Potencia FIL.
Categoria:
Filosofía
Como casi todos los conceptos claves de la terminología científica filosófica, la noción de p. ofrece el carácter de una analogía, por tratarse del concepto de algo que se dice de muchas maneras, porque también es de muchas maneras. En principio, la noción de p. surge con una relación trascendental a la de acto (v.), al intentar explicar la mentalidad griega el hecho y el problema del movimiento y de la mutabilidad de lo real. Sabido es que la mutación de los seres fue una de las cuestiones que más admiraban a los que primero filosofaron, siendo la admiración (v.) el origen de la Filosofía. Por esta razón, en los orígenes del filosofar científico aparece en seguida la idea de p. -el ente en p.- que viene a desentrañar el enigma del cambio. Por esta razón, también, empezaremos con este tema nuestro estudio.1. Potencia y acto en la composición del ser mudable. Fue Aristóteles (v.) el primero en consagrar la noción de p. Desde su definición del movimiento, aparece como fundamental el concepto de ente en p., en cuanto noción irreductible al ser y al no-ser en que se movía la metafísica de Parménides (v.). La p., el ente en p., es algo en función del ente en acto; para estar en p. hay que ser algo en acto, pues la nada (v.) no tiene p. para nada. El ente en p. es un poder ser lo que todavía no es; pero este poder ser pertenece a un sujeto. Y el no-ser todavía, propio del ente en p., no es un no-ser absoluto, sino el no-ser de algo que a su vez es algo; esto supone que el poder ser no es ni puro ser ni absoluto no-ser. El poder ser, que una cosa tiene en relación con lo que todavía no es, no es un puro no-ser, sino un no-ser enraizado en su actualidad como cosa; igualmente, ese no-ser algo todavía no es una pura nada, sino el no-ser de un sujeto real.El concepto de ente en p. sirve a Aristóteles como arma para deshacer la aporética del movimiento: El movimiento no procede del puro ser ni del absoluto no-ser, sino de algo híbrido: de un ser que no es el ser, es decir, de un ente que tiene ser (v.) pero no es todo el ser; un sujeto que no siendo todo lo que puede ser, tiene p. para devenir (la multiplicidad o diversidad de los entes es una clara muestra de que éstos, aunque tienen ser, aunque son, sin embargo no son todo el ser). El movimiento no será más que el acto de un ser en p. en cuanto está en p.; de aquí que el concepto de ente en p. sea un principio de todo cambio. En este sentido el ente en p. implica un no-ser todavía, frente al ser ya, que supone el acto. Esto quiere decir que como principios de cambio, los conceptos de p. y acto tienen una dimensión cronológica; no por otra razón el tiempo (v.) es la medida del movimiento. Y esta dimensión se manifiesta en todo cambio, pues p. y acto son principios generales de toda mutación. Pero conviene matizar el papel del concepto de p. en el cambio sustancial y en las mutaciones accidentales (v. CAMBIO).En el cambio sustancial, la materia prima hace de elemento real potencial. Una explicación del cambio sustancial, a base de la teoría hilemórfica (v. HILEMORFISMO), o teoría de la materia prima y la forma sustancial, echa de ver que la materia prima hace de elemento permanente, susceptible de ser determinado por las formas sustanciales. Y es que la materia prima, como principio indeterminado de suyo, está en p. en relación con la forma sustancial que la determina; de suyo, la materia prima es algo que no tiene realidad más que formando estructura con las formas; siendo puro elemento real potencial, aparece como un coprincipio del cambio, no siendo en sí nada, sino en compañía de la forma (v.). Como conceptolímite, la materia prima ni siquiera podría ser creada o aniquilada, sino concretada y coaniquilada con la forma. No siendo ella algo compuesto de materia y forma, sino materia prima, no puede ser sujeto de mutación, sino principio de ésta en las entidades corpóreas, en las que la materia prima es determinable por la forma sustancial que, en cada caso, actúa como acto primero. La p., en el sentido de principio de cambio, equivale de manera propia a la materia prima, que por ser p. pura ni siquiera es algo de suyo, sino sólo en conjunción con la forma o acto. Sin la materia