Politica Vi. Institutos de Estudios Políticos. EDUC.
Categoria:
Educación
A pesar de la gran tradición de las especulaciones sobre la p. y las cuestiones que con ella se relacionan, la enseñanza y la investigación de las ciencias políticas ha tardado en constituir una disciplina plenamente diferenciada y encomendada a órganos específicos. Durante mucho tiempo los temas de las ciencias políticas han estado dispersos, tratados de un modo insuficiente y normalmente desde perspectivas no p. por disciplinas filosóficas, jurídicas o históricas y en el ámbito de las Facultades o centros académicos correspondientes.Ha sido a partir de las últimas décadas del s. XIX cuando -al hilo de la progresiva constitución de las ciencias p. como ramas autónomas del conocimiento- se inicia la creación de instituciones dedicadas al cultivo exclusivo de las mismas. En Francia, Émile Boutmy fundó en 1871 la École Libre des Sciences Morales el Politiques, que desarrolló una labor extraordinaria y marca, en los países latinos, el fin del monopolio de las ciencias políticas de que hasta entonces habían disfrutado las Facultades jurídicas. A su imitación se crearon otros centros en diversos países como la conocida London School oj Economics and Political Sciences (1895), modelo en que se inspiraron otras muchas instituciones.Durante el segundo tercio del s. XX, y especialmente después de la II Guerra mundial, se multiplican en todos los países, contemporáneamente con el predominio de los métodos anglosajones en las ciencias políticas, la creación de instituciones dedicadas al estudio de las mismas. Prescindiendo de los centros que, en un sentido muy amplio, pueden considerarse dedicados a los estudios políticos, vamos a ocuparnos en este artículo de los Institutos de Estudios Políticos (IEP) en sentido estricto.El IEP de Madrid fue creado a poco de terminar la Guerra civil, por Decr. de 9 sept. 1939, para "investigar, con criterio político y rigor científico, los problemas y manifestaciones de la vida administrativa, económica, social e internacional de la Patria". Como órgano dependiente de la Junta Política se le asignan funciones de estudio, asesoramiento, dictamen y orientación. Al mismo tiempo se establecía que sería escuela de formación p. superior de las nuevas generaciones. Al servicio de esta finalidad funcionaron de 1941 a 1956 cursos en Ciencias políticas, Economía, Estudios internacionales, Sociología y Administración pública, a los que acudían jóvenes universitarios rigurosamente seleccionados que al final del ciclo de tres cursos obtenían un Diploma. La creación y desarrollo de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas aconsejó la supresión de estos cursos, pero continuaron funcionando diversos seminarios. Como órgano consultivo del Gobierno el IEP ha realizado una amplia labor a través de sus secciones, que en la actualidad son nueve.Otro aspecto de la labor cultural del IEP son las publicaciones. El IEP ha editado unos 500 títulos ordenados en varias colecciones que cubren todo el campo de las ciencias sociales. En 1940 se fundó la "Rev. de Estudios Políticos", actualmente de periodicidad bimestral. En sucesivos momentos se han fundado la "Rev. de Administración Pública", la "Rev. de Economía Política", la "Rev. de Política Social" y la "Rev. de Política Internacional" con la que se fundieron los "Cuadernos africanos y orientales", que también publicó.En Francia, los IEP fueron creados por la Ordenanza de 9 oct. 1945 como establecimientos vinculados a las Universidades. El de París, primero que entró en funcionamiento, es la institución sucesora de la Escuela Libre de Ciencias Políticas; vinculados a él funcionan la Escuela Nacional de Administración Pública (ENA) y la Fundación Nacional de Ciencias Políticas, creadas por la misma Ordenanza. Esta disposición legal atribuye a los IEP la misión de completar y coordinar, sobre una base interdisciplinaria, las enseñanzas de las Facultades de Derecho y Ciencias Económicas y de Letras y Ciencias Humanas otorgando los correspondientes diplomas equivalentes a licenciaturas de enseñanza superior. Al mismo