Psicodiagnóstico CIENCIA
Categoria:
Ciencia
1. Noción. Con el nombre de psicodiagnóstico se incluyen una serie de técnicas y procedimientos encaminados a detectar características psicológicas de sujetos o colectividades. Puesto que se supone que estas características pueden medirse de algún modo, el concepto de p. es asimilable al de evaluación sistemática en condiciones específicas y en relación con estímulos concretos. Los primeros métodos que se utilizaron en p. estuvieron relacionados con la astrología, quiromancia y métodos parapsicológicos, que admitían que el concurso de fuerzas ciegas e incontrolables eran las responsables de los rasgos y determinantes comportamentales de cada persona.Lejos ya de aquellos primeros acercamientos, el p. en nuestros días se sigue encontrando con los problemas de fundamentación científica y elección de métodos adecuados para llevarlo a cabo. Siguiendo la división de Rickert, podemos separar dos movimientos de distinta repercusión en el p.: las ciencias idiográficas, comprensivas, y las ciencias nomotéticas, o explicativas, cuyo antecedente inmediato se encuentra en la dicotomía de la época romántica entre las Geisteswissenschaften (Ciencias del Espíritu) y las Nattlrwissenschaften (Ciencias de la Naturaleza). El enfoque comprensivo estuvo representado por el método clínico, heredero ideológicamente de la obra de S. Freud (v.). El enfoque explicativo tuvo como apoyo los métodos experimental y estadístico, que partieron de las obras de W. Wundt (v.) y F. Galton (v.). Ambos métodos difieren en cuanto a la clase de datos que el psicólogo debe reunir para dar un juicio diagnóstico. En el enfoque psicométrico, objetivo, se registran las reacciones de los sujetos en una situación normalizada, tipificada, y se comparan los resultados con las normas estadísticas (v. PSICOMETRÍA). En el enfoque clínico, los criterios diagnósticos se basan en la información recogida en entrevistas, historias clínicas e impresiones subjetivas.Admitiendo las peculiaridades únicas de cada sujeto, el p. utiliza unas categorías diagnósticas basadas en entidades nosológicas de muy distinta procedencia, que permiten aprovechar los conocimientos acumulados y aplicarlos en cada caso concreto. La definición dada de p. no hace apelación a procesos psicopatológicos, a pesar de lo cual el concepto de p. ha sido preferentemente utilizado en clínica. En este caso, al emitir un juicio diagnóstico no se describe simplemente, sino que muchas veces lleva aparejado ciertas connotaciones etiológicas en función de las técnicas utilizadas y de la teoría que lleva a la base, así como algunas sugerencias sobre posibilidades terapéuticas. De hecho, sin embargo, el p. en sí mismo no debe llevar consigo ninguna de estas últimas notas.2. Técnicas utilizadas. No existe una división y organización de técnicas de p. que se acepte sin discusión. Una de las clasificaciones que se ha hecho más clásica es la de G. W. Allport (1937), que las agrupa en 14: a) estudio del contexto cultural del sujeto; b) registros físicos como constitución, regulación hormonal y datos hereditarios; c) registros sociales como trabajo, frecuencia de aparición de determinada conducta; d) registros personales tales como biografías, diarios íntimos, y correspondencia personal; e) movimientos expresivos en los que se contabilizan las primeras impresiones y los rasgos grafológicos; f) las escalas de evaluación y psicogramas; g) utilización de tests tipificados de distintas modalidades (v. TEST PSICOLÓGICO); h) análisis estadístico utilizando las estadísticas adecuadas y las técnicas al uso, tal como el análisis factorial (v.) y discriminante; i) diseño de situaciones vitales en miniatura; f) experimentos de laboratorio; k) formulación de predicciones en estadios distintos de la investigación, con el fin de contrastar los conocimientos que se van alcanzando; 1) análisis en profundidad de la conducta con la utilización de asociaciones libres y análisis de sueños; m) técnicas de autoclasificación del sujeto con relación a determinados tipos ideales deducidos por análisis lógico o literario (v. PSICOLOGÍA DIFERENCIAL); n) métodos sintéticos, que insisten en lo que de global y unitario hay en el sujeto, tales como procesos de identificación a ciegas a partir de información que recibe el psicólogo, organización lógica de material recogido por distintas técnicas con el fin de dar una imagen comprehensiva, y entrevistas sin estructurar.Dos cosas, sin embargo, hay que señalar aquí. La primera de ellas se refiere a la extraña mixtura de técnicas, procedimientos