Primitivos, Pueblos I. Etnología E Historia. HIST.
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Historia
1. Concepto. El término "primitivo" es ambiguo y no comprensivo de un concepto fijo. Suele usarse en sentido amplio como opuesto al término "civilizado", y aquí tropezamos con la primera dificultad: la de encontrar la norma definitoria de "civilizado" (V. CIVILIZACIÓN Y CULTURA I, l). Más restrictivamente suele emplearse el término primitivo como sinónimo de iletrado; en este sentido se acercaría más al objeto de la Etnología (v.) y comprendería todos los pueblos ágrafos actuales, aunque la identificación entre pueblo p. y pueblo iletrado no es exacta ni afortunada, ya que existen o han existido pueblos con escritura que difícilmente calificaríamos de "civilizados". Asimismo, tampoco es definitiva la equiparación de pueblo p. con pueblo de escasa tecnología; entonces habría que calificar como primitivas a civilizaciones históricas, como la romana o la griega, cuyos elementos técnicos no fueron considerables y, por el contrario, denominar civilizados a grupos que han adquirido elementos tecnológicos de la civilización occidental, sin cambio alguno en otros aspectos. Vemos, pues, que la definición y encuadre de los pueblos p. es difícil, y la frontera es fluctuante cuando un grupo humano se encuentra en estadios más avanzados de los de una pura economía destructiva; por sí solo, ni la forma económica, ni la tecnología, ni la inexistencia de escritura son elementos que configuran, tomados aisladamente, los caracteres de primitivismo.A veces se considera p. como sinónimo de pueblo extraeuropeo, o a grupos humanos ajenos a la cultura occidental, lo que tampoco es exacto. Hoy día, tiende a considerarse p. todo grupo humano al que los efectos de la revolución industrial no ha transformado en su forma de existencia y pensamiento, es decir, en su cultura material y espiritual. Dentro de la civilización occidental, existen comunidades en las que no se han producido las transformaciones materiales y espirituales consideradas como unidas a los efectos de la revolución industrial y que constituyen las sociedades folk o primitivas. Para designar a estos grupos actuales, que han seguido un desarrollo cultural distinto del llamado ciclo de cultura o civilización occidental, se han utilizado (y aún se utilizan) las designaciones de pueblos naturales, salvajes, inferiores, etc., manteniendo que estos pueblos conservan ciertos aspectos de "animalidad", o que mentalmente son "infantiles" o que están inmersos en una mentalidad "prelógica" o "primitiva". Sin embargo, ningún pueblo actual deja de poseer los fundamentos de lo que llamamos "humano", ni existe en él inferioridad mental, ni tampoco una conducta y mentalidad prelógica o alógica, sino una orientación y un condicionamiento cultural diferentes (v. lo que se dirá luego, en el apartado 4, y en el 1 del art. II siguiente). Existe en el seno de toda cultura, y la llamada cultura occidental no es una excepción, un cierto subjetivismo etnocentrista, que lleva a la perspectiva de considerar lo propio como civilizado y correcto, excluyéndose de ello lo ajeno, el fenómeno extraño a la propia cultura, y que en el mundo de origen grecorromano fue definido como bárbaro y salvaje.Con respecto a la antigüedad de estos pueblos, no es fácil precisarla. Nada impide que antes de los pueblos p. hoy conocidos, bien del pasado o bien del presente, hayan existido otros de los que no se haya conservado ningún resto ni ninguna noticia, y cuya cultura pudo ser superior o inferior a la de los pueblos hoy conocidos como primitivos. Los pueblos p. de que se habla aquí se consideran en general como los más antiguos conocidos, es decir, como los primeros que se conocen en el tiempo, algunos desaparecidos, otros transformados, y otros más o menos conservados hasta el presente. La expresión "pueblo primitivo" puede aplicarse tanto a pueblos que han existido en el pasado (pueblos prehistóricos), cuyo estudio es objeto de la Prehistoria (v.) y otras ciencias auxiliares de la Historia, p. ej., la Paleontología (v.), como a pueblos actuales ágrafos (sin escritura) y de organización social simple que no suele sobrepasar el grado de tribu (v.), cuyo estudio es objeto de la Etnología (v.). La Escuela histórica de Viena (v. HISTÓRICOCULTURAL, ESCUELA ETNOLÓGICA), con su clasificación y gradación de los ciclos de cultura, esclareció el concepto de primitivo y señaló el punto de partida para el gradual abandono de la terminología "pueblos