prima, como elemento real potencial, son ininteligibles los cambios sustanciales de los seres corpóreos (v. MATERIA I).En los cambios accidentales, por el contrario, lo que hace de elemento potencial no es p. pura, sino algo a su vez compuesto de potencialidad y actualidad -la sustancia- que en el mundo corpóreo supone una conjunción de materia prima y forma sustancial. Una primera investigación sobre el concepto de sustancia (v.) nos la presenta como el elemento permanente a través de las mutaciones accidentales; esto supone que las determinaciones accidentales modifican a la sustancia como actos segundos, que exigen la previa información del acto primero que es la forma sustancial. Por ello, a diferencia de la materia prima, la sustancia hace de materia segunda en relación con los accidentes (v.); de aquí que su papel de p. no sea el de p. pura, sino el de una p. informada, pero todavía susceptible de ser determinada accidentalmente. Para comprender esto, que constituye la explicación clásica del cambio, conviene hacer un paralelismo entre el movimiento o mutación sustancial y el accidental. Como se indica en otro lugar (v. CAMBIO), hay en la mutación sustancial una estructura hilemórfica de materia y forma y, en concreto, de materia prima y forma sustancial: la materia es p. pura; la forma, acto primero. Materia y forma hacen, pues, de p. y acto: la materia, como materia prima o p. pura es el elemento permanente en el cambio sustancial; la forma, como forma sustancial o acto primero, es el elemento que cambia en la mutación sustancial. Pero en las mutaciones accidentales lo que permanece es la sustancia; la sustancia actúa de p., es como un elemento material, porque puede hablarse en sentido analógico, de una estructura hilemórfica en el cambio accidental. La sustancia como potencia, como materia segunda, se estructura con los accidentes que, como actos segundos, como formas accidentales, juegan un papel actualizador, respecto a la potencialidad de la sustancia.Hay, pues, tanto en el cambio sustancial como en el accidental, una dualidad de elementos permanentes y cambiantes, de p. y actos. En el cambio sustancial hace de p. la materia prima; en el cambio accidental, la sustancia que, en cuanto corpórea, implica una estructura de materia y forma, hace de p. pura y acto primero. Y todavía hemos de ver cómo cualquier esencia se comporta como p. en relación con el acto de existir.2. Potencia y acto en la composición de los seres finitos. La última afirmación puede evidenciarse frente al problema de la finitud del ser (v. CONTINGENCIA). Si todo cambio supone finitud -el cambio es símbolo de limitación- la finitud exige también ontológicamente una estructura de p. y acto. Lo que acontece es que en este caso p. y acto no tienen una dimensión cronológica, sino propiamente óntica, ajena, por tanto, a la temporalidad. El concepto de p. en relación con la realidad del movimiento o cambio se nos ha mostrado como en tensión al acto. El ser en p. requiere ser en acto algo; no es un puro no-ser, sino el poder ser de un sujeto; y este poder ser no es el poder ser de lo que ya es -pura tautologíasino el poder ser de lo que no es todavía. Pero esto mismo evidencia la exclusión del acto y la p. respecto a la misma cosa y simultáneamente; quiere decirse que no se puede estar al mismo tiempo y con relación a lo mismo en p. y en acto. Y ello en virtud de esa dimensión cronológica (no-ser todavía del ente en potencia, ser-ya del ente en acto) que se ha subrayado.Ahora bien, el concepto de p. entra en la explicación de la finitud de los seres limitados entitativamente (v. LÍMITE), pero no con una dimensión temporal, no como lo que todavía no es, sino como lo que hace de sujeto del acto de existir, por lo que se le llama p. subjetiva. En realidad, delimitar el concepto de p. como un no-ser todavía, o el de acto como un ser-ya, no significa agotar las implicaciones de nociones que, en cuanto generales, son esencialmente inefables. Lo que existe limitadamente, con una limitación en el ser, no deja por esto de estar compuesto de p. y acto, de esencia y existir (o acto de ser), pues no es, en efecto, lo mismo tener la existencia que serla; la multiplicidad y diversidad de los