Poussin, Nicolas
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Biografía GER
Pintor francés, n. en Les Andelys (Normandía) en 1594 y m. en Roma el 19 nov. 1665. Cuenta entre las máximas figuras de la pintura francesa y su gloria se mantuvo intacta a través de las variaciones de la moda; celebrado por dos grandes "revolucionarios" de la pintura moderna, Delacroix y Cézanne, ha recobrado hoy una especie de nueva juventud, como lo demostró el éxito de la magna exposición de París en 1960 y del coloquio internacional que le acompañó, marcando un auténtico resurgimiento de los estudios sobre la personalidad y la obra del artista. Sin embargo, nuestro ángulo de visión y nuestros motivos de admiración no son exactamente los mismos del s. XVII.Cuando sus contemporáneos le saludaban como "el honor de los franceses en su oficio", "el Rafael de nuestro siglo", le veían ante todo como el ejemplar "peregrino de Roma", el que pasó la mayor parte de su vida en la Ciudad Eterna, indiferente a los honores y a la riqueza, dedicado al culto de la Antigüedad,creador de un gran estilo heroico, mantenedor de la pureza del gusto, continuador de Rafael (v.) y de los Carracci (v.), contra las tentaciones manieristas o barrocas, o contra aquel Caravaggio (v.) al que llamaba "un malvado, nacido para la ruina de las artes". Y este clasicismo intransigente constituye la nota dominante en la carrera de P.Vida y obra. Nacido, como Corneille, a orillas del Sena normando, hijo de un hidalgo venido a menos y casi rústico, estudia las letras con los canónigos de Les Andelys, pero su vocación de dibujo se afirma precozmente, y la llegada de un artista parisino conocido, Quentin Varin, llamado para pintar los altares de la Colegiata, viene a reforzarla. Se traslada a París, trabajando con varios maestros y sobre todo estudiando con pasión las pinturas de la colección del rey, especialmente las de Rafael, y las decoraciones de Fontainebleau. Sus primeros años son difíciles. Hasta 1624, no puede realizar su sueño de ir a Roma; después de dos tentativas infructuosas, por falta de dinero, gana la amistad del poeta italiano Marini, que reside en París, le inicia en la mitología y le encarga dibujos para los poemas de Ovidio (hoy en Windsor).Gracias a Marini puede en 1624 realizar el anhelado viaje y consigue en Roma la protección del card. Barberini, sobrino del Papa, pintando para el Vaticano un gran Martirio de S. Erasmo (1625). Aunque su vida material sigue difícil, trabaja mucho, y poco a poco va ganando una clientela escogida, entre la cual figura el coleccionista y humanista Casiano del Pozo, que será el mejor de sus amigos. Adopta un tamaño más bien pequeño para composiciones históricas o mitológicas, entre las cuales dominan primero las bacanales, los "cortejos", o "triunfos" decorativos (El Imperio de Flora, 1631; Dresde), después las meditaciones alegóricas en una gama clara (La Inspiración del Poeta, Louvre), llegando a composiciones que recuerdan bajorrelieves antiguos (Moisés salvado del Nilo, 1638; Louvre). En 1639 Luis XIII llama a París al artista, ya ilustre, para decorar la gran galería del Louvre con la Historia de Hércules. Los 18 meses que pasa en Francia le traen muchos disgustos, por los celos y las intrigas de los pintores parisinos, especialmente de Vouet.P. vuelve a Roma en 1642, para siempre, vive modestamente cerca de la plaza de España, con su mujer, Madeleine Dughet, francesa de Roma que no le dará hijos, pero asegura la felicidad de su hogar. Trabaja intensa y lentamente para cumplir con encargos tanto romanos como parisinos, charlando al anochecer en la plaza con un grupo de admiradores y discípulos, a veces paseando por la campiña romana, donde toma muchos apuntes del natural. Su arte evoluciona desde su vuelta de Francia hacia un estilo más tenso y grave; ocupan lugar preferente los asuntos religiosos (los Siete Sacramentos pintados para el aficionado francés Chantelou) y los temas históricos, que exaltan el estoicismo, la victoria del hombre sobre las pasiones y el destino (la Continencia de Escipión, el Entierro de Foción, 1648; Louvre). En sus últimos años, este estilo a veces algo seco se va renovando por la creciente importancia del paisaje, que relega a los diminutos protagonistas