Pérez Galdós, Benito
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Biografía GER
Escritor español; n. en Las Palmas de Gran Canaria el 10 mayo 1843, y m. en Madrid el 4 en. 1920. Figura cumbre de la novela española moderna y contemporánea, y uno de los novelistas más logrados de la literatura universal. Creador de seres eternos hechos símbolos; incomparable animador de multitudes e implacable crítico de la sociedad madrileña de su tiempo.Datos biográficos. De sus antepasados vascos establecidos desde el s. XVIII en Canarias heredó el tesón de raza y la admiración por la vida militar. Estudió el bachillerato en un colegio de moda abierto a las corrientes europeas; en él se respiraba el ambiente liberal que tanta huella iba a dejar en su vida real y en su mundo de ficción. Poseía un gusto innato por la pintura: la primera edición de los Episodios Nacionales fue ilustrada por el mismo escritor. Esta afición le condujo a la Escuela de Artes, donde se perfeccionó hasta alcanzar cierta soltura. Es curioso constatar que esas aficiones pictóricas no se plasman en sus novelas; G. no gustó del paisaje, sino de los "cuadros reales" de almas; cuando se acerca a él, no lo hace con ojos de artista plástico, sino de creador literario. Otra de sus pasiones fue la música; llegó a dominar el piano. Tampoco hay armonía musical en sus seres y ambientes. El mundo novelado estaba muy lejosde la orquestación de las sinfonías beethovenianas que en tantas ocasiones recrearon sus oídos.Pérez G. marchó a Madrid para estudiar Leyes, y, como otros muchos ingenios de su época, colgó los estudios mal llevados para dedicarse a plasmar el mundo titánico que le bullía dentro. En Canarias había escrito poesía y esbozado algunos dramas recordados más tarde; un puro juego juvenil sin importancia. Entra en contacto directo con el pueblo madrileño en su constante deambular por la ciudad, en las charlas del Ateneo, en las tertulias de los cafés, en los museos, en los palacios y en las casuchas miserables de los arrabales. En 1867 visitó París por primera vez; allí compró Eugenia Grandet de Balzac; todo un símbolo de sus aficiones. Después Cataluña, la revolución, el pronunciamiento de Serrano, y otra vez el Madrid apasionante y apasionado.Colabora en periódicos y revistas de la capital y en ellos publica sus primeras novelas. Las obras se suceden vertiginosamente. Fue un apasionado viajero por Europa y España. Visitó tres veces Gran Bretaña acompañado por Alcalá Galiano; con él recorrió Italia en dos ocasiones. Visitó Holanda, Francia, Alemania y Portugal. En alguno de esos viajes fue con Pereda. Con él llegó a intimar hasta el punto de residir los veranos en Santander, donde llegó a poseer una casa. Vivió algún tiempo en Toledo; la ciudad le atraía y la inmortalizó en Ángel Guerra. Hacia 1890 se dedica de lleno al teatro, publica con más intensidad que nunca y llega a su cenit de popularidad. Estrenos escandalosos, fracasos indescriptibles y ruidosos éxitos. Había intervenido en política y llegó a ser diputado en numerosas legislaturas. Fue miembro electo de la Real Academia. Los honores le abrumaban y su espíritu iba decayendo visiblemente. Hacia 1912 aparecen síntomas alarmantes en la vista y ellos le conducirán a la ceguera. A partir de 1917, el artista, hecho mito y sombra, se condena al olvido en la soledad de su casa.Los "Episodios Nacionales". P. G. escribió simultáneamente Episodios Nacionales, novelas de ficción y, algo más tarde, se acercó al teatro arrastrado por una instintiva atracción hacia la escena. Los Episodios Nacionales constituyen la comedia histórica de la España del s. xix. Sus 46 tomos novelados arrancan de los prolegómenos de la invasión napoleónica y llegan hasta el reinado de Alfonso XII. Casi 100 años de la vida española evocada por una serie de personajes que, habiendo participado activamente en los hechos históricos narrados, componen una semblanza entre animada y sombría de la historia patria. Salvo la leve trama ficticia, elemento necesario a la novela, la honradez con que P. G. expone su visión de los hechos y su significación constituye una gloria para el escritor. Sabemos