tiempo preparan a los candidatos a los concursos administrativos, especialmente los de ingreso en la ENA y organizan stages de formación y perfeccionamiento. Finalmente, se les asigna la función de contribuir al desarrollo de la documentación y la investigación. El 1 EP de París imparte más de cien cursos encomendados a un cuerpo profesoral amplísimo y de muy diversas cual¡ ficaeiones.Existen en Francia otros seis IEP (Aix-en-Provence, Burdeos. Grenoble, Lyon, Estrasburgo v Toulouse) vinculados a las respectivas Universidades, además del Instituto de Ciencias Sociales v Políticas del Instituto Católico de Lille. En Argel se fundó otro que sigue funcionando después de la independencia y está previsto por el IV Plan la fundación de otros en Lille y Rennes.En la República Federal Alemana se han fundado después de la II Guerra mundial diversas instituciones de este tipo, entre las que destacan el Institut für Politische Wissenschaft (1950) vinculado a la Univ. Libre de Berlín, la Hocheschule für Arbcit, Politik und Wirtschaft de Wilhemshaven, y la Deutsche Vereinigung für Politische Wissenschaft de Heidelberg.No es posible enumerar aquí todas las instituciones que funcionan en los diferentes países europeos ni analizar con detalle los organismos de carácter internacional que han surgido con finalidades coordinadoras y promotoras, como la Association pour le développement de la science politique européenne (1964) con sede en París y asociada a la Asociación Internacional de Ciencias Políticas.En los países iberoamericanos se han creado también diversos establecimientos, como el IEP de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, el Instituto Nacional de Ciencias Políticas de Río de Janeiro y el IEP de la Univ. Central de Venezuela en Caracas. Este último ha desplegado una extraordinaria actividad desde el comienzo de sus tareas en 1959. Este Instituto, que depende de la Facultad de Derecho, tiene como fines realizar investigaciones científicas sobre las distintas ramas de la política, promover publicaciones sobre el respecto y formar cuadros de politicólogos y estudiosos de la p. Consta de cinco secciones y sus enseñanzas están organizadas en tres cursos.**AUALEJANDRO MUÑOZ ALONSO.
**ECOPOLÍTICA ECONÓMICA
1. Economía, acción y política económica. Como ocurre en tantas ocasiones, uno de los principales motivos de confusión existentes en torno a la utilización de los términos p. e. deriva, básicamente, de la falta de una delimitación clara del contenido que se les atribuye dentro del correspondiente contexto y de no haber establecido algunas distinciones elementales previas. En este sentido, y como primer paso, parece conveniente subrayar la necesidad de diferenciar el concepto de p. e. en cuanto praxis del, de P. e. en cuanto tratamiento científico de los problemas político-económicos.Desde el primer punto de vista, los términos p. e. hacen referencia a las acciones específicas llevadas a cabo por los gobiernos con el fin de dirigir la economía nacional hacia la consecución de determinados objetivos y/o anular los desajustes que se producen en toda economía como consecuencia de su propia dinámica, de su estructura, o de la incidencia en ella de factores exógenos previsibles (evolución de otras economías y del comercio exterior mantenido con ellas) e imprevisibles (una guerra, una mala cosecha, una inesperada situación de tensión internacional, cte.). Contemplados desde este ángulo específico, los términos p. e. admiten múltiples significados y calificativos. Así, puede hablarse de p. e. coyuntural, de apoyo a la exportación, de "medidas" de p. e. para paliar un determinado problema planteado a nivel nacional, regional o local, e incluso de un "programa" global de acción político-económica propuesto por un determinado partido político o por un gobierno, vinculado, por tanto, a ciertos principios políticos e ideológicos que juegan un relevante papel tanto en la definición de los objetivos a alcanzar como en la propuesta de utilización de deterrninados medios político-económicos (instrumentos monetarios, fiscales, laborales, controles directos, reformas