Pío V, San
Categoria:
Biografía GER
Miguel Ghislieri (1504-72), sucesor de Pío IV (v.), es uno de los grandes promotores de la reforma católica postridentina, eminente por su santidad y por la defensa de la fe y de los derechos de la Iglesia.Nacimiento y primeras actividades. N. el 17 en. 1504 en el pueblecito de Bosco, diócesis de Tortona, junto a Alejandría (Italia). Sus padres, Pablo Ghislieri y Dominica Augeriá, eran de poca fortuna pero de recia tradición cristiana. En 1518 entra en el convento de los Dominicos de Voghera, donde recibe el nombre de Miguel. Sigue los estudios en Bolonia y, ordenado de sacerdote en Génova (1528), pasa a explicar Filosofía y Teología a Pavía, ejerciendo a la vez el priorato de varios conventos de su Orden. A la vez de hombre de letras, va adquiriendo pronto fama de santo tanto por su ascetismo y mortificación como por sus obras de caridad y de apostolado. Es nombrado Comisario de la Inquisición para aquella diócesis y luego para las de Bérgamo y Como. Por este tiempo se hace amigo del cardenal Carafa, más tarde Papa con el nombre de Paulo IV (v.), quien reconociendo su valía y su espíritu de Dios, le nombra Comisario General de la Inquisición Romana (1551) y, luego de alcanzar el supremo pontificado, obispo de Nepi y de Sutri (1556), cardenal presbítero más tarde del título de S. María sopra Minerva en 1557 y al año siguiente Gran Inquisidor. Desde entonces se le llamaría el cardenal Alejandrino, por ser de cerca de la ciudad de Alejandría.Durante el pontificado de Pío IV, sucesor del papa Carafa, P. V se dedica tan sólo a la Inquisición y a la reforma de la nueva diócesis que se le asigna en 1560, Mondovi en el Piamonte. Un tanto retirado de los quehaceres de la corte romana, se entrega a la vida de piedad y de dura disciplina. En estas condiciones le sorprende el cónclave de 1565, a la muerte de Pío IV, en el que, por acuerdo de los cardenales Borromeo y Farnese, y al naufragar las candidaturas de Morone, Sirleto y Rici, sale elegido con gran sorpresa de muchos el card. Alejandrino (7 en. 1566), siendo consagrado el 17 del mismo mes. Contaba entonces 62 años.Directrices de su pontificado. En un principio se temió que el nuevo papa fuera a seguir el camino del severo Paulo IV, pero, si bien es verdad que comenzó su pontificado dictando leyes rígidas, pronto se vio que atemperaba esa severidad con una gran piedad y una profunda comprensión humana, que le fue ganando la estimación y el cariño de todos. En P. V se reunieron de una manera singular las condiciones del papa celoso de la salvación de las almas y del hombre de Dios, santo y mortificado, bondadoso y afable en el trato, a la vez que inflexible en todo aquello que tocara a los principios de la fe y a los derechos de la Iglesia.Tres objetivos principales presenta su pontificado: 1) la reforma de la Iglesia; 2) la reforma de las costumbres, y 3) la defensa de la fe. En cuanto a lo primero, promueve la reforma eclesiástica en forma decisiva y exigente con el fin de llevar a efecto el programa dictado por los Padres del Conc. de Trento, que había finalizado poco antes, en 1563. Para ello abarca todos los campos de la vida eclesiástica. Hace llegar sus decretos a las regiones más remotas de la Cristiandad, desde Goa a México y Venezuela. En la diócesis de Roma da principio personalmente a la visita canónica y hace que el clero empiece a reformarse. Promueve la celebración de sínodos provinciales, entre los que sobresalen aquellos que preside S. Carlos Borromeo (v.) en Milán, a quien tiene siempre como consejero en toda su obra de renovación. A los obispos les obliga a residir en sus diócesis, se preocupa por la fundación de los Seminarios y nombra prelados de garantía para que se ocupen del apostolado, para lo que establece en 1567 una Comisión compuesta de tres arzobispos, que