Parque Zoológico
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De la afición e interés innatos que el hombre siente por sus seres más afines, los animales, y a través de toda su larga historia, cuyos comienzos elementales se inician en las más remotas civilizaciones, nace el numen del p. z. El espíritu que hoy preside este tipo de instituciones dista mucho del que le dio origen y tienen únicamente de común al animal y aun sólo en el concepto, diríamos, físico del mismo. El espíritu coleccionista y el de exhibición de las curiosidades de la naturaleza pueden considerarse como los móviles más acusados que dieron origen a las formaciones de muchos p. z. Las grandes campañas de expansión y la influencia de, imperios tan preeminentes como el egipcio y el romano, p. ej., facilitaron aficiones de este tipo, las que, paralelamente al espectáculo circense o sentido de potencialidad de los poseedores de estos establecimientos, se unían, asimismo, preferencias de sentido científico, las cuales han motivado sendos trabajos clásicos muy estimables.La intencionalidad del zoo. Si tuviéramos que resumir, en sentido definitorio, qué es un p. z. hoy en día y qué es lo que pretende, nos ceñiríamos a tres conceptos generales: el recreo formativo, la práctica pedagógica y el interés proteccionista, especialmente en cuanto a especies amenazadas se refiere. Junto a ellos se incorpora la investigación en sus más variadas facetas: Biología, Veterinaria, Farmacología, Ecología, Psicología animal, etc. Otra característica marcada del zoo es su universalidad. Las colecciones zoológicas han de estar abiertas a todas las mentes y han de interesar y ser provechosas a gentes de cualquier edad y condición. Cada zoo tiene sus peculiaridades, pero el denominador común que lo sustenta ha de ser general, capaz de poder penetrar en todos los entendimientos. Si así no fuera, el sacrificio que exige sería estéril y su instauración merecería serias reflexiones.El sacrificio animal. Llegar a poseer una vasta colección de seres con el mero propósito del coleccionismo entendemos que no sería correcto. Cada especie, cada ser que entra a formar parte de una institución de este ordenPARQUE ZOOLÓGICOsufre, sin dudarlo, sendos trastornos, que podrán ser mayores o menores, según el sistema que se aplique en los métodos de anexión y confinamiento. Cuando un animal entra dentro de la sociedad humana, en la ciudad especialmente concebida para él y que se llama p. z., también goza de unos beneficios, traducidos especialmente en mayores seguridades de existencia. No obstante, la incapacidad de razonamiento, al menos en grado ostensible, hace que quizá no aprecie bien este cambio y la dura lucha por la existencia, de la cual casi totalmente se le ha eximido, no la perciba como nosotros pretendemos interpretar. El paso de la vida salvaje al cautiverio es una fase complejísima y en ella radican los momentos que más deben preocuparnos en el razonamiento sobre el sacrificio o beneficio del ser.La ociosidad, gran problema del zoo. Cuando se ha superado la crisis de su reticencia al cautiverio, el animal, entendemos, puede ser perfectamente feliz, si así podemos expresarnos. Seguidamente, no obstante, se presenta otro gran problema: el ocio, causa y origen de extraños comportamientos y reacciones anómalas. La hipersexualidad, con descendencias desmesuradas o, contrariamente, la frigidez, incapacitando o retrasando su reproducción; la obesidad, crecimiento de apéndices o desgastes excesivos, coprofagia, alteraciones nerviosas, etc., son signos frecuentes cosechados en el estado de cautiverio.No hay duda de que la psicología animal en el zoo es tanto o más importante, para mantener su racional equilibrio, como puedan serlo las funciones vitales de los seres que lo pueblan. La dietética tiene gran trascendencia, debiendo ser variada según los estados del individuo y las estaciones. El ejercicio es otro factor importante, al igual que el equilibrio de sexos, el medio ambiente, las dimensiones del aposento, el trato del cuidador y el comportamiento de los visitantes. Una auténtica correspondencia entre el hombre y el animal se hacen precisas, aun a costa de importantes imposiciones, si queremos que el zoo, como es forzoso que sea, quede elevado a un exponente de privilegio, tanto