Pluralismo I. Pluralismo y Monismo Filosóficos FIL.
Categoria:
Filosofía
Se entiende en general por p. la doctrina que reconoce la existencia real de una multiplicidad de principios y entidades. Desde que el término fue acuñado en 1841 por Hermann Lotze (Metaphysik), se suele utilizar en contraposición al de monismo (v.) y su significado. Efectivamente, las doctrinas monistas, aunque de un modo u otro admiten o consideran la multiplicidad en el mundo y en lo que en él sucede, suponen que -por debajo de las apariencias- la realidad es una y única. Así, p. ej., la filosofía de Parménides (v.) en la Grecia antigua, casi todas las formas de panteísmo (v.), especialmente las del idealismo moderno (Hegel, etc.), y en general el materialismo (v.) son monistas o tienden al monismo; lo cual en la filosofía y praxis políticas les llevará fácilmente al absolutismo o al totalitarismo (Hobbes, Marx, etc.).Pluralismo y realismo. justamente el monismo parmenídeo dio ocasión a una primera forma de p. en la filosofía occidental: la de los pensadores "pluralistas" presocráticos (v.), como Empédocles (v.) y Anaxágoras (v.); aunque el atomismo (v.) extremo, como el de Demócrito (v.), al considerar los "átomos" cualitativamente iguales, se acerca más al monismo. Platón (v.) y Aristóteles (v.) afirman abiertamente la multiplicidad y pluralidad de los seres. El primero la explica fundamentalmente en base a la participación (v.): participación en el bien y en la verdad, en el ser y en las ideas. Se reconoce generalmente a Aristóteles el mérito de haber sabido coordinar la unidad de principio con la afirmación de la realidad (y, por tanto, en cierto modo, también la principialidad) de lo múltiple, mediante la doctrina de la composición de potencia (v.) y acto (v.) en la realidad.El p. queda sobre todo aclarado por obra de S. Tomás (v.), que lo muestra en su investigación de la sustancialidad, la cual le conduce a su famosa exposición de las causas segundas (v. CAUSA). Aun siendo el principio propiamente hablando, sólo uno (Dios) (principio "primero"), no debe ni puede excluirse la principialidad subordinada de los demás seres, que son también verdaderos principios o causas (si bien subordinadas o "segundas"). La coordinación o composición de lo uno y lo múltiple se debe a la afirmación y reconocimiento, fundamental, del orden (y, por tanto, de la finalidad) entre los seres (v. ORDEN; FIN); orden y finalidad que al mismo tiempo son también múltiples, dentro de uno solo superior o primero o, mejor aún, trascendente.Una filosofía realista, como la de S. Tomás (V. REALISMO), que acepte la realidad como es y parta de ella, reconoce la multiplicidad, mutabilidad y contingencia (v.) de los seres reales; así se descubre en seguida la analogía (v.) real del ser (v.), es decir, las distintas categorías, modos y grados de ser, y fácilmente se demuestra la existencia del Ser necesario, Dios, realidad fundante de todos los demás seres. Esto se completa con el conocimiento de la creación (v.), que aunque teóricamente es accesible a la simple razón humana, de hecho, sin embargo, se llegó a él con ayuda de la Revelación. El conocimiento de la creación supuso una notable profundización en el conocimiento de la realidad, la confirmación definitiva de un p. de sustancias y principios (creador y criaturas), lejos de las confusiones monistas como las del panteísmo (v.) y materialismo (v.), y de los equívocos del dualismo (v.). La materia (v.), el espíritu (v.), la profundidad y trascendencia del ser humano o persona (v.), los diversos seres y modos de ser son mejor captados en sus dimensiones más profundas como "participantes" del Ser (v. PARTICIPACIÓN); y al mismo tiempo, dada la infinitud del Ser necesario y la trascendencia de su acción creadora, es captada la tarea inagotable que tiene delante el entendimiento en su misión de conocer y comprender la realidad.El conocimiento científico-filosófico, como el científico-positivo o científico-técnico, es así capaz de aumentar no sólo por una mayor amplitud o extensión de conocimientos, sino también por una mayor profundidad