que se documentó a fondo y siguió en ellos la norma más exigente del realismo. Los Episodios Nacionales aparecieron en dos momentos distintos, con un lapso de 20 años entre las dos primeras series, protagonizadas por Gabriel Araceli y Salvador Monsalud, y las tres series restantes. Las series de la primera época narran la guerra de la Independencia, antecedentes y desarrollo, la Restauración monárquica y el absolutismo de Fernando VII. Los episodios más representativos son Trafalgar, Bailén, Zaragoza, Gerona, El equipaje del rey José, El terror de 1824 y Los apostólicos.Desde 1879 hasta 1898, P. G. trabaja en las novelas españolas contemporáneas, y en el mismo año del desastre colonial inicia su interrumpida labor historiando las guerras carlistas, el reinado de Isabel 11, los pronunciamientos y regencias, la República y la Restauración monárquica en la persona de Alfonso XII. Las obras más representativas son Zumalacárregui, Bodas reales, La revolución de julio, Prim, La de los tristes destinos, España sin rey, España trágica y Cánovas. La primera serie es más objetiva, se observa un marcado patriotismo frente a los invasores, y la entraña dramática de sus argumentos le confieren un tono heroico. Poco a poco, P. G. se va haciendo más ideólogo, pierde en objetividad lo que gana en análisis del alma humana. Se ve en ellos al hombre liberal obsesionado por los problemas que son núcleo de sus primeras novelas. La tercera serie es la más perfecta y trágica. Un toque de atención a la conciencia española perdida en las luchas fratricidas. Después se produce un descenso cada vez más pronunciado. El titán de la novela española acusa la fatiga de una producción increíble.Novelas. En 1867 inicia un grupo de novelas polémicas en las que trata de desenmascarar la vida falsa y vacía de la sociedad española, aquejada de males tradicionales basados en la intolerancia política y religiosa, en el poco interés por vivir mejor y superarse, en la abulia de la vida pueblerina, en la hipocresía de la alta sociedad y en el brillo exterior y afán de aparentar de conciencias podridas. Este grupo constituye la serie de siete novelas de la primera época que le abrieron las puertas de Madrid y le hicieron centro de odio reconcentrado y de sublimes alabanzas. Pertenecen a la etapa militante de P. G. y son fiel reflejo de su actitud pensante, de su ideología liberal y de su acusado anticlericalismo. Integran el grupo: La Fontana de Oro, La sombra, El audaz, Doña Perfecta, Gloria, Marianela y La familia de León Roch.A partir de 1881 inicia una nueva serie, las novelas españolas contemporáneas, conjunto de 24 obras donde con pinceladas magistrales se revive el Madrid bullicioso y sombrío de su época. P. G. sigue mostrando sus ribetes de progresista, pero no con la virulencia de antaño. Ahora no le interesan problemas sino tipos humanos o toda una sociedad, vistos con amor y objetividad. Su temática es variadísima. Las vacilaciones del hombre maduro enamorado se cuentan en El amigo Manso. La miserable vida del burócrata y la tragedia de la aristocracia venida a menos, en La de Bringas. La pasión cegadora y el amor puro se hace drama y símbolo en Fortunata y facinta. El ardiente deseo de amor místico en una vocación forzada es el tema de Ángel Guerra. El clérigo sencillo y bondadoso, predicador de un intimismo cristiano, se plasma en Nazarín. El avaro inconsecuente queda inmortalizado en la serie de los Torquemada. La impresionante visión alucinada de la pobretería madrileña se eterniza en Misericordia. La vida atormentada por el amor se hace tragedia en Tormento. Al final, el descenso. P. G. ensayó nuevos tipos de novelas que no iban con su concepción tradicional. El -intento de crear una obra idealista y fantástica, algo así como una novela alegórica, quedó en un pobre esbozo. El caballero encantado constituyó un fracaso. Su sueño La razón de la sinrazón fue una bella quimera fuera de tono que nada nuevo aportó a la panorámica de su comedia humana.De su inmensa producción novelesca salvamos lo humano y artístico, queda a ’un lado lo tendencioso y polémico. P. G. es un creador de ’grandes tipos y un