entes muestra que todos son, todos tienen existencia o ser, pero no son la existencia o el ser (A. Millán Puelles, Fundamentos de Filosofía, 8a ed. Madrid 1972, 452). Metafísicamente la p. es el elemento determinable, la esencia (v.), siendo el acto de ser (o de existir) el elemento determinante; de ello surge el ente determinado, el ente finito. Esto significa que, en general, la p. se comporta como un cierto sujeto con respecto a los actos o formas.Pero en el caso de la p. de existir hay que decir que su acto, a veces llamado existencia, pero mejor es llamarlo existir o acto de ser, no es una forma, sino una superforma: la actualidad de todas las cosas; algo tan inefable como la propia noción de p. que hace de sujeto del acto de ser, y resulta ser el principio de limitación de ese mismo acto, ya que ningún acto puede limitarse a sí mismo, pues es de suyo razón de ser y perfección.De aquí la primacía del acto sobre la p. Esta primacía no hay que entenderla axiológieamen te, sino que se echa de ver desde el punto de vista de la causalidad y de la composición. Como causa (v.), los seres obran en cuanto están en acto, y el mismo tránsito de la p. al acto -el cambio- supone un ser en acto. Como estructura (v.), p. y acto se complican siendo la p. inseparable del acto, aunque no es imposible la existencia de un Acto puro, que demostrará la Teodicea (v. DIOS IV, 2).3. Potencia activa y potencia pasiva. La noción de p. explicada hasta ahora no es la única; ya se indicó al principio la esencial analogía del concepto de p. Ésta, en efecto, se dice de dos maneras fundamentales: activa una y pasiva otra. De estos dos sentidos del concepto de p., la p. pasiva tiene prioridad; ella es la más general, la que entra en la definición de todo cambio (v. 1) y la que explica la limitación de los seres que tienen el existir pero no lo son: los seres finitos (v. 2). Y previa aún a esta clasificación de la p. real en activa y pasiva, existe la división de la p. en lógica u objetiva y real, que es la que se desdobla en pasiva y activa. Todo esto exige unas precisiones.a. Potencia lógica o posibilidad. La p. objetiva o lógica no es más que la posibilidad (v.) como conjunto de notas no contradictorias. Por ella responde el ente posible, algo que puede existir en principio, por lo que se distingue del puro ente de razón, pero que exige un condicionamiento causal, una causa, para poder ser traído a la realidad. El puro posible, como simple ausencia de contradicción, tiene un escaso significado metafísico y su misma posibilidad depende de un entendimiento que lo piense, por lo que trascendiendo el horizonte de los entendimientos finitos, el orden de los posibles pide un entendimiento en acto que es el fundamento de toda posibilidad (v. DIOS IV, 2 y 13). Pero el planteamiento de esta cuestión pertenece a la Teodicea (v.). Sólo interesa señalar el hecho de que la misma ausencia de contradicción constituye la condición intrínseca de los posibles, mas su posibilidad extrínseca viene dada por la existencia de una causa capaz de hacerlos existir. Cuando se cumple esta condición el posible goza de una cierta realidad y su estudio, junto con el del ente real actual, es objeto de la ciencia que estudia el ente real -actual o posibleen cuanto ente: la Metafísica (v.). Volveremos, en parte, sobre esto (v. d y e).b. Potencia real, activa y pasiva. Sistematizando el pensamiento de Aristóteles, Tomás de Aquino diferencia, dentro de la p. real, la activa y la pasiva como potencias distintas: "en todas las cosas, una es la potencia activa y otra la pasiva" (Sum. Theol. 1 q79 al0c); y recordando al Estagirita, afirma el Angélico: "La potencia activa es principio de obrar en otro; pero la potencia pasiva es principio de ser hecho por otro, como dice Aristóteles en el libro V de la Metafísica" (ib. 1 q25 alc). Por supuesto que toda p. es tal por una relación al acto: "la potencia se dice por el acto" (O. de potentia, 1,1). Pero esta potencialidad en relación con el acto es doble: "doble es la potencia: una activa de la que responde el acto, que es la operación... Otra es la potencia pasiva, de la que responde el acto primero, que es la forma" (Q. de pot. 1,1). La operación es el acto de la