institucionales, cte.).La nota básica que caracteriza a las diversas p. e. específicas que cabe observar en la realidad (p. c. en cuanto praxis) es, sin duda, su vinculación al tiempo y al espacio concretos en los que se producen. Cada medida o cada conjunto de medidas político-económicas aplicadas en la realidad están estrechamente ligadas al país concreto en el que han sido aplicadas, al contexto temporal -histórico, por tanto- en el que han actuado o están actuando y, en definitiva, a la estructura socio-política imperante en la sociedad en la que se ha pretendido ponerlas en operación (v. SISTEMAS ECONÓMICOS). De ahí que, si dejamos a un lado posibles generalizaciones más o menos discutibles, podamos afirmar que tiene escaso sentido hablar, p. ej., de p. e. socialista o antiinflacionista, si de inmediato no se define el contexto en el que tal política operó o está actuando, y si no se especifican el sentido y el contenido que tienen dentro del mismo los objetivos y medios utilizados o a utilizar.Tomada como praxis, la p. e. es tan antigua como la propia humanidad. Si el hombre, por su propia naturaleza, tiende a organizarse socialmente y exige unas autoridades que, por propia iniciativa o por mandato, se proponen objetivos políticos y sociales de diverso orden (v. POLÍTICA), es evidente que sus acciones deberán incidir inmediatamente en el terreno económico por muy diversas vías, ya sea al tratar de financiar unos gastos de carácter colectivo, ya sea para mantener determinados servicios sociales, para garantizar niveles específicos de actividad o de protección frente al exterior, etc. Evidentemente, cabe distinguir entre aquel tipo de acciones que afectan al proceso económico de forma indirecta, y aquellas otras que, de forma deliberada, pretenden modificar, controlar, alterar o regular dicho proceso para restablecer el equilibrio, para dinamizar el crecimiento, o para mejorar la distribución de los resultados del mismo, pero, en último término, lo que tenemos son hechos, prácticas, medidas concretas, con sus respectivos efectos económicos y noeconómicos.No siempre las p. e. reales practicadas responden a planteamientos teóricos plenamente válidos. Es más, la aplicación de una determinada p. e. obedece casi siempre a tomas de posición extraeconómicas (éticas, ideológicas, políticas, en definitiva) y a la elección efectuada entre diversas alternativas posibles. De ahí que, en muchos casos, no sea fácil justificar científicamente una determinada acción o programa político-económico, aunque puedan aportarse hallazgos y explicaciones teóricas que permitan apoyar la posible racionalidad de la elección efectuada.En este aspecto, convendría recordar incluso que en Economía (v.), como en las demás Ciencias sociales, la acción precede en no pocos casos al conocimiento científico. En el campo de las Ciencias físicas, los progresos prácticos y las derivaciones tecnológicas proceden, con frecuencia, de los avances alcanzados a nivel teórico. Sin embargo, en el campo de las Ciencias sociales -y la Economía es, quizá, uno de los ejemplos más evidentesla práctica se anticipa en bastantes ocasiones a la teoría. Es más, las mismas necesidades y exigencias sociales son las que animan y demandan una acción -iniciativa, corrección, gobierno de la realidad-, sin que la teoría -en nuestro caso la Teoría económica (v.)- haya logrado todavía aportar una explicación válida y completa de los hechos, o sin que se disponga más que de elementos y conquistas científicas parciales sobre el fenómeno económico que se pretende dominar.Esta circunstancia, unida a la inseparable vinculación de las p. e. concretas con el sistema de valores sustentado por quienes detentan el poder y a los juicios de valor específicos que se ven obligados a realizar quienes toman las decisiones de p. e. en un determinado país y circunstancia, justifican, sin duda, las controversias y los palpables desacuerdos que cabe observar en la discusión de problemas económicos reales y en todo análisis de las propuestas político-económicas alternativas. En este sentido, podemos afirmar incluso que los indudables