los examine al tiempo de su nombramiento. Los 22 cardenales que creó durante su pontificado fueron escogidos con puntos de vista estrictamente eclesiásticos. Asimismo, destierra por completo el nepotismo, dejando a sus parientes en el estado sencillo en que se encontraban. Sólo consintió en la elevación al cardenalato de uno de sus sobrinos, Miguel Benelli, llamado también cardenal Alejandrino, por voluntad e imposición del colegio cardenalicio.Con la enérgica reforma de la Penitenciaría (1569) y con la fundación de la Congregación del índice y de los Obispos continuó la reforma de la Curia, iniciada ya en los años anteriores. De otro lado, para llevar a cabo los deseos del Concilio, hizo publicar el Catecismo Romano (1566), destinado especialmente a los párrocos y que en adelante servirá de excelente medio de predicación y de enseñanza cristianas. De idéntica manera la publicación del Breviarium Romanum reformado (1568) y del Missale Romanum (1570), dará nueva vida y vigor a la liturgia católica. Nombra asimismo una Comisión para la revisión de la Vulgata (1569), iniciando unos trabajos que se completarían más tarde con la edición de la misma en 1590, en el pontificado de Sixto V. Igualmente, y no obstante la oposición de muchos, hizo que se publicara la bula In Coena Domini, llamada así por publicarse el Jueves Santo, bula en la que se renovaban todas las censuras reservadas a la Santa Sede y que iba a provocar no pocos roces entre el Papa y algunos príncipes católicos, como Felipe lI de España.El Papa santo da por sí mismo ejemplo de austeridad y de espíritu religioso. Sigue haciendo la vida de fraile, se da a los ayunos y penitencias, se abre a los pobres con generosidad distribuyendo entre ellos grandes sumas, que en otras ocasiones se destinaban a fiestas y celebraciones pontificias. Se preocupa, a su vez, de los obreros y del pueblo: remedia necesidades y emplea a buena parte de aquéllos en las obras públicas de Roma, mientras facilita su vida de trabajo estableciendo nuevos Montes de Piedad.Todo ello le da una buena ocasión para llevar a cabo su segundo objetivo: la reforma de las costumbres. Para conseguirlo trabaja incansablemente para eliminar los festivales o las diversiones inmorales. En uno de sus decretos prohíbe a los sacerdotes la asistencia a las corridas de toros, por considerarlas como un espectáculo contrario a la caridad cristiana. Publica asimismo leyes contra los simoniacos y las cortesanas, contra la usura, etc. Reformaigualmente las órdenes religiosas y modera el lujo y boato de obispos y cardenales.De modo especial y con gran tenacidad se ocupó de la defensa de la fe. Si de una parte favoreció el movimiento misionero en todas las partes del mundo, de otra condenó a herejes declarados y desenmascaró a los nuevos, como cuando condenó las 79 tesis de Miguel Bayo (v.) en la Const. Ex omnibus afflictionibus (1 oct. 1567). En la lucha contra el protestantismo (v.) puso un dique de contención a su avance arrollador en el centro y norte de Europa, preparando el éxito posterior de la Contrarreforma católica. En Alemania luchó contra la debilidad de Maximiliano II e hizo que en la Dieta de Augsburgo de 1556 fueran admitidos oficialmente los decretos tridentinos. En Francia ayudó a los católicos en su lucha contra los hugonotes (v.); y en los Países Bajos favoreció en un principio el movimiento de represión llevado a cabo por el Duque de Alba, en representación del rey Felipe 11.Mayores dificultades se le presentaron en Escocia y en Inglaterra. En la primera, desaprobó la conducta de la reina, María Estuardo, pero no pudo impedir el fracaso del catolicismo cuando ésta fue hecha prisionera y el calvinismo se hizo dueño de aquellas tierras. En cuanto a la segunda, lanzó la bula de excomunión contra su reina, Isabel (22 feb. 1570).Por esa misma defensa