salvajes y bárbaros", utilizada por el evolucionismo decimonónico (v. EVOLUCIÓN III) para referirse a los pueblos más antiguos o a las sociedades extraeuropeas no industrializadas (v. t. la introducción del art. II).2. Distribución en ciclos. Los pueblos p. fueron englobados o encasillados en distintos ciclos culturales, distinguiéndose varios tipos de civilización, que se clasifican en grupos diferentes según el estadio cultural. El número de ciclos culturales no superaría a II, y en ellos se comprenderían esquemáticamente todos los complejos culturales de la historia del desarrollo humano.Los más p. por sus caracteres económicos, sociales y tecnológicos, serían los ciclos que se designaron de cultura arcaica, o formas culturales primordiales, cuyo denominador común era la actividad económica de carácter destructivo basada en la caza y la recolección. Distintas variantes llevaron a W. Schmidt (v.) a establecer varios ciclos diferentes de cultura arcaica, que en otros autores adscritos a la línea histórico-cultural se denominan protoculturas y representarían los estadios más p. de un grupo humano, como ya se ha dicho. Se enumeran por la localización de sus elementos.En primer lugar el ciclo central, representado por la forma de vida de los pigmeos (v.) africanos, negritos (v.) de Filipinas y demás grupos pigmoides como los wedas de Ceilán (v. CEILÁN II), los seno¡ de Malaca, los kubu de Sumatra y los toalas de las Célebes. Todos ellos viven en análogas condiciones climáticas, son recolectores-cazadores, poseen arco y flecha simples, demográficamente son poco numerosos, y practican un nomadismo itinerante; los elementos materiales son pocos y sencillos; la organización familiar es simple; espiritualmente, poseen la noción de un Dios creador, sin que la magia aparezca o tenga un notable desarrollo. El idioma originario se ha perdido, pues hablan lenguas de los grupos de cultura superior que les rodean, excepto en el caso de los andamanes (v.), que parecen poseer lengua propia con un complicado mecanismo de prefijos y sufijos, que envuelven las raíces de las palabras.Otro ciclo arcaico o protocultura estaría representado en el denominado ciclo austral o tasmanoide, cuyos elementos encontramos entre los extinguidos tasmanios (v.), en los estratos culturales más antiguos de los kurnai y los chepara del Sudeste de Australia, en los bosquimanos de África del Sur (v. KHOISÁNIDAS), y, en América, entre los fueguinos (v.) y las tribus de bocotudos y otros de ¡a zona montañosa del Brasil oriental, que incluso presentan afinidades raciales con los fueguinos. Sus elementos materiales muestran el uso de la piedra en su forma más primitiva (tallas análogas a las musterienses, v.), y la posesión de recipientes de piel o vegetales y cestería en espiral; aparecen mutilaciones corporales, y la organización social revela unos comienzos de complejidad, así como vemos atisbos mágico-animísticos en las creencias espirituales.Los elementos culturales del denominado ciclo del bumerán (o boumerang), para los seguidores del método histórico-cultural, se encuentran entre los australianos menos recientes, como entre los kuin del Sudeste, entre los aborígenes de Nuevas Hébridas, Nueva Caledonia, Salomón y Fiji, y en Nueva Zelanda y Hawai. También se encontraría en antiguos estratos culturales del Sudeste africano, Sudán central y región del Nilo. En América, se apreciaría entre los algonquinos y región de California, y en la Amazonia, Brasil oriental, Chaco y Argentina austral (v. INDIOS). Aparece una nueva variante en la forma de preparar los alimentos, que se cocinan en hornos excavados en la tierra, junto con el sistema de asarlos y hervirlos en los ciclos precedentes. Características son las armas arrojadizas (difundidas bajo el nombre de bumerán). Está desarrollada la cestería y, hasta cierto punto, el arte náutico. Las mutilaciones corporales son corrientes, y se utilizan instrumentos musicales rítmicos, como los bastones y las placas zumbadoras. En las creencias religiosas, se encuentra una embrionaria mitología lunar, en la que el primer antepasado se identifica con la Luna (v.), cuyas fases son la muerte y resurrección de aquél, aunque persiste la noción de un ser supremo.Los ciclos culturales primarios o constitutivos representarían un estadio más avanzado, con una tecnología más desarrollada, que permite una base económica más amplia, y unos elementos que suponen menos dependencia de las circunstancias ambientales, o bien son grupos cuya economía se basa en la producción