por sus enseñanzas y beneficios como por el alto significado que auténticamente ostenta.El zoo del futuro. La evolución de las colecciones zoológicas ha ido progresando, haciendo honor al buen criterio del hombre en sus intencionalidades. El cierre de los animales se ha dulcificado, por considerar que sus condiciones intrínsecas de "bestialidad" no eran las que se habían pretendido. Ningún animal es malo ni bueno; su esencia es ser fiel a los dictados de la ley biológica que rige su comportamiento y define su finalidad. Conociéndola y siendo consecuentes con ella, se va perfilando el nuevo zoo. A nuestro entender, el p. z. es un elemento de cultura imprescindible. Una auténtica escuela que no puede desaparecer, pero que, evidentemente, igual que los sistemas pedagógicos humanos, habrá de renovarse.El zoo de: futuro lo vislumbramos más ágil, todavía, que los más avanzados existentes, su valor aumentará en profundidad. Grandes cercados en parajes idóneos y mezcla de especies, para que el músculo se ejercite, la lucha biológica no se interrumpa completamente y el aburrimiento no alcance grados desmesurados y perniciosos, serán unas de sus tónicas. El sentido paisajista dominará las áreas libres y la técnica aportará sus preciosos recursos para hacer posibles y viables los variados microclimas que, en un espacio tan reducido, pero a la vez provisto de biologías tan variadas, han de acogerse. Las especies amenazadas tendrán un lugar de preferencia, como también las autóctonas del lugar o región donde se ubique el zoo, para que sean bien conocidas y aun beneficiar a otros zoos quelas requieran. Hay cada día una mayor tendencia a dotar a los recintos de gran amplitud, donde la visita, incluso, recomienda ser practicada, esencialmente, mediante medios mecanizados y ello en beneficio del esfuerzo físico y de inversión de tiempo que suponen para el visitante. A pesar de ello, su bondad es manifiesta y concede una envidiable sensación de naturalidad. Su inspiración ha nacido, sin duda, de los elocuentes ejemplos, nunca bastante ponderados, de los parques naturales, especialmente de los existentes en Kenia, Tanzania y Uganda. El nombre de "safari fotográfico", "zoo-safari", etc., que se les aplica, evidencia aquellas estructuras.Esta modalidad de zoo requiere, no obstante, características de espacio, relieve del terreno, clima, etc., que no siempre son posibles de aplicar dada la invasión del paisaje por los núcleos urbanos e industriales. Con esta concepción se logran, entre otras múltiples ventajas, que el animal pueda escoger su "territorio", dentro de los límites de la dependencia acotada que se le ha proporcionado, concediéndole este poder de posesión que, según parece estar demostrado, se constituye en la apetencia más acusada de todos los seres naturales, vinculando y aun haciendo que sean una realidad otras muchas esenciales. El sexo, p. ej., factor dominante, puede, según se estima, quedar limitado en sus funciones, prácticas y, por tanto, consecuencias, por la falta de estímulos en la posesión obsesiva de tener un "territorio" que conquistar y defender, así como en la atracción de la hembra respecto al macho que lo posee. A pesar de todo ello, el zoo urbano, como podemos llamar al emplazado junto a la ciudad y a modo de muestrario animal, estamos convencidos de que seguirá persistiendo, cumpliendo otro tipo de función.Es del todo preciso que el hombre respete integralmente a la Naturaleza aunque sólo sea en el pequeño muestrario que la avasalladora industrialización haya permitido; pero ello sólo se logrará si sus valores son comprendidos. El zoo es una fuerza de primer orden en este cometido y el beneficio que se deriva de su lección reforzará, estamos convencidos, la imposición del necesario equilibrio entre la explotación y las áreas preservables, garantía de la perpetuación del paisaje como legado natural confiado al hombre en custodia y ecuánime provecho.Organización y administración de un zoológico. Considerando que un p. z. es un emporio de una complicación extrema y poco frecuente, para que su funcionamiento pueda ser perfecto se precisa la concurrencia de todos aquellos especialistas que, en cada una de sus peculiaridades, puedan aportar lo más conveniente. Si el montaje inicial falla, será ya muy