p. activa, mientras que la forma lo es de la pasiva (v. 1-2). Ahora bien, cabe entender esta forma como una superforma, el acto de existir, en cuyo caso las mismas formas están en p. en relación con el existir (v. 2). De aquí la limitación del acto por la p.; el acto es limitado por la p. que lo recibe. O bien el acto es al mismo tiempo p. y lirbita otro acto: así, la forma sustancial, siendo acto de la materia prima, está en p. respecto al acto de existir (cfr. T. de Aquino, Contra Gentes, 1,43).c. Potencia activa. Por lo que hace a la p. activa, hay que distinguir la acción trascendente, que pertenece al estudio de la causalidad eficiente (v. CAUSA), y la acción inmanente y vital, que se conoce con el nombre de operación. P. e impotencia son dos accidentes del orden de la cualidad (v.), que surgen al considerar a la sustancia como capaz de acción. La sustancia, al menos la corpórea y finita, es activa gracias a sus cualidades accidentales como lo son las p. El acto de la p. activa es la acción (v.), por la cual el agente determina el efecto en el paciente, siendo la pasión en el sujeto receptor el mismo determinarse del efecto. Acción y pasión pertenecen al orden accidental (v. ACCIDENTE).También son accidentales las p. activas o facultades (v.) que como principios inmediatos determinan las operaciones del ser vivo, en conjunción con el alma (v.), quees el principio remoto de las mismas. Siendo el alma el principio último de las operaciones del ser vivo, su esencia no es inmediatamente operativa, pues el tener alma no siempre va acompañado de la realización de todas las operaciones que corresponden a cada ser vital. Lo que supone que la actuación inmediata del viviente no se debe al alma sola, sino a unos principios próximos de operación a los que se les llama p. o facultades (V. ENTENDIMIENTO; VOLUNTAD; SENTIDOS), pues hacen posible la actividad del ser. Estas p. activas canalizan la actividad remota del alma, que es la forma sustancial del ser vivo, por lo que aquéllas no pueden ser más que formas accidentales. Las p. o facultades guardan con sus actos u operaciones una relación esencial, ya que son poderes de acción, principio de la actividad del ser vivo. Frente al poder hacer de la p. activa, la pasiva aparece como un poder ser hecho. De aquí la esencial analogía del concepto de p.La p. activa, como cualidad de la sustancia, es menos radical que la sustancia pasiva que entra en la composición de todo ser finito y surge al explicar la mutabilidad del ser. Las p. activas, en efecto, no están siempre en acto de sus operaciones, sino en p. con respecto a ellas, cuando no se hallan actuadas por sus respectivos objetos (pues las p. se especifican por los actos y los actos por los objetos). Sin embargo, algunos autores parecen reducir el concepto de p. al de actividad. Esto es sobre manera evidente en el sistema monadológico de Leibniz, en el que la mónada es por esencia un ser capaz de actividad, como confiesa al comienzo de los Principios de la naturaleza y de la gracia, fundados en razón. Toda potencia es, para Leibniz, actividad motriz (Opera philosophica, ed. Erdmann, Aalen 1959, 437). Con todo, el filósofo de la monadología, enraizado en la línea de la filosofía perenne, no olvida la doble modalidad, activa y pasiva, de la p. He aquí un texto: "Si la potencia responde al latín potentia es opuesta al acto, y el paso de la potencia al acto es el cambio. Esto es lo que Aristóteles entiende por movimiento cuando dice que éste es el acto o la actualización de lo que está en potencia. Se puede, pues, decir que la potencia en general es la posibilidad de cambio. Pues el cambio es el acto de esta posibilidad, siendo acción en un sujeto y pasión en otro, y habrá así dos potencias, una activa y otra pasiva. La activa puede ser llamada facultad y la pasiva podrá ser llamada capacidad o receptividad" (ib. 249).Esta distinción leibniziana, que supone un retorno a la concepción aristotélica, olvida, sin embargo, los matices y distinciones encontrados en las diversas clases de p. por la filosofía anterior, desde la noción de p. pasiva, cuya realidad es fundamental para entender el ser y la finitud de la criatura (v. 1-2), hasta la p. activa, que junto a la impotencia