avances alcanzados por la Ciencia económica en los últimos años no sólo no han permitido reducir el margen de las controversias político-económicas contemporáneas, sino que, en determinados casos, y dado el formalismo y el grado de abstracción en que han sido concebidas ciertas teorías, el gap entre teoría y p. e. se ha mantenido e incrementado. La realidad ha seguido y sigue planteando problemas que no siempre la teoría puede explicar, y las necesidades de acción político-económica siguen anticipando y trasladando a la Teoría económica gran número de problemas irresueltos.2. La Política económica y el sistema de Ciencias económicas. Al iniciar el apartado anterior contraponíamos ya el concepto de P. e., en cuanto tratamiento científico de los problemas político-económicos, al de p. e. en cuanto praxis real de los Gobiernos que utilizan diversos medios para alcanzar unos determinados objetivos.La historia del desarrollo de la Economía (v.) en cuanto rama científica individualizada dentro de las Ciencias sociales (v. CIENCIA vi) pone de manifiesto un hecho ya registrado en el proceso de decantación de otras ciencias: a partir del amplio campo problemático reservado a la Economía en un primer estadio de su desarrollo, la especialización científica y el propio progreso de los conocimientos, métodos y técnicas específicos dentro del campo económico ha dado lugar a la gestación de un verdadero sistema de Ciencias económicas, en el que tienen cabida desde la Teoría económica y la Historia económica, hasta la Econometría, la Hacienda pública, etcétera.En realidad, este proceso de especialización al queacabamos de referirnos ha dependido de factores y de elementos catalizadores muy diversos. En unos casos, la consolidación de una rama científica concreta dentro del sistema de Ciencias económicas ha sido consecuencia de controversias metodológicas concretas; en otros, la especialización ha surgido de forma cuasi-natural a partir del desarrollo específico de la organización financiero-administrativa -los cameralistas y la génesis de la Hacienda pública-; y no falta algún caso concreto en el que el nacimiento de una nueva rama del sistema ha estado estrechamente vinculado a una decisión consciente de un grupo de economistas, como ocurre en el caso de la Econometría (v.).La gestación de la P. e. como rama específica dentro del sistema de Ciencias económicas ha sido larga y controvertida, y de ningún modo puede desvincularse de la permanente discusión en torno a la delimitación del ámbito de lo positivo y de lo normativo dentro de la Ciencia económica. Sin embargo, esta misma controversia, en la que los nombres de Hume, Bentham, J. Stuart Mili, John Neville Keynes, Walras, Robbins, Gunnar Myrdal y tantos otros han dejado contrapuestas huellas, no ha servido sino para mantener permanentemente abierta la discusión en torno a cuáles son los límites de "lo estrictamente científico" en Economía y cómo resolver el problema de la ubicación del "arte" de la Economía, sin que haya podido alcanzarse una claridad definitiva sobre ambos temas.Sin embargo, la justificación de la necesidad de dar un tratamiento científico a los problemas de p. e. ha podido apoyarse de forma progresiva en dos hechos concretos: en el propio carácter cada vez más complejo de la p. e. real, y en la serie de aportaciones específicas realizadas en los últimos años por Frisch, Tinbergen, Seraphim, Samuels y otros, que han permitido que pueda hablarse ya de una Teoría de la P. e. y, como derivada de ella, de una disciplina autónoma -la P. e.