o intensidad, en un progreso indefinido, no sólo acumulativo sino penetrativo. Este segundo es el más propio de las ciencias filosóficas y eJ menos fácil, y por ello se dan en él con más frecuencia altos y bajos, avances y retrocesos; en los conocimientos científico-técnicos, más acumulativos, los avances son, por eso, más continuos, o producen más fácilmente la impresión de serlo (V. INVESTIGACIÓN I Y VI).En correspondencia al p. de la realidad, la filosofía realista (podríamos decir la filosofía verdaderamente científica) reconoce una pluralidad de ciencias (v.), cada una con su principialidad correspondiente a los aspectos de la realidad que estudie y a los métodos con que lo haga; y al mismo tiempo unas relaciones y dependencias, o subordinaciones, de unas ciencias respecto a otras. Esta complementariedad entre las diversas ciencias tiende a ser negada en las filosofías o sistemas racionalistas, que fácilmente tratan de transformar todas las ciencias en una sola (según la clase de racionalismo, será una u otra la que tenga la preponderancia), que más que ciencia o filosofía científica se podría llamar mejor ideología (v.) (es el caso de la ideología positivista, materialista, marxista, pragmatista, etc.) (v. CIENCIA VI).Pluralismo y racionalismo. Nos referiremos al racionalismo (v.) moderno, más conocido e influyente actualmente por su proximidad. La pretensión racionalista de lograr una explicación racional absolutamente ya acabada de la realidad, trajo consigo la rápida separación de lo racional (donde se mostraría a fondo la unidad) y lo fenoménico (reino de la multiplicidad). Así, se abrió el paso a las ya señaladas nuevas formas de monismo (Spinoza, v.; Schelling, v.; Hegel, v.; etc.), y, consiguientemente, también a nuevas formas de p. Cabe advertir que el p. racionalista, al no fundarse en un realismo del conocimiento y en una analogía del ser, no consigue resolver el problema de lo uno y lo múltiple, por lo que, al querer evitar el monismo, acaba cayendo en el escepticismo (v.), el relativismo (v.) y el historicismo (V.).En este sentido el p. más característico de la filosofía posracionalista es tal vez el sostenido por la escuela pragmatista norteamericana (v. PRAGMATISMO). Ch. S. Peirce, W. James, sobre todo, y J. Dewey (v.) han defendido este punto de vista y su influencia no ha sido escasa, sobre todo a través de sus implicaciones éticas y políticas; en la misma línea está F. E. S. Schiller. Es menester notar que este p. nace también en oposición a una forma extrema de monismo, es a saber, la que detentaban los defensores anglo-americanos del panteísmo hegeliano. W. James (v.), el más conspicuo representante del nuevo p., fue compañero en la Univ. de Harvard de J. Royce, neo-hegeliano, y se enfrentó a las concepciones de éste. El p. pragmatista tiene su fundamento en una peculiar manera de interpretar el concepto (v.) y el juicio (v.), según la cual, las nociones verdaderas que el hombre posee no serían más que el resultado del análisis de las consecuencias posibles de la acción concreta. Esta sorprendente afirmación, a su vez, puede derivar del intento pragmatista de defender una teoría del conocimiento esencialmente empirista, pero tratando de evadir las dificultades en las que se vio asumido el empirismo (v.) clásico inglés. La excesiva pérdida de realidad de éste se quiere compensar con el recurso a la acción humana, recurso común también en otros pensadores de la época; la realidad, la verdad, estaría determinada por la acción misma. Así, el pragmatismo lanza su "análisis de futuro" en vez del "análisis del presente o pasado" del empirismo clásico. Pero, como las acciones concretas son múltiples, y ellas serían las que configuran propiamente el mundo, hay que decir que el mundo mismo es plural, y, a la vez, que la libertad y la novedad son factores esenciales en él. Hay libertad, según James, porque a ella sólo un mundo plural puede hacerle hueco, pero el mundo es justamente plural. Y hay novedad, porque el mundo, si vale expresarse así, está en el futuro. De aquí que W. James se haya convertido en el