Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso
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Biografía GER
N. en Balaguer, el 5 sept. 1319; m. en Barcelona el 5 en. 1387. Rey de la corona de Aragón (1336-87), hijo del infante Alfonso, futuro Alfonso IV el Benigno, y de su primera esposa, Teresa de Entenza. Durante su largo reinado, la corona de Aragón alcanzó la máxima plenitud política, social y económica, e inició también el proceso de decadencia, que caracteriza la historia catalanoaragonesa de los últimos decenios del s. XIV y de gran parte de la siguiente centuria.El segundo matrimonio de su padre con Leonor, hermana de Alfonso XI de Castilla, y las consiguientes donaciones que ésta obtuvo de su esposo para su hijo Fernando (Tortosa y una parte importante del reino de Valencia) en detrimento de P., crearon una grave rivalidad entre el infante, celoso por conservar la integridad de sus futuros Estados, y su madrastra, que se vio obligada, a la muerte de su esposo, a refugiarse en Castilla. Los primeros actos de gobierno de P. tendieron a eliminar los problemas que pudiesen poner algún obstáculo a su política imperialista. La paz con Castilla (tratado de Madrid, 1338; colaboración en las empresas del Salado, 1340, y Algeciras, 1344) y Génova le permitió iniciar esta tarea reintegradora, sin verse obligado a atender a ningún frente exterior.La anexión de Mallorca. La desgraciada división establecida por Jaime I (v.), había ocasionado ya a Pedro el Grande, Alfonso III y Jaime II de Mallorca (v.), numerosos problemas políticos: desde 1279, el reino de Mallorca estaba ligado a la monarquía aragonesa por el vínculo del vasallaje feudal. P. el Ceremonioso, a fin de no verse obligado a prestar ayuda a Jaime III de Mallorca en la rivalidad de éste con Francia, cosa a la que en virtud de los vínculos feudales se hallaba obligado, convocó al rey mallorquín a Cortes. La no comparecencia de Jaime III permitió al aragonés desligarse de él y, después de acusarle de que en los condados de Rosellón y de Cerdeña circulaba moneda francesa, le abrió un proceso en el que fue desposeído de su corona. La conquista de Mallorca y de las restantes posesiones pertenecientes a dicho reino se llevó a cabo entre 1343 y 1349. P., que contó para esta empresa con la colaboración de la burguesía mercantil barcelonesa, había puesto fin a la competencia económica de Mallorca y a la división de Jaime I.La sucesión y el renacimiento de la "Unión" en Aragón y Valencia. En 1347, P., que no había tenido descendencia masculina de su primera esposa María de Navarra, preocupado prematuramente por la sucesión de sus Estados, nombró heredera a su hija Constanza, en lugar de su hermano Jaime de Urgel, según parece que establecían las normas jurídicas catalanas. Tomando como pretexto este proceder real, los aragoneses (cuya teoría sucesoria no había violado el monarca) reavivaron la Unión -poderosa liga nobiliaria defensora de los intereses y privilegios de su estamento- y se alzaron contra P. La fidelidad de Cataluña (la nobleza valenciana se adhirió también a la sublevación) y la habilidad del consejero real, Bernardo de Cabrera, permitieron al rey derrotar a la Unión (Epila y Mislata, 1348) y, después de una durísima represión, hacer prevalecer de nuevo su autoridad.La sublevación de Cerdeña y la guerra con Génova. Desde la conquista de Cerdeña en tiempos de Jaime II de Aragón (1323-24), habían existido en la isla vivas muestras de disconformidad con el dominio aragonés. En 1347, Mariano IV, juez de Arborea, con la ayuda de la nobleza de la isla y con el apoyo de Génova, se sublevó contra Aragón, que obtuvo una alianza con Venecia (1351). Después de unos reveses iniciales (derrota de Constantinopla, febrero 1351), la escuadra catalanoaragonesa y veneciana obtuvo sobre la genovesa el resonante triunfo del Algher (17 ag. 1353), lo que no evitó que el propio monarca aragonés hubiese de pasar personalmente a Cerdeña (1354) para hacer frente a la sublevación y conseguir una paz muy precaria. El estado de revuelta se hizo crónico en la isla: en 1356 se sublevó Mateo de Oria; en 1368, Hugo III, juez de Arborea; y en 1383 hubo una guerra interna que desembocó en sublevación anti-aragonesa. Al firmarse la paz más o menos definitiva (31 ag. 1385), el dominio catalanoaragonés no se extendía más allá de las