animador de extraordinarias multitudes. Será fundamentalmente el crítico implacable de la vida de las ciudades y pueblos de España. Apenas se acercará al paisaje y, si lo hace, es para ensombrecer aún más la íntima tragedia de sus personajes. Comenzó evocando la España histórica del s. XIX. En animada tertulia, La Fontana de Oro es una adivinación y un reto. Pronto dejaría este quehacer por los Episodios Nacionales y en el trienio 1876-78 cimentaría un tipo de novela social y humana, que constituyó un rotundo éxito y abrió el ancho mundo de la prensa a la hiriente polémica confesional y literaria. Nos referimos a su trilogía Doña Perfecta, Gloria y La familia de León Roch. P. G. se había forjado, dentro de su ideología liberal y su anticlericalismo acusado, un modelo al que aplaudir y un oponente al que atacar. Hay un cierto simplismo en la textura constructiva de estas primeras novelas; los buenos y los malos. Las tres novelas tienen como marco todo un paisaje humano depresivo, que contribuye al fracaso e íntima tragedia de sus tesis.P. G. está íntimamente convencido de que los problemas de España, reducidos por él a la religión y a la política, no tienen solución tal y como los plantea. En Doña Perfecta y Gloria un ambiente estrecho y cominero ahoga hasta la asfixia moral a todo aquel que, sintiéndose redentor, intente romper la "bucólica" paz impuesta a los pueblos de España. Intolerancia ideológica y religiosa se enfrentan al "espíritu abierto" de la "ciencia" y del respeto mutuo. Ésta es la tesis de Doña Perfecta. Amor y tradición religiosa constituyen el núcleo del conflicto de Gloria. La intransigencia mental de dos seres provoca la ruptura matrimonial de La familia de León Roch. La rigidez con que P. G. aplica sus preconcebidos esquemas ideológicos hace que los "buenos" en muchas ocasiones rocen la simpleza, y los "malos" la literaturización. A estas novelas pertenecen Marianela, La incógnita y gran parte de Ángel Guerra, uno de los mejores aciertos galdosianos. La evocación del Toledo posromántico está plenamente conseguida.En muchas ocasiones, los tipos son meros motivos para animar todo un ambiente, una ciudad: el Madrid tan por el escritor. Las novelas de ambiente madrileño animan a centenares de personajes, que a veces son meros nombres de relleno y, sin embargo, no pueden suprimirse. La dinámica de la novela se resentiría. La de Bringas, Fortunata y Jacinta, Miau, la primera parte de Ángel Guerra y Misericordia nos presentan la otra cara de Madrid, la ciudad llena de miseria y pobreza, la visión sombría del suburbio donde extrañas multitudes malviven en los figones, al amparo de la revolución, de la caridad o de la desvergüenza. Éstas son las obras maestras del novelista. Como análisis del alma humana, Fortunata y Jacinta; como evocación del querer ser y no poder, síntoma tan español, La de Bringas; como panorámica desgarrada y humanitaria al mismo tiempo, el mundo entrañable de Benigna y eJ ciego Almudena, en Misericordia.Teatro. Se ha dicho, y no sin razón, que las novelas galdosianas tienen mucho de teatralizable. Así lo debió comprender su autor y hubo una etapa en su vida en que se dedicó casi por entero a la escena. Al principio, se limitó a hacer representables algunas de sus obras para pasar después al puro drama esquelético y desnudo, intenso. Había en P. G. un dramaturgo en potencia. El abuelo, La loca de la casa, Electra, Sor Simona, La de San Quintín, Santa Juana de Castilla y Realidad son dramas mucho más logrados que el efectista teatro de Echegaray entonces en boga.Hay un fallo en el mundo galdosiano, la lengua. Su prosa no es un modelo a imitar. Cierta premiosidad en la exposición, dudas sintácticas y vulgaridades inadmisibles hacen que su manera de escribir sea insolidaria con la nuestra. Por aquí le atacaron los puristas del 98 y sobre todo Valle-Inclán. Si en uso del lenguaje no es defendible, no debemos olvidar que la floración de la novela se debe al genio de este escritor, y que la crítica más responsable lo ha colocado a la altura de los grandes maestros mundiales.P. CORREA RODRÍGUEZ.
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