Pilon, Germain
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Biografía GER
Último de los grandes escultores franceses del s. XVI, P. asocia un italianismo totalmente asimilado con el realismo religioso del arte prerrenaciente. N. en París ca. 1530, hijo de escultor, fue empleado muy joven por el rey. En 1558 trabajaba en el sepulcro de Francisco I. En 1560, muerto Enrique 11, le encargan el monumento que debía recibir su corazón en el convento de Celestinos. Estas Tres Gracias, derivadas de un grabado de Marco Antonio, bautizadas después Virtudes, son excelentes muestras, por la elegancia sinuosa y el alargamiento manierista, de la escuela de Fontainebleau (v.). P. fue colaborador y amigo de Primaticcio, el pintor italiano naturalizado en Francia. Ejecutó gran parte del monumental sepulcro de Enrique II y Catalina de Médicis, dibujado por Primaticcio para la capilla de Valois en SaintDenis (1563-70). Mientras las estatuas yacentes, sonrientes y que parecen dormidas, reflejan con su belleza serena el espíritu renacentista, las figuras orantes en el piso superior del templete son magníficos retratos con acento firme, algo duro, sin nada de estilización heroica.P. conservó hasta su muerte, en París el 3 feb. 1590, el favor de los reyes y del clero, con un taller muy activo, donde le ayudaban sus hijos. Dirigió en muchas ocasiones decoraciones humanistas, arcos triunfales, etc., para fiestas o entradas reales y, en 1572, fue nombrado inspector de monedas y medallas. Una parte muy valiosa de su obra la constituyen los grandes retratos-medallones (Catalina de Médicis, Carlos IX, Enrique III, el canciller René de Birague, etc.), hoy en la Bibl. Nac. de París, que sobresalen por el vigor del modelado, el juego sabroso de luces y sombras, en esa época, muy brillante, de la medalla francesa. Sin embargo, las obras mayores en la última época de P. son religiosas, sepulcrosy estatuas que unen la expresión intensa con el primor de la ejecución. Los sepulcros del canciller Birague (m. 1583) y de su esposa no destacan sólo por el vigor plástico de las figuras: el relieve que muestra el cadáver de Valentina Balbiani en su desnudez de anciana, desecada y marchita, tiene un realismo tan áspero como los esqueletos del s. xv. Por otra parte, dos obras maestras, poco conocidas, la Virgen de los Dolores (París, Saint Paul-Saint Louis; maqueta de barro en el Louvre), envuelta en el misterio de sus velos, más próxima a las piedades medievales que a las Pietá de Miguel Ángel, y el extático S. Francisco de rodillas, recuerdan que aquellos años de disturbios y guerras religiosas vieron también los albores de la Contrarreforma en Francia, iniciando la renovación del arte religioso.PAUL GUINARD.
BIBL.: 1. BABELON, Germain Pilon, París 1927; C. TERRASSE, Germain Pilon, París 1930.
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