ciudades de Cagliari y Algher.La guerra con Castilla. La disputa entre Aragón y Castilla por la posesión de ciertas plazas fronterizas en Murcia y Alicante; la alianza de Pedro I el Cruel (v.) con Génova; la mutua injerencia en los asuntos internos de ambos reinos y la disputa por los pastos del Sistema Ibérico, hicieron que las, cada vez más difíciles, relaciones entre Aragón y Castilla, desembocasen en una larga y agotadora guerra entre ambos países. Un insignificante incidente naval (1356) fue la causa inmediata del de las hostilidades.El hecho más notable de la primera fase de la lucha (1356-61) fue el ataque naval a Barcelona (1359), que fue rechazado por Bernardo de Cabrera. La paz de Deza o del Terrer (1361) puso fin a esta primera etapa de las hostilidades. Durante la segunda (1362-69), el conflicto se internacionalizó, al penetrar en la Península un frente de la guerra de los Cien Años. Las grandes compañías de Beltrán Du Guesclin apoyaron a Aragón, mientras que el Príncipe Negro ponía sus armas al servicio de Castilla. Carlos II el Malo de Navarra y Enrique de Trastámara apoyaron también a Pedro IV (v. TRASTÁMARA, CASA DE). La formación de un bando pacifista, encabezado por Cabrera, provocó el recelo de Enrique de Trastámara, que veía peligrar sus pretensiones a la corona de Castilla, lo que llegó a P. a deshacerse de Cabrera, que fue ejecutado, error político que reconoció, años más tarde (1381), el monarca aragonés. El ascenso al poder en Castilla de Enrique II Trastámara, después del asesinato de Montiel (1369), no representó, como era de esperar, el fin de las hostilidades, que siguieron hasta el tratado de Almazán (abril 1375). En él se acordó el matrimonio del futuro Juan I de Castilla, hijo de Enrique II, con Leonor, hija de P. La guerra, que fue completamente estéril, contribuyó a la ruina de Aragón y Cataluña, agravada también por otras causas.Los últimos años del reinado. La incorporación de los ducados de Atenas y Neopatria (1380), la pacificación de Cerdeña, la anexión de Sicilia a la muerte de Federico IV (1377) y la guerra civil en el Ampurdán, donde se había sublevado el conde de Ampurias con la ayuda del conde de Armagnac, fueron los últimos acontecimientos de su reinado, durante el cual la política mediterránea alcanzó unos resultados mucho más brillantes que la dirigida hacia el interior.Otros aspectos del reinado. El rasgo más característico de su largo reinado es el comienzo del desequilibrio demográfico, social, económico y político de la corona de Aragón. El estado actual de la historiografía sólo permite conocer relativamente bien estas manifestaciones de la crisis en Cataluña, por lo cual hay que referirse especialmente a esta parte de la corona, si bien muchos rasgos son comunes con otros países de la confederación.La primera dificultad importante que sufrió toda la corona fue de tipo demográfico: la famosa Peste Negra (v.), precedida en 1333-34 de una grave carestía de cereales. La peste, que llegó a Cataluña en 1348 procedente de Constantinopla, provocó un cambio radical en la estructura demográfica del país. Además de la gran mortandad de ese año, la epidemia tuvo otros brotes en 1362-63 (mortaldats dels infants) y en 1371 (mortaldais dels mitjans). Tal vez podría admitirse que la población experimentó una disminución de unos dos tercios, aunque haya que ser muy cautos en dichas afirmaciones, pues otras fuentes nos indican que fue solamente de un tercio. La disminución de la población agrícola hizo que los campesinos (pagesos de remensa) abandonasen las tierras malas y se instalasen en las más productivas, adquiriendo además conciencia de la necesidad que tenía el señor de su mano de obra, lo cual creó en ellos una mentalidad revolucionaria pronta a toda reivindicación de tipo jurídico y económico. La falta de datos numéricos concretos dificulta el poder confirmar el esquema que, a priori, aparece como exento de toda sospecha, a saber: reducción de la tierra cultivada con la consiguiente disminución de las rentas señoriales; alza de salarios, seguida de elevación de los precios; inflación, en definitiva. La existencia de ésta parece confirmarse por una serie de medidas, como la fijación de los salarios y precios por Pedro IV y la devaluación monetaria que se produjo a partir de 1349. Si la primera manifestación de la crisis social