artificial de alimentos.El ciclo de la gran caza o de cazadores superiores, denominado por Schmidt ciclo patriarcal totemista, comprendería las áreas que ocupan en la actualidad la tribu oranda en el centro de Australia y en el resto del continente australiano, superpuesto a la cultura del bumerán. También se aprecian sus elementos entre los aborígenes del Sur de Nueva Guinea y costa norte, y aun entre los melanesios de las islas del Almirantazgo, Santa Cruz, Sudeste del archipiélago de las islas Salomón, Nueva Caledonia, Rotuma y Fiji. En la India se encuentran sus elementos entre los drávidas (v.) del Sur y Este; en Indonesia, entre los batuk de Sumatra, y en las islas Molucas. En África se encuentra en asociación con la cultura de los pastores del área oriental, y en América se aprecian sus elementos entre los agricultores arauacotupi-caribe (v.) y en los estratos más profundos de la cultura andina. En Norteamérica se aprecian en las llanuras y praderas, hábitat de los antiguos pieles-rojas. En este ciclo la caza llega a un perfeccionamiento técnico y se relaciona con la complicada organización social; la casa es la choza de planta circular y techo cónico; uso del cinturón abdominal de corteza y estuche fálico, adornos de tridacna (quizá simbolice al Sol), alteraciones corporales que acompañan a los ritos de iniciación, armas de punta, industrias líticas desarrolladas, hábiles, técnicas de la tala de la madera, aparición de instrumentos de viento. Elemento característico sería el apoya-nuca. Religiosamente, a veces existe la noción de Ser Supremo, que se identifica con el Sol, fuente dispensadora de la energía vital, con desarrollo de las prácticas mágicas vinculadas al culto solar. Peculiar manifestación es el totemismo (v.), característico de este ciclo.El ciclo constitutivo de los pastores o patriarcal pastoril presenta continuidad territorial en el área norte y central asiática y europea, Asia y África mediterráneas, y África oriental. Sus elementos se encuentran en los pueblos uralo-altaicos, turco-tártaros, semítico-hamíticos y todos los indoeuropeos (v.). La base económica es la ganadería, y base de la alimentación son los productos obtenidos del rebaño. Característica típica es la organización social fundamentada en la extensión de la familia nuclear; la vivienda es de tipo transportable: tienda de pieles o pelo de animal, que puede ser de grandes dimensiones. Elemento propio es el fuelle de odres animales para el fuego. La piel de los animales se utiliza tanto para confeccionar el vestido como para recipientes; la ornamentación con elementos metálicos es profusa, sobre todo en el área de las culturas indoide, mediterránea e islámica; se practican mutilaciones (perforaciones) corporales con la única finalidad de sostener estos adornos. Arma característica es la lanza con punta metálica y la espada en conexión con la caballería; se utiliza el arco compuesto y los escudos de piel. Elemento de navegación es la cesta circular de juncos o cuero; poseen técnicas de cestería en espiral y fabricación de recipientes de madera. Apenas existe desarrollo de las artes plásticas, pero sí de la música, con elementos de cuerda propios de este ciclo, en el que surgen la cítara y el arpa. Instrumento de aire típico es la gaita. Las creencias religiosas apuntan hacia un "señor del cielo" o "señor de lo alto", que se confunde con el mismo cielo; oficia de sacerdote el patriarca familiar, se practican sacrificios incruentos, como ofrendas de primicias, etc.; y sacrificios cruentos, como el de animales o seres humanos (primogénitos).El ciclo ártico, calificado en principio como arcaico protomorfo, es considerado primario por la mayoría de los investigadores actuales adscritos a la escuela histórico-cultural. Comprende pueblos árticos y subárticos, claramente delimitados en América en los esquimales (v.) y los aleutianos, con elementos entre los pueblos subárticos atabascos y algonquinos; algunos elementos se proyectan hasta las lejanas regiones australes. En Europa se encuentran sus elementos entre los lapones, y en Asia, menos nítidamente delimitados, entre los sarnoyedos, ugro-fineses (octiacos y vogules), paleosiberianos del Yenisei, turanios (yacutos), mongoles (tunguses del Norte) y paleosiberianos nordorientales (chuktchi, koriakes, karnchadales e iukagires). Este ciclo cultural supone un corrnplejo de elementos eficaces y, en el caso de los esquimales sobre todo, una forma de existencia perfectamente adaptada al medio ambiente. La economía se fundamenta