Pedro II de Portugal
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Biografía GER
Séptimo hijo de Juan IV y de Luisa de Guzmán, hija de los duques de Medina Sidonia, n. en Lisboa el 26 abr. 1648. Reinando aún su padre, surgió en el país un partido defensor de la primacía de D. Pedro al trono portugués, por incapacidad manifiesta de su hermano mayor D. Alfonso, heredero legal, pero niño enfermizo y de escasas dotes intelectuales. A-pesar de ello, a la muerte de Juan IV en 1656, D. Alfonso fue declarado rey de Portugal. No obstante, años después, D. Pedro, aprovechando el descontento popular y contando con la colaboración de su cuñada la reina María Francisca de Saboya, con quien tenía relaciones amorosas, obligó a abdicar a Alfonso. Las Cortes confirmaron legalmente el 27 en. 1668 la usurpación realizada y otorgaron a D. Pedro el título de regente y heredero presunto, puesto que él se negó a aceptar el de rey mientras viviese su hermano.Ya en el poder el infante, su primer cuidado consistió en reanudar las negociaciones con España, que, rotas durante el reinado de su hermano, trataba ahora de iniciar nuevamente la regente española. Mariana de Austria. Aprovechando esta actitud y los buenos auspicios del embajador inglés en Madrid, se llegó al fin a un acuerdo, firmado en Lisboa el 13 feb. 1668, por el que se estipulaba que España habría de restituir a Portugal todas las plazas conquistadas excepto Ceuta. Poco tiempo después, y una vez concedida la anulación del enlace de su hermano con María Francisca, por no consumado, contrajo matrimonio con ésta el 2 de abril, mientras el antiguo monarca era enviado a las Azores para evitar nuevas alteraciones internas.Seguro ya el nuevo regente, pudo dedicarse con entera tranquilidad a la reorganización interna y a la afirmación del prestigio de la corona, tan debilitado en el reinado anterior. Para ello se esforzó en disminuir las cargas públicas reorganizando la administración, reduciendo el ejército y licenciando a gran número de soldados extranjeros; en regularizar las rentas para aliviar la situación de las clases menesterosas, y en rebajar el influjo de ciertos sectores aristocráticos y eclesiásticos que aún se sentían viviendo en la época de Alfonso VI. Sin embargo, puco pudo conseguir con tales medidas: la serie de monopolios que paralizaban la industria, concedidos por sus antecesores a las grandes familias; la carencia de población que impedía un progreso adecuado de la agricultura; y el escaso poder naval del reino que hundía cada día más el dominio portugués en Oriente, hicieron inútiles tales esfuerzos y el país cada vez se veía más extenuado. En esta situación tuvo lugar una conspiración para restaurar a Alfonso VI en el trono (1674). El plan, consistente en asesinar a los guardianes del monarca, raptarlo y casarlo con una princesa española, fue descubierto y, mientras que los numerosos conjurados pagaban con su vida el intento, el desgraciado Alfonso era de nuevo trasladado a Portugal y encerrado en el palacio de Cintra, donde falleció nueve años después, el 12 sept. 1683.Muerto Alfonso VI, pudo D. Pedro tomar el título de rey, cuya autoridad ejercía desde 1668. Tres meses después fallecía su esposa, María Francisca, dejándole como única heredera a la princesa Isabel Luisa. El 2 jul. 1687 casó nuevamente con María de Neoburgo y de este enlace nació el príncipe D. Juan, futuro Juan V. Pedro lI centró entonces su actuación en torno a la guerra de Sucesión española (v.). Habiendo designado Carlos II único heredero a Felipe de Anjou, P., hasta ese momento ausente de las intrigas europeas, lo reconoció como rey de España, y, no contento con ello, firmó más adelante en Lisboa (18 jun. 1701) un acuerdo con Luis XIV. Por él, Portugal se comprometía a defender a Felipe contra cualquier país que pretendiese disputarle la corona española, mientras que Luis XIV prometía apoyar a Pedro II respecto de Francia y movido por las amenazas y las promesas de los miembros de la Gran Alianza, rompió con Luis XIV y el 16 mayo 1703 firmaba en Lisboa una alianza ofensivo-defensiva con Austria, Holanda e Inglaterra, a la que después se unió Saboya. Portugal se comprometía a abrir sus puertos a los buques aliados y a poner en pie de guerra 27.000 hombres, 12.000 de los cuales correrían a cargo de aquéllos. En compensación, si D. Carlos llegaba a ser rey de España, se entregarían aPortugal, Badajoz, Alburquerque, Valencia de Alcántara, Tuy, Guarda, Bayona y Vigo en la península Ibérica; la isla de Main, frente a Bombay, y el margen septentrional del Río de la Plata en América.La defección de Portugal creó un serio problema a Felipe V, puesto que le obligó a dividir sus fuerzas ante el enorme frente abierto en su flanco occidental. Sin embargo, el primer intento enemigo de penetrar por él (1704) fracasó tan rotundamente que fue el propio Felipe quien, penetrando en Portugal, ocupó varias plazas: Salvatierra, Segura, Castelo Branco, Portalegre, etc. La campaña de 1705-06, en cambio, fue un completo éxito para Pedro II y sus aliados, pues obligado Felipe a concentrar sus efectivos en el Nordeste, aquéllos pudieron penetrar sin obstáculos por la frontera occidental. A las victorias de Alburquerque, Salvatierra, etc., en 1705, siguió la fulgurante campaña del marqués de Mina, durante la primavera-verano de 1706, que le llevó a penetrar en la propia capital española (2 de julio). El archiduque de Austria era aclamado rey de España y poco después, mientras las tropas se concentraban para invernar, fallecía Pedro II en Alcántara el 9 dic. 1706.Había sido un buen rey y, durante su gobierno, se impusieron la paz y la tranquilidad internas. En cambio, los historiadores le culpan de colocar a su país en una dependencia extrema de Inglaterra, más que por el pacto con la Gran Alianza, por el tratado de Méthuen, firmado el 27 dic. 1703, que dejaba los intereses económicos de Portugal sometidos plenamente a la injerencia británica.J M. RODRÍGUEZ GORDILLO.
BIBL.: F. DE ALMEIDA, História de Portugal, Coimbra 1926; A. SERGIO DE SOUSA, Historia de Portugal, Barcelona 1929; A. BOUCHOT, Historia de Portugal y de sus colonias, MadridBarcelona 1858; 1. P. OLIVEIRA MARTINS, História de Portugal, 8 ed. Lisboa 1913.
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