había tenido su máximo exponente en el progrom de 1391, precedido de otro en 1348, el primer síntoma importante de la crisis económica fue la caída de algunos establecimientos bancarios en 1381 (Descaus, Olivella), seguidos de otros en 1383. Barcelona, Gerona y Perpiñán fueron las ciudades más afectadas a este respecto. Las causas inmediatas de estas bancarrotas fueron los elevados préstamos hechos al monarca, que éste no pudo devolver.La concentración de capitales en pocas manos permitió el mantenimiento del gran comercio marítimo hasta alrededores de 1430, pero al fallar la producción de materias primas del campo, al disminuir el consumo y las rentas señoriales, base de la economía de la nobleza, y al tener que gastar grandes sumas en la compra de trigo en el exterior, toda la estructura económica del país se vino abajo entrado el s. XV. También el gobierno municipal experimentó una gran sacudida a causa de la crisis. El municipio barcelonés, p. ej., se hallaba desde el s. xiiI en manos de una oligarquía que se había transmitido el mando de forma casi hereditaria. A nadie se le pudo ocurrir, mientras las cosas fueron bien, protestar por un tal exclusivismo, pero ya en 1334, a causa de la carestía antes citada, se produjo un alzamiento popular contra los gobernantes municipales. A partir de 1380, se fue creando en los estamentos más modestos y en la burguesía una antipatía hacia sus gobernantes, a los que acusaban del deplorable estado de la hacienda municipal. En 1386, P. intentó una reforma del municipio barcelonés, a base de entregar el poder a los mercaderes, a los artesanos y a los menestrales, pero esta reforma fue abolida por su hijo y sucesor Juan I, que volvió a entregarel gobierno municipal a la aristocracia. A partir de este momento, sin embargo, la inestabilidad será constante en la vida política del municipio de Barcelona. También durante este reinado se produjo el de la decadencia política de la corona de Aragón. El enfrentamiento entre las Cortes, reducto de los intereses feudales del país, y la monarquía fue haciéndose cada día mayor, hasta constituir en la segunda mitad del s. xv una de las causas más importantes de la guerra civil que acabó de arruinar a Cataluña.Pedro IV llevó a cabo una amplia tarea institucionalizadora. En 1344 se publicaron las Ordinacions de la Casa reial, que regulaban minuciosamente la burocracia de la cancillería. De las Cortes de Cervera (1359) procede la creación de la Diputació del General o Generalitat como organismo permanente de las Cortes y cuya misión principal será la de recaudar los impuestos y regular los donativos al monarca. Con el tiempo, este organismo se convirtió en el poder político más importante de Cataluña.Su carácter enérgico, sin escrúpulo alguno moral y religioso, su sorprendente habilidad política, los consejos de sus excelentes asesores y la completa entrega a la tarea de gobierno no impidieron que durante su reinado -por otra parte, positivo en muchos aspectos- la corona de Aragón iniciase el declive del que tantos decenios le costaría poder salir.I. SOBREQUÉS CALLICÓ.
BIBL.: Fuentes: Cronica de Pere el Cerimoniós, ed. A. PAGÉS, París-Toulouse 1942; Colección de documentos inéditos del Archivo General de la Corona de Aragón, ed. P. DE BOFARULL y MASCARO-M. DE BOFARULL Y DE SARTORIO, Barcelona V (1850); VII (1851); XXIX-XXXI (1866); XXXII y XXXIII (1867-68); Documents per Chistória de la cultura catalana migeval, ed. A. RUBio i LLucH, Barcelona 1908 y 1921. Otros estudios: Diplomatar¡ de Corient catalá, ed. A. RUBIO I LLUCH, Barcelona 1947; A. LÓPEZ DE MENESES, Florilegio documental del reinado de Pedro lV de Aragón, "Cuadernos de Historia de España", Buenos Aires XIII (1950); XIV (1950); XV y XVI (1951); XVII y XVIII (1952); XIX y XX (1953); Documentos acerca de la Peste Negra en los dominios de la corona de Aragón, ed. A. LÓPEZ DE MENESES, "Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón", V, Zaragoza 1953-55, 291-447; R. GUBERN, Epistolar¡ de Pere 111, Barcelona 1955; R. TASIS, Pere el Cerimomós i els seus tills, Barcelona 1957; P. VILAR, El declive catalán de la Baja Edad Media, "Crecimiento y desarrollo", Barcelona 1964; R. D’ABADAL, Pedro el Ceremonioso y los comienzos de la decadencia política de Cataluña, en HE, XIV, Barcelona 1966.
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