Polibio
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Biografía GER
Vida y obra. Una de las más notables figuras del pensamiento griego fue P., n. en Megalópolis (Arcadia), a fines del s. III a. C. Desde los primeros años de su Juventud participó activamente en la milicia y en la política de Grecia al lado de su padre, Licortas, y de Filipemen, jefe de la Liga aquea. Integrando una embajada visitó Egipto en el 181 a. C. para obtener de Ptolomeo Epífanes su ayuda en favor de la Liga aquea. Fue partidario de la neutralidad en la guerra sostenida por Roma contra Macedonia. Por ello, cuando ésta fue vencida, P. quedó incluido entre los 2.000 nobles aqueos que debían ser conducidos a Roma en calidad de rehenes, en el 167 a. C. Se produjo así una circunstancia excepcional en su vida, porque no sólo pudo conocer Roma en toda su grandeza e intimidad, sino que la profunda amistad que allí trabó con Fabio y Escipión, los hijos de Paulo Emilio, le permitieron frécuentar la alta sociedad dirigente de Roma y recorrer las más diversas regiones conquistadas por Roma.Cuando en el 150 a. C. se reincorporó ya libre a su patria, volverá una y otra vez a Roma, bien con el único objeto de permanecer allí, bien para asistir a diversas campañas de Escipión o visitar algunos lugares históricos. Estuvo presente en la toma de Cartago en el 146 y luego, en el 133 a. C., en la de Numancia. Después de la caída de Cartago, tomó parte en las negociaciones que siguieron a la guerra entre Roma y los aqueos, que terminó con la formación de la provincia romana de Acaya. Recibió entonces el encargo de atraer a la población griega, lo que cumplió satisfactoriamente. Recorrió desde Sicilia a los Alpes para reconstruir el paso de Aníbal; visitó Libia, la Galia y España hasta el océano Atlántico, y recorrió la costa septentrional de África. Su experiencia se nutrió, pues, en dos altas escuelas de aprendizaje político: por una parte la vieja tradición, más bien teórica y ya preterida, griega, en la que no faltaban elementos útiles; por otra parte, la romana, plena de realismo, eficacia y virtudes cívicas. Todo ello pesará en la concepción polibiana de la Historia.A la vez, P. se convierte en un acendrado erudito. Conoce ampliamente la geografía de Piteas y Eratóstenes y ha leído a casi todos los historiadores que le han precedido y de los que hace una razonada crítica. Fabio Pictor, Filino, Sileno y Timeo fueron sus mejores fuentes; pero no las siguió ciegamente, pues ante todo se preocupa de recoger testimonios directos de los actores de la historia. Cuando narra hechos recientes, no deja de visitar los archivos para recoger personalmente los testimonios y los cita con frecuencia. Estas consultas le permiten enmendar o ratificar los asertos de la Historiografía precedente. Se mantiene fiel a la concepción establecida por Tucídides (v.) contándonos hechos rigurosamente comprobables. Esto, unido a su experiencia vivida y profunda y a su sólida cultura, hacen de su obra una fuente fundamental para el conocimiento de su época. Su relato es severo, pero nunca escueto.Se citan entre sus obras históricas perdidas Vida de Filipemen, Tratado de táctica y Toma de Numancia. Pero su gran obra conservada es la Historia. Contiene, según sus propias palabras, la exposición de "cómo y por efecto de qué régimen jurídico casi toda la tierra habitada fue dominada y se convirtió en parte de un Imperio único, el de Roma". Se divide en 40 libros, de los que los cinco primeros y sólo fragmentos o extractos de los restantes han llegado hasta nosotros; pero son suficientes para hacernos una perfecta idea de P. como historiador. No se remonta en la narración más allá del 560 a. C., porque entiende que los acontecimientos anteriores casi no tienen conexión entre sí. En el libro I presenta un paralelo entre la grandeza de Roma y la de los pueblos más célebres: persas, lacedemonios y macedonios. Con el libro III entra en el núcleo de su tema, la II Guerra púnica, a partir del 221 a. C., para llegar hasta el 168 a. C. Un estímulo para escribir sobre la guerra fue la poca fidelidad con que veía que se había narrado hasta entonces. Historiadores como Fabio Pictor o Antipater no transmitían la verdad fielmente, aunque no la falseaban de propósito. En el resto de su