y métodos de investigación que se aúnan sin distinción del distinto nivel y garantía científica al que se mueven, lo cual ILev,. a un sincretismo difícil de integrar en una imagen coherente; la segunda es que para poder ser calificada una técnica de evaluación como científica debe cumplir un mínimo de requisitos. Uno de estos requisitos es el principio de economía: no deben utilizarse pruebas costosas de tiempo si pueden obtenerse los mismos resultados con otras de más fácil aplicación. La validez -interna, externa y de constructo (v. TEST PSICOLÓGICO)-, utilidad, poder predictivo y carácter científico de los métodos empleados son otras tantas condiciones que no pueden ser pasadas por alto. Podemos reagrupar los métodos utilizados normalmente en p. en función de los siguientes apartados: a. técnicas proyectivas; b. técnicas subjetivas; c. técnicas objetivas; d. tests psicométricos, inventarios y cuestionarios.a. Pruebas proyectivas. Consisten en presentar al sujeto una serie de estímulos no estructurados (manchas de tinta, relatos inconclusos, frases incompletas), para que él !os organice de acuerdo con sus modos peculiares de categorización y conducta ante lo real. Se llaman así, desde que en 1939 L. K. Frank tomó este nombre del mecanismo de defensa del psicoanálisis (v.), aludiendo a que en la realización de la prueba el sujeto proyecta sus principales rasgos de personalidad. No quiere esto decir que la utilización de la expresión de técnica proyectiva en p. signifique lo mismo que el mecanismo de defensa postulado por el psicoanálisis. Para este autor, lo que se lleva a cabo en la aplicación de una técnica proyectiva es la elicitación "del mundo privado del sujeto porque tiene que organizar el campo, interpretar el material y reaccionar ante él de modo afectivo. De modo más concreto, un método de proyección para el estudio de la personalidad lleva consigo la presentación de una situación estimular elegida o diseñada para que signifique para el sujeto, no lo que el experimentador ha decidido arbitrariamente que signifique (como en la mayoría de los experimentos psicológicos que emplean estímulos tipificados con el fin de ser "objetivos"), sino, más bien, cualquier cosa que la situación debe significar para la personalidad que se enfrenta a ella, o que le impone a la situación su idiosincrasia, organización y significación privada" (Frank, o. c. en bibl. 403).Las pruebas proyectivas más utilizadas en p. han sido la prueba de Rorschach y el Test de Apercepción Temática (TAT) de H. Murray. En el primer caso, se trata de 10 láminas que contienen manchas de tinta en negro, gris y a veces en color. Se pide al sujeto que intente explicar qué le evocan o a qué pueden parecerse sus contenidos. La elección de estas manchas fue empírica; se seleccionaron entre un número mucho mayor las que diferenciaban más a los sujetos. En la prueba de Murray, las láminas representan figuras humanas en situaciones distintas -las figuras son, asimismo, distintas para cada lámina-, y el sujeto debe explicar alguna historia relacionada con los personajes que aparecen en las láminas. El criterio de elección fue similar al de la prueba de Rorschach. No existe explicación teórica que respalde el porqué son estos estímulos y no otros los que aparecen más relevantes para el psicodiagnóstico. La base teórica, asimismo, de las pruebas proyectivas, es débil. Sí se dan, en cambio, una serie de supuestos admitidos implícitamente al utilizarlas. Uno de ellos apela a una teoría de la personalidad (v.) en la que no hay una lectura directa de la conducta (v.) tal y como ésta se presenta, sino a lo que subyace a ella y le confiere significación; la conducta sólo tiene un valor transitivo, simbólico, sintomatológico, de las pulsiones y conflictos que comprometerían al ego.Este método de pensar tiene una base empírica en la escuela de percepción-personalidad representada, entre otros, por U. Kragh. Los estudios tradicionales sobre percepción (v.) habían sido realizados por la escuela de la Gestalt (v. PSICOLOGÍA DE LA FORMA), que aisló las leyes perceptivas generales: configuración de figura-fondo y agrupamiento de estímulos, según leyes de semejanza, continuidad, clausura y Priignanz. Frente a la Gestalt, la escuela de Krakh estudia, no la percepción sino al perceptor; es decir, cómo el sujeto va estructurando estímulos visuales que no están objetivamente estructurados. Otro de los supuestos básicos de las pruebas proyectivas alude a un isomorfismo entre la situación de prueba y la situación real en que el sujeto se desenvuelve. Este