Primitivismo ARTE
Categoria:
Arte
Pese al sufijo de esta palabra, no se refiere -o, por lo menos, no debe referirse- a ningún movimiento plástico dotado de cierta homogeneidad y a la defensa de un programa coordinado y dogmático, sino que, por el contrario, supone la estimación general de aquellos artistas que, carentes de un entrenamiento didáctico, se han entregado al arte, casi exclusivamente a la pintura, partiendo de sus propios medios ingenuos e intuitivos. De aquí que se les denomine también ingenuos o ingenuistas y que, más comúnmente, se haya habilitado para uso internacional el término francés naifs. Existen razones para esta adopción porque, bien que hayan abundado en todo tiempo y en muchas latitudes los artistas ingenuos y torpe y graciosamente autodidactos, como en España los autores de exvotos en iglesias y ermitas rurales, no intentaban, ni por asomo, competir con los profesionales, pero ello sí ocurrió en Francia, mediante la gestión de un personaje singular que justifica por su sola presencia la génesis gala de la denominación admitida.El tal personaje era Henri Rousseau (v.), n. en Laval en 1844, parece que músico militar en la campaña de México, soldado luego en la guerra franco-prusiana. Concluida ésta, fueron recompensados sus servicios al otorgársele una plaza de inspector de los arbitrios de consumos de París, de donde le vino el apodo de Le Douanier (el aduanero). No parece haberse dedicado con toda su alma a la pintura hasta 1880, mas, a partir de este momento, lo hizo con verdadera pasión hasta su muerte en París el 2 sept. 1910. Como perfecto ingenuo que era, trataba de concurrir a las exposiciones nacionales, en las que era invariablemente rechazado. De sus procedimientos habituales, bastará decir que medía en el modelo, con una cinta métrica, la longitud de una ceja o de la nariz y la transmitía al lienzo. El banquete con que le obsequiaron Pablo Picasso (v.) y su grupo de Le Bateau Lavoir resultó grotesco, pero había sido organizado con toda seriedad. Por lo demás, el excelente anciano lo merecía, ya que había creado, dentro de su inocencia técnica y de su absoluta falta de formación pictórica, algunas de las obras más líricamente hermosas de nuestro siglo, que no dejarían de ser tenidas en cuenta en el momento de fecundación del surrealismo (v.).La obra maestra es La gitana dormida, un absurdo nocturno de plenilunio iluminando a una negra o árabe que yace en la arena del desierto, junto a un jarro y a una mandolina, mientras un león la husmea. El lienzo, que data de 1897, fue ofrecido por Henri Rousseau a su pueblo natal, Laval, por la suma de 1.800 ó 2.000 francos, sin recibir contestación, pero hoy es una de las piezas más sensacionales del Museo de Arte Moderno de Nueva York. En el mismo museo se conserva El sueño, de 1910, fastuosa representación de una selva virgen de la que emerge un negro tocando una flauta, parece que en honor de una mujer desnuda y tendida sobre un diván de terciopelo granate. Otra insensata alegoría de La guerra se guarda en el Musée du leu de Paume, de París, y en otros muchísimos más museos y colecciones la producción total de este extraño pintor que, pese a su autodidactismo y a su desconocimiento de las reglas más elementales de la pintura, poseía un envidiable surtido de dotes, la invención y la poesía en primer término.Al ser ello prontamente reconocido, se propagó la estimación por el p. a otros artistas de la misma tendencia, como Alfred Wallis, inglés, cuya producción se despega escasamente de las torpes técnicas de pintor de exvotos, o como Morris Hirsh f ield, polaco de nacimiento y actuante en Estados Unidos, característico por su afán estrictamente primitivo, de caligrafiar, con todas las posibilidades de minucia y esmero, los más menudos accidentes de una planta o de una de sus hojas. Primitivos norteamericanos destacados son Graudina Moses, de nombre Anna Mary Robertson (1860-1961), y Edward Hicks (1780-1849). El francés Dominique Paul Peyronnet, soldado en la I Guerra mundial, se hizo célebre por su admirable Barca del Mosela, de 1936, escena bélica que tiene algún parentesco, por su escenario nocturno, con la obra cumbre del género: La gitana dormida. Un francés, Louis Vivin (1861-1936), y un norteamericano, Joseph Pickett, coinciden en el infantilismo de sus paisajes y en el empeño de definir y delinear hasta la última juntura de los sillares o ladrillos de un muro, por no hablar de sus extrañas perspectivas. De André Bauchant (1873-1958) es muy conocida su Proclamación de la Independencia americana, de siniestros dibujo y composición. Aún es posible citar a Camille Bombois (n. 1887), el menos ingenuo del repertorio, y la empleada doméstica Séraphine (1864-1934), con obras en los Museos de Arte Moderno de París y Nueva York.En cuanto a los españoles, en lo que a inspiración se refiere al menos, el pintor catalán Juan Brotat (1923) ha hecho gala, en todo lo que viene mostrando, de una especie de muñequismo infantil que, al reiterarse, deja desconfiar sobre la persistencia de la inspiración, y algo semejante acontece a la producción de Rivera Bagur (1919). Pero son más estrictamente primitivos otros hombres de profesiones modestas y subalternas a los que, por lo común, se tarda tiempo en descubrir y lograr que exhiban sus obras. En este aspecto, debe ser mencionado en primer lugar Vicente Pérez Bueno (1887-1963), antiguo conserje de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, de Valencia, auténticamente ingenuo en sus dislocadas y extrañas desproporciones y perspectivas, las que de ningún modo menguan el recogido encanto de sus paisajes. Y otro naif típico es Lorenzo Aparicio "Boliche", albañil de la Diputación de Madrid, peregrino cronista gráfico de las operaciones militares de Marruecos y verdadero guardador del amor ancestral al horror vacui, ya que es constante su tendencia a no dejar vacío de figuración ni un centímetro cuadrado en la superficie de sus pinturas.Con todo, conviene desconfiar del p. verdadero, contra el que conspiran continuamente los medios de comunicación y difusión, eliminando ulteriores posibilidades de ingenuidad. Por otra parte, está comprobado que, excepto en casos tan ejemplares como el de Henri Rousseau, el primitivo que ha sido sacado del anonimato, celebrado, expuesto, objeto de elogios, etc., pierde las más de las veces su contenido virginal y, a partir de entonces, simula más bien que continúa un estado espiritual del que ha sido arrancado. No obstante, es muy posible que todavía queden primitivos e ingenuos por descubrir.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: W. URDE, Cinq Maitres primitils: Rousseau, Vivin, Bombois, Bauchant, Séraphine, París 1949; J. A. GAYA NUÑO, El Boliche, otro pintor ingenuo, Diario de Barcelona, 17 die. 1966.
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