a un papel secundario (Apolo y Dafne, las cuatro estaciones a través de episodios bíblicos: El paraíso terrenal, Ruth y Booz, Tierra de promisión, El Diluvio, en el Louvre).A través de sus 40 años romanos, P. aparece como el prototipo del artista exigente, culto, reflexivo, que siempre controla la inspiración con la razón, tal como se representó a sí mismo en su admirable Autorretrato del Louvre. No tiene la menor duda sobre la supremacía de la pintura de historia. Grecia y Roma, la Biblia y el Evangelio, son sus fuentes casi exclusivas (con la excepción de algunos temas caballerescos, sacados de Ariosto o de Tasso). Pero en estos episodios le preocupan ante todo la claridad de la acción, el ritmo plástico de la composición, preparada muchas veces por maquetas de barro ("hay que empezar por la disposición"), la verdad psicológica ("la verosimilitud y la razón por todas partes") de los gestos y expresiones, la primacía del dibujo, "de las actitudes que hacen ver", sobre el color, un clasicismo altanero, contemporáneo del de Corneille y Descartes. Y este arte tiene como meta, en sus momentos líricos, una serenidad noble y melancólica, la de los Pastores de Arcadia del Louvre: meditación en un paisaje idílico sobre la presencia de la muerte; la del Parnaso del Prado: el cortejo grave de Apolo y de las musas ante la hermosura de la ninfa Castalia.Todo esto es cierto; pero por eminente que sean estos méritos no son los que más atraen a nuestros contemporáneos; se descubren hoy otros aspectos en la obra de P., artista mucho más rico y complejo dé lo que se creía. Existe, sobre todo en su juventud, un P. "barroco", o mejor dicho persiste la lucha entre un temperamento fogoso y la inteligencia voluntaria que le frena; muchas veces una primera versión dinámica y algo confusa, pintura o dibujo, se va depurando, clarificando (así para los Raptos de las Sabinas, de Nueva York y del Louvre, y para varias Bacanales). Existe un P. "colorista", no sólo por la perfecta y delicada armonía de los tonos, sino también por alardes imprevistos (como el extraño caballo blanco sobre el cielo rojizo del crepúsculo en Tancredo y Clorinda, Ermitage); un P. que no es indiferente al claroscuro o al nocturno (así en las series de los Siete Sacramentos). Y se ha podido hablar del "voluptuoso Poussin", con un sentido grave, pero muy pagano de la belleza del cuerpo femenino; pintor que elogiaba la belleza de las mozas de Nimes, comparándolas con hermosas columnas, aparece en sus Venus, sus Galateas, sus Bacantes como un continuador de Tiziano.Se podría destacar también la calidad de los trozos de bodegón, platos o jarros, que aparecen en muchos cuadros, tan firmes y sobrios como los de Le Nain (v.) o Chardin (v.). Pero sobre todo nos ha conquistado el paisajista admirable. Aunque sus estudios del natural estén elaborados después en la arquitectura del "paisaje histórico" modelado por el hombre, donde en escenarios de montañas y ríos van adornados con templos, sepulcros o columnas que recuerdan las grandezas de Roma, hay en el pintor una extraordinaria sensibilidad para la luz, el agua y los árboles. Sus dibujos a pluma y aguada, estudios de árboles y plantas, o amplias vistas panorámicas, sorprenden a la vez por el vigor y la delicadeza, y se han convertido tal vez en nuestro sector preferido de la obra de Poussin. Sin embargo, no hacen olvidar los grandiosos y frondosos paisajes "cósmicos" de los últimos cuadros, cuando la Naturaleza virgen invade el cuadro, concediendo sólo importancia a unas figuras gigantescas que emergen de los bosques: el Hércules de Hércules y Caco (Ermitage), el Polijemo de Acis y Galatea. En estos "cantos del cisne" el meditativo P. se nos revela como un poeta, visionario como el Tiziano, el Greco, o el Hugo de los últimos años, "el anciano que vuelve a la fuente primera".PAUL GUINARD.
BIBL.: P. DESIARDINS, Poussin, en Grands artistes, s. f. (ca. 1910); O. GRAUTOFF, Poussin sein Leben und Werk, Berlín 1913; J. THUILLIFR y A. CHÁTELET, La peinture lranpaise de Fouquet á Poussin, Ginebra 1964; VARIOS, Actes du Colloque Poussin, 2 vol. París 1960; P. JAMOT, Nouuelles études sur Poussin, París 1916; L. HOURTICP, La jeunesse de Poussin, París 1937.
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