supuesto -asumido, por otra parte en toda situación experimental, no sólo en las pruebas proyectivas- se complica en este caso al presuponer, en realidad: a) un isomorfismo entre la percepción del espacio de prueba y la percepción del espacio real; b) un isomorfismo entre la percepción del espacio real y la verbalización que da el sujeto; c) un isomorfismo entre esa verbalización y la conducta efectiva. Si realmente existiese en todos los sujetos esa similitud entre el nivel perceptivo, el nivel verbal y el nivel motor, la validez de las pruebas proyectivas estaría justificada. El problema es que no siempre, ni siquiera algunas veces, ocurre así. Suponiendo incluso todo lo anterior, este tipo de pruebas sólo permitirán comprender la conducta en aquellos aspectos que tienen continuidad con la percepción; reflejarían, en todo caso, los modos primarios, globales y no específicos de enfrentarse con lo real. Sus defensores afirman que son instrumentos flexibles que inspeccionan el mundo privado "como un microscopio" y dan una imagen de la personalidad como una estructura dinámica, pero la gran riqueza de matices postulada se basa en sólo unos pocos estímulos -y las respuestas correspondientes, claro-, 10 en el test de Rorschach.Por último, respecto a los requisitos mínimos que las pruebas de p. deben reunir, las técnicas proyectivas no siguen el principio de economía. Es posible que en el tiempo dedicado solamente a cumplimentar las pruebas, se alcanzase tanta o más información manteniendo una entrevista -proyectiva, si se quiere- con el sujeto. Repetidamente han aparecido trabajos que demuestran la escasa fiabilidad del test de Rorschach; personas diferentes obtienen distintos tipos de resultados al evaluar los protocolos y difieren no sólo en la elección de los criterios más relevantes, sino en el modo de analizar los resultados, lo cual cuestiona el concepto de fiabilidad analítica y fiabilidad del juez del test (v. TEST PSICOLÓGICO). La validez de estas pruebas ha sido a menudo puesta en entredicho. Su interés puede ser mayor desde el punto de vista teórico -sin explorar aún-, que en su aplicación práctica.b. Técnicas subjetivas. En este grupo se incluyen aquellas cuyas normas de calificación son objetivas pero no se encuentran tipificadas y cuyos resultados no alcanzan un nivel de generalización satisfactorio. Valen para hacerse una primera idea del sujeto con un tiempo relativamente corto. La más usada en p. es la entrevista, bien sea tipificada, estructurada según ciertas normas, o libre. C. Rogers, partidario y creador de la terapia no directiva, defiende la postura fenomenológica y reinterpreta los datos en función de la búsqueda de la autorrealización del sujeto, pretendiendo conseguir la confluencia entre el yo real y el yo ideal. En todos los casos, la entrevista acentúa extraordinariamente el valor subjetivo de la respuesta, dificultando su reinterpretación objetiva. El psicólogo americano que acabamos de citar utiliza sistemáticamente la entrevista libre con una interpretación teórica coherente con su propia posición ideológica. En el caso de la teoría psicoanalítica, p. ej., la interpretación de los mismos datos es muy diferente (v. PSICOANÁLISIS).Existe una gran cantidad de efectos sutiles que inciden en el sujeto modificando su respuesta, amén de abiertas y sólo parcialmente disimuladas actitudes de rechazo -sujeto que está siendo entrevistado por alguien más joven que él y de distinto sexo, entrevistador que censura algún tipo de conducta del entrevistado-. Uno de estos efectos sutiles fue puesto de manifiesto por Greenspoon (1955): si se refuerza al sujeto cada vez que da una respuesta de género femenino en una lista de asociación de palabras, eleva hasta tres veces el número de respuestas reforzadas al efectuarse de nuevo el experimento de asociación. Se ha encontrado en estudios centrados sobre la entrevista que la mayor fiabilidad se da en el caso de hacer un análisis de las partes gramaticales del discurso: nombres, verbos, adverbios, muletillas. Cuando se eligen categorías de calificación emocionales, la fiabilidad de calificador o juez baja de 80 a 40. La entrevista exige, además, unas ciertas cualidades por parte del entrevistador y unas condiciones mínimas por parte del entrevistado: nivel mental, fina matización verbal para expresar sus estados emocionales, etc.Otras técnicas subjetivas son la técnica Q de Stephenson (1953), el diferencial semántico tal y como ha sido utilizado por Osgood y Luria (1954) y el Rep-Test de Kelly (1955). En la primera de ellas se le