intérprete teórico, o tal vez en el causante, de la filosofía popular americana que mantiene una especie de fe ciega en que lo más nuevo es lo mejor y más verdadero.Ya desde Ch. S. Peirce se venía coordinando el "tychismo" (los casos suceden caprichosamente) con el "sinequismo" (hay muchas cosas que se "encuentran" y cooperan). Los pluralistas admiten esto, lo cual es coherente con su doctrina. El azar en los eventos no excluye que se den múltiples coordinaciones entre ellos. Lo que no pueden admitir es la subordinación, porque esto no es comprendido dentro de una epistemología empirista. Este punto de vista fue compartido por B. Russell (v.) que se mostró máximamente pluralista en su época del "atomismo lógico", pero que no dejó de serlo nunca (decía sostener un "absoluto pluralismo"). Aunque B. Russell no era un pragmatista estricto, su peculiar forma de empirismo le permitía llegar a similares conclusiones.El pragmatismo desconoce la auténtica naturaleza de la inteligencia (v.), confundiéndola o reduciéndola a la estimativa o instinto (v. COGITATIVA). Su posición respecto a la verdad es, pues, escéptica. La deficiencia epistemológica del pragmatismo es -aparte de lo ya dichouna muestra de las limitaciones intrínsecas a la psicología meramente experimental.Filosofía política. En el plano histórico cabe decir que la epistemología pragmatista ha sido en buena parte olvidada, pero no ha sucedido así con sus consecuencias en la filosofía política. Conviene, sin embargo, distinguir entre p. político (v. II) y filosofía pragmatista, ya que ésta no es, ni mucho menos, la única explicación o fundamentación del primero. En la historia moderna el tema del p. político surge para enfrentarse al absolutismo (v.) y al totalitarismo (v.) y, en general, al desarrollo excesivo del poder del Estado, queriendo evitar que llegue a ser omnímodo y esforzándose para que no favorezca el totalitarismo.Esta tendencia ha sido ciertamente apoyada por algunos acudiendo a las mencionadas teorías pragmatistas; pero en otros muchos casos se ha buscado una fundamentación en la filosofía realista, en la doctrina social católica, etc. La enseñanza pontificia, en efecto, favorece el llamado "principio de subsidiariedad" (v.) que reconoce los derechos de las personas y las instituciones intermedias junto a los del Estado. Éste no debe anular la iniciativa de aquéllos, sino más bien protegerla. Pero esto va unido al reconocimiento de que el Estado es la suprema instancia civil. La libertad del ciudadano se consigue mediante el ejercicio del bien común (v.), y éste exige tanto la unidad como la variedad. Los intereses particulares deben subordinarse al común.Este p. político de fundamentación realista es distinto del pragmatista que, al carecer de una precisa caracterización del bien común, monta su teoría sobre la pura constatación de la multiplicidad de voluntades diferentes y la posible cooperación entre ellas; el p. pragmatista es así muy endeble y anárquico; su falta de sólida fundamentación filosófica, su escepticismo, le hace ser enormemente frágil, e incluso suscitador, por contraste, de reacciones totalitarias.JORGE IPAS , R. ALVIRA DOMÍNGUEZ.
V. t.: SER; REALIDAD; PRINCIPIO; CAUSA; PARTICIPACIÓN; ACTO; POTENCIA; MATERIALISMO 1; MONISMO; DUALISMO. BIBL.: Además de la indicada en las voces y autores a los que se ha remitido: É. GILSON, La unidad de la experiencia filosófica, 2 ed. Madrid 1966; C. FABRO, Participation et causalité, París 1960; íD, Introducción al tomismo, Madrid 1967; .4. D’ORS, El sistema de las ciencias, Pamplona 1969-70; J. MARITAIN, El hombre y el Estado, Buenos Aires 1952; J. WAHL, Les philosophies pluralistes d’Angleterre et d’Amérique, París 1920; P. KURTZ, Filosofía norteamericana en el siglo XX, México 1972; A. ALIOTTA, La guerra eterna e il drama dell’esistenaa, 2 ed. Nápoles 1920; íD, Il problema di Dio e il nuouo pluralismo, Cittá di Castello 1924; S. CARAMELLI y A. GIULIANI, Pluralismo, en Enc. Fil. 5,102-106; J. MESSNER, El fundamento de la sociedad pluralista, Madrid 1962.
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