- cuyo campo problemático queda enmarcado en el tratamiento analítico de los problemas básicos que presenta la p. e. real, es decir:el problema de los fines u objetivos de p. e. y su relación con los sistemas económicos, los problemas de la cuantificación y de las interrelaciones entre objetivos; el estudio de los medios e instrumentos disponibles y los problemas reales que plantea su utilización; el proceso de toma de decisiones, análisis, relaciones con el poder y con la elaboración de las decisiones político-económicas, etc.Las dificultades que presenta la delimitación de la p. e. en relación con otras disciplinas -principalmente con la Teoría económica-, y los problemas que plantea incluso su cientificidad, no justifican de modo alguno negar la existencia de un campo problemático específico que puede ser objeto de una disciplina autónoma. Hacerlo supondría tener una concepción de la Economía tan restrictiva que dejaría fuera gran parte de los problemas con los que se enfrentan a diario los economistas, especialmente quienes tienen la responsabilidad de participar en la toma de decisiones político-económicas. Y supondría, también, abandonar un gran número de cuestiones e interrogantes económicos de carácter real, práctico, renunciando a las indudables posibilidades que existen de mejorar su conocimiento y a las ventajas que supone ya un tratamiento científico de cuantos conflictos plantea, a nivel generalizable, la actuación político-económica real.En este aspecto, los últimos 30 años han supuesto cambios muy importantes en orden a reforzar la pretendida autonomía de la P. e. como disciplina. Por una parte, porque- se ha pasado de una concepción de la p. e. real como praxis aislada -respuesta concreta a problemas concretos-, a unas crecientes exigencias de racionalidad y de coordinación en las actuaciones político-económicas, cuyo mejor ejemplo son las estrategias de acción vía planes sectoriales, regionales y de desarrollo económico global (v. PLANIFICACIÓN 1, l). Y, por otra, porque las sucesivas aportaciones de M. S. Braun (1929), Karel Englis (1933), H. 1. Seraphim, E. Wageman, F. Di Fenizio, lan Tinbergen (1952, 1959) y R. Frisch (1950, 1956), unidas a las más recientes de Fox, Hickinan, Theil, Bent Hansen, y tantos otros, han desembocado en lo que ha dado en llamarse académicamente P. e. cuantitativa, verdadero eje de la P. e. actual, en la que la utilización de modelos ecorroinét ricos y de simulación, así como de toda una serie de técnicas analíticas y de proyección, ha proporcionado un cuerpo específico a la P. e. dentro del sistema de Ciencias económicas.Sin embargo, aparte de las valiosas aportaciones exante que puede aportar una disciplina como la P. e. al difícil problema de la torna de decisiones, mediante la utilización de modelos y técnicas cada vez más depurados, no conviene desdeñar la utilidad de los análisis ex-post de las p. e. practicadas por los gobiernos, la valoración y comparación de efectos directos e indirectos. y el estudio de aquellos aspectos políticos y sociológicos’ que tanta incidencia tienen en el modo de operar de los diversos instrumentos de p. e. utilizables, ya que ello contribuye eficazmente a desentrañar la elevada incidencia de los factores extraeconómicos en el proceso económico, las distorsiones que se producen en el mundo real en relación con las explicaciones y predicciones de la Teoría económica, las condiciones que inciden en una decisión político-económica y la serie de elementos que han de tomarse en consideración al diseñar las acciones y los programas encaminados a corregir, gobernar y conducir el proceso económico hacia la obtención de unos objetivos concretos incluidos en la función de preferencias de la sociedad.Con ello, la P. e., en cuanto disciplina empírica con un campo problemático que abarca los aspectos económicos de la política pública y que incide en determinadas zonas dialécticas comprendidas entre la Economía y la Política (v.), la Economía y la Sociología (v.), la Economía y el Derecho (v.), etc., puede contribuir eficazmente a mejorar y racionalizar la toma de decisiones, ya sea justificando la adecuación fines-medios, señalando los costes directos e indirectos de una determinada política, estableciendo las posibles consecuencias de una decisión, clarificando las relaciones entre p. e, y valoraciones, y obligando, en fin, a considerar la incidencia conjunta de las diversas medidas políticas, los problemas del corto y del largo plazo, y el grado de incertidumbre presente siempre en toda decisión o acción político-económica.V. t.: POLÍTICA; ECONOMÍA; POLíTICA SOCIAL; etc.J. R. CUADRADO ROURA,
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