuada formación y experiencia. De hecho, la enseñanza de la Psiquiatría en las Facultades de Medicina y, sobre todo, en las Escuelas y Clínicas universitarias de la especialidad incluyen en sus programas el estudio y ejercicio de la psicoterapia. Pero los partidarios del psicoanálisis y escuelas afines, al adoptar una actitud exclusiva y excluyente en lo que se refiere a la interpretación de los trastornos mentales y su tratamiento, subestiman los procedimientos académicos, postulando, en cambio, la exigencia del llamado análisis didáctico, sin cuyo requisito las Asoc. de psicoanálisis no otorgan el correspondiente título. Por otra parte, el hecho de que las Asociaciones admitan a miembros no médicos origina, evidentemente, situaciones de difícil solución en el terreno de la competencia profesional. En cualquier caso, las dificultades específicas de la p. profunda estriban principalmente, como ya se ha indicado, en el riesgo de fomentar tanto la dependencia del enfermo respecto del médico como la satisfacción de ciertas necesidades íntimas de éste, tales la seguridad, el prestigio o el afecto, problemas, en fin, comunes a cualquier tipo de relación profesional. Respecto a los problemas éticos que puede plantear la p., pueden consultarse las voces PSICOANÁLISIS II (Psicoanálisis y moral); NEUROSIS II (Neurosis y moral), así como la bibl. allí incluida. Para una visión de conjunto, cfr. A. Niedermeyer, Compendio de Medicina Pastoral, 3 ed. Barcelona 1961, 370-396.4. Métodos psicoterapéuticos especiales. Se incluye en este apartado una serie de métodos que por sus exigencias técnicas y sus muy precisas indicaciones se encuentran menos difundidos que los hasta aquí descritos. Se trata en casi todos ellos, a excepción de la p. de grupo, de modificaciones o desarrollos introducidos en los métodos tradicionales.En primer lugar, la hipnoterapia. En esencia, la hipnosis puede entenderse como efecto de una concentración exagerada del paciente en torno a determinadas imágenes. Se trata de un trastorno de la conciencia psicológica (v. CONCIENCIA II), consistente en una reducción más o menos concéntrica de la atención provocable por métodos generalmente sugestivos. Dicho estado es semejante al de la duermevela de cualquier sujeto normal. Los efectos psicológicos de la hipnosis pueden llegar hasta el sueño y la inconsciencia completa. Estos efectos dependen de la personalidad del paciente y de la intención y capacidad del terapeuta.En la inducción del estado o trance hipnótico se utilizan técnicas diferentes: la palabra, ruidos o sonidos rítmicos y efectos ópticos. Para que el método sea terapéuticamente eficaz no es preciso alcanzar las formas extremas del fenómeno; basta con la relajación muscular y cierto grado de concentración visual y auditiva. Terapéuticamente, el trastorno hipnótico se emplea para reforzar la posibilidad de otros procedimientos logoterapéuticos, principalmente la sugestión. Ciertas órdenes o sugerencias que se orientan directamente contra el síntoma psíquico o físico a eliminar. También puede emplearse para facilitar la catarsis (v. ut supra) o para provocar el sueño como factor de curación. Los resultados de la hipnosis, de no combinarse con otros métodos, suelen ser, aun en el caso de su correcta indicación, tan espectaculares como pasajeros.En relación con la hipnosis se encuentra el entrenamiento autógeno (Autogene Training) de J. H. Schultz, Profesor de Neurología en Berlín, fundador en 1926 de la Soc. Médica de Psicoterapia. Según el propio autor, "el fundamento del método consiste en producir una transformación general del sujeto de experimentación, por medio de determinados ejercicios fisiológico-racionales, y que, análogamente a las más antiguas prácticas hipnótico-mágicas, permite todos los rendimientos de que son capaces los estados sugestivos auténticos o