Historia hay noticias fragmentarias pero muy importantes. Las conocemos por una compilación del s. x d. C. hecha por Constantino Porfinogeneta.Concepto y método. P. utiliza su experiencia, pero también se sirve de las enseñanzas de los grandes políticos griegos y sobre todo romanos, con los que trató ampliamente, para transmitirnos noticias elaboradas y organizadas. Por eso constituye una de las más importantes etapas de la Historia universal. Es a la vez un teorizante y un filósofo de la Historia: un historiador genial. Su talento excepcional y su especial circunstancia de asistir a la formación de un Imperio, no como simple observador sino como copartícipe en los principales hechos y como hombre profundamente instruido en todos los secretos de Roma, le permitieron juntar en su persona la genialidad y amplitud de la concepción griega con la seriedad y el espíritu práctico de Roma, plasmada en su excelente Historia. Tuvo un espíritu universalista y sacó la historia de Roma de la estrecha concepción de los analistas con perfecta clarividencia del destino universal de su Imperio. Esta visión universalista de la Historia no era nueva en la mentalidad griega.P. piensa con razón que el logro de la Historia universal no es cuestión de una suma de historiadores particulares que él califica de episódicos, sino de penetración en la totalidad y en el espíritu que vivifica la marcha de los hechos, en el análisis de las causas que los provocan, en la visión de lo primordial sobre lo secundario. En este sentido afirma que "viendo que las guerras particulares y que muchos de los hechos con ellas relacionados han sido ya tratados, pero que nadie se ha tomado la molestia de investigar de manera universal y en síntesis la marcha de los acontecimientos, cuándo comenzaron y cuándo acabaron, he creído que era absolutamente necesario no omitir ni dejar que pasara por alto la más bella y útil obra de la Fortuna". Por eso, P. estima que la historia del mundo debe centrarse en Roma, realizadora de este universalismo. Pero aprecia las causas naturales que la llevaron a su dominio y que eran el resultado de su disciplina y audacia. Se propuso realizar una Historia pragmática, lo cual exige el conocimiento preciso y técnico de la materia histórica, es decir, de la política de la guerra. Desde el principio de sus libros habla de este carácter pragmático y alude frecuentemente a sus intenciones de realizar una obra útil para los hombres de Estado, haciendo de la Historia una especie de tratado (pragmateia), una ciencia de la política; pero no un tratado teórico sino práctico, mediante un sólido conocimiento de los hechos políticos y militares capaz de formar al hombre de acción. Nadie se preocupó como él en sacar conclusiones para la práctica de la Historia. Siendo él mismo un político, en esta condición encuentra su mejor fuente de experiencia. En consecuencia, elimina los elementos pueriles y el deseo de agradar, que había presidido la tarea de sus predecesores, en general.Para él la ciencia histórica exige esta cualidad en el escritor: conocimiento de los temas. Así dice: "La atención del escritor, como la del lector, en historia debe fijarse menos sobre los hechos mismos que sobre las circunstancias que los han precedido, acompañado o seguido. Sacada la historia del estudio de las causas, de los medios, del fin de las empresas humanas... es un juego de espíritu hecho para halagar un instante los oídos, pero sin resultado para el futuro" (Polibio, Historia, libro III, cap. VI). Por esta razón P. es historiador de escasos méritos literarios, ya que se supeditó al interés intrínseco de la Historia e hizo suya la máxima de Platón de que el mundo andaría bien cuando los filósofos fueran reyes o cuando los reyes fueran filósofos. Estimó que la Historia no sería lo que debe hasta que los hombres prácticos escribieran la Historia, o hasta que los escritores de Historia fueran hombres prácticos. Así, P. difundió una verdadera teoría de la Historia tal que no se volvió a enunciar hasta los tiempos de Ranke. Y logró una Historia racional, humana, sin concesiones al azar, aunque sí con una cierta supeditación a la tuie, esa especie de providencia o de voluntad cósmica que en los estoicos rige el mundo. Concibió una Historia universal centrada