Pereira, Manuel
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Biografía GER
Escultor portugués del s. XVII, que desarrolló toda su obra en España. N. en Oporto en 1588, y m. en 1683. Tuvo, por tanto, una larga existencia (95 años). En su última época la ceguera le impidió trabajar. Hay que considerarle como un fruto de la unidad ibérica. Su llegada a España debió de ser temprana, pues su arte aparece hispanizado desde el principio. Capta la honduradramática del realismo español, pero persevera en su estilo una dulzura típicamente portuguesa. Adquirió gran predicamento en España, y gozó del favor popular y cortesano. En él culmina la escuela de Madrid del s. xvrr. Toda su obra se localiza en la comarca madrileña; las esculturas que se conservan en Portugal fueron remitidas desde España.Mostró singular disposición hacia los temas de profunda religiosidad, en armonía con el sentir español. De su gubia salieron piezas excelentes, pero en conjunto su obra no tiene una unidad de estilo. Por eso mismo tuvo escasa influencia en la escuela de Madrid. Entre sus discípulos procede citar a Manuel Delgado y a Manuel Gutiérrez. Fue exclusivamente imaginero, de suerte que ni pintó las esculturas ni proyectó retablos. Una importante cantidad de sus esculturas pereció en la guerra civil de 1936.Se fechan en 1624 las esculturas que realizó para la fachada de la iglesia de la Compañía, en Alcalá de Henares. Se trata de cuatro estatuas de S. Pedro, S. Pablo, S. Ignacio y S. Francisco Javier, seriamente dañadas en la guerra civil. Las exigencias de la estatuaria monumental favorecen ese estilo ampuloso y grandilocuente, a base de paños amplios y actitudes arrogantes. Para la iglesia de S. Antonio de los Portugueses, de Madrid, labró en madera policromada la estatua del santo titular. Imaginó a S. Antonio como un joven fornido, de rostro lleno, envuelto con paños elegantes. Se sospecha sea suya la estatua de S. Antonio, en piedra, que hay en la portada de la iglesia, en atención a la activa participación de P. en este género escultórico.Realizó las esculturas del retablo de la iglesia de S. Andrés, de Madrid. La traza arquitectónica se debe a Alonso Cano (v.), establecido en Madrid desde 1638. Las esculturas que esculpe por estos años acreditan el influjo del gran maestro granadino. Nada se conserva del aludido retablo. Realiza por entonces un grupo de esculturas para la iglesia madrileña de benedictinas de S. Plácido. La más notable es la de S. Bernardo, que muestra una elegante figura a base de graciosas curvas. Las otras esculturas son las de S. Benito, S. Plácido, S. Anselnto, S. Ildefonso y S. Ruperto.Hacia 1632 realizó varias esculturas para la iglesia de S. Domingo de Bemfica (Lisboa), por encargo del prior fray Juan de Vasconcelos. Hoy sólo se conservan dos, un Crucifijo y la l’irgen del Rosario. Consta que estas piezas fueron llevadas de Castilla. Cruz Cerqueira ha observado en ellas los caracteres españoles. Así el Crucifijo tiene los brazos elevados formando un ángulo agudo, según el estilo de Cano; y los pies están clavados por separado, a la manera andaluza. Guarda parecido con el Cristo ele Lecároz, de Alonso Cano. También recuerda a Cano, y algo a Montañés, la Virgen del Rosario. Poco antes de 1635 debió de labrar su escultura más conocida: el S. Bruno de la Cartuja de Miraflores (Burgos). Representa el santo meditando ante un Crucifijo. Pero no es la "oración del recogimiento" lo que aquí ha expresado, sino que expone la reacción vehemente de S. Bruno ante los sufrimientos de Cristo. Hecha en madera policromada, su verismo es tal, que, según se dice, no habla el santo porque la regla se lo prohíbe. Es, sin duda, la escultura más adentrada en el espíritu español de la época. Supera por su distinción a la que hiciera Gregorio Fernández (v.). Es lícito aventurar que P. conociera la prolija serie de lienzos de Vicente Carducho (v.) para la Cartuja del Paular (Madrid), pues hay figuras que guardan estrecho parecido con ésta, especialmente con las que se ven en el cuadro de la Humildad de S. Hugo (palacio arzobispal, Valladolid).De fecha desconocida es el S. Bruno de la Academia de S. Fernando, de Madrid. Es de piedra y procede de la portada de la Hospedería del Paular, que estaba en la madrileña calle de Alcalá. Según es fama, Felipe IV aflojaba la marcha de su carroza cuando pasaba por el lugar, para contemplar la escultura. Es una imagen abarrocada. Su fosco realismo se alinea con las creaciones más enérgicas de la escuela nacional. Con argumentos como éste hay razones suficientes para clasificar a P. dentro de la escuela castellana. Con una mana empuña una calavera; la otra mano se aplica con firmeza sobre el pecho, en ademán de dolor. Es bien sabido que está postura fue un lugar común de la iconografía española. Si se acepta un criterio evolucionista para la escultura de P., indudablemente esta pieza corresponderá a la madurez, de predominio barroco.Está documentado como de 1647 el Cristo ,del oratorio del Olivar, de Madrid. Es de mórbida factura, muy al estilo de Cano. Le representa en expiración. Hizo fortuna esta representación, pues la repitió en el Cristo de Lozoya, de la catedral de Segovia. Para la capilla de S. Isidro, de Madrid, ejecutó en 1658 varias esculturas de santos labradores. Al ser convertida en catedral la iglesia de S. Isidro, de los jesuitas, se trasladaron allí, pintándose de blanco, según pedía la moda neoclásica. Estas piezas se perdieron en 1936, al ser incendiado eJ templo. Constituían una verdadera rareza iconográfica. Representaban a personajes tomados del pueblo, incluso con sus trajes, con delicado naturalismo. Se le atribuyeel Cristo del Perdón, de la capilla del Palacio de Comillas (Santander), que será réplica del que había en Madrid y pereció en 1936. Aparece representado de rodillas sobre un globo, aludiendo simbólicamente a la redención del universo.J. J. MARTÍN GONZÁLEZ.
BIBL.: E. SERRANO FATIGATi, La escultura en Madrid, "Bol. de la Soc. Española de Excursiones", 1909; D. DE MACEDO, Notas sobre o imaginario Manuel Pereira, "Belas Artes", Lisboa 1956; C. CERQUEIRA, As imagens e os paneis de S. Domingos de Bemlica, "Olisipo", 1946; M. E. GómEz MORENO, Escultura del siglo XVI, en Ars, 1958.
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