puros".El entrenamiento autógeno se inspiró en la observación del fenómeno hipnótico y los estados sugestivos. Técnicamente, consiste en actuar la posibilidad de que el sujeto de experiencia pueda pasar al estado hipnótico por decisión propia, es decir, de lograr una verdadera autohipnosis. La autohipnosis facilita la autosugestión, que puede ser aprovechada, en primer lugar, para "procurarse una profunda tranquilidad y tonificación", adquiriendo así el valor de un método capaz de conseguir "intervalos profilácticos de reposo".El método de Schultz no sólo alcanzó una gran difusión en Alemania desde la primera edición de Das Autogene Training en 1932. En 20 años se ha editado ocho veces (la primera en español, El entrenamiento autógeno, Barcelona-Lisboa-Madrid 1954, traduce la 8a alemana). No obstante su reiterada apelación al sencillo registro de fenómenos naturales como el yoga, despertó y sigue despertando el interés de la Psiquiatría académica y de la Medicina experimental. Kretschmer (v.) lo incluyó desde 1948 entre los medios de acceso a la persona profunda (Estudios psicoterapéuticos, Barcelona-MadridLisboa 1952). El IV Congreso Mundial de Psiquiatría (Madrid 1966) dedicó al entrenamiento autógeno un simposio en el que participaron, a través de 30 ponencias, junto al propio Schultz, psiquiatras de todo el mundo. Su campo de acción en la patología psicosomática, y en los trastornos de carácter neurovegetativo especialmente, es cada día más amplio.La narcosíntesis es una técnica elaborada a través de la experiencia surgida de la necesidad de tratar el considerable número de reacciones neuróticas entre los combatientes de la 11 Guerra mundial. En un estado de hipnosis inducida por medicamentos (amital sódico, preferentemente) se provoca un efecto catártico y se invita al paciente a prescindir de los mecanismos anómalos.Por último, citaremos la p. no directiva y la p. autagógica. Según Rogers, todo individuo tiende de manera espontánea hacia la madurez. La p. no directiva trata de crear los condicionamientos adecuados para el despliegue de esa tendencia. La p. autagógica del J. Curran, Profesor de la Univ. Loyola de Chicago, consiste en suplir la deficiente capacidad de dirigirse a sí mismo (counsel, o embulia) por el counseling o habilidad del terapeuta, para lograr que el sujeto desarrolle su capacidad de independencia personal en organizar la conducta con sólo sus propios recursos.Por razones obvias, la p. individual, en cualquiera de sus formas, ha ido dando paso a la p. de grupo. Ésta tuvo su origen fuera de las clínicas psiquiátricas. Según L. Grinberg (Psicoterapia del grupo, Buenos Aires 1957) fue Pratt, en 1905, quien comienza a trabajar sugestivamente en una sala de pacientes tuberculosos fomentando su recuperación física en un clima de emulación. Esta terapia actúa por el grupo, manejando elementos colectivos. Una variante de esta forma fomenta la estructura fraternal de cualquier colectividad pequeña, evitando el afán competitivo; se utiliza en el tratamiento de los alcohólicos. En el psicodrama (v.) de J. L. Moreno, la terapia se apoya en la catarsis y la dramatización de los conflictos de los propios enfermos. Actualmente los grupos se dirigen en el sentido de una terapéutica interpretativa individual (Schilder y Klapmann), como una técnica interpretativa del propio grupo en el que sus componentes se encuentran influenciados y actúan en función de los demás. (Sobre la estructura de los grupos psicológicos y sus posibilidades terapéuticas, v. PSICOLOGÍA COLECTIVA).5. Conclusiones. La consideración de tan variados métodos y técnicas revela la falta de acuerdo que impera sobre la naturaleza de los fenómenos psicoterapéuticos. Sin embargo, no es menos cierto que la p., independientemente de los satisfactorios resultados comunicados por las diferentes escuelas, ha sido siempre