presentan al sujeto una serie de tarjetas en las que se encuentran escritas frases. Se trata de obtener, a partir de la opinión del propio sujeto, información sobre ciertas características que le son propias, p. ej., se le pide que las ordene separando en un lado las que de algún modo reflejen su modo de pensar y actuar, y en otro, aquéllas en las que no se encuentre reflejado. Las otras dos técnicas citadas son aceptadas incluso dentro de un esquema rigurosasamente empírico y objetivo.El diferencial semántica trata de apresar la significación connotativa -emocional- que tienen las palabras para los distintos sujetos. La tarea consiste en calificar un concepto determinado eligiendo entre pares de adjetivos opuestos (v. PENSAMIENTO). Se supone que, entre el estímulo dado a calificar y la respuesta del sujeto, existe -desde el punto de vista biológico, connotativo de otros procesos-, una cadena propioceptiva multisináptica y efectorial en los sistemas glandular y muscular, así como una repercusión inmediata sobre el estado emocional del sujeto. Los procesos mediadores son los responsables, en último término, de la connotación. El objeto de la prueba es potenciar, al máximo, esa cadena interna mediacional. Una de las aplicaciones que se han hecho de esta técnica ha sido la de relacionar los hábitos connotativos con determinados rasgos de personalidad, bien a nivel de dimensiones básicas, bien a nivel de factores motivacionales, que por estar más relacionados con las actitudes sociales deben ofrecer mayores diferencias entre grupos. La técnica se ha utilizado en clínica para aislar los perfiles connotativos diferenciales de obsesivo-compulsivos y esquizofrénicos, con resultados altamente esperanzadores. Otro tipo de aplicación ha sido el trabajo pionero de Osgood y Luria que citamos más arriba: se trató de diagnosticar una personalidad múltiple a partir de los datos obtenidos en el diferencial semántico. Los investigadores no vieron en ningún momento a la paciente aunque se les dio toda clase de información sobre sus datos personales (trabajo, estado civil, tipo de terapia a la que estaba sometida). Se encontró una correlación muy alta entre dos aplicaciones de la prueba en el momento en que la paciente presentaba el mismo tipo de personalidad, y perfiles distintos en los casos en que se comparó uno de los tipos de personalidad con otro. El diferencial semántico resultó ser una prueba valiosa en clínica.A la base de la prueba del Rep-Test o Grid-Test se encuentra una teoría cognitiva de la personalidad que ha sido llamada "teoría de los constructos personales" (Kelly 1955). Para Kelly, la actividad del ser humano sería semejante a la de un científico que abstrae, generaliza, valora y, en definitiva, confiere un sentido a su vida. Se supone que el mundo de cada persona está jerarquizado en función de ciertas reglas categoriales o constructos que son básicamente conceptos bipolares o modos de clasificar las semejanzas o diferencias que se perciben. El objeto de la prueba es elicitar los constructos personales de cada sujeto y los modos de categorizar su mundo. Para ello se le dan una serie de conceptos que aludan directamente a su esfera personal -p. ej., padre, madre, esposa, trabajo, familia- y se pide que el sujeto agrupe dos de ellos buscando algún aspecto en el que ambos coincidan, y los diferencie de un tercero. Esto se va repitiendo con todos los conceptos. Se obtendrían así unas definiciones operacionales de los constructos que para cada sujeto caracterizan a las personas o instituciones con las que conviven; y a partir de ellas, las estructuraciones con arreglo a las cuales el sujeto organizaría su mundo y anticiparía los acontecimientos.Con el Rep-Test se han hecho aplicaciones del tipo de comparar la complejidad del mundo personal de normales y anormales, estudiar cuáles son los procesos que acompañan al aprendizaje de un tema dado -cómo los estudiantes difieren al enfrentarse ante una misma tarea según la utilización de sistemas de estructuras simples ocomplejas (Runkel y Damrin 1961)- y qué criterios utiliza cada persona para sentirse amenazada en sus relaciones personales (Landfield, 1954-55). El interés de estas técnicas estriba en la posibilidad de apreciar los modos personales de estructurar el mundo privado que son características de cada sujeto, si bien no existe hasta el momento una normalización satisfactoria.c. Técnicas objetivas. Se trata, en este caso, de la realización de ciertas pruebas que simulan situaciones reales, y que son susceptibles de normalización y tratamiento