de la Iglesia mantuvo una tensión continua con el rey Felipe II de España, la potencia católica más fuerte de entonces. Todo ello se debió a las exigencias que tal vez de buena fe presentaba Felipe II basándose en el Patronato Regio, manteniendo tanto el Placet como el Regium exsequatur para sus reinos de España y de Nápoles y, sobre todo, haciendo que no se diera a conocer en esos mismos reinos la bula In Coena Domini. Sólo los esfuerzos del Nuncio Castagna evitaron una ruptura de relaciones, que hubiera sido entonces catastrófica. El rey no dejaba de ser el gran mantenedor del catolicismo en Europa y ayudaba por doquier a que se fueran implantando los decretos de reforma del Concilio tridentino. Más aún, casi siempre obraba siguiendo el parecer de sus teólogos. El mismo Pastor reconoce que "estos teólogos cortesanos hacen disminuir la culpa del rey". Pero no por ello P. V dejó en todo momento de mostrarse inflexible, manteniendo en alto los derechos de la Iglesia. En una ocasión decía al embajador español en Roma: "escribid a Su Majestad que conserve su jurisdicción y deje la de la Iglesia, que yo no tendré por católico a príncipe que en ella se metiere".El mismo proceso iniciado por la Inquisición española, instigada a su vez por el Monarca, contra el arzobispo de Toledo, Bartolomé de Carranza (v.), como sospechoso de herejía, iba a envenenar durante años las relaciones pontificias con España.La más grande empresa exterior que llevó a cabo P. V, tanto en el orden político como en defensa de la fe, fue el que lograra la formación de una Liga Santa contra los turcos (mayo 1571) entre la Santa Sede, España y Venecia. Bajo la alta dirección y las oraciones del Papa, la armada cristiana, capitaneada por D. Juan de Austria, infligió a la turca una terrible derrota en aguas de Lepanto (7 oct. 1571; v.), que desde entonces iba a quebrantar definitivamente la preponderancia turca en el Mediterráneo. En recuerdo de tal victoria, P. V instauró en la Iglesia la fiesta del Santísimo Rosario.El Papa santo. A su advenimiento al pontificado fue ya considerado por algunos como el Papa Angélico, tan esperado y deseado desde hacía siglos. Ésa se puede decir que fue la regla de vida que él se impuso a sí mismo. Severo y rígido de una parte, lleno de humanismo y de caridad evangélica por otra, fue siempre puro en sus costumbres y ardiente en el celo de la fe. Siendo Papa, continúa sus intensos ayunos y se dedica a predicar al pueblo; el día del Corpus Christi llevaba la Eucaristía, a pie y con la cabeza descubierta, en contra de los usos anteriores, por las calles de Roma. Temía la gloria del pontificado y decía que nunca hubiera podido soportarla a no ser por el refugio que encontraba en la oración. El pueblo se maravillaba cuando veía en su rostro la expresión de una piedad no fingida, con la barba larga, blanca como la nieve. Pensaban que nunca había existido un Papa así de devoto y aseguraban que sola su mirada era suficiente para convertir a los protestantes. El mismo S. Carlos Borromeo llegó a decir que "desde hacía mucho tiempo no había tenido la Iglesia una cabeza mejor y más santa" (H. Jedin, Pio V, en Enciclopedia Cattolica, IX,1500).Lleno de méritos y admirado de todos, m. en olor de santidad el 1 mayo 1572. Fue sepultado en la capilla de S. Andrés de la basílica de S. Pedro y luego, bajo Sixto V, fue trasladado a la capilla del Pesebre de la basílica de S. María la Mayor (9 en. 1588). Beatificado por Clemente X (1 mayo 1672), fue canonizado por Clemente XI (22 mayo 1712). Su fiesta se celebra el 5 mayo.F. MARTÍN HERNÁNDEZ.
BIBL.: L. PASTOR, Historia de los Papas, XVII y XVIII, Barcelona 1931; G. GRENTE, Le pape des grands combats, S. Pie V, París 1956; L. BROWNE, The sword ol St. Michael. St. Pius V, Milwaukee 1943.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.