constituye una de las divisiones del concepto de cualidad (cfr. Aristóteles, Categorías, 8b25). La p. es el principio inmediato de las operaciones de un ser, siendo ese mismo ser el principio último de esas operaciones, cuando se trata, por supuesto, de sustancias que no son actividad esencial, al contrario de lo que acontece a la sustancia divina (v. 4). La impotencia es más bien no la falta de una p., sino la p. que no es capaz de desplegar su actividad. Todo ello supone a la sustancia como p. pasiva de las mismas p. activas o principios de actividad. Sólo en los seres finitos que no son su actividad puede coincidir esta doble modalidad de p.: activa y pasiva.d. Potencia lógica o posibilidad y necesidad en Hartmann. En N. Hartmann (v.) -fundamentalmente en su obra Posibilidad y efectividad (Móglichkeit und Wirklichkeit)- acontece una reducción de lo posible a lo real, subsumiendo ambos en la necesidad del ser. Dice, p. ej.: "La imposibilidad de A quiere decir que A no puede ’ser’; su posibilidad, que A puede ’ser’; su necesidad, que A tiene que ’ser’. Así, pues, el ’no poder’, el ’poder’ y el ’tener que’, están referidos a un ser que es en ellos la base modal y propiamente lo capital. Sin tal ’ser’ carece de sentido todo ’poder’ y ’tener que’, siendo un ’poder’ y ’tener que’ de nada, o sea, no existiendo en absoluto" (o. c., trad. 1. Gaos, México 1956, 82-83). Aunque en principio parece señalarse la primacía del ser como acto y la relación trascendental a él de la p., sin embargo, las implicaciones paradójicas de los modos reales del ser evidencian la reducción de la posibilidad (v.) a una necesidad (v.) absoluta. He aquí un texto clave: "a) Implicaciones paradójicas de los modos reales positivos: 1) lo que es realmente posible es también realmente efectivo (la posibilidad real positiva implica la efectividad real); 2) lo que es realmente efectivo también es realmente necesario (la efectividad real implica la necesidad real); 3) lo que es realmente posible es también realmente necesario (la posibilidad real positiva implica la necesidad real). b) Implicaciones paradójicas de los modos reales negativos: 4) aquello cuyo no ser es realmente posible, es también realmente inefectivo (la posibilidad real negativa implica la inefectividad real); 5) lo que es realmente inefectivo es también realmente imposible (la inefectividad real implica la imposibilidad real); 6) aquello cuyo no ser es realmente posible, es también realmente imposible (la posibilidad real negativa implica la imposibilidad real)" (o. c. 146-147). Pero contra la "efectividad" del ser, que Hartmann hereda de Diodoro Crono, a quien cita, y de la "Escuela de Megara", están no sólo el pensamiento clásico, sino el existencialismo, que ha hecho del concepto de posibilidad una categoría fundamental de su sistema (v. ANGUSTIA).e. Potencia lógica o posibilidad y realidad en Bergson. Bergson (v.), en cambio, considera a lo posible como trascendente a lo real y con un peso ontológico mayor: "Hay sobre toda la idea de que lo posible es menos que lo real y que, por esta razón, la posibilidad de las cosas precede a su existencia. Resultan así representables de antemano y podrían ser pensadas antes de ser realizadas. Pero la verdad es lo inverso. Si damos de lado a los sistemas cerrados, sometidos a leyes puramente matemáticas, aislables, porque la duración no muerde sobre ellos; si consideramos el conjunto de la realidad concreta o simplemente el mundo de la vida, y con más razón el ser de la conciencia, encontramos que hay más, y no menos, en la posibilidad de los estados sucesivos que en su realidad" (Bergson, Oeuvres, 2 ed. París 1963, 1139). Para Bergson lo posible no es más que lo real con un acto del espíritu que arroja la imagen en el pasado una vez que se ha producido. Lo posible implica la realidad correspondiente, y además algo que se añade a ella, puesto que lo posible es el efecto combinado de la realidad (v.) una vez aparecida y de un dispositivo que la arroja hacia atrás. Lo posible, pues, según Bergson no apunta al futuro sino al pasado. "Es lo real lo que se hace posible y no lo posible lo que se hace real" (o. c. 1344). Las relaciones entre lo posible y lo real han sido invertidas por