en dos actividades esenciales: pesca y caza superior; ésta se transforma en la ganadería del reno, como animal de tiro y productor de leche y carne, entre los lapones y área occidental asiática, y en vías de orientación hacia ella en áreas paleosiberianas. El perro es guardián de rebaños en esta zona, en tanto que se utiliza como animal de tiro entre los esquimales.Todos los pueblos árticos poseen hábitat diferente en invierno y verano; el traje de estos pueblos, hecho de pieles de animales, es uno de los elementos más característicos y de más notoria influencia en civilizaciones superiores. Como instrumento de guerra y caza, se usa en Asia el arco simple; en América, el compuesto; se utilizan azagayas. El propulsor es típico entre los esquimales. La mayoría de los instrumentos son de hueso o marfil; los recipientes, de pieles. Propio de este ciclo es el transporte por medio del patín para la nieve y el trineo; en navegación, es invento esquimal el kayak insumergible. Se aprecia un peculiar desarrollo de la escultura en hueso, y motivos ornamentales de carácter ideográfico. Instrumentos de música son los silbatos y flautas, y el tambor del chamán (v. CHAMANISMO). Las creencias espirituales son abigarradas; se practica tanto el animismo (v.) como el culto a los espíritus y a los antepasados (v. DIFUNTOS I), e incluso existen formas religiosas politeístas. Como práctica generalizada podemos atisbar un cierto "culto al oso" (v.).Los pueblos del ciclo constitutivo de la azada, que sería el definido por Schmidt como ciclo agrícola matriarcal, tienen elementos descritos por Grábner en el ciclo papúa oriental, por Ankermann en el ciclo africano occidental, y por Foy y Grábner en un ciclo considerado de las dos clases. Los elementos en estado de pureza sólo se encuentran en el Pacífico y quizá en algunos grupos de Indonesia y la India. Los elementos característicos se hallan entre los aborígenes de Nueva Pomerania, Nuevas Hébridas septentrionales, islas Bomk y Estado australiano de Victoria. En Indonesia, entre los malayos menang-kaban, y entre los maravan y muka-dora de la India. En África, desde el Congo a la Alta Guinea. En conexión con el ciclo de cazadores superiores: en Micronesia oriental, Nueva Irlanda, islas Salomón y Nueva Guinea oriental, en Australia en Nueva Gales del Sur y Queensland, y entre las tribus komati, bili maggre, halepoik, santal y khond de la India, y manipuri dimasa y hoja¡ de Indochina. En América se encuentran sus elementos en la costa del Pacífico, entre California y el NO de Canadá, entre los indios pueblo, y en Florida; en América del Sur, es el sustrato cultural antiguo del área andina. La base económica la constituye la agricultura de azada, y característico es el sedentarismo, con viviendas sólidas, de planta rectangular. Socialmente, encontramos el matriarcado (v.). Destaca el uso de máscara (el ciclo fue denominado cultura de las máscaras) por las sociedades secretas masculinas. Religiosamente, existe culto a los antepasados con su peculiar manifestación de culto al cráneo (v.) y a los espíritus (v. ANIMISMO), y desarrollo de la mitología lunar y de prácticas mágicas.La mezcla y yuxtaposición de los ciclos originaron las culturas compuestas o ciclos secundarios, que comprenden todas las civilizaciones existentes.3. Situación geográfica y sus cambios. La situación geográfica de los pueblos p. abarca todos los climas posibles, pero hay relación entre la actividad económica, la tecnología y el hábitat. Los pueblos recolectores y cazadores inferiores viven en zonas de bosque tropical y ecuatorial (caso de los pigmeos africanos y pigmoides asiáticos), en regiones extremas y desérticas de los continentes (australianos, bosquimanos, fueguinos), en montañas de difícil acceso (yumbris, semang, actas), o en islas lejanas (andamanes, tasmanios). En las regiones que ocupan no aparecen vestigios de civilizaciones pretéritas más avanzadas, y los elementos de la cultura material son escasos y simples, como corresponde a una vida nómada itinerante. Lo mismo puede decirse respecto a la posición geográfica de los cazadores superiores, si bien en estos grupos encontramos una cultura desarrollada en adecuación y adaptación al medio ambiente y a las necesidades biológicas de subsistencia del grupo como tal. Todos ellos aparecen en dependencia con la Naturaleza, y el mayor o menor grado de desarrollo se aprecia en la eficacia para explotar los recursos naturales del medio ambiente.En cambio, los grupos humanos cuyas formas de existencia se basan en la producción artificial de alimentos, ya sea pastoreo o agricultura, o ambas actividades (v. NEOLÍTICO), dependen en menor medida de los recursos que ofrece la Naturaleza; su base económica permite una agrupación estable de individuos más numerosa, y ésta un desarrollo tecnológico y espiritual mayor y más complejo, que les separa de la dependencia de la Naturaleza casi total en el recolector y cazador. Cuando la cultura humana ha dado este paso, el progreso tecnológico y la complejidad de las sociedades inicia una línea divergente respecto a la dependencia o adaptación al medio ambiente, y sobreviene la modificación del mismo por la técnica.