cuantitativo. Algunas de estas técnicas se utilizan desde que se crearon los primeros laboratorios de Psicología experimental; se refieren a las medidas encaminadas a encontrar los diferentes tiempos de reacción de los sujetos y que han servido incluso para caracterizar algunos cuadros clínicos. Otras han registrado físicamente algunas medidas de emocionalidad, como la respuesta psicogalvánica. Aplicaciones conocidas en este sentido han sido las del detector de mentiras que, utilizando la respuesta psicogalvánica, aislaba qué palabras o frases tenían repercusión en la emocionalidad del sujeto y podrían servir de orientación para el fin perseguido. Pertenecen también a las técnicas objetivas los experimentos de laboratorio sobre solución de problemas (v. PENSAMIENTO), que controlan las estrategias de los sujetos cuando se enfrentan a una tarea. En muchas de estas pruebas (Asch, Crutchfield), se han puesto de manifiesto los efectos de la presión social sobre la conducta del sujeto.Dentro de este apartado se inscribe el trabajo de Luchins con los problemas de las jarras de agua: pidió a los sujetos aislar una determinada cantidad de agua de la que ya había en un recipiente mediante un método sustractivo. Una vez resuelto el problema les pidió que obtuvieran el mismo resultado con otro tipo de procedimiento, o planteó problemas que permitían más de un tipo de solución. Los resultados arrojaron diferencias significativas en la facilidad para cambiar los tests mentales que conducen a un determinado fin. La objetividad que permiten estas pruebas se contrarresta con sus inconvenientes. Uno de ellos se refiere a la imposibilidad de controlar la significación distinta que cada sujeto otorga a las pruebas. Otro, más importante, alude a su carácter atomista; en toda situación experimental influyen o interaccionan muchas variables, lo cual pone en duda el hacer responsable de los resultados obtenidos a la variable controlada y manipulada experimentalmente.d. Tests psicométricos, inventarios y cuestionarios. Son las llamadas tradicionalmepte pruebas de "papel y lápiz". Los tests psicológicos son unas técnicas de medida que pretenden determinar el nivel de realización de un individuo en relación con las normas del grupo al que pertenece (v. TEST PSICOLÓGICO). Sus rasgos diferenciales estriban en su generalidad y en la utilización de los métodos psicométricos de tipificación y normalización (v. PSICOSOMETRÍA). Los tests psicométricos se han utilizado sobre todo para el diagnóstico de la inteligencia (v.), bien en niños normales -con vistas al rendimiento escolar-, bien en clínica para el p. de la subnormalidad. Muchos de los tests de inteligencia están basados en el concepto de cociente de inteligencia (v.), elaborado por Stern (1912) para precisar la edad mental. El cociente de inteligencia o intelectual resulta de dividir la edad mental -nivel medio que alcanzan los sujetos en los tests- por la edad cronológica, y multiplicar el resultado por 100. El cociente intelectual considerado como normal oscila entre 90 y 110. A partir de ahí empieza la inteligencia alta, hasta el nivel aproximado de 160, que ya es considerado propio de personas geniales. Por debajo de 100 se encuentra la inteligencia baja, y hacia los 80 roza la subnormalidad; hacia los 50 se considera retraso mental, de 25 a 40 imbecilidad, y por debajo de 25 idiocia.Una de las cuestiones centrales en el estudio de la inteligencia se ha basado en conocer si las diferentes aptitudes correlacionan entre sí tan estrechamente que pudiera hablarse de un factor general de inteligencia (teoría primera de Spearman, iniciador de los estudios factoriales) o, por el contrario, existe un número determinado de factores responsables de la efectividad en tareas específicas (Thurstone, teoría multifactorial de la inteligencia). Esta segunda orientación parece confirmada en parte hoy y ha originado tests que como el PMA -aptitudes mentales primarias- aísla la efectividad de los sujetos en los factores verbal, espacial, de razonamiento general, rapidez de cálculo y fluidez verbal. En 1939, D. Wechsler ideó una prueba de inteligencia de gran aplicación en clínica, cuya ventaja estriba en que da una medida de inteligencia a través de dos tipos generales de escalas, una verbal y otra de ejecución, con cinco factores cada una. La desproporción entre ambas proporciona una indicación del tipo de desajuste que el sujeto padece. En 1949, el mismo autor ideó una escala para niños análoga a la de adultos.Tanto los tests psicométricos como los inventarios y cuestionarios se encuentran