Bergson; lo real no es para él una posibilidad realizada, sino que lo posible es una realidad posibilitada. En el estudio bergsoniano Lo posible y lo real -incluido en La pensée et le mouvant- se alude a la posibilidad más que al concepto de p. en sentido metafísico.4. Potencia divina. Desde el punto de vista metafísico el concepto de p., en el sentido de p. activa, se absolutiza en el ser divino, ya que como p. pasiva equivale a la esencia, que con el existir estructura al ente finito. Dios es p. activa absoluta, en cuanto es infinito poder; precisamente la infinitud radical del ser divino excluye la p. pasiva, al mismo tiempo que incluya la máxima p. activa, enraizada en la vida divina (v. DIOS IV, 11). Dios es, por esencia, actividad; por supuesto que lo es toda vida; pero la actividad vital divina no es sólo actividad inmanente -ciencia y voluntad (V. DIOS IV, 12)- sino también actividad trascendente -vida creadora-. No es sólo una vida donde algo procede de algo, como el Hijo del Padre (v. TRINIDAD), sino donde algo debe metafísicamente el ser a Algo (v. CREACIÓN II-III). La vida divina es la de un Ser omnipotente, es decir, infinitamente activo. La p. activa supone un acto, una actividad. Como actos, las p. activas son principios de actividad. Un acto puro -como de Dios lo demuestra la "Teodicea"- cuya esencia es su mismo ser y su misma actividad, tiene que traducir esta actualidad en términos de actividad, en el sentido de una actividad infinita. La p. activa es principio de obrar en otro. En las criaturas la p. activa es principio de la acción y principio del efecto; la p. activa en Dios es sólo principio del efecto, pues el principio de la acción es la misma esencia divina. Dios es pura actividad que se enraíza en la propia infinitud de la p. divina, actividad infinita de la p. divina, que permite hablar de una omnipotencia. Aquí es donde puede situarse metafísicamente el problema de la creazión.Una p. infinita es creadora. No es una p. que tenga que limitarse a educir las formas desde una materia que las lleve latentes, sino que es una p. que puede ponerlo todo. Pero ponerlo todo, poner el ser, es crear. La creación es posible sobre la base de una omnipotencia. Esa omnipotencia es la que se patentiza, en Teología metafísica, como lo propio de la actividad infinita de la vida divina. Omnipotencia que se refiere a todo lo metafísicamente posible. Todo lo posible puede ser actualizado por la p. divina. Lo cual vale tanto como decir que el objeto de la p. divina es todo. Carece de sentido plantearse el problema de la posible limitación de esa p. por la imposibilidad de hacer lo imposible. Lo imposible es lo que no tiene sentido; realmente lo imposible es un puro ente de razón. Lo imposible no plantea radicalmente un problema, ni ningún límite a la potencia divina. Es, sencillamente, que como hace Tomás de Aquino hay que decir que los imposibles "no pueden ser hechos" y no que Dios "no puede hacerlos" (Sum. Th. I q25 a3).El acto puro o inmovilidad motora es pura actividad. Como pura actividad hay que entender a Dios en Teología metafísica. Como ser que pone y funda a los demás seres, los pone por exuberancia de actividad. Esta pura actividad trascendente, pura p. activa, es al mismo tiempo actividad vital inmanente. Como actividad trinitaria -procesiones divinas- Dios es autoposesión -por ser vida- desplegada en una Trinidad de personas. Autoposesión infinita de Sí mismo, que es infinito ser e infinita actividad. Pero en este sentido, Dios no es sólo el motor inmóvil de los metafísicos sino que es teológicamente el Señor (v. DIOS IV).Para el uso del concepto p. en Física y Técnica, v. FUERZA; ENERGÍA; TRABAJO (Física); FÍSICA NUEVA, IDEAS FILOSÓFICAS EN LA, 4.V. t.: POSIBILIDAD; REALIDAD; SER; EXISTENCIA; CAMBIO; LÍMITE; CONTINGENCIA; MATERIA 1; FORMA; ACTO.J. J. RODRÍGUEZ ROSADO.
BIBL.: ARISTÓTELES, Metafísica (VI); íD, Categorías (VIII); H. BERGSON, La pensée et le mouvant, París 1963; N. HARTMANN, Posibilidad y efectividad, México 1956; G. W. LEIBNIZ, Opera Philosophica, Aalen 1959; S. TOMÁS DE AQUINO, Quaestio De Potentia, ed. MARIETTI, Turín; íD, Suma Teológica, I, ed. BAC, Madrid 1959 ss.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.