Ésta es la razón por la que todos los grupos de recolectores y cazadores ocupan las áreas más inhóspitas y difíciles para la subsistencia, donde han sido arrinconados por grupos neolíticos más densos demográficamente y en posesión de una tecnología más desarrollada. Todas se encuentran en situación de desalojo por impacto de expansión de otros grupos (arrinconamiento de finisterrae) o constituyen islas étnicas y culturas (arrinconamiento periférico). De ahí que se plantee el problema de precisar si efectivamente las formas de vida de las protoculturas es una supervivencia o una adaptación a nuevas condiciones. Hoy en día, hay razones para suponer que algunos grupos han experimentado cambios e influencias que han motivado orientaciones culturales diferentes, en las que intervienen factores diversos. Ello nos lleva a considerar el problema de la influencia de la geografía y la raza en el origen y desarrollo de las culturas primitivas.Como se ha visto en las anteriores líneas, la base económica es esencial para la determinación de la forma de cultura de un grupo, ya que existe una interdependencia entre ésta y los demás elementos sociales y espirituales de la misma. Y la forma económica, aunque no sea determinada por el factor geográfico, está condicionada por el mismo. Es evidente que no se inventan instrumentos líticos donde no existen piedras, ni se practica la agricultura en las zonas polares. Pero lo cierto es que ninguna cultura se ha originado en el lugar donde hoy se encuentra. El hecho de la movilidad de la especie humana es evidente, y este factor debe tenerse en cuenta (V. MODOS DE VIDA, GEOGRAFÍA DE LOS; POBLACIÓN, GEOGRAFÍA DE LA). Ciertamente, la influencia del medio es decisiva y condicionante, pero no determinante del tipo de cultura, como creyeron Hipócrates y Polibio (sin embargo, Estrabón ve las diferencias en la libertad específica del espíritu humano). Modernamente, se pronunciaron en este sentido los fundadores de la Antropogeografía, como C. Ritter, E. Kopp y J. C. Kohl. Sin embargo, ya han quedado desacreditadas las tesis deterministas, aunque no se desconoce el papel del medio en la génesis cultural, solamente en cuanto parcialmente condicionante. Esta limitación que impone el factor geográfico se atenúa según la simplicidad o complejidad y desarrollo de los elementos culturales: p. ej., la dependencia de la existencia de caza es esencial para un grupo con esta base económica. El agricultor y el pastor dependerán en menor medida, ya que producen sus alimentos. En las modernas sociedades tecnológicas se modifica el clima y demás elementos fisiográficos naturales. Lo mismo acontece con otros elementos; en las culturas de recolectores-cazadores inferiores, se vive prácticamente a la intemperie; la vivienda es más sólida en los grupos sedentarios y alcanza complejidad en el fenómeno urbano.Tradicionalmente, junto a la consideración de la influencia del medio geográfico en el origen y desarrollo de la cultura, se ha tenido en cuenta el de la raza; si bien las explicaciones racistas (v. RACISMO) que tanta difusión llegaron a alcanzar están completamente desacreditadas, no puede desconocerse el hecho de la adecuación de raza y forma de cultura en culturas muy primitivas, y las concordancias culturales que presentan pueblos compactos racialmente afines. De todas maneras, no parece que haya un proceso fatal de identificación de raza, lengua y cultura.4. La llamada "mentalidad primitiva". Se ha comprobado que no existe una "mentalidad primitiva" en el sentido de un estadio "prelógico" o "alógico", como pensaron algunos. En el aspecto psíquico el hombre primitivo no presenta diferencia esencial alguna con el de culturas arcaicas y de los pueblos históricos o civilizados (v. t. lo dicho antes en 1, y lo que se dirá en II, 1). Se observa, sí, una compenetración o comprensión intuitiva de los fenómenos