Pobreza I. Sociologia B. Doctrina Social Cristiana. SOCIOL.
Categoria:
Sociología
La doctrina social cristiana sobre la p. queda, en cierto modo, englobada en otras voces de esta Enciclopedia. Así, al tratar de la cuestión social (v.), del llamado problema obrero (v.), del desarrollo económico y sociopolítico (v.) y de una manera más general, pero a la vez más profunda, al tratar de la justicia social (v. JUSTICIA IV) y de la moral social (v. MORAL III, 2). Aquí se recoge sólo lo que de una manera más específica se refiere al tema de la p., aunque, como es lógico, sea difícil deslindar las indicaciones de la doctrina de la Iglesia sobre este tema y los otros similares, ya mencionados. Por otro lado, como el término p. tiene un significado socio-económico y otro ascético-espiritual, que aunque distintos, tienen íntima conexión, trataremos aquí del primero prevalentemente. Para el otro, v. II.1. Principios doctrinales. Puede decirse que los Padres de la Iglesia, al tratar el problema de la desigualdad social, del contraste entre pobres y ricos, etc., hacen las primeras formulaciones de la doctrina social cristiana. Destacaron la dignidad y derechos de los pobres, como representantes especiales de Cristo, e insistieron con serias y vigorosas expresiones en el destino común de los bienes económicos, en el carácter consiguiente de administración de la posesión particular, en la obligación grave, de justicia y caridad, de socorrer las necesidades de los pobres y de comunicarles los bienes superfluos, etc., ideas que los escolásticos se esforzaron en precisar y fundamentar especulativa y racionalmente.En la reciente doctrina de la Iglesia, los documentos sociales de los Pontífices no han dejado de reiterar los principios tradicionales. Buena prueba de ello es, por citar algún ejemplo, la Const. del Vaticano II Gaudium et spes, donde se declara que "es éste el sentir de los Padres y de los Doctores de la Iglesia -que todos los hombres tienen derecho a poseer una parte de bienes suficientes para sí mismos y para sus familias-, quienes enseñaron que los ricos están obligados a ayudar a los pobres y, por cierto, no sólo con los bienes superfluos. Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho de tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. Habiendo, como hay, tantos hombres oprimidos actualmente por el hambre en el mundo, el Concilio urge a todos, particulares o autoridades, que, acordándose de aquella frase de los Padres: Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas, según sus propias posibilidades, comuniquen y ofrezcan sus bienes, ayudando principalmente a los pobres, tantos individuos o pueblos, a que puedan ayudarse por sí mismos y desarrollarse posteriormente" (n. 69).Pero la Iglesia no sólo ha formulado y defendido siempre el derecho de los pobres a participar de los bienes de la tierra, sino que ha actuado incansablemente para su socorro y remedio a todo lo largo de la Historia, como se reconoce universalmente, de tal modo que hasta tiempos relativamente recientes, en que pasó en parte esta función al Estado, toda la actividad de beneficencia social (v.) en los países cristianos (hospitales, asilos, hospicios, ayuda a enfermos, indigentes, necesitados, viudas y huérfanos) era ejercida, no sólo por las limosnas de los fieles, sino por parroquias, catedrales y monasterios, con sus propios recursos, que ya desde muy antiguo fueron considerados como patrimonio de los pobres (cfr. M. R. Mayeux, Les biens d’Église considérés comme patrimoine des pauvres á travers des conciles occidentaux du VIe siécle, en Inspiration religieuse et structures temporelles, París 1948, 139-211).La Iglesia ha indicado dos direcciones para combatir el pauperismo (v.) y la pobreza. Por un lado las reformas del orden socio-económico en las que debe intervenir la sociedad como tal, y a las que deben contribuir, cada uno según sus posibilidades, todos los cristianos. Por otro incitando de una forma más individual, para que se viva la justicia y la caridad.Si no se quiere caer en un idealismo utópico, existirán siempre diferencias en las situaciones personales, pero el dinamismo de las reformas sociales debe tender a reducir, en cuanto sea posible, las distancias económicas entre los hombres, apremiando a un esfuerzo, para que desaparezcan, p. ej., las situaciones de "miseria inmerecida" (cfr. León XIII, Enc. Rerum novarum), lo cual implica, entre otras cosas, el acceso al trabájo para todos los hombres y la justa remuneración del mismo. La Enc. Quadragesimo aneo de Pío XI está toda ella dedicada a la restauración del orden social en conformidad con el espíritu del Evangelio, que debe seguir las dos direcciones indicadas, reforma de las instituciones y, a la vez, perfeccionamiento moral del hombre.La Iglesia urge a los cristianos a vivir la justicia (v.) y la auténtica caridad (v.), sin la cual la primera es insuficiente; caridad, distinta de la filantropía, que sólo llega a la periferia de la p., pues no toca el corazón del pobre, ni lo considera como hijo de Dios, en su más plena dignidad.2. Deberes de los cristianos. Respecto a la determinación