difícil corregirlo y es probable que ello conduzca a un claro fracaso.Cada localidad de cierto potencial puede tener un zoo, pero éste deberá ajustarse estrictamente a lo que sus recursos económicos de montaje, y esencialmente los posteriores de entretenimiento, le permitan. Nada hay tan funesto como el zoológico montado sólo con ilusión pero ausente de sólido sustrato inicial y de perdurabilidad. Conjuntado el "equipo creador" con el mínimo pero suficiente número de especialistas y obtenido el núcleo social denominado p. z., es necesario que funcione; para ello es conveniente una organización de tipo empresarial al margen de presiones exteriores. Empezando por su Director, que debe tener preparación biológica suficiente, pero que no convendrá que sea un científico, llamémosle puro, hasta el último empleado, cada pieza obedecerá a los cánones generales de cualquier empresa, añadiendo un factor común muy importante, y es el de que todos tengan algo indefinible, pero que se puede apellidar "afecto a los animales". Este cariño o simpatía no deberá, no obstante, malparar en ningún caso la función empresarial antes aludida y que a cada uno le corresponda.El zoo estará dividido en dos grandes secciones: una Administrativa, regida por un Gerente o denominación que haga sus veces, y un Director Técnico. Al frente de cada uno de sus departamentos internos: Mamíferos, Aves, Reptiles y Anfibios, Peces, Servicio Sanitario, Sección de Conservación, etc., figurarán los facultativos idóneos, que podrán ser: biólogos, para el mantenimiento de la estabilidad animal; veterinarios, dedicados a la sanidad -incluso un médico para ciertas especializaciones. como la que corresponde a la atención de los monos speriores- y un ingeniero o peritos para la conservación del complejo mecánico y de servicios. La atención de los arquitectos y aparejadores tendrá presencia reiterada en las revisiones que se precisan y traducción de nuevos proyectos.El trabajo masivo sobre los animales lo llevarán a cabo los "cuidadores" y "ayudantes". Los primeros deberán ser auténticos especialistas que conozcan, teórica y prácticamente, el trato que se debe dispensar a los animales; advirtiendo todas las anomalías que observen a los biólogos encargados de su Sección.Principales zoológicos. Respecto a la antigüedad hay que destacar al zoo del Parque de Schónbrunn en Viena, que ha rebasado con creces el centenario de su perdurabilidad en el mismo lugar donde fue fundado. El de Hamburgo ha sido el pionero que, rompiendo rígidos moldes, eliminó las rejas, sustituyéndolas por fosos y otras defensas, instaurando el sentido denominado "instalaciones en semilibertad". El de San Diego (USA) es el de organización más mecanizada y seguramente completa, debido al interés de sus dirigentes, amparado en un potencial económico de consideración única. La lista se haría interminable y por ello citaremos algunos más destacados: Société Royale de Zoologie, Amberes; Zoologicka Zahrada, Praga; Pare Zoologique de París; Tierpark Berlin, Berlín Oriental; Aktien-Verein des Zoologischen Garten zu Berlin, Berlín Occidental; Zoologischer Garten, Frankfurt; Zoological Society of London, Regents Park y Whipsnade; Parque Zoológico de Barcelona; Parque Zoológico de Madrid; Giardino Zoológico, Comune di Roma; Ueno Zoological Gardens, Tokio; Stichúng Koninlijk Zoologisch Genvotsehap Natura Artis Magistra, Amsterdam; lardim Zoologico e de Aclima~ao, Lisboa; Zoologischer Garten, Basilea; Zoologischer Garten, Zurich; Moskovskii Zoologicheskii Park, Moscú; National Zoological Park of Washington; Miami Seaquarium, Miami (Florida); New York Zoological Park, Bronx Zoo, Nueva York.A. JONCH CUSPINERA.
BIBL.: W. BRIDGES, Fournisseurs de Zoo, París 1954; S. PAIRAULT, Le livre du Zoo, París 1951; G. SCHOMBERG, British Zoos, Londres 1957; R. KIRCHSHOFER, Zoologische Garten der Welt Die Welt des Zoo, Innsbruek 1960; H. HEDIGER, Zoo Afrique Orientale, Zurich 1966; ZOOLOGICAL SOCIETY OF LONDON, International Zoo yearbook, 1959-71; H. HEDIGER, Les animatLx sauvages en captivité, París 1953; L. S. CRANDALL, The management of Wild Mammals in captivity, Chicago 1964; L. DITTRICH, Anf Safari in Europa, Hannover 1966; J. FISHER, Zoos of the World, Londres 1966.
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