naturales, con los inevitables errores de la falta de experiencia, pero también buenas dotes de observación, actitud racional y práctica en la conducta de la economía y una inferencia causal y lógica acerca de la existencia de un Creador (sobre todo en los cazadores y recolectores más sencillos). Por consiguiente, el pensar racional se da en los p. en la vida práctica cotidiana, en la concepción del mundo en general y en la religión. La "mentalidad primitiva" es, pues, esencialmente la misma que la de los hombres de todas las épocas: es racional o lógica, mítica, mágica, autista y participacionista, acentuándose uno u otro aspecto según las ocasiones.Aquí sólo trataremos de lo que se entiende por mentalidad participacionista, que en cierto modo comprende los demás aspectos. Para el aspecto racional, V. RAZÓN (V. t. RACIONALISMO; REALISMO); para lo mítico, V. MITO Y MITOLOGÍA; para lo mágico, V. MAGIA. A esta última se reduce la mentalidad autística, que no es más que la magia etnológica en cuanto da por reales relaciones sólo concebidas por la razón: tiene su fundamento en la necesidad de ordenar un mundo del que aun no se tiene mucha experiencia, y en la confianza filial de que el Ser Supremo ha ordenado todo para bien del hombre; y así debe distinguirse de la magia antirreligiosa, que usa de medios materiales con la pretensión de forzar a los seres sobrenaturales; y de los ritos religiosos que usan medios materiales para obtener fines sobrenaturales, pero acompañándolos con la oración o la manifestación de pecados: no pretende forzar, sino más bien impetrar. En todos esos aspectos, la diferencia entre la mentalidad primitiva y la civilizada no es esencial, sino sólo de grado.El término "participación mística" fue introducido por Lévy-Bruhl para designar uno de los aspectos importantes y complexivos de lo que se suponía mentalidad primitiva. En realidad, en su descripción comprende todos los aspectos de la mentalidad humana. Literalmente, significaría que el primitivo siente participar de un modo misterioso en la esencia de otras cosas, identificándose en cierto modo con ellas. Pero su contenido es más rico, pudiendo reducirse a los siguientes apartados, siguiendo la exposición del mismo Lévy-Bruhl, que en esto coincide con otros observadores: a) Establecer identidades entre cosas u objetos para nosotros diferentes; identidad, no obstante, con la que se compagina la distinción de esas cosas identificadas. b) Como consecuencia, una cierta evanescencia de la singularidad o individualidad, especialmente del yo personal, cuyos límites aparecen indecisos, al entrecruzarse con otras realidades distintas en virtud de la participación. c) Preponderancia de las causas trascendentes o invisibles, que fundan esa participación, y relegan a un plano secundario las causas segundas perceptibles por los sentidos, aunque nunca se niegue ni su existencia, ni su necesidad, antes bien se cuente también con ellas. cl) Una aparente restricción del principio de contradicción, cuando esas causas trascendentes actúan: armonía de los contrarios. e) Posibilidad de trascender las categorías de espacio y tiempo, que por lo demás no tienen validez alguna en el mundo trascendente.Enfrascado en el estudio de los primitivos, Lévy-Bruhlse olvidó más de la cuenta de atender a los civilizados entre quienes convivía, como ha ocurrido a otros. Ello le llevó a creer que la mentalidad primitiva era esencialmente diferente de la civilizada. Siendo el principio de contradicción la primera ley del pensamiento lógico, creyó que el primitivo desconocía ese principio, al afirmar simultáneamente identidad y distinción de los seres, y, por tanto, pensó que el primitivo vivía en un estado "prelógico". Afirmación que venía por lo demás apoyada y favorecida por su adhesión al evolucionismo materialista con relación al origen del hombre: le parecía natural que el hombre hubiera pasado por un estado mental que sin ser propiamente animal tampoco fuera todavía humano. Ante las pertinaces objeciones que se le hicieron, por cierto muy fundadas, y quizá sobre todo ante un progresivo mayor conocimiento de la mentalidad humana, tanto primitiva como civilizada, adquirido en su larga vida, fue mudando progresivamente de opinión, con una interpretación muy diferente de los datos, hasta llegar a afirmar la identidad de la mentalidad primitiva y la civilizada. En sus Cuadernos póstumos, que son como su testamento científico (se hallaron después de su muerte), insiste en esa identidad de mentalidad: "Afirmaré