en Roma, pero, a pesar de ello, supo guardar imparcialidad para con los personajes y no se inclinó excesivamente ante el poder de sus protectores romanos.P. muestra su gran sentido de observación al pasar por encima de los hechos particulares y tender al encadenamiento de los hechos con una excelente filosofía de la Historia. No se vinculó a ninguna secta de pensadores, sino que se atuvo al dictamen de un criterio verdaderamente científico. Sabe distinguir el valor relativo de cada documento y juzgar atinadamente los hechos. Atiende fundamentalmente a encontrar la causa de los hechos pero no la que sirvió de pretexto (profasis), sino la real (aitia), que es la verdaderamente útil. Y rechaza, como hombre práctico, las causas divinas en los acontecimientos históricos. Para ahondar en la realidad causativa de la acción, estudia, en cada momento histórico que le interesa, la conciencia, ya de los jefes, ya de los ejércitos, ya de los pueblos protagonistas de determinada acción histórica, teniendo en cuenta el principio de Isócrates, aceptado y divulgado por Aristóteles, de que la esencia de los pueblos está en la constitución que los anima, como el alma al cuerpo.La personalidad de Polibio. Despreciando lo accidental, es decir, el estilo y la curiosidad, sin ser un artista, P. ha sido un gran historiador; talento de historiador que posiblemente nadie en la Antigüedad ha superado. Nosoñó con ningún Estado ideal platónico, porque como hombre práctico y observador no podía creer en el feliz resultado de la utopía. De ahí que, animado por la sana frialdad de la moral estoica, sepa renunciar a un lógico apasionamiento de griego y enjuiciar los acontecimientos con elevadas miras. Observa y anota la ventaja de Roma en su lucha contra la ya periclitada aspiración de Grecia a mantener su hegemonía tradicional. Y trata de comprender, justificar y demostrar las razones humanas de la nueva primacía de Roma. Con los estoicos prosigue la concepción universalista de la Historia. Si centra su Historia en Roma es porque estima que en Roma está el verdadero eje del universalismo, al apreciar justamente la inevitable desintegración del mundo griego al que él pertenecía. Se percató claramente de la unidad del destino humano y vio cómo el curso de los acontecimientos de todo el mundo entonces conocido convergía en Roma.Esta concepción polibiana del universalismo de la Historia fue indudablemente exacta, aunque olvidó o despreció los pasos previos por los que el resto del mundo -Alejandro primordialmente- ya había caminado a este universalismo romano. No historió el Oriente o Grecia; por ello no nos legó una Historia universal auténtica, sino una parte de esa Historia universal y tal como él la entendió: la Historia universal de su tiempo más próximo. Aún más, se preocupó de Roma, pero de una Roma ya hecha, no de sus orígenes. Cierto que P. termina el libro 40 haciendo una síntesis de lo tratado en su obra y diciendo "que tomaba las cosas donde las dejó Timeo. Recorriendo rápidamente los asuntos de Italia, de Sicilia, de Libia, únicos puntos que abraza la historia de Timeo, al llegar a la época en que Aníbal guió las fuerzas de Cartago, Filipo recogió en Macedonia la herencia de Demetrio, el espartano Cleomenes huyó de Grecia, Antioco subió al trono de Siria, y Ptolomeo Filopator al de Egipto". Anuncia que a partir de la olimpiada CXXXIX referiría los acontecimientos por olimpiadas hasta la toma de Cartago y la batalla de romanos y aqueos cerca del istmo, que supone un cambio rotundo para Grecia. Y termina afirmando: "que esta empresa sería bella y útil para los que aman la ciencia, siendo importante conocer cómo y gracias a qué formas de gobierno todos los Estados de la tierra fueron vencidos y cayeron en poder de los romanos, de lo cual jamás hubo ejemplo". Pero no es menos cierto que, en cuanto al tema, su obra quedó incompleta. En todo caso, el mejor homenaje que se puede rendir a P., además del gran número de publicaciones de que ha sido objeto su Historia, tanto en lengua original como en latín y lenguas modernas, es el reconocer que su interpretación de la vida política constituye un modelo y que la realización no dismintió su grandiosa concepción.A. MONTENEGRO DUQUE.
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