de los deberes de los ricos, y, con mayor razón, de los ricos cristianos, es conveniente tener en cuenta la distinción utilizada entre el pauperismo, tomado en sentido amplio, como toda situación de pobreza en general, del pauperismo (v.) en sentido estricto o casos de p. aguda o extrema. En el primer caso, los que poseen bienes superfluos, es decir, que exceden a sus necesidades personales, valoradas según su estado (según la formulación de Juan XXIII, recogida en la Constitución citada, se deben determinar "según la medida de las necesidades de los demás"), están obligados a atender con ellos a las necesidades de los pobres en general.Este deber lo califican de "gravísimo" León XIII en la Enc. Quod apostoloci muneris, cuando afirma que la Iglesia "obliga a los ricos con el grave precepto de que den lo superfluo a los pobres, y les amenaza con el juicio divino, que les condenará a eterno suplicio, si no alivian las necesidades de los indigentes", y Pío XI, al recordar en la Quadragesimo anno, que la S. E. y los Padres denuncian insistentemente con palabras clarísimas que los ricos están obligados por gravísimo precepto a ejercitar la limosna (v.), la liberalidad y la magnificencia.Por otro lado, el pauperismo, sobre todo en sus manifestaciones de "miseria negra", que describe Pío XII en el Radiomensaje de Navidad de 1952, debe ser asemejado en nuestro tiempo a la llamada "extrema necesidad" de los escolásticos, sobre todo, si se tiene en cuenta que aquélla ni siquiera ellos la restringieron al caso de que los necesitados estén ya, como decía gráficamente Francisco de Vitoria, "boqueando", pues entonces es ya inútil todo socorro y, por tanto, en el pauperismo estricto la obligación de socorro debe ser estimada urgente e inmediata.Esta formulación recoge la doctrina común escolástica sobre este punto y, si bien puede admitirse como fijación de un mínimo o límite, no refleja totalmente el espíritu evangélico que, p. ej., en el precepto del Señor: "Esto os mando, que os améis los unos -a los otros como yo os he amado", marca a los cristianos un límite infinito en su amor y entrega de sus bienes y personas a los pobres y necesitados.3. Deberes de la sociedad. El remedio de la p. se enlaza con la efectividad del primero de los derechos fundamentales del hombre, el que todo ser humano tiene, con palabras de la Pacem in terris (Juan XXIII), "a la existencia, a la integridad física, a los medios indispensables para un nivel de vida digno"; de aquí que entre de lleno dentro de las funciones del Estado, en cuanto éste, según la misma Encíclica, tiene como deber primordial reconocer, respetar, armonizar, tutelar y promover aquellos derechos. Esta obligación del Estado tiene carácter preferente, tanto por el aspecto básico de estas necesidades, como por la incapacidad de los pobres para solucionar sus problemas por sí mismos. "En la protección de los derechos privados, escribía Pío XII en su carta de 7 jul. 1952 a la Semana Social francesa, los gobiernos se deben preocupar sobre todo de los débiles y de los indigentes. La clase rica -observaba León XIIIse hace como una muralla con sus riquezas y tiene menos necesidad de la protección pública. La masa indigente, al contrario, sin reservas que la pongan a cubierto, cuenta, sobre todo, con el patrocinio del Estado".Si esto es así en general, respecto a las necesidades comunes de los pobres, no hay duda que en el caso del pauperismo estricto, dado su carácter urgente y radical, la acción en este caso del Estado y de los organismos públicos, especialmente entidades locales, debe gozar de primacía respecto a cualquier otra de las atribuciones públicas, lo que no siempre en la práctica se cumple, de tal modo que el estudio de los elevadísimos presupuestosde los organismos públicos muestra a veces la insignificancia de los gastos orientados en este sentido, respecto de aquellos que, aunque sean exigidos también por el bien común (v.), favorecen sobre todo más directamente a las clases acomodadas.V. t.: JUSTICIA IV; MORAL III, 2; ASISTENCIA SOCIAL II; BENEFICENCIA III; HAMBRE II; DESARROLLO ECONóMICO Y SOCIOPOLíTICO II; RIQUEZA; PROPIEDAD IV; TRABAJO HUMANO VI; CAPITAL II; CAPITALISMO III.E. SABATÉ MURO.
BIBL.:A :J. K. GALBRAITH, La sociedad opulenta, 2 ed. Barcelona 1969; M. HARRINGTON, La cultura de la pobreza en los Estados Unidos, 2 ed. México 1965; G. MYRDAL, El reto a la sociedad opulenta, 2 ed. México 1966; O. LEWIs, Antropología de la pobreza: Cinco familias, 2 ed. México 1965; J. SIMMEL, Sociología. Estudios sobre las formas de socialización, IV, Madrid 1927; C. JOURNET, Propriété chrétienne et pauvreté chrétienne, París 1942; J. V. SCHALL, Le probléme de la pauvreté, "Justice dans le Monde" die. 1963; P. R. RÉGAMEY, La povertá e 1’uomo d’oggi, Turín 1965; J. DANIÉLOU, Évangile et monde moderne. Petit traité de morale á l’usage des laics, París 1964; R. SIERRA BRAVO, Doctrina social y económica de los Padres de la Iglesia, Madrid 1967; C. CLARK, Abondance ou famine, París 1971; fD, Crecimiento demográfico y utilización del suelo, Madrid 1968.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.