una vez más que la estructura lógica del espíritu es idéntica en todos los hombres, y que, por consiguiente, los primitivos, al igual que los demás, rechazan la contradicción cuando se encuentran con ella. Mas al mismo tiempo afirmaré que ellos no la descubren en el inmenso dominio de lo sobrenatural, y así no se encuentran con ella" (p. 106 de la ed. italiana, / quaderni, Turín 1952). E incluso reconoce que nuestro mundo tan ordenado por la experiencia es en sí mismo tan ininteligible, si no se recurre a una causa trascendente que lo explique, como lo es el mundo del primitivo al pasar por alto las causas segundas (104-106). Por lo mismo, renuncia definitivamente no sólo al término prelógico (159-160), sino también a la ley de participación, aunque admita se dan muchos casos de ella, en primitivos y no primitivos.Él mismo explica el largo proceso que le llevó a este cambio tan radical: "El nuevo paso, espero que decisivo, consiste en abandonar un problema mal planteado, que lleva consigo dificultades intrincadísimas, y en limitarme a poner problemas cuyos ’términos vienen sugeridos únicamente por los hechos... Si doy una mirada de conjunto a cuanto he escrito a propósito de la participación desde 1910 a 1938, la evolución de mis ideas me parece clara. Había comenzado suponiendo una mentalidad primitiva diversa de la nuestra, si no en su estructura, al menos en su función, y me había encontrado embarazado para explicar las relaciones de esta mentalidad con la otra, no sólo entre nosotros, sino también entre los primitivos. En resumen, no había hecho más que yuxtaponerlas, sin lograr dar la idea ni de su coexistencia ni de sus mutuas relaciones. Posición que jamás he podido defender bien, y que a la larga no procede. Limitándome a hablar de hábitos mentales me refugié en una posición de repliegue. Pero la tesis, aun así suavizada y disminuida, no era mejor defendible: se preguntará entonces de dónde provienen estos hábitos, y cómo, de por sí, constituyen una mentalidad que en modo inexplicable coexiste con el ejercicio lógico de nuestra actividad mental. Dejamos, pues, a su vez, esta posición de repliegue, es decir, renunciamos completamente a darnos razón de la participación recurriendo a algo propio del espíritu humano, o constitucional (en su estructura o en su función) o adquirido (hábitos mentales). En otros términos: corregimos cuanto creía exacto en 1910: No existe una mentalidad primitiva que se distinga de la otra por dos caracteres que le son propios (místico y prelógico). Lo que existe es una mentalidad mística más acentuada y más fácilmente observable entre los primitivos que no en nuestras sociedades, pero presente en todo espíritu humano. En el momento que ya no se la erige más como algo que se opone a una mentalidad diversa, desaparecen todos los problemas" (o. c. 159-161).Y en efecto, todos los elementos que integran la participación (v.) se dan, en mayor o menor medida (y más bien mayor que menor), en todas las mentalidades y religiones de todos los tiempos, siendo especialmente acusados en sus corrientes místicas. Aparecen también frecuentemente en los grandes talentos filosóficos, y no son raros en el mismo vulgo: es algo inherente al espíritu humano como humano. La raíz de una posible doble visión del mundo (participativa mística y racional científica) está fundamentalmente en la misma analogía (v.) del ser (v.): un mismo concepto se predica de seres diferentes, parte en sentido idéntico, y parte en sentido diverso. Siendo el concepto objetivo, esa diversidad e identidad simultánea se ha de dar en los mismos seres, que así podrán presentarse a nuestra mente ya como diferentes o distintos, ya como idénticos, ya como distintos e idénticos a la vez, según se capte un aspecto parcial de su realidad, o su realidad total. Si se exagera la individualidad (v.), se acentúa la distinción, y con ella se desvirtúa la analogía que relaciona y traba entre sí todos los seres. Si se exagera la identidad (v.), se desvanece la individualidad, esfumándose con ello los límites de cada ser, pudiendo incluso llegarse a un monismo (v.) absoluto, panteísta o no. El justo equilibrio es difícil: la creatura lleva en sí un misterio muy semejante al de la Trinidad, cuya obra e imagen es: la identidad y distinción a la vez.El propender más a uno u otro extremo creemos depende: 1°) De la consideración estática o dinámica del ser objetivo. Si se insiste en las esencias y sustancias inmutables (filosofía aristotélica, algunos escolásticos, diversos racionalismos), se