asentados en el supuesto de la existencia de rasgos ó pautas de covariación de respuestas. El modo de interpretar estos factores -como mero resultado estadístico o como principio real de donde emanan las operaciones mentales- varía en los distintos autores y se encuentra en la más reciente actualidad (Overali, 1964; Peterson, 1965). El análisis factorial aplicado al estudio de la personalidad ha puesto de manifiesto la existencia de ciertos núcleos de covariación a partir de las respuestas a cuestionarios. Estos núcleos pueden agruparse en función de su basicidad y generalidad; en primer lugar, las dimensiones básicas de personalidad, aspectos muy consolidados, hábitos sobreaprendidos como extraversión, neuroticismo y rigidez, seguidas de los factores motivacionales, considerados hábitos semipermanentes y, por último, factores situacionales, muy concretos y específicos de una situación (Pelechano).La contribución más importante al estudio de la personalidad es que se ha encontrado que los núcleos citados van incrementando su poder predictivo a medida que van ganando en especificidad y concreción. De ahí, la importancia de construir medidas muy concretas que puedan utilizarse para predecir una serie de aspectos con el fin de dimensionar la situación. Los cuestionarios son considerados métodos de p. objetivos, cuyo tratamiento cuantitativo y facilidad de corrección y aplicación les conceden ventajas sobre otro tipo de técnicas. Han sido acusados, por otra parte, de ser un acercamiento atomista en el estudio de la personalidad, que ofrece de ésta una imagen aislada y estática. De hecho, la utilización de las respuestas dadas a los cuestionarios como único criterio para el p. deja de lado la dinámica relacional que caracteriza a los distintos grupos en personalidad. Otros inconvenientes -algunos graves y sin solucionar en la actualidad- han sido puestos de manifiesto por Mischel (1968). Uno de ellos se refiere a la creencia de base de la consistencia de la conducta humana, siendo así que está aún por demostrar la realidad de esta consistencia de modo objetivo, así como su justificación teórica. Existen, además, una serie de problemas metodológicos, como los sesgos en las respuestas de los sujetos -aquiescencia, desiderabilidad social- que recomiendan prudencia a la hora de utilizar las respuestas a los cuestionarios como criterio de psicod¡agnóstico. No obstante, existen hoy técnicas de análisis especializadas, que permiten subsanar muchos de estos inconvenientes.3. Perspectivas actuales. Dijimos más arriba que uno de los problemas que tiene planteado el p. consiste en la elección de métodos adecuados y que cumplan unos determinados requisitos científicos. En unos casos, las técnicas que comúnmente se utilizan no reúnen alguno de estos requisitos; en otros, los datos obtenidos tienen más valor comprensivo y orientador que eficaz y predictivo. En otras, finalmente, los esquemas teóricos no encuentran la confirmación experimental satisfactoria para permitir diseñar técnicas de probada utilidad. En las dos últimas décadas, el campo del p. se ha visto afectado por una corriente proveniente de la Psicología experimental (v.), que sigue una orientación asentada en categorías de la Psicología del aprendizaje (V. APRENDIZAJE II) y que, haciendo un análisis funcional de conducta, busca un estudio procesual y genético de la conducta humana (Kanfer y Saslow, 1965 y 1969).Las últimas técnicas de p. se basan en la observación y registro de la actividad humana -que permite una posterior manipulación y control de los datos obtenidos- y en la utilización de las llamadas "escalas de conducta". Por otra parte, el estudio pormenorizado de los parámetros definidores de cada situación concreta (Brengelmann, Pelechano) se presenta como una vía prometedora, de valor predictivo satisfactorio y que puede arrojar nueva luz en los problemas de diagnóstico que actualmente se plantean. Entran así, en el campo de la experimentación los procesos psicológicos superiores y conductas complejas -dentro de los límites que impone la existencia de la libertad humana-, que pueden abrir nuevas vías teóricas y, por ende, sugerir nuevas técnicas de medida y diagnóstico de la conducta humana en lo que ésta tiene de mensurable experimentalmente. Frente al movimiento de tests, las modernas técnicas de evaluación permiten un análisis mucho más flexible y pormenorizado de las respuestas relevantes en una situación de psicodiagnóstico.V. t.: PSICOMETRÍA; TEST PSICOLÓGICO.V. PELECHANO BARBERÁ.
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