una realidad clínica y una exigencia profesional cada vez más invocada. He aquí otro hecho de observación que puede ayudar al lector en el entendimiento de esta última cuestión. Es el siguiente:Mientras los métodos psíquicos de curación de la época anterior a la Psicología profunda se limitaban al tratamiento de los síntomas prescindiendo de hipótesis antropológicas, a partir del psicoanálisis el corolario obligado de toda técnica ha sido un sistema de ideas que, más allá de la concreta patogénesis de los trastornos, trataba de comprender la misma realidad humana en su totalidad. Y lo que es más importante: tanto las doctrinas cismáticamente derivadas de la ortodoxia freudiana, como las surgidas de otras orientaciones antropológicas, no sólo pretenden dar razón de su propio pragmatismo terapéutico, sino que tratan de interpretar las teorías, resultados y argumentos de los demás desde sus particulares puntos de vista, dando por válidas, de algún modo, algunas de sus nociones. La demostración más característica del hecho se encuentra en esas denominaciones del psicoanálisis existencial y similares (V. E. Frankl (v.), Igor Caruso, Medard Boss, Srocker y R. Allers, entre otros), que tanto abundan en la literatura de los últimos años (v. bibl.).La naturaleza de los fenómenos que se producen durante la práctica de la p. es, sin duda, de una especie semejante a la de lo que ocurre en toda relación interpersonal. No importa cuál sea la causa primera del trastorno. López Ibor y su escuela han demostrado suficientemente que el gran tópico de la p. -las neurosis- está constituido en su raíz por ciertas alteraciones del estado de ánimo fundamental, que nada tienen que ver con la Psicología. Pero no es menos cierto que en la configuración de cualquier trastorno psíquico interviene, a la vez, la personalidad del sujeto, lo mismo que en los modos de ser y comportarse de los individuos normales.La relación médico-enfermo supone, desde el momento en que se inicia el reconocimiento hasta el del "alta" por curación, muerte o abandono del tratamiento, una situación personal. Y, en todo caso, se proponga y realice o no una cura psicológica, desde el principio al fin de semejante situación, la catarsis verbal (ex ore y ex auditu) actúa siempre. Junto a la catarsis, antes y después, el fenómeno llamado transferencia. El hombre enfermo vive siempre, más o menos conscientemente, la amenaza de la rotura de la unidad del yo. El médico facilita la descarga de los aparentes o supuestos factores nocivos; su mera presencia es siempre operativa. A veces, negativamente incluso. El esclarecimiento dialógico iniciado en la relación de la "historia clínica" puede ser decisivo. Ya se comprende que cualquier técnica simplificadora de esta operación, en tanto ofrece la posibilidad de cuantificar reduciendo a objeto manipulable cualquier clase de sufrimiento, es recibida siempre con agrado. De hecho, lo que la p. ha agregado a la espontánea acción personal del médico de todos los tiempos ha sido fundamentalmente esto mismo: un dar razón de los fenómenos y una pedagogía en el marco de una situación existencial capaz de comprometer a cuantos intervienen en ella.J. M. POVEDA ARIÑO.
BIBL.: Además de la citada en el texto, J. L. LóPEZ IBOR, Fundamento de la psicoterapia, "Actas Luso-Españolas de Neurología y Psiquiatría", Madrid, febrero 1957; K. BIRNBAUM, Los métodos curativos psíquicos, Barcelona 1928; K. JASPERS, Psicopatología general, Buenos Aires 1950; W. BRÁNTIGAN, La psicoterapia en su aspecto antropológico, Madrid 1964; V. E. FRANKL, La psicoterapia en la práctica médica, Buenos Aires 1955; íD, Psicoanálisis y existencialismo, 5 ed. México 1970; V. E. FRANKL, V. E. GEBSATTEL y J. H. SCHULTZ, Handbuch der Neurosenlehre und Psychotherapie, 5 vol. Munich 1959-61.
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