acentúa la individualidad y distinción: una cosa no es la otra, porque tampoco una esencia es la otra. Mas si se considera al ser dinámicamente, en cuanto operante, cual realmente se da, la distinción tiende a esfumarse, ya que ningún ser creado actúa solo (Platón, neoplatónicos, panteístas, monistas). Un estómago, anatómicamente, es perfectamente distinto de los demás miembros del cuerpo; fisiológicamente, sin embargo, es decir, dinámicamente, su distinción tiende a esfumarse, ya que ni obra solo, sino con el concurso de los demás en todas sus acciones, ni la finalidad de éstas es el propio estómago, sino el organismo total. Los primitivos, al igual que las religiones en general y la mayoría de los pueblos, han insistido también en el aspecto dinámico del ser, y, por tanto, en la identidad, aunque sin negar la distinción. 2°) De la atención a la experiencia ordinaria sensible, o a las experiencias profundas ("místicas"): la primera testifica primariamente la distinción, la individualidad; las segundas acentúan la identidad. Ambas experiencias son verdaderas, pero ambas incompletas, si desconocen los datos aportados por la otra: una visión verdaderamente objetiva y realista del mundo deberá tener en cuenta los datos aportados por ambas experiencias, por difícil que sea armonizarlos en una estructuración racional (V. REALISMO; OBJETIVISMO). La actitud participacionista se refleja, p. ej., en la caridad (v.), que afirma la identidad (todos somos hijos de Dios), el único modo de hacerse bien a sí mismo es hacer biena los demás, cual sucede a cualquier miembro con relación al cuerpo; y hace a Dios más inmanente o presente, más asequible al hombre, que así se siente más religioso, inmerso en un ambiente sobrenatural. Pero si se exagera, acaba por extinguir la caridad, por falta de objeto distinto sobre el que ejercerla, y aun la misma religión, por quitar toda distinción entre el hombre y Dios (v. PANTEÍSMO I). La actitud contraria, al insistir en la alteridad y distinción, fomenta el egoísmo, destruye la caridad para sustituirla por una justicia meramente jurídica, y hace a Dios demasiado lejano y trascendente para que pueda ser objeto de culto religioso (V. DENMO).Entre los primitivos, todo iniciado, en virtud del rigor mismo de la ascesis de su iniciación, tiene más o menos experiencias profundas; y esas experiencias profundas son especialmente notables en los iniciadores, que contribuían a conformar la mentalidad de los iniciandos (v. II, 3). Es, pues, ocioso decir que en los primitivos con desarrollados ritos de iniciación será mucho más dable observar una actitud participacionista más generalizada. Pero en realidad la actitud participacionista, sin excluir la otra, con ella coexistente, ha predominado ampliamente en la Humanidad, si se exceptúan los círculos de cultura occidental dominados o influidos por el racionalismo (v.), aunque tampoco éstos estén del todo exentos de ella.V. t.: ÁFRICA IV; AMÉRICA IV, A; ASIA IV; EUROPA IV; OCEANÍA III; PATRIARCADO; MATRIARCADO; SOCIEDAD II, 2; LENGUAJE I, B, II, 3 y III, 2.J. P. GARRIDO ROIZ , A. PACIOS LÓPEZ.
BIBL.: P. BOSCH GIMPERA y OTROS, Las razas humanas, Su vida, sus costumbres, su historia, su arte, I y 11, 6 ed. Barcelona 1966; R. BIASSUTTI, Razze e popoii della Terra, 4 vol., Turín 1967; H. A. BERNATZIK, Razas y pueblos del mundo, 2 ed. Barcelona 1965; E. WEYER, Pueblos primitivos de hoy, Barcelona 1965; J. W. PAGE, Les derniers peuples primitifs, París 1941; H. TICHNER, Vólkerkunde, Frankfurt 1959; U. BIANCHI, Storia dell’etnologia, Roma 1965; J. IMBELLONI, Epítome de culturología, Buenos Aires 1953; A. BROS, L’Ethnologie religieuse, Introduction á I’étude composée des religions primitives, París 1923; A. ALVAREZ VILLAR, Psicología de los pueblos primitivos, Madrid 1969; W. SCHMIDT y W. KOPPERS, Vólker und kulturen, Ratisbona 1924; L. ADAM, Arte primitivo, Buenos Aires 1947; K. BIRKET-AMITH, Vida e historia de las culturas, Buenos Aires 1952; E. CRISTENSEN, Primitive Art, Nueva York 1955; L. H. MORGAN, La sociedad primitiva, Madrid 1970; L. LÉVY-BRUHL, Les carnets, París 1940; CH. SINGER, E. 1. HOLMYARD y A. R. HALL, A History of Technology, I y II, Oxford 1956; A. HOUGHTON BRODRICK, El hombre prehistórico, México 1955; W. J. SoLLAs, Ancien hunters and their modern representatives, Londres 1911; G. P. MURDOCK, Nuestros contemporáneos primitivos, México 1945; E. R. SERVICE, The hunters, Londres 1966; v. t. la bibl. del art. siguiente (II).
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